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06 de marzo 2022

Esteban Actis

SEIS REFLEXIONES -DESORDENADAS- SOBRE LA GUERRA

Tiempo de lectura: 9 minutos

Conflicto y conflictividad

Desde hace una semana el mundo entero tiene sus ojos en Ucrania. La guerra (preventiva) iniciada por Rusia se transformó sin lugar a dudas en el shock geopolítico más importante del siglo XXI. Quien puso al mundo patas para arriba no fue un grupo terrorista (2001), la banca privada (2008) o un virus (2020).  Un gobierno, una bandera, un ejercito y un territorio. Nada de “difusión del poder”, Westfalia (dinámica interestatal) en su plenitud.

La gran pregunta que se hacen analistas es hasta cuándo durará y cómo se resolverá el conflicto.  El Atlantic Council[i] proyectó días atrás 4 escenarios al respecto: 1) el milagro ucraniano, resistencia militar a la invasión); 2) el pantano, un remake de la invasión a Afganistán en 1980 debido al surgimiento de la insurgencia; 3) una nueva cortina de hierro, Rusia se queda con el control de Ucrania y se establecen delimitadas zonas de influencia; 4) Guerra entre Rusia y la OTAN, confrontación militar donde se involucra directamente occidente    

Independientemente de los posibles escenarios sobre el conflicto, lo que sí se puede aseverar es la duración de la conflictividad sistémica. La Guerra en Ucrania acentúa y multiplica la “recesión geopolítica” y la idea de “G-Zero” que experimenta el orden internacional en el último lustro. Trump, Brexit, guerra comercial entre EEUU y China, la crisis de la pandemia y una guerra en las puertas de Europa. La disolución total de los mercadores de certidumbre del orden (poder y legitimidad) implican un mundo anómico y sin liderazgos con capacidad de tomar el toro por las astas. La decisión de Putin de frotar la lampara y sacar el genio es una abrazo de oso a la “Trampa de Kindleberger” a un peligroso vacío hegemónico que vaya erosionando principios, concesos y límites. Las declaraciones del Presidente de Bielorrusia Lukashenko manifestando que su gobierno estaría listo para albergar armas nucleares rusas si la OTAN traslada bombas atómicas estadounidenses desde Alemania a Polonia, es un claro ejemplo. En los primeros días de la postpandemia, queda claro que el mundo no se encamina a un “Roaring 20s 2.0” sino a los peligrosos años treinta.

"La Guerra en Ucrania acentúa y multiplica la “recesión geopolítica” y la idea de “G-Zero” que experimenta el orden internacional en el último lustro. Trump, Brexit, guerra comercial entre EEUU y China, la crisis de la pandemia y una guerra en las puertas de Europa."

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Rusia y la “razón de individuo”

En un reciente texto, Federico Merke[ii] señaló que las grandes potencias a diferencia del resto de los estados tienen “razón de sistema” -además de la “razón de estado”- que condiciona su accionar externo: la estabilidad sistémica y la gestión de la anarquía propia de las Relaciones Internacionales (ausencia de un actor que esté por encima de los Estados) es un bien a preservar.  

La decisión de Putin de invadir militarmente Ucrania nunca fue pensada en clave sistémica, inclusive cuesta pensarla como la primera lanza de una postura revisionista colectiva. La relativa soledad internacional del Kremlin en su aventura bélica evidencia que Rusia no es el catalizador de un malestar de muchos, sino que hay un malestar de Moscú con el sistema. China parece caminar con Rusia hasta la puerta, pero no quiera cruzarla. El supuesto eje sino-ruso tiene un problema constitutivo: Beijing quiere ajustar las reglas del orden y eventualmente liderarlo. Es un malestar “en” el sistema no “con” el sistema.

En los argumentos para ir a la guerra Putin recurrió principalmente a la “razón de estado”, a la más primigenia y constitutiva: la supervivencia. En el diálogo entre el Ex KGB y los empresarios rusos[iii] (la denominada oligarquía) queda claro que el dilema de seguridad primó ante cualquier consecuencia económica y social. Ahora bien, es indudable que la “razón de individuo” también tiene un peso explicativo para comprender porqué los tanques rusos están a kilómetros de Kiev. Sin avalar aquellas visiones maniqueas que indican a Putin como un “loco e irracional”, es indudable la centralidad del “agente” en este conflicto. Las visiones, creencias y percepciones de Putin juegan un rol preponderante. Empero, hasta los sucesos del 24 de febrero, la razón de individuo de Putin siempre fue ponderada desde su fortaleza. El gran estratega, el hombre de la realpolitik que siempre parecía anticiparse a cada jugada de los adversarios. Los resultados a 10 diás de conflicto distan de ser seguramente los originalmente proyectados. Como bien señaló el ex Primer Ministro de Finlandia Alexander Stubb en su cuenta de Twitter: “Putin a logrado en una semana lo contrario de lo que buscaba: la europeización de Ucrania, la revitalización de la alianza transatlántica, el rejuvenecimiento de la OTAN, la unidad de la Unión Europea y un cambio radical en el apoyo a la membresía de la OTAN en Finlandia y Suecia.

El gran interrogante es saber cómo se puede comportar Putin en la consumación de escenarios divergentes con los planeados y con el aumento de los cuestionamientos fronteras adentro y afuera. En otras palabras, qué esperar de un líder que puede llegar a verse acorralado y en desventaja, en donde los sucesos se le comiencen a escurrir entre sus manos. El escenario de un de Putin actuando desde la debilidad, debe contemplarse.

"Las visiones, creencias y percepciones de Putin juegan un rol preponderante. Empero, hasta los sucesos del 24 de febrero, la razón de individuo de Putin siempre fue ponderada desde su fortaleza. El gran estratega, el hombre de la realpolitik que siempre parecía anticiparse a cada jugada de los adversarios. Los resultados a 10 diás de conflicto distan de ser seguramente los originalmente proyectados."

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Europa y el regreso de la historia

En un discurso frente al parlamente europeo, Josep Borrell señaló: “Hemos utilizado nuestra capacidad coercitiva, nuestra capacidad de imponer … cuando digo que Europa tiene que ser un hard power me refiero a la capacidad de condicionar, la capacidad de imponer al otro otra conducta”[iv]

Las palabras del Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad son emblemáticas porque significan un claro cambio de paradigma en relación al rol de Europa en el mundo. La retórica ya tiene un correlato en las acciones. Una partida extraordinaria de Alemania de 100.000 millones de euros para sus Fuerzas Armadas. Putin logró lo que Trump no consiguió: el rearme europeo.

Lo que está reclamando Borrell es que Europa comience a ejercer el poder desde el primer rostro y no desde el segundo y el tercero, de acuerdo a la conceptualización de J. Nye[v]. Con el fin de la guerra fría y el auge de la globalización, el viejo continente pensó el poder desde la gran capacidad de agenda setting  (establecimiento de agendas) en las instituciones y regímenes internacionales y desde la capacidad para moldear las preferencias iniciales de los actores. En otras palabras, el ex Canciller español advierte que la noción de “potencia normativa” es insuficiente (y naif) en un mundo signado por la competencia entre grandes poderes y el regreso de la geopolítica. Muchos señalan que Putin dejó a Bruselas al desnudo. En realidad, evidenció el uso de un outfit acorde para otros tiempos. El primer rostro del poder implica el uso de amenazas/sanciones e incentivos para que el otro cambie su conducta inicial. En esa dimensión el ejercicio del poder es bien visible, claro y descarado.     

Cabe señalar que hasta hace unos meses la discusión sobre el rumbo externo de la Unión en el mundo post-covid se estructuraba sobre la idea de “autonomía estratégica”. Como bien indica la noción de autonomía, el poder estaba pensada en “poder para” resistir presiones de otros (Estados Unidos y China). La idea de “influencia coercitiva” que propone Borrell deberá seguirse con atención pero de seguro marcará las relaciones de la Unión Europea con el Kremlin.

  

¿China o Corea del Centro?

Hay dos personas en el planeta cuyas decisiones son fundamental para la evolución del conflicto. Una, claro está, es Vladimir Putin. La otra es Xi Jinping. Poco interés tiene saber hoy que dicen y hacen Biden, Macron o Scholz. De los actores externos al conflicto las miradas tienen que apuntar al Partido Comunista Chino.  A una semana del estallido de la guerra China se ha mostrado prudente y ambivalente. Ha defendido tanto el principio de integridad territorial de Ucrania como las preocupaciones de seguridad de Rusia. Se ha abstenido de condenar una “invasión” de Rusia (visible en Naciones Unidas) pero tampoco ha apoyado abiertamente las acciones bélicas de las fuerzas rusas. En materia económica/financiera Beijing no se sumó a las sanciones de Occidente, pero aún no ha salido al rescate de Moscú. No hay activación del Swap firmado en 2014, no hay compras de los Derechos Especiales de Giro (DEG) que el Banco Central de Rusia tiene en sus Reservas Internacionales (4%) y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) suspendió, al igual que lo hizo el Banco Mundial, sus operaciones en Rusia y Bielorrusia.  

Si la opción bélica de Rusia sobre Ucrania generó incomodidad en Beijing, el shock geopolítico y una prolongación del conflicto es un dolor de cabeza. Queda claro que en el largo plazo China saca dividendos del conflicto dado que la lejanía de Rusia de Occidente lo lleva a recostarse (desde la asimetría) sobre el Panda.  Sin embargo, en el corto plazo, los precios de las materias primas sobre las nubes y una economía internacional que marche a la recesión afectan de lleno la recuperación de la economía china. Una cosa queda clara, sin un apoyo de China, el aislamiento de Rusia con la comunidad internacional es total.

La gran pregunta entonces es si Beijing aprovechará este contexto para tender sigilosamente puentes con Washington y Occidente para reencauzar las ambiciones de Putin o de lo contrario terminará apostando (como quedó explicito en el Joint statement bilateral del 4 de febrero ) a al eje sino-ruso para avanzar en un orden internacional basado en reglas y principios post occidentales. A 50 años de la visita de Nixon a Mao que logró la distención del vínculo, muchos piensan que la actual guerra puede ser una buena excusa para enfriar la conflictividad estructural y avanzar temporalmente hacia una “sociedad de rivales” con Estados Unidos. Para que sea factible esta opción, no se vislumbra ningún Kissinger con capacidad diplomática para tamaña empresa y además Washington deberá tragarse el sabor amargo de darle reputación y entidad política a China para la resolución del conflicto.

"En el corto plazo, los precios de las materias primas sobre las nubes y una economía internacional que marche a la recesión afectan de lleno la recuperación de la economía china. Una cosa queda clara, sin un apoyo de China, el aislamiento de Rusia con la comunidad internacional es total."

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Un “desacople” que desacopla

BP, Shell, Boing, BMW, Ikea, Nike. Todas estas empresas han anunciados que dejan sus operaciones o negocios en Rusia. La elite política europea que se había subido a los board de las empresas rusas comienza a dejar vacante las sillas, como el caso del austríaco Kneissl (Rosneft) y el italiano Renzi (Delimobil). A diferencia de lo que viene sucediendo con China, las corporaciones occidentales acompañan la intensión política de aislar a Rusia. Desandar la interdependencia conseguida con Rusia es dolorosa pero factible. El mundo corporativo tiene en claro algo: más allá de los costos incurridos hay vida (mercados) más allá de la débil economía rusa (menos del 2% del PBI global). Más allá de China (casi el 20% del PBI mundial) no hay nada, solo el abismo.

Lo mismo ocurre en la dimensión financiera. El MSCI decidió reclasificar a Rusia como “Standalone Markets” (mismo lugar que la Argentina). El propio MSCI “recibió comentarios de una gran cantidad de participantes, incluidos propietarios de activos, administradores de activos, corredores de bolsa y bolsas de valores, y una abrumadora mayoría confirmó que el mercado de valores ruso actualmente no es invertible[vi]”. En un hipotético escenario de invasión de China a Taiwán seguramente ningún actor del mercado le pediría al MSCI una reclasificación de China.  

"A diferencia de lo que viene sucediendo con China, las corporaciones occidentales acompañan la intensión política de aislar a Rusia. Desandar la interdependencia conseguida con Rusia es dolorosa pero factible."

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El espacio físico es esencial, el digital opcional

Elon Musk ha ayudado públicamente a Ucrania a mantener internet en línea a través de las antenas de Starlink. Google anunció que deja vender publicidad en todas sus plataformas en Rusia. Mientras las criptomonedas se derrumban, la moneda de Estados Unidos se fortalece. Los días que corren son un gran golpe para los techno-utopianism.

 La Guerra en Ucrania evidencia que la idea de que el orden internacional experimenta un “Momento Tecnopolar[vii]” -según Ian Bremmer- carece aún de fundamentos empíricos. Para el fundador de la Consultora Euroasia Group, los estados que han sido los principales actores en los asuntos mundiales durante casi 400 años van camino a perder terreno por un puñado de grandes empresas de tecnología que rivalizan la influencia geopolítica.

"Las empresas tecnológicas no pueden desvincularse del espacio físico, invariablemente tienen una territorialidad estatal que los acobija y condiciona. A pesar de todas sus deficiencias, los estados siguen siendo la forma política dominante en el mundo actual."

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Los ejemplos señalados ejemplifican la respuesta de Stephen Walt[viii] a Bremmer. Las empresas tecnológicas no pueden desvincularse del espacio físico, invariablemente tienen una territorialidad estatal que los acobija y condiciona. A pesar de todas sus deficiencias, los estados siguen siendo la forma política dominante en el mundo actual. Por tal motivo ante una crisis global los ahorristas buscan el dólar y no el Bitcoin. “En un sistema internacional anárquico donde prima la noción de auto-ayuda, los estados a menudo están dispuestos a infringir la ley y hacer cosas horrendas en nombre de la seguridad nacional. Ninguna empresa de Big Tech tiene esa capacidad” afirma Walt. Los Estados tiene problemas para ofrecer bienes públicos globales, es indudable. Ahora son los únicos que tiene la capacidad de destruirlos siendo la paz un claro ejemplo. Un Putin puede provocar un millón de refugiados por Europa en mes, un Jeff Bezos no.  

La Guerra de Ucrania muestra que más allá de la expansión del espacio digital y de la importancia de la acelerada revolución tecnológica el mapa geopolítico no se transformó. La estatalidad (territorio, gobierno, población) sigue marcando el pulso de los acontecimientos globales. Siendo más joven que Walt, comparto su apreciación final: “no estaré para verlo, pero apuesto a que las características esenciales de la geopolítica en 2100 se parecerán mucho a sus elementos centrales en la actualidad”


[i] https://www.atlanticcouncil.org/blogs/new-atlanticist/four-ways-the-war-in-ukraine-might-end/

[ii] https://cenital.com/un-orden-global-en-crisis/

[iii] https://www.youtube.com/watch?v=i8kkeztq70c

[iv] https://www.youtube.com/watch?v=C32c88rm_Gs

[v] Nye, J. S. (2011). The future of power. Public Affairs.

[vi] https://www.msci.com/eqb/pressreleases/archive/PR_Russia_Classification.pdf

[vii] https://www.foreignaffairs.com/articles/world/2021-10-19/ian-bremmer-big-tech-global-order

[viii] https://foreignpolicy.com/2021/11/08/big-tech-wont-remake-the-global-order/

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