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04 de noviembre 2022

Martín Prieto

Escritor, profesor de Literatura argentina en la Universidad Nacional de Rosario.

SACAR AL POETA DEL LUGAR DEL BOLUDO Y VOLVERLO A PONER

Tiempo de lectura: 8 minutos

Era una época en la que se armaba un grupo de estudios cada media hora. Nosotros participábamos de todos: pero también éramos los primeros en irnos. Todo se leía “para discutir”. No nos gustaba discutir: qué poco talento para la escalada dialéctica, qué impaciencia. Me acordé de eso en estos días, después de dar una clase sobre Néstor Perlongher. Qué buen poeta. Qué valiente. Esta segunda consideración subraya la primera. O, más bien, la condiciona. Para ser bueno, hay que ser valiente. Escribir como no se había escrito antes. Salirse del camino, que es un modo de crear otro. Los primeros poemas de Perlongher no solo son proféticos en términos formales y temáticos, como si adelantaran, así fueran cinco minutos, el reloj que marcará la hora de la poesía política argentina en los años 1980 y 1990. Sino que su mismo diccionario (“marica”,“chongo”, “la leche de él sobre la boca de ella”, “los vellos de su ano”, “calzarse los aros en su verga”) que hoy podría ser usado en una clase de Educación Sexual Integral en esos años sonaba como una bomba. En unos poemas que tenían, además, por momentos, la reverberación de una escena cinematográfica. Como si pudiéramos “ver” esos poemas, aun antes de entenderlos del todo:

como un galán en ruinas que sorprende a su novia entre/ las toscas braguetas de los estibadores, en los muelles, cuando/ laxa desova, en los botones, la perfidia a él guardada? ese lugar/ secreto y púbico? cómo entonces tomé esa agarradera, esos tapires/ incrustados con mangos de magnolia, aterciopeladamente sospechosos;/ y sosteniendo con mi mismo miembro la espuma escancorosa de tu sexo,/ descargar en tu testa? Sonreías borlada entre las gotas de semen de/ los estibadores que en el muelle te tomaban de atrás y muellemente:/ te agarré: qué creías?

Néstor Perlongher leyendo poemas en casa de Sara Torres, Buenos Aires, años 80.

En diciembre de 1984, en San Pablo, en un Encuentro de Profesores de Español, Perlongher presentó un texto, una ponencia diríamos en la Facultad, sobre El portuñol en la poesía. Habló de unos poemas de Oswald de Andrade, Haroldo de Campos, Héctor Olea y también de uno suyo, “Acreditando en Tancredo”. Sobre el final, “ya que estaba dando esa charla desde el lugar del poeta”, y dado que ese lugar “suele ser confundido con el de la retórica huera o el delirio que sirve de festón para un orden que no pasa por lo poético”, le pareció oportuno recordar la llamada de Osvaldo Lamborghini a “sacar al poeta del lugar del boludo”. Muy buena esa frase de Lamborghini. Mucha precisión. Cuántas ganas de que esa misma frase encabezara los encuentros de poetas, las lecturas públicas, donde muchas veces pareciera que la gramática, la sintaxis, la tensión y los cortes de versos hubieran decidido soltarles la mano a los participantes y las veces restantes que se las hubieran soltado la composición, la noticia, la gracia, la onda, el diccionario, el tema y, aun, la subjetividad. ¿Y cuándo y a quién se la habría dicho Lamborghini? Ricardo Strafacce y Javier Gasparri, casi a la vez, al percibir nuestra desorientación, discretamente, como si nos hablaran de otra cosa, nos dirigieron hacia el número 1 de la revista Lecturas críticas, publicado en diciembre de 1980. ¡Claro! ¿No habíamos empezado a estudiar ese número de esa revista dedicado a la parodia, en alguno de aquellos grupos que hacían de la impugnación, la contradicción, el diálogo, la réplica y la disputa su nudo de oro? ¿Deslumbrados porque el índice incluía entrevistas a Nicolás Rosa, Severo Sarduy, Osvaldo Lamborghini, Ricardo Piglia? ¿No fue que nos fuimos del grupo cuando nos enteramos de que quienes hacían la revista tenían nuestra misma edad? ¡Que nos estudien ellos a nosotros!, argumentamos desdeñosamente. Pero antes de la retirada habíamos leído esa gran entrevista de Alfredo Rubione a Lamborghini que veníamos a recordar ahora, direccionados por Gasparri y Strafacce:

Cuando Rimbaud dice me voy, hay que entender que se viene, lo que pasa es que por el afrancesamiento uno lee que Rimbaud se va y por identificación uno se está yendo con él. No, vos no te vas con él. Vos estás acá, esperándolo. Se va quiere decir se viene para acá: África, las pampas argentinas.

Eva Perón es popular. Los chicos de clase media de la Facultad de Filosofía y Letras son populistas.

Una ideología siempre te propicia para pelotudeces, pero también para mitos heroicos.

Mis epifanías fueron entonces Hegel, ese tipo de cosas. Después no me puedo hacer el populista, el obrero.

En cierto sentido, toda la literatura podría ser calificada de irreverente. Un escritor nunca habla de pavadas. Una de las tareas difíciles de llevar a cabo es sacar al artista del lugar del boludo en que se lo ha colocado.

Ahí está el origen. La referencia bibliográfica. Dada la mínima diferencia pareciera que Perlongher al leer la entrevista sintió que era una frase que le estaba dirigida, como si Lamborghini se la hubiera dicho a él y entonces la podó, la mejoró y se la apropió como imperativo. O, como diría él -a quien no le gustaba la palabra “imperativo”-, como “cope”, como “mambo”, que eran palabras que sí le gustaban. Como si él tuviese la ardua tarea de sacar al poeta del lugar del boludo.

Escribir como no se había escrito antes. Salirse del camino, que es un modo de crear otro. Los primeros poemas del Perlongher no solo son proféticos en términos formales y temáticos, como si adelantaran, así fueran cinco minutos, el reloj que marcará la hora de la poesía política argentina en los años 1980 y 1990

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El tema, que es un temazo, volvió, imprevistamente, en la contratapa que en 2012 Alejandro Rubio firmó a la antología de poemas de Fernanda Laguna Control o no control:

¿Fernanda Laguna es boluda? Si la boludez es la turbiedad que desdibuja los límites del mundo y nos deja inermes, no es entonces otra cosa que una de las vías motoras que lleva a lo que el siglo XX llamó “poesía”. Para ser menos generales, digamos que Laguna, al ser boluda, pero autoconsciente, ha encontrado la manera de hacer de su boludez una herramienta y un arma para interferir en la línea Lamborghini-Aira, con lo que a estos escritores se les pasó o dejaron en forma embrionaria, mientras se entretenían en la polémica y la erudición.

Rubio, uno de los grandes estrategas (y polemista, él también) de la poesía argentina de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI apuntaba que el nuevo camino nuevo es el del retorno a la boludez. No ahora a la boludez de la retórica huera contra la que se levantaba Perlongher citando a Lamborghini (contra la que hay que seguir levantándose todos los días, cada mañana, porque es la que impera en el 97% de los libros que se publican, se reseñan, se celebran, se premian y se leen en público) sino a la boludez autoconsciente: la de que quien no está seguro de nada y entonces “interroga todo”. “Una vocación” sigue Rubio didáctico, levantando la vista, paneando a todos los asistentes, “empecinada por lo inferior, lo lateral, lo banal, lo repulsivo y lo impropio conforma un mundo que al tipo de ideal de argentino –tan piola él– lo desconcierta porque lo hace quedar como un gil”.

“Sacar al poeta del lugar del boludo”. Muy buena esa frase de Lamborghini. Mucha precisión. Cuántas ganas de que esa misma frase encabezara los encuentros de poetas, las lecturas públicas

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En esos corsi e ricorsi de la historia de la literatura (los cambios de valor, lo que vuelve pero que nunca vuelve igual) pensaba mientras escuchaba, gustosamente, leer a Tilsa Otta en Bahía Blanca. Unos poemas simples, amorosos, sobrevolados de síntesis, sorpresa, noticia e inspiración.

Caribe.

Tilsa Otta, Laura Wittner y Diego Vdovichenko, Festival de Poesía Latinoamericana, Bahía Blanca, 2022.

Todos los días extraño a mi novia/ Cuando murieron sus perritas me contó por chat y me puse a llorar/ Quería estar con ella y consolarla/ Darle besos mientras le quito la ropa y resuelvo todo/ Quisiera tener un perrito/ Parecido a un hogar/ Debo conseguir una mínima estabilidad/ Caminar sobre la tierra para comenzar/ Adivina en qué estoy pensando/ ………………………………………………/ Pienso en establecerme/ Pienso en el Caribe/ Un perrito a contraluz sacudiéndose fuerte/ Salpicando en un milagro el mar transparente/ Mi novia en la orilla leyendo teoría del arte en bikini/ Con gafas oscuras y muy pensativa/ Sería un comercial de tv sin motivo/ Una vida tan perfecta como un anuncio publicitario/ Censurado y jamás emitido/ No puedo creer estar enferma/ Preferiría estar muy drogada/ Penetrando los misterios del universo/ O con los chicos de tinder/ Moisés, Antonio, Javier/ Comiendo helado de baobab/ Extrañándola/ Pensando dónde establecernos/ Cómo será el rostro de nuestro perro/ Si todavía querrá ser mi novia en el Caribe/ Después de todo esto

¿Y de dónde viene Tilsa? En lo inmediato, de una generación de poetas en lengua española que pudo ser identificada como tal una vez que se publicó en 2014 la antología 1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI. Allí los poemas de Tilsa conectaban con los de la portorriqueña Mara Pastor, el costarricense Jeymer Gamboa, el mexicano Luis Eduardo García, el peruano Kevin Castro, la boliviana Emma Villazón Richter, los argentinos Charly Gradin, Francisco Bitar y Caterina Scicchintano, el español Monroy, todos sosteniendo, con sus poemas, al que tal vez el futuro asigne el rol de himno generacional. Una especie de canción, firmada por el salvadoreño Nadie:

¿Quién sos, Alan Cubías, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Ale Zepeda, y por qué te tengo en Facebook?  ¿Quién sos, Alex Est, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Alejandra Santeliz, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Alu Burgos, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Amanda María Hernández Moreno, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Bea Blanco, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Cesc Miillian, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Christian Ortiz, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Claudia Yanira Espinoza, y por qué te tengo en Facebook?/ ¿Quién sos, Debbie Sireniita López, y por qué te tengo en Facebook?/

“Una vocación” sigue Rubio didáctico, levantando la vista, paneando a todos los asistentes, “empecinada por lo inferior, lo lateral, lo banal, lo repulsivo y lo impropio conforma un mundo que al tipo de ideal de argentino –tan piola él– lo desconcierta porque lo hace quedar como un gil”

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Pero antes de formar parte de una generación transnacional, Tilsa forma parte de una tradición soberana: la de la poesía del Perú. La de César Vallejo, diremos todos, medio de memoria. Pero también más próximamente, la de Luis Hernández. En esa misma excursión a Bahía Blanca comimos, con Tilsa y otros poetas, en el Museo del Puerto, en Ingeniero White. Lucía Bianco, la anfitriona, invitó a los comensales a leer algún poema propio o ajeno dedicado a la comida. Tilsa eligió este, precisamente de Luis Hernández:

Los laureles/ Se emplean/ En los poetas/ Y en los tallarines.

Néstor Perlongher, Arturo Carrera, Emeterio Cerro y Reinaldo Laddaga. Coronel Pringles, 1985.

Bibliografía

Néstor Perlongher. Poemas completos (1980-1992). Buenos Aires: Seix Barral, 1997.

Néstor Perlongher. “El portuñol en la poesía”. tsé-tsé números 7 y 8, Buenos Aires, otoño de 2000.

Alfredo Rubione. “El lugar del artista. Entrevista a Osvaldo Lamborghini”. En Lecturas críticas. Revista de investigación y teoría literarias. Año 1. Número 1. Buenos Aires, diciembre de 1980. En línea: https://ahira.com.ar/ejemplares/lecturas-criticas-no-1/

Alejandro Rubio, contratapa en Fernanda Laguna. Control o no control, Buenos Aires: Mansalva, 2012.

Tilsa Otta. La vida ya superó a la escritura. México-Lima: Editorial Juan Malasuerte,2018.

Daniel García Helder, Daiana Henderson, Bernardo Orge. 1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI. Rosario: Espacio Santafesino Ediciones, Editorial Municipal de Rosario, CCPE/ AECID, 2014.

Luis Hernández. Vox horrísona. Poesía reunida. Buenos Aires: Ediciones Nebliplateada, 2022.

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