Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

15 de noviembre de 2025

TU MISTERIOSO ALGUIEN

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 3 minutos

Probablemente estemos en un impasse, una pausa detenida, sí, en el tiempo, uno en que, se sabe, parece no pasar nada; posiblemente, no hay que usar adverbios a los comienzos de los textos, pero las pausas de la Historia, con mayúscula, son así, empiezan por cualquier lado, como la vida, que empieza allá, o la muerte, que termina, también, imprevista, acá, en cualquier lado; había escrito, hace tiempo, una novela, Station Eleven, de Emily Mandel, una frase, la frase existencial de este tiempo agotado, que nos cansa y nos arrastra en tren, en colectivo, a las ocho horas, y a la vuelta, más cansados, sin dejarnos estar, porque, sí, seguimos conectados a todas las conexiones, las redes de las redes, somos arañitas que nos tejemos la trampa, pero había escrito, en Station Eleven, Once en español, Emily Mandel, “trabajás hasta que te morís” y esa imagen, ya atrapada, me atrapó de nuevo al ver el tren, el maldito tren, en una suerte de zig zag, descarrilado; “Es”, pensé, porque uno piensa cuando ve, pero no ve cuando piensa, “el inconsciente libertario, liberal, liberado de las cosas”; que las cosas funcionen en sí y para sí, que todo objeto quede liberado a su suerte material, que se retuerzan las vías, que amanezca en la ruta. Pero bueno, ya está, estamos saboreando la derrota, una miel sin gusto, pero que no se despega, es lo que tiene la miel, no te la podés sacar de encima, y la derrota te hunde, te hace bajar en un ascensor infinito, los círculos infernales de la derrota lo son, la carcajada de Alberto que retumba como una sentencia, habla como si tuviera razón; nada estalla pero en 2022 y 2023 hubo un 2001, que existió, pero que negamos, que no vimos, ya no tenemos moral, porque nunca tuvimos autocrítica, nunca fui funcionario ni nada, perdón el yo-yo, pero siempre voté para ése lado, ¿qué disculpa debemos pedir? ¿Qué cosa debemos reprochar a nuestros compatriotas que nos mostraron con su voto a su misterioso alguien, a quién han ocultado todo el tiempo para no matarnos? Incrédulos, atónitos, descubrimos la sociedad, le rezamos a la Sociología para entender esta flecha que nos cruza el corazón, no entender, “No hay una cosa que no sea una letra silenciosa de la eterna escritura indescifrable”, como decía el popular Borges, Jorge Luis, no entendemos lo social que nos excede, a la sociedad que queremos cobrar impuestos al efectivo, el cambio de la derrota es inevitable, todo lo es, vuelve Borges: “El camino es fatal como la flecha, pero en las grietas está Dios, que acecha”.

Vos cambiaste Coca por Pepsi, ahora Cunnington, luego la Coto Cola, que dicen, no están tan mal, ojo, te caíste del pozo de la clase media, la prepaga resiste, cada aumento es como un gancho al hígado, te deja doblado

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Estamos más solos que Adán en el día del amigo, el tipo que vivía en el paraíso pero no podía salir a tomar un vino con nadie; una queja de tuiter, un bandoneón perdido por calle Corrientes, pero la economía real, Real, como el inconsciente de Lacan está ahí para recordarnos, como un síntoma, qué son los síntomas si no recuerdos de lo que no queremos, que la cosa igual no funciona, o funciona como un corazón dañado, el cuadro de mi daño, es, sí, uno que no es armonioso, late descoordinado, fibrila, minería y petróleo, finanzas y carry, mientras el almacenero te mira con la cara de que ya no te puede fiar más, vos cambiaste Coca por Pepsi, ahora Cunnington, luego la Coto Cola, que dicen, no están tan mal, ojo, te caíste del pozo de la clase media, la prepaga resiste, cada aumento es como un gancho al hígado, te deja doblado; tarjeteás como loco, te ofrecen cuotas, pero ya te diste cuenta que con poca inflación lo que sirve es el cash, la viva, el descuento está ahí, que Ágis propone grabar en un plan integral para formalizar la economía en un futuro gobierno que no existe, pero es bueno que se discuta, propuesta sobre propuesta, la vida pasa y todos nos volvemos tecno en nuestros trabajos ya flexibilizados, con la performance diaria, unos en los ministerios, otros disimulando las horas de trabajo en el rostro con filtros de instagram; la vida nos encuentra siendo influencers de cualquier cosa, histrionismo mediante, luchamos por la atención de todo el mundo, necesitamos ser alguien, ser algo hoy, porque no hay futuro, el “porsiemprismo”, como decía Grafton Tanner, “cuando nada termina nunca”, pero no hay más que decir, el futuro es el verano con tarifas que no podés pagar con una vida que no podés vivir, pero tenemos que vivir esta vida, tenemos que transitar la soledad sin subsidios, saber con qué contamos de verdad, quién nos quiere, quién nos rechaza, quién nos aborrece, para luego volver a volver y, al fin, sí, pensar, preguntar, qué país queremos todos nosotros.

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