Un momento...

20 de julio de 2026

20 de julio de 2026

7 de julio de 2025

SON SERES EXTRAÑOS, LOS HERMANOS

Martín E. Graziano

@martin.e.graziano (IG)
Cultura
Tiempo de lectura: 5 minutos

Globos, bonetes, silbatos. No sé si vieron ese video en el que Liam Gallagher entra a una salita de jardín de Infantes y se sienta en un puff para responder las preguntas de los nenes. Hay un quilombo bárbaro. Los chiquitos levantan la mano, Liam señala alguno y le dice: “go on, geezer”. Un colorado le regala una figurita del Kun Agüero. Una chiquita hermosa le pregunta cuál es su película favorita de Disney y Liam, sin un asomo de duda, le responde: Buscando a Nemo. Algunos lo deliran un poco. Se matan de risa. Lo aman. De pronto, llegando al final, una morochita de rulos se pone muy seria y le pregunta cuál es la canción que más le gusta cantar. “’Live forever’”, responde Liam. “Una canción que escribió mi hermano sobre mi mamá”.

Seamos honestos: no hay tantas reuniones que valgan la pena. Los Piojos, por ejemplo, son la voz de Ciro más un repertorio. Artísticamente, no había casi nada perdido en la desunión. El único que tenía un toque realmente distintivo era Tavo Kupinsky y se murió. A lo sumo, la gente podía extrañar la melena blanca de Micky Rodríguez, pero estos tipos decidieron poner a una mujer en su lugar y blindar tanto la crítica como las puteadas. No sé a quién se le ocurrió el enroque, pero es una mastermind del cinismo y los chalecos anti-balas. Felicitaciones.

Otras dos reuniones que valdrían la pena. Primero, la Bersuit. Sin Cordera, son como esas películas que pasaban los domingos a la tarde en Telefé. Y el pelado solo es un caramelo absolutamente intragable. En esa unión, sin embargo, aparece algo popular pero peligroso e inestable que básicamente es lo que uno valora en una banda de rock. Ni siquiera es que me gusten. Pero está ahí. Y claro, la gran reunión pendiente es Patricio Rey.

Esto es música a cara de perro tocada por tipos que, desde el día uno, se plantaron como in-idealizables. Ese asuntito, para toda una generación de público que pide que sus ídolos opinen de una manera u otra, es inaceptable

Compartir:

Parece una verdad de Perogrullo, pero los Redondos son lo que se produce cuando se encuentran el toque de Skay con el concepto de Solari. Me acuerdo que apenas se separaron, en una de esas entrevistas de descargo, el Indio salió a decir que era el autor del 99% de las canciones. ¡El tupé! Les propongo algo. Vayan al Instagram de un guitarrista del conurbano que se llama Diego Ariel Miranda. Ahí, en una serie de videos, el muchacho aísla los arreglos de Skay disco por disco. El ejercicio es muy útil. Ahí podés ver hasta qué punto los Redondos son la música de Skay. Ahí podés ver hasta qué punto está muy mal lo que se aísla como crédito autoral en Sadaic. Sin esos “arreglos” (en rigor, pura música compuesta), no hay Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Ojalá se junten. Hace muchos años hice una trivia. ¿En qué lugar deberían tocar los Redondos en el hipotético caso de que, como sugieren algunos emojis cruzados entre las cuentas de Twitter, se sentaran a fumar la pipa de la paz y grabaran algunas canciones pendientes? La respuesta es un misterio para todo el planeta, excepto para la Negra Poli. Aventuremos: un solo show en las Islas Malvinas y Neo debe seguir tomando la pastilla azul de por vida. La Matrix se rompe para siempre.

Todavía no tenemos una referencia completa, pero si la banda sonó todo el show como “Acquiesce” podemos aventurar que la destrozaron

Compartir:

El caso de Oasis tiene un ingrediente más. No sólo es la unión de dos partes casi antagónicas, sino que son dos hermanos. Repito: dos hermanos. La misma sangre. La misma infancia. La misma madre. El viernes a la noche, cuando apareció la foto de Noel y Liam subiendo al escenario de Cardiff, me terminó de caer la ficha. ¿Cómo no te vas a emocionar? Me encanta que el hermano menor tome de la mano al hermano mayor. Me encanta que conozcan a sus sobrinos. Me encanta que puedan pasar una fuckin’ Navidad juntos. Lo digo y lloro, qué pelotudo que soy. Y me encanta que hayan elegido a Richard Ashcroft como soporte para la gira. Estos dos energúmenos que hablan mal de casi todo el planeta, le dedicaron una canción a su colega cuyo título bíblico lo dice todo: “El que no echa sombra”. Parece que el viernes, antes de dejarles el escenario, Ashcroft arrancó con “Bittersweet symphony” y devolvió la gentileza como un caballero: “esta es para Noel y Liam”. Ahora, donde la nobleza parece solamente una palabra de otro siglo, estos gestos de dignidad se me hacen gigantes.

Un rato después apareció el primer registro oficial en video y tuve que abrir las ventanas de mi casa en Tolosa. “No sé qué es lo que me hace sentir vivo”, canta Liam. El tipo aplasta las palabras como vidrio molido y yo tengo ganas de gritarle, si no es que le grité, ¡esto, la concha de tu madre! ¡Esto me hace sentir vivo! Uno escucha música más o menos sofisticada a lo largo de los días de su vida pero se te planta este rock & roll en tu cara y, como me dijo Ramiro García Morete, de pronto todo te suena un poco pecho frío.

Todavía no tenemos una referencia completa, pero si la banda sonó todo el show como “Acquiesce” podemos aventurar que la destrozaron. El ataque es bestial y es a dos voces: muy simbólica como elección de apertura. “Porque nos necesitamos el uno al otro / creemos en el  otro”, responde Noel, en el estribillo. Tocan acordes completos, esféricos, pero salen disparados como dos flechas moviéndose en zigzag con un solo objetivo. La banda no se mueve de su metro cuadrado, pero avanza sobre el estadio como una oleada y por un instante me hacen re-calentar todos esos chabones que se ponen en superados y te hablan de negocio. Obvio que hay guita. Qué problema tenés con eso. ¿Vos vas a trabajar gratis, papu? Pongansé los pantalones.

Esto es música a cara de perro tocada por tipos que, desde el día uno, se plantaron como in-idealizables. Ese asuntito, para toda una generación de público que pide que sus ídolos opinen de una manera u otra, es inaceptable. Y para los tibios que miden todo en las redes sociales, es una lección: si quieren volver a subir a un escenario, aprendan a poner el corazón en ALGO. Y si no, vayan a la cancha. Cómprense un celular. Péguense un palo con el auto. Pero, por favor, dejenmé de joder. ¿O acaso vas a poder cantar tu temita sobre las zapatillas cuando tengas sesenta años sin sentir que sos un estúpido o que fuiste un estúpido o que el tiempo se pasa inexorablemente y más vale que pongas la carne a la parrilla porque la vida es muy corta y vos te pasaste la mitad o más de la mitad mirando si subían o bajaban tus visualizaciones?

El caso de Oasis tiene un ingrediente más. No sólo es la unión de dos partes casi antagónicas, sino que son dos hermanos. Repito: dos hermanos. La misma sangre. La misma infancia. La misma madre

Compartir:

Al final reviso el setlist y veo que, excepto “Little by Little” y alguna otra, el repertorio está concentrado en los tres primeros discos. Supongo que a Bonehead no le hará mucha gracia tocar los temas de Heathen Chemistry o alguno de esos. Supongo que, por las dudas, para mantener el status quo, decidieron patear fuerte y al medio. “Some might say”, “Supersonic”, “Stand by me”, “Champagne supernova”. Al final veo reels de Instagram. Veo fotos, me mandan tuits. Me dicen que le dedicaron “Live forever” a Diogo Jota. Al final me mandan videos, algunas notas. Al final, en las altas ventanas de la madrugada tolosana, me llega una foto del abrazo que se dieron los hermanos en el cierre del concierto. Esa foto. Noel, aún con la guitarra colgando, se inclina sobre el hombro de su hermano. Las cejas, los labios apretados. Liam se ríe, dice algo. Qué le habrá dicho. Es un abrazo de hermanos. Incómodo, breve. Lleno de electricidad. Medio al paso. “Son seres extraños los hermanos”, dice una canción de Botis. “A veces tan difícil abrazarlos”.

Mañana viene mi hermana a mi casa. Hace seis meses que no la veo. 

Cultura