Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

22 de febrero de 2025

TODO LO SÓLIDO

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 5 minutos

Porque al copetudo de riñón cubierto

Pa’ quien no usa leyes ningún comisario

Lo trato lo mismo que el que solo tiene

Chiripa de bolsa pa’ taparse el rabo

Porque no me llenan con cuatro mentiras

Los maracanases que vienen del pueblo

A elogiar divisas ya desmerecidas

Y hacernos promesas que nunca cumplieron

El Ojerano, canción de Jorge Cafrune

¿Vieron que de tu propia sombra no podés escapar? Salvo en la noche o en la oscuridad total. Pero tampoco, está, pero no la ves. Y ese es el secreto de la sombra, y de todos, no podemos dejar de ser quiénes somos. Es una condena y una virtud. Te consumís en lo que sos. Alguien recordaba hace tiempo en redes la escena de Indiana Jones y la última cruzada cuando Harrison Ford y los nazis llegan al lugar donde está el cáliz que usó Jesús el Cristo en la última cena. Entre las decenas de copas sobre la mesa eligen una brillante, majestuosa. La ambición de los nazis se ve en sus ojos. Lo que sigue es conocido: el malvado toma de la copa y se deshace en el aire. El cáliz de Cristo era uno humilde, que no llamaba la atención. Era el hijo de un carpintero, no de un rey. Cualquier cristiano lo sabe.

El cáliz brillante es como aquellas publicidades de estafas piramidales: monedas, el color oro con fondo oscuro por todos lados y en inglés. A los ojos ávidos de guita le llenan las pupilas. Te brillan los ojos y te perdiste en ese momento. Y esa lógica parece recorrer las altas esferas, las cumbres palaciegas, los despachos forrados con cuero antiguo. Gobernamos hoy, la plata hay que hacerla hoy. Un poder sin mañana, tomado por un pobre extractivismo ciego. Mientras la canción de Fred Ebb y John Kander se te venía a los labios estos días:

“Money makes the world go around

The world go around

The world go around

Money makes the world go around

It makes the world go ‘round”.

En el Río de la Plata sería Nacha Guevara y no Liza Minnelli quién la popularizara como “La guita pone al mundo andar…”. Ponías el viejo Crónica TV para ver el sorteo de la quiniela, aquel que tenía verdaderos Últimos Momentos, y sonaba Nacha. Volvemos a Argentina, argentum, “plata” en latín, al mismísimo Río cuya orilla cobija el puerto, el contrabando, el malandraje que dio grandes escritores, grandes músicos y es el eco impreciso de un interior que no existe más que como un lugar de escape.

“Tantas noches de Twitter me van a hacer mal”, se podría cantar. Ahí las leyes de la termodinámica operan a toda máquina

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Dios y la plata están acá. Monedas y productos no son cosas simples. La paciencia de los años que tiene el hombre sobre la Tierra le ha enseñado estar atado a los objetos. Y tener y adquirir esos objetos no es algo superficial. Y tener y adquirir el más evanescente de todos, se ha convertido en su fin. Marx hablaba de “sutilezas metafísicas y de resabios teológicos” de las cosas en el famoso capítulo de El Capital sobre las mercancías. Al fin de cuentas de eso se trata esto. Plata, plata. Un canal de televisión el fin de semana en que nació el cryptogate puso al aire la película Nueve reinas, el clásico argentino que lo tiene todo: arribistas, estafadores, magos, vivos que caen… la última escena donde le dicen a Darín: “Te cagaron, Marquitos” y el cheque se convierte en papel pintado. El ponzi en aquel 2001 era la convertibilidad. Si tenías la viva a tiempo, antes de que Cavallo solo dejara sacar 250 pesos por semana, ya te habías salvado. Si todos fingían demencia y nadie iba a retirar sus dólares la cosa seguía. Pero eso nunca sucede. Hay que sacarla mientras pueda. Si la moneda está en el pico hay que vender y que se joda el que entra a destiempo. De allí que el Estado no exista es clave en todo esto. “Es un problema de privados”. Arreglate. 

Pero el caso $LIBRA no es como un caso cualquiera, como se vio. Tomó todo el sistema de un momento para otro. Un síntoma fue que los grupos de Whatsapp de amigos volvieron a la política. Se discutía si sabía o no sabía, “mira que no va a saber”. El pensamiento libertario silvestre también aparecía fuerte: “Mientras no sea con plata del Estado…”. Hasta la cuenta de LAM, el programa de Ángel De Brito de chimentos, se hizo eco del tema por el tropezón del chico Viale en la entrevista. Estaba por todos lados. Hasta alguno se animó a hacer el chiste de que a Milei le decían “Faraón”, porque la única obra pública que había hecho era una pirámide.

Así las cosas, el problema de la contemporaneidad es que hay mucho que se puede controlar, salvo la llamada “conversación pública”. “Tantas noches de Twitter me van a hacer mal”, se podría cantar. Ahí las leyes de la termodinámica operan a toda máquina. Se puede lanzar algo, como lo hizo el mismo Milei, pero sus efectos son desconocidos a corto y largo plazo. A nivel local las cosas pueden controlarse más, pero a nivel internacional es un territorio desconocido. El clásico “efecto mariposa” de la teoría del caos que hizo famoso Edward Lorenz, que descubrió con un modelo matemático que pequeñas variaciones en decimales llevaban a modificaciones grandes. Por eso el control es muchas veces una ilusión. 

El ponzi en aquel 2001 era la convertibilidad. Si tenías la viva a tiempo, antes de que Cavallo solo dejara sacar 250 pesos por semana, ya te habías salvado

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Aunque tampoco podemos culpar de todos nuestros males al gobierno. El caos en que vivimos parece ordenarse con más y no menos caos. El mundo está ordenado en su desorden, ¿o acaso los inversores de Libra y el presidente Zelensky no se parecen al fin y al cabo? Todos somos ingenuos y cínicos. Es lo lindo de la aceleración, nadie puede decir “yo no sabía” o “no me enteré”. El caos presente no es sino resultado de un caos anterior. O cuando nos indignamos en redes de que no se creó una comisión investigadora, síntoma inequívoco de la derrota profunda de cualquier tipo de oposición. Nuevos tiempos necesitan de nueva política. Como bien decía Pablo Semán en la red social Bluesky: “Para poder estar contra el gobierno hay que estar contra la oposición (la que se opone y la que no)”.

El escritor Lucas Petersen hace poco recordaba, lejos del citado El mago del Kremlin, El caos, viejo cuento de Juan Rodolfo Wilcock que decía: “Mi método consistía, ni más ni menos, en una imitación, sólo que mucho más confusa, de la vida: si la única realidad de la vida era el azar, la intrascendencia, la confusión y la continua disolución de las formas en la nada para dar origen a nuevas formas igualmente destinadas a la disolución, no hacía falta exprimirse el cerebro inventando artificios: bastaba ofrecer a mis huéspedes una imagen tolerable de la vida que nos rodea, un poco más desordenada que de costumbre, para sumirlos en el caos”.

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