Un momento...

20 de julio de 2026

20 de julio de 2026

29 de octubre de 2025

SOL NEGRO

Gabriela Carpineti

@gabicarpineti
Política
Tiempo de lectura: 6 minutos

Bajo la temperatura de las últimas semanas. Tal vez caigan algunas gotas de agua para el jueves o viernes,  no sé. ¿Quién sabe lo que va a pasar? Se escondió el sol dentro del mismo día, por un rato, en los días que siguieron al domingo. El domingo nos dejó en un lunes gris.  Así fueron los días después del 26 de Octubre, el día de las elecciones nacionales. Aunque suene raro: una tensión de las últimas semanas también se fue con las últimas horas del escrutinio. Ese músculo que se relaja en el consuelo y remedio que trae también cada resultado con su pedazo de verdad. Eso que hay que soportar. Lo primero que me vino cuando empezaron a asomar los resultados después de las 21, pero que fuimos intuyendo a lo largo de un día que algunos lo vivimos como si algo crucial pudiera llegar a pasar –que no pasó– fue- no sé por qué- una escena de un capítulo de la serie “Sol Negro”, miniserie argentina protagonizada por Rodrigo de la Serna emitida por América TV en el año 2003.

Una continuidad del éxito de Okupas que contaba la historia de internados en un neuropsiquiátrico: desde el masturbador serial interpretado por Ariel Staltari, el paranoico apodado Laucha interpretado por Diego Capusotto, el ezquizofrénico Rene, interpretado por Fernando Peña, el depresivo interpretado por Carlos Belloso, hasta el protagonista Ramiro Bustos, joven de clase acomodada que producto de un accidente automovilístico que fue su responsabilidad, al morir su mejor amigo llamado Teddy, comienza con alucinaciones y es diagnosticado como “personalidad borderline”. Ese niño rico que evita la cárcel, haciéndose pasar por loco. Un clásico. Para cada personaje, una patología, Y el elenco de médicos psiquiatras y personal de la salud pública como una ruina agravante de todo lo que ahí sucedía. La asociación libre me llevó a la escena en donde el psiquiatra interpretado por Alejandro Urdapilleta le dice a Ramiro Bustos que la curación se trataba de cambiar el problema. Ajá. 

Votar bien, parece que fue destensionar todo eso que iba a pasar si el gobierno perdía. Hay un elemento no menor en el voto que se impuso

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Creo que una parte de los que van aún a votar piensan en esa transacción hoy: qué problemas estoy dispuesto a cambiar por otros y cuáles puedo seguir conservando. Dime por cuál problema cambias el tuyo y te diré a quién votas. Hay una sapienza simple ahí: la felicidad es un fenómeno episódico. Básicamente, dedicamos más tiempo a evitar el sufrimiento. Y en esa evitación, uno negocia con su propio cuerpo material y estado de ánimo, con el mundo exterior y las relaciones con los demás. Negociarse, no es necesariamente transar. Es aceptar qué hago con este mucho o poquito que tengo y que soy, con las reglas que existen. Voy y voto, o no. Hay todavía quienes pueden pensar y votar más allá de sí mismos y sus núcleos más cercanos, por ideología e identidad, por ideas fuerzas que nos superen. Pero lo cierto es que entre otras dificultades que tienen los consultores hoy para predecir números de una elección de unos años a esta parte es que hay tendencias que se esconden como el sol hasta que se abre la urna. Los soles negros no aparecen nunca antes. Los significados de ese símbolo desde la psicología jungiana, hasta la astrología y movimientos políticos, son múltiples. Pero siempre indica poder ver más allá de lo que se presenta materialmente visible. Para percibir la capacidad de lo divino, dicen, hay que llamarse a la introspección para poder comprender lo que está pasando. En la Biblia su significado aparece así:     

EL APOCALIPSIS 6:12-13 RVR1960

Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. 

VOTÁ BIEN

Me atrevo a decir que el voto que se impuso fue el de evitar más sufrimiento y mantener los problemas actuales para lo inmediato; que pueden ser meses o dos años. Esa fue la transacción que ganó. El voto oculto, impredecible -paradojalmente, como suelen ser las paradojas- termina apareciendo para apostar a la continuidad de lo actualmente conocido. No hay crueldades, ni Spagnuolos, ni tweets sobre el pelado narco, ni jugadas maestras en la justicia federal, que muevan este amperímetro de manera significativa; por ahora. El mandato de “Votá Bien” que esgrimen muchos artistas y militantes del peronismo selfie en redes sociales a la hora de la foto en la urna, pareciera ser reinterpretado por la mayoría votante así: evitar estallidos, dólares imposibles, caos urbano, corridas, inflación vía devaluación. Porque el estallido ya se sabe dónde duele más cuando pega. Aún al costo de mantener los demás problemas implosionados en –familias, escuelas, hospitales, la calle-, pero evitando estos “externos”, parece que cierra el modelo con un poco de palos y bastantes más votos.

Los cachos de la sociedad al que se pertenece guardan un as en la manga: cómo votar para sufrir menos mañana; no que hoy, que mañana mismo. El voto ensimismado

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Votar bien, parece que fue destensionar todo eso que iba a pasar si el gobierno perdía. Hay un elemento no menor en el voto que se impuso. Además de la elección de no tener imprevistos y estallidos cambiarios y quizás sociales, cada vez que la figura de Milei apareció débil y caída, desde el debate presidencial del 2023 con Sergio Massa en adelante -recordemos lo de “Votá al Normal”- apareció un rescate, y no solo de Trump –no seamos pavos-: el de ese votante que se juzga harto y temeroso del pasado -¿ será así? ¿ o le decimos miedoso para bajarle el precio?-, que es más puro presente y pide algo de futuro previsible. El juego de perseguidores y perseguidos -cada vez con menos reglas de cuidado- de la política también inentendible para muchos, satura el presente; la propuesta de vivir cargándose al otro, al propio y al ajeno, achata la posibilidad de construir causas más comunes que judiciales de rapiña. Las denuncias, contradenuncias, el bullicio permanente de la gastada sin filtro, el canchereo dirigencial, los memes, el descansito, el facto determinante que se desvanece en soplidos, el exceso constante y altivo también de los amparados en la moral que denuncia al “narco” de afuera, pero no logra deshacerse de los transas de adentro se huele más, y se vota menos. 

Otra vez: para habitar el mundo hay que negociar, y se puede hacer sin transar en el intento. Frente a la consigna de “Frenar a Milei”, la mayoría nacional siguió optando por no volver a los problemas de antes, quedarse con estos y ver como seguir. 

La fragmentación de la sociedad argentina actual en términos de ingresos, condiciones de vida y aspiraciones, da permiso a las polarizaciones electorales pero inhibe hegemonías sólidas y perdurables, pareciera. Se flota, se sobrevuela, se sobrevive. Vamos viendo. Los cachos de la sociedad al que se pertenece guardan un as en la manga: cómo votar para sufrir menos mañana; no que hoy, que mañana mismo. El voto ensimismado. Aunque sea, dejame igual que ayer pareciera votarse. El deshilachamiento se puede ver también en cada pago chico y deja la incógnita de si el excluido desbordado de problemas que ya no controla vota diferente al que permanece integrado conservando los problemas que puede administrar. La semana pasada recibí una consulta legal de una mujer de Azul, madre, emigrada del Amba al interior: problemas de violencia con el ex, acusaciones cruzadas de consumo, un bebé, changas, y un padrino que la ayuda a buscar ayuda. Me pregunté si habría ido a votar el domingo. Y si fue, ¿a quién voto? Me llega un tweet: 

Estos años cueste lo que cueste si algún día queremos ganar, parece que hay que entender las razones del voto a MILEI. Y eso requiere dejar de estar estancados, desapegarse de algunas posiciones fijas de cierto pensamiento binario que produce toda polarización. Reconocer que hay incógnitas y cuestiones que aún no entendemos. Básicamente seguir repitiendo ideas, discursos, candidatos que no sólo no ganan, sino que expresan lastimosamente la compulsión de una repetición que nos aleja cada vez más del otro. Ese al que tenemos que convencer que hay más causas posibles para vivir algún futuro común además del dólar barato y el control inflacionario. Empezando por aceptar que son causas importantes para los argentinos hoy. 

¿Para quién no? Pero eso requiere abrirse a la concepción del otro. Pensar que la culpa del voto, del país siempre la tiene el otro solo denota impotencia propia. Como dice Jauretche:  “en cuanto el zonzo analiza su zoncera… deja de ser zonzo”. El zonzo sería el obtuso en este caso, no el que vota mal.

Como el Martín Fierro, tal vez haya que jinetearla un rato después de la derrota: perderse un toque y asumir el peso real de la derrota, la responsabilidad de esa asunción hacen del gaucho un tipo valiente. Que sostiene misiones. Causas valientes y entendibles, soluciones menos enredadas, más que personas y apellidos pomposos. Porque si no nunca vamos a entender porque Karen de Brigada Cola pica más en el conurbano que ilustres apellidos de prosapia peronista que integraban la lista de Fuerza Patria, como dice Lorena Alvarez.

Como en los días grises, hay que salir a buscar un poco de cielo. Encontrar ese pensamiento no dualista, sino ternario -3- que cale en el vacío y en la incertidumbre que muchos sentimos para explicar lo que nos pasa como país. La propuesta que logre operar en el vacío que deja el sol escondido, podrá encarar un nuevo proceso que se medirá por su resultado. Calma, el justo medio ya llegará.

(Foto: José Muzlera)

Política