Un momento...

17 de junio de 2026

17 de junio de 2026

13 de junio de 2026

POR TODOS NOSOTROS

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 3 minutos

Cada vez que agarro el libro se me desarma. No es el libro de arena, no es un archivo moribundo, es la argentinidad que se deshoja como este otoño brutal.

A todos los argentinos se nos va de las manos. Cabemos en una frase de Borges que no podemos nombrar, en una medida de Perón que no podemos repetir, en un tono de Gardel que no podemos alcanzar. Se muere el Indio Solari en cada esquina. El panteón está lleno; todos mueren menos vos. Los homenajes se multiplican en las plataformas de las plataformas. No te preocupes, todos tus muertos se vuelven a juntar en una peña de IA.

Por qué hay tanta devoción, por qué hay tanto lamento, por qué los funerales son infinitos en esta época. ¿Es que estamos rotos? ¿O el ser humano simplemente no puede no estar roto? Gardel, Evita, Perón, Maradona. Todas las orfandades son las mismas y distintas. Se sabe que hay algo que queda para siempre; se sabe, también, que algo muere para siempre. Todo es una cuestión de presencias, de encuentros; algo no está, pero el resto -los restos- queda. De ahí que la dictadura argentina pecó como ninguna con la desaparición: no se puede velar a lo que no está en ningún lado; no hay a dónde ir a cambiar el agua de los floreros.

Un siglo, el veintiuno, que se ve a sí mismo nacer, morir, vivir con la desdicha o el recuerdo fresco del siglo veinte: los ojos ciegos bien abiertos. Qué bien que estábamos cuando estábamos mal. Ahora hay demasiadas guerras, demasiada tecnología, demasiado de todo.

¿Dónde hay un Todo, viejo Gómez? Sumas de partes

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El mundo es ya un lugar sin retorno. No hay ecología posible, solo hay egología, una fiebre del Yo tecnológico que en su delirio quiere irse a Marte, a la Luna, a empezar de nuevo.

Pero no nos fuimos. Qué hermoso tango el argentino, el único, el del Río de la Plata, es lo que nos aprisiona. Martínez Estrada decía que peor que dominar, era construir ciudades que nos mantenían cautivos. Y Buenos Aires tiene algo de eso, te cautiva, te embelesa, te mantiene prisionero, pero también te libera. Como decía Piglia respecto de Borges: esta ciudad es un dispositivo, una fábrica demasiado desobediente y que fabricó un Borges y un Artl contemporáneo. El genio y el voseo, los arrabales cultos y los conurbanos llenos de locos. Los porteños hicimos la nuestra con lo que el Virreinato mandaba.

Así, entre pérdidas y futuros construimos nuestra identidad. Porque lo que antes eran sujetos atravesados, meros pasajes de sentido, hoy son pura identidad. Ser de algo es la única forma de ser. Dejamos la multiplicidad de lado. Bio pic: bostero o León del 57% o de Cristina y Néstor. Por eso hay nichos de mercado, por eso hay reductos de todo. No hay una tierra separada por grietas, sólo hay islas de hombres. Se conectan con lo fluido y huidizo, una correntada que siempre va, más que viene.

Las pérdidas argentinas y la derrota política hacen de nuestro tiempo uno indigente. Nos miramos unos a otros como cerrados por derribos: un cartel tapa el derrumbe. Por eso también es un tiempo donde las diferentes marchas, la del 24 de marzo, la universitaria, la comunión ricotera se funden en un dolor feliz.

Cabemos en una frase de Borges que no podemos nombrar, en una medida de Perón que no podemos repetir, en un tono de Gardel que no podemos alcanzar

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Hay una reunión donde algo más que nosotros mismos se hace presente. Luego, vuelve el rico a la riqueza, vuelve el pobre a la pobreza. ¿Dónde hay un Todo, viejo Gómez? Sumas de partes.

La pérdida nos junta porque tenemos la fe intacta; esa necesidad imperiosa. Pero no hay un religar afirmativo, no hay un líder para aquella masa juntada y luego dispersada. Entonces, irrumpe el Mundial de fútbol. El último acontecimiento universal. Ya no es “el opio de los pueblos” que quería Marx, sino una tabla de salvación que nos mantiene con la nariz fuera del agua.

Ya está, la vida es una elegía donde todo se volvió una demasía: trabajo, cansancio, conexiones. Dejémonos estar un poco, entreguémonos al devenir, al “vacilar de las cosas”; ahoguemos en un grito esa multitud que llevamos dentro, por Maradona, por Messi, por todos nosotros. 

Café Panamá