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UN RECLAMO LEGÍTIMO SIN DIRIGENTES ILEGÍTIMOS

Tiempo de lectura: 5 minutos

Al subir al subte se materializaba lo que estaba flotando en el aire de las universidades desde hace dos semanas. Lleno de gente que iba a la manifestación sin ningún tipo de identificación social o política. Muchos viajan de a uno o de a dos a una experiencia que para muchos de ellos o era la primera o no era frecuente. Las columnas de las universidades llenas de alumnos corroboran lo que se anticipaba en el transporte público. Los que uno podría reconocer como parte del activismo universitario constante fueron parte, pero en la marea resultaron una parte menor. Como pocas veces en los últimos tiempos la solidaridad de los Balcones de la Plaza de Mayo acompañó a los manifestantes. Apenas unas pinceladas que sirven para sustentar una afirmación: la manifestación fue mayúscula. Tan grande como lo temía el gobierno que en los últimos días intentó desactivar la movilización al mismo tiempo que deslegitimarla.

Hay varias razones para comprender el éxito de esta movilización quE, en algo, le hace sombra a la aceleración y la beligerancia del presidente.

La primera es que el tejido universitario nacional es poderoso y no solo por el prestigio de la educación universitaria y las instituciones públicas de educación superior en general. También porque en los últimos 40 años el mundo universitario se ha expandido y diversificado federalmente, enraizándose en las localidades donde crecen esas universidades que según algunos elitistas sin panorama y sin calle sobran. Las universidades ofrecen mucho más que las carreras tradicionales. Centenas de nuevas carreras vinculan ahora tejido social y productivo con el mundo universitario de manera que lo que se hace presente en la calle no es una simple reedición aumentada de aquello que el peronismo críticamente llamaba “Fubismo” (una expresión de señoritos arrogantes y elitistas que reducían todo a los intereses y visiones de los universitarios). A las universidades las defienden sus territorios y en los territorios hay de todo: narcos, supermercados, metalúrgicas, piqueteros, cuevas, iglesias, bares, farmacias y universidades. Este mundo universitario es como lo observó pioneramente Alejandro Galiano la CGT de las clases medias y de la aspiración de sumarse a ellas a través de la formación que mejora las posibilidades de empleo.

Los que uno podría reconocer como parte del activismo universitario constante fueron parte, pero en la marea resultaron una parte menor. Como pocas veces en los últimos tiempos la solidaridad de los Balcones de la Plaza de Mayo acompañó a los manifestantes

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La segunda razón del éxito de la movilización de ayer es que el mundo universitario fue agraviado con los mismos insultos que el presidente esparce contra políticos y sindicalistas como si los dirigentes universitarios y los alumnos y los profesores fuesen tan ilegítimos como aquellos (y no lo son). El agravio también surge del “éxito” con que el gobierno logró hacer llegar su mensaje de amenaza financiera, más allá de la dirigencia universitaria, a docentes, no docentes y estudiantes comprometidos de una manera que se ignora con su trabajo. No es que en el mundo universitario no haya votantes de Milei ni receptividad para muchos de sus mensajes acerca de la necesidad del sacrificio, el ajuste y la falta de plata. Pero también es cierto que muchos, votantes de Milei o no, se activaron con la seguridad con la belicosidad presidencial. Todo el mundo estuvo informado de los hechos y estaba preocupado. Quizás el gobierno haya logrado el milagro de hacer levar rápidamente una nueva generación de dirigentes estudiantiles o aún de estudiantes politizados en su contra. Todavía es muy temprano para decirlo, pero nadie debe olvidar que entre los 18 y los 20 años las politizaciones ocurren a velocidades sorprendentes durante los últimos 120 años.

La tercera razón del éxito de la manifestación es que presentó la milagrosa coincidencia de una causa legítima para muchos separada del hollín y el tizne que hubiera dejado la presencia central de dirigentes ilegítimos (la mayor parte de los jefes de todas las fuerzas políticas opositoras). Las tentativas del gobierno de atacar la manifestación por sus vínculos con la casta y sus comportamientos no alcanzaron para inhibir la movilización. Aunque tal vez tengan efecto en la batalla de las interpretaciones que se abre a partir de hoy. Pero aún así hay una novedad: ya no se puede decir tan fácil para todos los casos que el gobierno decide quién es y quién no es la casta.

Y aquí viene la cuarta razón de lo que sucedió ayer. El gobierno cometió el mismo error que hasta ahora venían cometiendo sus adversarios, anteriores oficialismos. Encerrados en su burbuja, por cierto amplia, terminaron por creer que el universo era una copia de lo que sucede en su mundo ideal, las redes sociales de algunos dirigentes del gobierno. Por eso se lanzaron alegremente al agravio e incluso confiaron en una interpelación clasista de saldo que unía un estudiantilismo abstracto con una idea que pretendía ser más plebeya de lo que puede ser la posición opositora: “la universidad es para los estudiantes” no para los profesores ni los rectores. La tentativa de encontrar en el estudiantado la misma potencia que en los electorados hastiados de sus dirigentes no prosperó.

La tercera razón del éxito de la manifestación es que presentó la milagrosa coincidencia de una causa legítima para muchos separada del hollín y el tizne que hubiera dejado la presencia central de dirigentes ilegítimos (la mayor parte de los jefes de todas las fuerzas políticas opositoras)

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Es en ese contexto, quinta razón, se enamoraron de una solución extranjera para problemas argentinos: la teoría de que las universidades son catedrales vacías que es propugnada por algunos ideólogos muy influyentes en el mundo mileista y a los que no habría que dejar de tener en cuenta para entender su forma de operar. Los intentos de embarrar la cancha se desplegaron a partir de un festival de agravios y exhibición de convicciones que superaban cualquier racionalidad política y económica. No hay grandes razones presupuestarias que sumen al déficit cero o al superávit fiscal de modo significativo, ni grandes sospechas de corrupción previa a estos ataques. En LN+ panelistas afines al gobierno repitieron los días previos: es un error meterse con las universidades. Pero en el gobierno la épica es la épica del ajuste, pero sobre todo es la épica de la revolución: Milei no dejó sus convicciones en la puerta de la Rosada. La fuerza de la convicción ideológica, la osadía plasmada en una conducción férrea, elogiada en off por CFK y en on por variados dirigentes peronistas, esta vez pasó la factura. Toda ideología tiene su punto ciego.

La respuesta de Milei en Instagram posteando la figura de un león bebiendo de una taza “lágrimas de zurdo”, no hace más que confirmar la mirada desenfocada del gobierno en este caso. Intenta resolver con la postulación del conflicto ideológico el resultado de un conflicto en el que no solo operó la posibilidad del enfrentamiento económico por el ajuste a las universidades sino también la sensibilidad de los argentinos atravesada por la valoración histórica del carácter público y plural del proyecto educativo. Esta vez ¿el principio de revelación fue ceguera?

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