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30 de marzo 2022

Ariadna Dacil lanza

UNO LAS VE Y DICE: “ESTAS COGEN”

Tiempo de lectura: 9 minutos

“Uno las ve y dice: ‘estas cogen’” fue la frase que Lorena Vega y Valeria Lois recibieron de un colega luego de ver la obra La vida extraordinaria que ambas protagonizan. Dos mujeres “normales”, se conocen desde hace décadas, y salvan sus tragedias cotidianas con algo extraordinario; el arte, la amistad y el humor. Esa podría ser la descripción de las vidas de Aurora y Blanca, los personajes de la obra de Mariano Tenconi o también las líneas que resumen la vida de las dos actrices. Aunque el juego de las diferencias es un ejercicio fácil. Vega y Lois distan de llevar “vidas normales” como las de Aurora y Blanca. Solo en 2021 recibieron un sin números de distinciones, entre ellos los Diplomas al Mérito de los Premios Konex que distinguen a las figuras de la década, la primera por actriz de teatro y la segunda por el unipersonal La mujer puerca, y el lunes pasado Vega recibió el premio Ace a la actriz en teatro alternativo, una de las cuatro categorías en las que estuvo nominada por su obra Imprenteros.

En los comienzos, promediando sus 20 años, compartieron escena cuando Juan Pablo Garaventa propuso formar “Grupo Sanguíneo”, un laboratorio para la actuación pero también para la escritura dramatúrgica y al que también se incorporó Martín Piroyansky. Dos décadas más tarde, Tenconi, les propuso que se subieran juntas a la caja italiana del Teatro Nacional Cervantes, donde primero se estrenó la obra que en enero pasado superó las 100 funciones y el 12 de marzo volvió al teatro Timbre 4.

foto: Hernan Zenteno

Portadoras de un humor que aparece para tramitar los momentos de angustia, la crítica, la incomodidad, en suma, en palabras de Alexandra Kohan, “mientras que el cinismo sería reírse de todo porque nada importa, en el humor se trataría más bien de reírse de algo porque importa”. Pero si ese humor se quedara en una mera complicidad interna, la catarsis, eso que Aristóteles describió como lo que provoca la obra en el espectador y que tiene como fin la purgación o purificación de los males, no podría suceder. 

La frase “Uno las ve y dice: ‘estas cogen’” fue un reconocimiento a la combustión que se percibe en escena, aunque en realidad viene de detrás del telón y traspasa hasta las butacas. Pero, aclaran, entre ellas no cogen.

Vega y Lois, “un monstruo de dos cabezas” por momentos difícil de diferenciar, se reunieron con Panamá para hablar de sus obras y sus vidas. Pero no sin risas, porque al decir de Ricardo Piglia “la vida contada por el mismo que la vive ya es un chiste”. 

"Promediando sus 20 años, compartieron escena cuando Juan Pablo Garaventa propuso formar “Grupo Sanguíneo”, al que también se incorporó Martín Piroyansky. Dos décadas más tarde, Tenconi, les propuso que se subieran juntas a la caja italiana del Cervantes,."

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Se conocieron estudiando con Nora Moseinco y luego de un tiempo las dos formaron Grupo Sanguíneo ¿Cómo fueron esos primeros pasos juntas?

Lorena: Nos divertíamos de sobremanera. Te juro que era una cosa de risas y risas. De muchos códigos -repite tres veces más para reforzar- muchos códigos. Era la energía de los cuatro elementos. Como si hubiésemos podido sostener y llevar al escenario eso que pasaba en la intimidad, que era el disfrute y la diversión, la posibilidad de hacerle al otro un chiste todo el tiempo. Eso es algo que ha perdurado e incluso cuando nos juntamos a hacer La vida extraordinaria, que había pasado un largo tiempo porque cada una hizo distintas experiencias laborales, nuestra amistad siempre se sostuvo.

Valeria: Había mucha risa, mucha tentación, estoy actuando pero al mismo tiempo disfrutando de lo que está haciendo el otro. Era como que algo pasaba atrás de lo que pasaba.

Desde aquel momento original hasta ahora en el que las dos se volvieron a encontrar para hacer La vida extraordinaria, hablan de esa conexión y más conocimiento de sus métodos pero ¿los años no vienen también con más mañanas?

L: Hacía mucho que no trabajábamos juntas, no es que teníamos un cotidiano de esa situación donde aparecen otras cuestiones como la concentración, la exigencia, ir, venir con lo que estás probando. Ahora (en los ensayos) estábamos las dos concentradas, profesionales, viendo cómo íbamos a sacar el laburo pero el equipo nos decía “Cómo se nota que se conocen”. Y yo no sentía que nosotras estamos “Che boluda…”

V: Sí, sí había algo del cuerpo. Un amigo de Lore hace poco vino a ver la obra y dijo “Uno las ve y dice: estas cogen” (risas a caro). Me encanta, porque no lo hacemos -aclara- pero me parece que parece que lo hiciéramos.

L: Habla de un encendido en la escena, que no es una cuestión de voluntad. O no es solo eso, por supuesto que lo queremos hacer pero esto sucede entre las personas que están ahí. Vos podes decir “vamos a darle con todo”, pero después tiene que pasar.

 foto: Santiago Cichero

V: Sucede o no sucede. O decir “estemos conectadas”, podes decirlo un millón de veces. Quizás tiene que ver más con lo que le pasa a los músicos cuando se encuentran. Parte de lo que pasa con La vida extraordinaria, es que no fue que nosotras dijimos “che, juntémonos a hacer algo”. Nos pasó. ¡Es tan fuerte para las dos! Tiene que ver con la amistad. Hace dos semanas actuamos juntas en un corto que se llama Dos mujeres, y como cosa totalmente ridícula nos pasó que estuvimos todo el fin de semana actuando juntas, más que viviendo. Y que hubo algo en el corto -en plena pandemia, con estrés, calor, urgencia porque la directora tenía que ir al Festival de Berlín- y donde lo mínimo que tiene que pasar entre dos personas para conectarse, para actuar, no era problema de nadie. No hubo ni un instante en el que algo hubiera que repasar, en un sentido actoral de conexión.

L: En cualquier laburo es parte de eso hacer el entre con tu compañero porque tenés que actuar con esa persona.

V: Claro, donde vos sos uno y el otro es otro, y en este caso no (risas).

L: Un monstruo de dos cabezas (Risas) Lo que yo siento actuando con Vale es la comodidad de poder probar cualquier cosa, no hay un peligro de ofensa, ella va a entender el juego. Entonces está esa comodidad y está, por supuesto, la diversión y la admiración por lo que hace, la expectativa de ver qué va a hacer. Como la analogía con los músicos.

"Habla de un encendido en la escena, que no es una cuestión de voluntad. O no es solo eso, por supuesto que lo queremos hacer pero esto sucede entre las personas que están ahí. Vos podes decir “vamos a darle con todo”, pero después tiene que pasar."

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Lorena recibe a Valeria con el desayuno y algo más, una suerte de amuleto, algo que tiene preparado para ella pero que también parece tener para otras personas, un grupo selecto, íntimo, cómplice. Comienzan a contar anécdotas, solo las recientes pero pasa todo el tiempo, de cómo las confunden o piensan que son la misma persona.

Dentro del marco del amor que se tienen ¿hay algo que una envidie de la otra?

-Valeria: Sí claro, el cuerpo, el pelo…(risas) Envidia no. Hay un registro que la otra hace en relación a uno pero en un buen sentido, que es una buena medida.

-Lorena: Envidia no sería la palabra. Cuando éramos más chicas, en épocas de Kuala Lumpur (obra de Grupo Sanguíneo), todo lo que hoy con otra madurez y otra mirada lo entendemos lo gozamos de la otra, en ese momento en que las amigas y las colegas son un espejo y una referencia podría ser un poquito más perturbador porque estábamos en una época de formación. Pero nos podía pasar también con los chicos.

-V: Ni siquiera competencia sino más como “Che, si al otro le va bien y a mi no me va bien…” Algo como de “Si no me va tan bien, quereme igual”. Siempre fue espalda con espalda, son muchos años, más allá de lo que se hace para afuera.

-L: Hay algo de nuestra relación de releernos, vernos, ayudarnos, decirnos, y con la crítica, porque somos amigas. También hay algo del tiempo que estamos viviendo, del feminismo, que me parece que todas nos miramos de otra manera. Además, tenemos entre nosotras un fusible para desactivar fantasmas rápido. La antena y el canal para vehiculizar rápido eso. El humor también nos ayuda mucho.

"Hay algo de nuestra relación de releernos, vernos, ayudarnos, decirnos, y con la crítica, porque somos amigas. Además, tenemos entre nosotras un fusible para desactivar fantasmas rápido. La antena y el canal para vehiculizar rápido eso. El humor también nos ayuda mucho."

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Una noche del pasado febrero, Valeria en lugar de llegar dos horas antes de la obra avisó que llegaba con retraso. Esperaba la definición de los Premios Goya en los que estaba nominada “Las siamesas”, el film de Paula Hernández que tiene a Lois como protagonista junto a Rita Cortese. La película que recibió, entre otros premios, cuatro Cóndor de Oro en diciembre pasado, la noche de los Goyas no superó la nominación.

-V: Entré al camarín y dije: “Pensé que despegaba y que no te tenía que ver más” (Risas) Y ella me dijo: “Yo sabía, yo sabía, ahora me vas a tener que bancar”.

-L: Cuando se ganó el Cóndor a Mejor Actríz yo le dije “Mirá que tenes que venir igual a hacer la obra, no te vas a ir”.

-V: Y si no le dan el Ace de Oro [entrevista previa a la entrega de premios] me encadeno al Teatro Nacional Cervantes. Después de Imprenteros  [escrita, dirigida y protagonizada por Vega] , Las Cautivas  [también de Mariano Tenconi y actualmente en escena], Precoz  [con texto de Ariana Harwicz y dirigida por Vega] Dale, ¿qué vas a esperar? – se pregunta.

-L: Como yo quizás no puedo ir porque tengo que viajar, podes ir vos.

-V: Para mi la gente no va a hacer ni un cuestionamiento (más risas).

¿Se puede vivir del teatro en Buenos Aires? Y ¿qué margen de elección hay entre los trabajos disponibles y lo que les gustaría hacer?

Valeria: Cuando nosotras nos conocimos, que éramos muy jóvenes, teníamos veinte y algo, veinte, yo sabía que podía actuar mientras trabajaba de otra cosa que me daba plata. Había algo ahí con laburar y automantenerse que para mí era muy importante por el lugar de donde yo venía; mis padres trabajadores, mi padre es discapacitado. Yo quería ser independiente y tener mi plata para vivir. Pero para mí esas dos cosas, la actuación y la plata, no estaban asociadas. Y eso fue así durante mucho tiempo. Poder empezar a vivir de la actuación tuvo que ver más con tomar decisiones como agarrar trabajos que quizás no eran “Ah esto es lo que yo quiero hacer”, más referido a la tele o al teatro comercial, pero que que esas cosas llegaban en un momento en el que yo sentí que necesitaba jugar en esa liga, que algo en mí que tenía que aprender de estar en ese lugar. Tengo la sensación de que cada cosa que hice tuvo una enseñanza, con miles de errores y de arrepentimientos, ponele, pero que todo fue a favor de aprender algo, de estar en un nuevo lugar.

Lorena: Hay muchos motivos que están en juego, que no es solamente la calidad artística. La creatividad siempre está pero a veces aceptas un trabajo porque querés laburar con alguien que está en este proyecto, o vas probar un color de tu actuación que no tiene nada que ver con lo que venías actuando y es un desafío personal, a veces es porque te rescata de un momento de mierda que estás pasando. Me pasó en el posparto (Risas) que hice con Monina (Bonelli) lo del (festival de obras cortas) Teatro Bombón.

Valeria: Sí, yo también salí del posparto con Monina con (la obra) Paraná Porá. Monina te acompaña en el puerperio (Risas)

Lorena: Van a empezar a llamar las embarazadas (más risas). Hay distintos motivos y no es que haya tenido tantas propuestas en términos comerciales, no. Para ser honesta, yo no lo hice porque no tuve propuestas, no es que lo rechacé.

"Cuando éramos muy jóvenes, yo sabía que podía actuar mientras trabajaba de otra cosa que me daba plata. Había algo ahí con laburar y automantenerse que para mí era muy importante por el lugar de donde yo venía; mis padres trabajadores, mi padre es discapacitado."

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La edad, así como el humor, es un tema recurrente. Como si el cenit de una carrera llevara implícita la necesidad de entregar la juventud en el camino. “Daría litros de sangre por tres años menos”, bromea Lois. Lorena cuenta su experiencia que años atrás hizo el casting para la obra Un enemigo del pueblo en el Teatro San Martín. Era para hacer la hija de Luis Brandoni.

L: Buenísimo ese casting y todo. Después me llaman y me dicen que estuvo bárbaro pero que daba un poco más grande como para hacer ese papel, ya empezó el tema de la edad.

V: ¡La concha de mi madre! (Risas)

L: Entonces me dijeron que tenían otro personaje, como de extra entre comillas, pero que me iban a poner algunos textos. Me insistieron para que lo agarre. Yo estaba muy endeudada y lo agarré y con ese trabajo di vuelta toda la situación económica. Y además una recontra experiencia, fue la primera vez de trabajar tanto tiempo en un elenco tan grande, en el Teatro San Martín. Entonces hay otras decisiones por las que vas eligiendo los materiales. La escena a veces te permite “un algo” que desconoces incluso que lo tenes. Lo bueno de este momento y de todas las experiencias acumuladas es que vas conociendo más tu instrumento y que obviamente como cualquier oficio más horas de trabajo, más desarrollo.

V: Es casi imposible decirte qué se pone en juego a la hora de actuar, de transmitir, pero se ponen en juego. Y desde la ficción se tramitan cosas. Me han dicho “si haces eso de esa manera, no te hagas la santita” (risas)

L: Hay algo en la actuación que seguis buceando internamente y que es infinito porque cada momento que vas viviendo vas siendo una persona diferente. Nunca tuve la edad que tengo y nunca tuve los problemas que ahora tengo. No estás siempre en el mismo lugar.

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