21 de Junio de 2024 •

17:20

Buenos Aires, AR
17°
llovizna ligera
95% humidity
wind: 9m/s S
H 19 • L 16
17°
Fri
16°
Sat
14°
Sun
11°
Mon
11°
Tue
Weather from OpenWeatherMap
TW IG FB

08 de junio 2024

Tomás Di Pietro

YA GANÓ

Tiempo de lectura: 5 minutos

Javier Milei se asoma por el escenario del Latam Economic Forum, en Parque Norte. Es su turno como orador. “¡Está el profesor Arriazu!”, grita excitado al descubrir a su admirado entre el público. Entonces celebra: “¡Yo ya gané!”. Si a los presidentes hay que evaluarlos según sus propios términos, entonces Milei está exento de exhibir resultados. Su batalla es cultural. “Soy solo un divulgador”.

Macri prometió pobreza cero y un país sin inflación: fracasó. Alberto prometió recuperar la economía y bajar la pobreza. Fracasó. Milei, en cambio, asegura que podríamos ser Alemania o Irlanda…en 20 años. Estados Unidos, quizás, en 35. Para este mandato se remite al compromiso de realizar el ajuste fiscal más grande de la historia de la humanidad, y a bajar la inflación. Y está en ello. Durante la campaña también había prometido cerrar el Banco Central, dolarizar, y bajar impuestos, pero luego moderó. Roma no se hizo en 4 años.

El presidente argentino es el más fiel entre los fieles del credo conocido como “La Escuela de Austria” –secta que hasta la pandemia contaba con menos adeptos en el mundo que Cositorto–, pero con una salvedad: para los libertarios el poder corrompe, siempre, y por eso no hay que meterse en política. Por definición, los anarcocapitalistas no creen en la política, sino que la desprecian. Donde ustedes ven decisiones en grupo, ellos ven coerción y violencia. Donde ustedes ven redistribución de recursos, ellos ven robo. Donde ven conducción y liderazgo, ellos ven fiebre de poder. La clase dirigente es entendida como una casta diseñada para obstaculizar una mejora que, de ocurrir, prescindiría de ella. Incluso el sistema democrático es interpretado como una dictadura de mayorías. “Una sociedad anarcocapitalista, basada en el principio de no agresión y en la voluntariedad de los actos, ha de pasar inevitablemente por la desaparición del Estado Nación y la democracia”, se puede leer en la web del Instituto Juan de Mariana, el think tank de orientación austríaca con sede en Madrid.

En su filosofía ya está la explicación. En tal caso nos recordará que siempre lo supo. Que no se puede. Que la culpa la tiene el marxismo que nos ha colonizado la cabeza. Que la lógica del poder es perversa. Que su mera voluntad no transforma una sociedad intoxicada de socialismo

Compartir:

Pero Milei se justifica ante los suyos: “si yo me pusiera en una posición libertaria ridículamente purista no podría cambiar nada, le estaría regalando el terreno a los socialistas”. Aquí es donde su historia de vida y su psique entran en juego. Milei atraviesa un despertar en su vida social y un vuelco de sentido en su vida personal. Pasó de marginal solitario a “segundo líder político más importante del mundo”. Además, y seguramente por ello, es extremadamente cholulo. No solo se derrite ante CEOs como Elon Musk o Mark Zuckerberg, a quienes admira por su éxito capitalista (“los empresarios son héroes”). Al Milei inadaptado, acosado y abandonado del pasado, lo ha reemplazado uno exitoso que es recibido por el poder y es celebrado. Eso le fascina. Es por eso que se refiere siempre a Macri enfatizando la palabra “presidente”, deleitado por el poder que ostenta Mauricio y dándole especial importancia; o también por eso se lo podía ver exultante ante la presencia de Cristina el día del traspaso de mando. En su encuentro con el Papa -otrora “el representante del Maligno en la tierra”- estaba directamente en éxtasis con delirio místico. En términos personales, efectivamente, Milei ya ganó. Escapó a su destino de víctima de bullying. Es famoso, tiene una misión, y su sufrida historia ha cobrado sentido. Pero todavía hay más.

Para un austríaco el país soñado no existe. En esto se asemeja a un comunista. Si uno los consulta, tanto a uno como a otro, por alguna incongruencia en la aplicación de su respectivo modelo en algún país puntual, la respuesta es en ambos casos la misma: “Allí no se aplicó nuestro modelo correctamente, no son del todo libertarios/comunistas”. Para un anarcocapitalista todos los logros importantes alcanzados por la humanidad en los últimos 200 años son gracias al capitalismo, la fuerza transformadora de la asociación privada y libre, y la mano invisible del mercado. Por el contrario, todo aquello que no funciona tiene raíz en el socialismo, ya sea real o cultural, en el que estamos todos atrapados, y el colectivismo, que asfixia al individuo.

Como todo relato totalizante, el discurso anarcocapitalista tiene una respuesta única para cualquier problema. Tal es: “más libertad, menos Estado”. Esa es la solución que debe aplicarse en todos los casos, sin excepción. En caso de emergencia, rompa el Estado.

Si uno le pide a Milei que analice la riqueza y prosperidad de Suiza, Estados Unidos o Singapur, por ejemplo, explica lo anterior: no son países ideales. Simplemente son más libres y menos socialistas que Argentina. Por eso están mejor. Lo bueno lo consiguieron gracias a la libertad. Lo malo es por culpa del socialismo. En resumen: el buen anarcocapitalista está montado sobre una utopía. Es un asunto del mundo de las ideas, filosófico.

Es por esto que Milei está centrado en divulgar. No se ha comprometido con transformar a la Argentina en cuatro años porque sabe que no lo hará. Él se describe así mismo como “un Terminator que viene del futuro para evitar el avance del socialismo”. Ese es el partido que está jugando. “Soy el topo dentro del Estado. El que destruye el Estado desde adentro. Es como estar infiltrado en las filas enemigas. La reforma del Estado la tiene que hacer alguien que odie el Estado”.

Donde ustedes ven redistribución de recursos, ellos ven robo. Donde ven conducción y liderazgo, ellos ven fiebre de poder. La clase dirigente es entendida como una casta diseñada para obstaculizar una mejora que, de ocurrir, prescindiría de ella

Compartir:

Aunque su gobierno termine en un helicóptero, aunque deje el poder anticipadamente, él se sentirá argumentalmente blindado. Incluso más a su favor si ocurre. En su filosofía ya está la explicación. En tal caso nos recordará que siempre lo supo. Que no se puede. Que la culpa la tiene el marxismo que nos ha colonizado la cabeza. Que la lógica del poder es perversa. Que su mera voluntad no transforma una sociedad intoxicada de socialismo. Que se necesitan décadas de muchísima más libertad para solucionar los problemas argentinos. El futuro de Milei es el de un conferencista (en alguna medida ya lo es) divulgador de su trip filosófico. Un Osho libertario sembrando la semilla austríaca por el mundo.

Puede que a alguien le resulte contradictorio que Milei forme parte de la alianza internacional integrada por Trump, Abascal, Meloni, Bolsonaro, Bukele, y Le Pen, entre otros, cuando se trata en todos esos casos de nacionalistas, anti o post globalistas, proteccionistas y cuando tan solo unos pocos de ellos abrazan ideas liberales, pero en ningún caso austríacas, es decir, siempre con un Estado. El punto de encuentro con ellos es el profundo desprecio por la cultura woke. El odio por lo políticamente correcto. Nada ha atentado más contra la filosofía de Milei y contra el Milei acosado que el progresismo.

Guillermo Moreno está convencido de que la doctrina justicialista encuentra hoy su momento histórico, el de los modelos nacionales. La crisis de Occidente es leída por él como una oportunidad para el peronismo, que siempre pregonó el nacionalismo y el proteccionismo ante los peligros de la globalización. Milei entiende una cosa distinta: nos encontramos ante la chance histórica de dañar ferozmente al socialismo. La creciente popularidad de los movimientos tradicionalistas alrededor del mundo es la oportunidad de oro para la que Javier se siente predestinado y con un rol protagónico.

Milei es “el primer presidente anarcocapitalista de la historia de la humanidad”. Dados los límites de la política y los propios del mandato, su éxito solo puede ser cultural, no de praxis. Sus ideas hoy encuentran eco y suman adeptos. Sí Milei se volviera busto, se volvería casta. Pero se volvió leyenda. Ya ganó.