19 de julio de 2026
Estábamos lejos, nadie nos miraba con atención, fuimos protagonistas en algunos deportes, nos destacamos por algunos emergentes en diversas actividades -deportivas, culturales, científicas-, pero transitamos las últimas décadas sin ningún interés en ser parte del mundo; alejados de los países y sectores más poderosos.
Tenemos una de las llanuras más productivas del mundo, climas muy benignos, mucha tierra fértil sin aprovechar, energía en todas sus expresiones: petróleo, gas, sol, agua, viento y posibilidad de biocombustibles.
Territorios en los cuatro puntos cardinales, con una belleza incomparable para compartir y exhibir, totalmente desaprovechados, siendo el turismo la industria con mayor proyección hacia el futuro.
Mientras tanto, nuestra dirigencia en todos los ámbitos y la “inteligencia” organizada en diversas instituciones civiles jugaban al TEG para los más viejos, o al Catan para los más jóvenes.
¿De qué preocuparse? Nadie nos acosaba ni por las fronteras ni por parte del sistema financiero global; incumplimos todas las obligaciones y contratos posibles, pero no movíamos el amperímetro en el mundo.
Hoy el mundo necesita nuestros recursos, muchos dicen que el riesgo argentino es en realidad el riesgo a los argentinos. En esa diferencia recorreremos el camino hacia adelante.
Destruimos la educación, la salud y el espíritu comunitario que nos destacaba. Convertimos a nuestro país en una sociedad dividida por imbecilidades y transformamos a la fuerte y grande clase media en personas empobrecidas.
Ya éramos anómicos en el siglo XX, nos lo decía Discépolo en Cambalache, pero aumentamos la ruptura con las normas a niveles insospechados. Pero nadie nos miraba. Nos preguntamos: ¿qué es lo que cambió?
A mediados del siglo pasado, durante la posguerra, el mundo se dividió, enmascarado en una guerra ideológica que en realidad fue una lucha por el poder global. La ideología jugó un rol, sin duda, pero por detrás se escondía la carrera científica, la pugna por el dominio de los recursos -fundamentalmente el petróleo- y el desarrollo de las comunicaciones.

A esa etapa la conocimos como Guerra Fría. Fueron años sumamente violentos, donde la lucha por el dominio territorial fue cruenta: Corea, el Sudeste Asiático, Argelia, Cuba, las guerras triviales de África. Mientras tanto, se dirimía el poder sobre los recursos. Todo terminó con un claro ganador: el día de la derrota de la URSS, en noviembre de 1989, cayó el Muro de Berlín, símbolo de esa guerra.
Hasta ahí, Argentina navegando en tierras neutrales y basado en su lejanía y aprovechando la estructura económica y social construida en la neutralidad en las guerras mundiales, sostuvo una ineficiente, lejana al resto, economía cerrada y suficiente para sobrellevar los años, distraídos en las presuntas cosas internas.
La aparición de internet, la intercomunicación global, el super desarrollo de China se sucedía en el mundo unipolar dominado por los EEUU. En el transcurso de los primeros años de este siglo aparece un nuevo protagonista, la economía globalizada generó poderes económicos y financieros sin banderas. Un actor cuyo territorio es el mundo entero y que generó un interés económico desentendido del dominio institucional de los países.
Hoy nos encontramos transitando una era en donde las distancias importan menos que los recursos, EEUU y China albergan a las empresas más poderosas y corren la carrera por el dominio de la ciencia, pero aprovechado por el nuevo actor global.
Argentina pagó caro su distracción por lo que sucedía en el mundo, se había aislado y pretendía pasar desapercibida viviendo de la pobre administración de sus riquezas con una población degradada por la corrupción y la anomia.
Todo llegó a un final muy preocupante. Hoy el mundo necesita nuestros recursos, muchos dicen que el riesgo argentino es en realidad el riesgo a los argentinos. En esa diferencia recorreremos el camino hacia adelante.
Convertimos a nuestro país en una sociedad dividida por imbecilidades y transformamos a la fuerte y grande clase media en personas empobrecidas
Cuando el nuevo actor global, las empresas y capitales globales coinciden con una de las naciones más poderosas, Estados Unidos, en la necesidad de los recursos de un país, para ese país todo se complica.
Ya no es tan fácil esconderse, ya la distancia no tiene la misma complejidad y hoy también existen los ciudadanos globales, aquellos que solo tienen bandera para cosas de menor importancia. Visten la camiseta argentina, con el nombre de Messi en la espalda, pero su cabeza y su ambición está en otro lado.
Para lo importante hoy existe una creciente ciudadanía global, el lugar donde se trabaja y los intereses que se defienden tiene más que ver con la empresa que los emplea que con la locación en la cual desempeña su labor.
Argentina llega a esta etapa con la menor fortaleza institucional de su historia, se cumplen con las normas democráticas, pero cada día con menos representatividad en los gobiernos, los electores votantes disminuyen, los partidos políticos como instituciones dejaron de existir.
Las formalidades engañan, la corrupción, el narco y la falta total de respeto a la norma por parte del Estado como de la comunidad hace que enfrentemos un momento crucial con pocas herramientas para transitarlo. La llegada al gobierno de un outsider no es casualidad es causalidad. La pregunta que debemos hacernos hoy, ¿es el presidente un ciudadano global o es un argentino en el gobierno?
En el primer caso será el ariete de las empresas globales que hastiadas de los argentinos por su desapego a la administración de sus recursos facilitará la llegada de los ciudadanos globales para que se hagan cargo. O será el presidente que logre reconstruir las instituciones y ponga a los argentinos manos a la obra para llevar a nuestro país a constituirse como Nación.

¿La oposición y las instituciones intermedias están en consonancia con esta situación para poder reconstruir los partidos políticos, eliminar la corrupción, ser ejemplares en su cumplimiento a las normas para ser ejemplo en la sociedad y tener el necesario reconocimiento para encabezar la cruzada anticorrupción?
De aquí al 2027 se dirimirá el destino de nuestra patria, ser Perú o Colombia o ser Chile, Uruguay, Brasil. Los primeros tienen instituciones descalzadas con la economía y sus recursos. Los segundos las sociedades se comprometieron con el mundo el explotar y ofrecer sus recursos a la economía global.
No son momentos fáciles, los partidos, sindicatos, cámaras empresariales, ONG distanciadas de la sociedad miran con el espejo retrovisor e impulsan al país hacia un pasado imposible de repetir. En ellos están comprendidos la mayoría de las autoridades provinciales. Provincias que construyeron burocracias en base a la subexplotación de los recursos o en pensar en proyectos sectoriales que sostengan a esas burocracias.
Nación o Factoría será la próxima brecha.



