20 de julio de 2026
Si el domingo 7 de septiembre vivimos un desahogo con la victoria del peronismo en la provincia de Buenos Aires, con la victoria de La Libertad Avanza del 26 de octubre volvimos a hundirnos en el barro del presente. La esperanza de escapar al dominio de la ultraderecha, de verlos retroceder denunciados por estafadores, narcos y corruptos, de que el 7 de septiembre provocara un efecto dominó y la elección nacional de octubre fuese el final de tanta brutalidad y prepotencia, esa ilusión se apagó en una noche.
La derrota que sufrimos los que queremos ver caer a los Milei, Caputo, Macri, Menem, Bullrich y Sturzenegger se volvió más profunda, insoportable, porque apagó la expectativa de salir a flote. Apenas un mes y medio duró la perspectiva de fugar hacia un futuro distinto. El cuarenta por ciento de la sociedad argentina y Donald Trump los salvaron de una crisis que imaginamos terminal. Y acá estamos, otra vez. Hundidos. Como si el cambio de etapa que quisimos leer en la elección bonaerense de septiembre hubiera sido un sueño del que despertamos como la mañana en que el joven Samsa amaneció transformado en cucaracha. Los salvaron del desastre y como a Michel Corleone en El padrino III, justo cuando creíamos salir: they pull us back in.
“Frenar a Milei” no era la mejor consigna para darle sentido a la elección del 26 de octubre en la que los peronismos provinciales intervenidos desde la ciudad de Buenos Aires debían movilizarse para enviar diputados y senadores al Congreso de la Nación
Podrán echarse culpas entre dirigentes, decir que Kicillof no debió desdoblar, que Cristina y La Cámpora no debieron intervenir los partidos justicialistas provinciales, argumentar que la boleta única fue una trampa o que los intendentes arrinconaron al gobernador de la provincia para que se enfrente a Cristina y luego se borraron de la elección nacional. Con todo, lo cierto es que el lunes negro del 27 de octubre lo sufrimos todos los que padecemos a Milei. Sin dudas fue una sorpresa, para propios y extraños, nadie esperaba una derrota de esta dimensión, sobre todo, nadie imaginó que podían dar vuelta la elección de septiembre con la cara estampada de un acusado de “narco” en la boleta. Pero acá estamos, la sociedad argentina vuelve a sorprenderse a sí misma.

Es probable que muchos votantes de Milei hayan festejado tamaña victoria, y que acaso otros, su voto “blando”, los que no querían que cayera, pero no están de acuerdo con la brutalidad y la prepotencia no esperaban darle una victoria como la que obtuvo sino simplemente que no se derrumbara llevándonos a todos al abismo. Porque la intervención de Trump y del Tesoro estadounidense fue un acontecimiento inédito; la principal potencia del continente intervino en la elección de un modo explícito y amenazante. El miedo a la crisis económica y política lo tenemos todos. Algunos, muchísimos, estuvimos dispuestos a atravesar ese desafío con tal de salir de este presente insoportable; no obstante, sin dudas, el riesgo es gigantesco.

El cambio de etapa del 7 de septiembre tenía mucho de ilusión, ¿por qué las mismas personas que votaron esto en 2023 ahora se volcarían en masa a frenarlo con el riesgo seguro de caer en la incertidumbre y la crisis? “Frenar a Milei” fue una buena consigna para darle sentido a la elección del 7 de septiembre en la que los intendentes de la provincia de Buenos Aires invirtieron su capital político (y económico) para poner a sus concejales en las listas. “Frenar a Milei” no era la mejor consigna para darle sentido a la elección del 26 de octubre en la que los peronismos provinciales intervenidos desde la ciudad de Buenos Aires debían movilizarse para enviar diputados y senadores al Congreso de la Nación. Lo que en todo caso vuelve a demostrar esta elección es que el ciclo político de Cristina está cumplido hace muchísimo. No debió bailar en el balcón cuando todos sufrimos la derrota. Máximo Kirchner no debió poner caras cuando Kicillof salió a responder ante la derrota. ¿Qué es lo que pasa por esas cabezas? Justo cuando pensábamos que estábamos saliendo, el cuarenta por ciento de la sociedad argentina y Donald Trump volvieron a hundirnos en esta cloaca, sin embargo, no son lo único que nos ata al pasado.
Pero ahí está el drama: si necesitamos candidatos para contentarnos, la interna nos está quitando un poder de fuego que no podemos regalar
Algunos creímos que Taiana era un gran candidato, sobre todo porque era una buena figura para ambos lados de la interna; además de que es uno de los políticos más respetables dentro del peronismo y es un placer escucharlo hablar acerca de Thomas Mann. Pero ahí está el drama: si necesitamos candidatos para contentarnos, la interna nos está quitando un poder de fuego que no podemos regalar. No hubo un argentinazo para sacar a Cristina de su prisión domiciliaria. De presentarse Máximo Kirchner como candidato sería una elección calamitosa. Y mientras tanto hay un país, un pueblo roto que sufre. ¿Hasta cuándo nos quieren atar al tacticismo electoral y a los acuerdos de Palacio? Mientras Cristina y los que viven de Cristina no asuman que su ciclo político está terminado, mientras insistan en ponerla al frente, su figura se va a ir destiñendo y desalineando cada día más.
Volvimos a quedar bajo la línea de flotación. No obstante, probamos esa fruta. Vimos a muchos entusiasmados con la victoria del 7 de septiembre, contentos, deseosos de terminar con la prepotencia y la brutalidad. Aunque sin dudas el 26 de octubre fue un baldazo de agua fría y las ilusiones no son más que eso, nacidas siempre para ser ilusiones perdidas, sin embargo, está por verse hasta qué punto ese mes y medio no encendió, acaso, algo mucho más importante que las esperanzas y las ilusiones; hasta dónde no se encendió durante ese mes y medio lo que mueve montañas: no la ilusión de que venga alguien a salvarnos sino el deseo de hacer algo para salir de donde estamos.



