21 de julio de 2026
La última experiencia del peronismo en el poder dejó un tendal de hipótesis en torno a la derrota. ¿Fue la descoordinación entre las distintas fuerzas que componían el Frente de Todos? ¿La inflación descontrolada, o todos los males están fundados en una fuerza que se desnudó de peronismo y se arropó en el progresismo?
Días de la visibilidad para todos y todas, día de la identidad para todes, tod@s y/o todxs, un gobierno que intensificó las particularidades y echó por borda aquello de que hay una sola clase de hombres. Una gestión para hacer política dentro de los gazebos. Desde espectros conservadores, nacionalistas e incluso nacional-populares se esgrimió que el Frente de Todos había naufragado porque no encarnó al peronismo, impulsó agendas varias mientras las condiciones de vida de los sectores populares se degradaron tanto por factores endógenos como exógenos. ¿Cómo se puede ser progresista sin progreso?
Si el peronismo y el radicalismo fueron los dos grandes partidos de la historia moderna argentina, el progresismo lo fue de la posmodernidad. Una ideología que puede amoldarse a casi todos los recipientes
De la mano de ese amuleto de conciencias que significó la “autocrítica” y que operó más como una “palabra secreta” para acceder al círculo de tranquilidad de los decisores, se desprendieron algunas premisas constructivas en torno a la derrota. Representación de las mayorías, recuperación de la doctrina, más Jauretche y menos Laclau, entre otras. No obstante, aquí nos interesa traer un poco de claridad frente al “enruidado” escenario nacional y buscar esclarecer de qué hablamos cuando hablamos de progresismo.
Si tuviéramos que rastrearlo históricamente, podríamos identificar al progresismo con el baño fundacional de las décadas del 60´ y el 70´. Esos años fueron particularmente importantes para brindarle una tónica a la clase media, que a su vez era hija del peronismo y del ascenso social, que se había convertido en una realidad efectiva. La década del 60´ estuvo marcada por las guerras de descolonización en África, el mundo bipolar con EEUU y la URSS y la expansión del comunismo que accedió al gobierno después de traspasar las hojas de “El manifiesto comunista” de Karl Marx. En América Latina, en particular la figura de Ernesto Guevara y la imagen de “el hombre nuevo” impactó fuertemente en vastos sectores de la clase media universitaria que advertía que la revolución socialista estaba a la vuelta de la esquina.1968 y el mayo cordobés fueron un bienio notable, tal como lo señala el sociólogo Aritz Recalde, fue la primera experiencia de unión de lucha entre los sectores obreros y las capas medias. La radicalización de los sectores medios se vio potenciada por el clima de autoritarismo y represión creciente que se vivieron en la Argentina, fuertemente, desde 1966 con el golpe de estado del General Juan Carlos Onganía. La orfandad del líder se sumaba a la orfandad de libertad.

No solo la política comenzó a subjetivar una nueva identidad de clase, sino que los años de la modernización cultural fueron acompañados por la introducción del psicoanálisis en las capas medias. Esto no solo penetró y mantuvo una enorme vigencia, sino que reconfiguró los vínculos generacionales. La historiadora Isabella Cosse lo describe magistralmente en su libro “Mafalda. Historia social y política”, donde advierte cómo empezaron a revisarse los tratos para con la infancia y los nuevos modos de poner límites. Aunque parezca increíble, la psicoanalista Eva Giberti condujo un ciclo de gran popularidad denominada “Escuela para padres” que versaba sobre estas temáticas. La liberación parcial de la fuerza de trabajo femenina, los métodos anticonceptivos y la redefinición de la sexualidad transformaron en algún punto las fotos de familia de hace veinte años atrás.
La dictadura no solo puso punto final al sueño de la patria metalúrgica sino también a la oportunidad de que el comunismo se convierta en una posibilidad cierta. Ex pecé luego devenidos en ex PI que recalaron adhiriendo al kirchnerismo fundacional y sentaron residencia allí. De la lucha de clases a la defensa del consumidor. El progresismo nació como una domesticación en una casa ajena donde le hicieron un lugarcito y hasta comenzó a parecerles simpático. Más construido por gestos que por dogmas, el progresismo se convirtió en una auténtica identidad argentina (ilustrada, urbana). Más cerca de los podios que de los palos, el progresismo es una tentación a guardar equilibrio entre los derechos de primera y tercera generación. Una tentación a sacar fotos en la Plaza de la Revolución con un Iphone. El progresismo es bien recibido en todos los hogares ya que se expresa bien, habla bonito, pero no logra asestar ninguna interpretación histórica fundada más cerca de los conflictos y menos de la performatividad del discurso.
Podemos pensar que el progresismo está ordenado por grandes dogmas que se mantienen inmodificables desde 1983 hasta acá: no al endeudamiento externo (para ningún fin), no a la represión social, alineación sur-sur (sin disidencia), más justicia social. La proliferación de los progresistas (no del progresismo) se vio catalizada por la masificación de las redes sociales y la posibilidad de que todo se vuelva signo y consigna. La revolución social se puede marinar indistintamente con un flat white en Colegiales que con una burga en Villa Ortúzar. Ese blend de éticas y estéticas se relajó sensiblemente al compasse de los nuevos patrones de vestimenta unisex, pero permitió mantener la intensidad de la participación y la militancia política vía X. Si el peronismo y el radicalismo fueron los dos grandes partidos de la historia moderna argentina, el progresismo lo fue de la posmodernidad. Una ideología que puede amoldarse a casi todos los recipientes.
¿Cuál fue el devenir del peronismo durante los últimos 20 años y en qué medida logró mantener una autonomía relativa del progresismo? ¿Cuáles fueron los procesos por los cuales, cual simbionte, el peronismo adoptó los modos de disputa política del progresismo? ¿La praxis política existe por fuera de las reglas de juego que imparte el escenario actual en términos comunicacionales, tecnológicos y estéticos?
Para concluir podemos observar que el progresismo se organizó en torno a un conjunto de aspiraciones y demandas, en la que buena parte de su experiencia reciente se profundizó con la adopción más fértil de códigos en común y menos sustancialidad propia.



