Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

11 de octubre de 2025

PESIFICADOS

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 5 minutos

Una cosa es que te lo cuenten y otra cosa es cuando lo ves. Los caminos y la economía están hechas de la misma materia. Veamos.

Somos animales de hechos en el fondo. Necesitamos lo concreto para tener conciencia de cómo viene la cosa. Ir al terreno. La destrucción de parte del país sucedió o está sucediendo ahora mismo. Parece algo exagerado pero el retiro del Estado en forma total se palpa en las grietas que parten las placas de pavimento de las rutas argentinas. Y no hay plata en la calle. 

Un viajero cuenta con asombro resignado el estado de las rutas 12 y 14 que cruzan Entre Ríos. No por nada son conocidas como “rutas de la muerte”. Los pozos se multiplican como los pastos crecidos al costado de la banquina. Si te pasa algo ahí tenés que rogar tener un poco de señal para que te salven. De noche se vuelven directamente tenebrosas. Hace poco un grupo de amigos que se iban de pesca desde Tres Arroyos hacia Corrientes, chocaron contra un tren de carga en una vía mal señalizada. Un lugar que tendría que estar preparado para los días de niebla y poca visibilidad. El tren de carga era gris y el conductor no lo alcanzó a ver. Eran las 6:30 de la mañana.

El gobierno ha entrado en una etapa donde ya lo que se aniquila no es el Estado sino lo que hace de un territorio un país

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Pero no es sólo un tramo ni una ruta, es un sistema que nos llena de peligros. Pasar por los peajes abandonados, los carteles de vialidad colgados, los pastizales, las cabinas oscuras con los vidrios rotos como en las películas de zombies. Una cosa es que te lo cuenten y otra cosa es verlo. El abandono no es un signo de descuido, es la literalidad de que hayan disuelto el ente de Vialidad Nacional en los hechos y los puestos fueron vaciados y dejados al arbitrio de vándalos y el viento incesante.

La promesa era que el sector privado se iba a hacer cargo de las rutas en forma más eficiente, pero el Estado tuvo que dar el impulso y financiar a través del BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior) para que privados hicieran el trabajo. Al igual que en el RIGI, los dólares reales que entraron fueron de empresas ligadas en mayor medida al Estado. De hecho, la inversión en dólares es negativa.

Pero eso es la estructura, mientras el día a día nos consume, nadie mira por arriba del laberinto, porque hay otro laberinto y arriba de ese otro y así. Los que pueden están con mucho trabajo para no llegar a ningún lado. Hay nerviosismo, violencia larvada en todos lados. Todos están cansados y hartos de una dinámica de la que no se puede salir. En uno de esos hechos que se pierden entre los hechos, “el moderado Francos” hace un gesto con el dedo a alguien que lo increpa.

Todo parece configurado en modo aguantar el aguante: las benditas elecciones que no llegan nunca. Siempre la cosa es el día después. Todo el paquete económico que se cocinó estos días en Washington no sabemos bien de qué depende ni qué implica. Hay pistas. Sí se sabe que Estados Unidos intervino en el mercado de cambios directamente comprando pesos (a través del banco Santander según trascendió y era una opción que el mismo Bessent había dado como posibilidad); y que el salvataje es de unos 20.000 millones de dólares en modo swap.

Pasar por los peajes abandonados, los carteles de vialidad colgados, los pastizales, las cabinas oscuras con los vidrios rotos como en las películas de zombies

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El swap es un intercambio de monedas que quedan disponibles, pero no activos para ser usados. Como cuenta el analista financiero Martín Genero, cuando el país que recibe las monedas pide activar un tramo de ese monto, pongamos, 5.000 millones, ahí se comienza a pagar intereses. Por eso técnicamente, dicen, no es deuda nueva ahora. Los desembolsos serían según la necesidad. Después está la compra de bonos por parte de bancos para bajar el riesgo país (índice que ahora se esconde un poco). Pero eso es estrictamente el cortísimo plazo.

El jueves los mercados reaccionaron con euforia, como se dice, bajaba el dólar y subían los activos en pesos (bonos y acciones argentinos) por la expectativa del acuerdo cerrado por Toto Caputo y la intervención americana. El fin de semana largo argentino sumado al lunes feriado en Estados Unidos, creó un puente de oportunidad hasta la reunión de Milei con Trump. Todo será expectativa hasta el martes. Eso sí, el lunes no podría intervenir el Tesoro en el mercado local. Cuando fue el blindaje de De la Rúa también los mercados reaccionaron bien. Siempre lo hacen porque los mercados justamente hacen eso: reacción y pánico, el imperio de lo efímero.

Más allá de todo, no hay que engañarse, el salvataje tiene que ver estrictamente con los bonistas. Lo más explícito es que la movida tiene una sustentabilidad geopolítica. Es la voluntad de un gobierno de ayudar a otro (para ayudarse a sí mismo, a su vez, para frenar la avanzada China en la región). La cuestión es que todos los desequilibrios que amenazan la economía argentina están lejos de arreglarse. De hecho, el tamaño de la ayuda estadounidense no hace otra cosa que afirmar nuestra fragilidad. Si esa dinámica continúa un posible cambio político en Estados Unidos repercutirá inmediatamente en Argentina dada nuestra dependencia. Ya se sabe que los inversores son lentos para venir, pero más rápidos que un purgado para irse.

Lo que los acontecimientos ahogan son las preguntas de lo que viene, que es lo no dicho. ¿Quién paga los costos de los sucesivos rescates? ¿Cómo será el esquema del tipo de cambio? ¿Habrá devaluación? ¿Vuelve el cepo? La compra directa del Tesoro americano fue en busca de un efecto potente para aguantar un poco más, se ve que con tuits impresos no alcanzaba. El mercado no confía, eso está claro. ¿Pero confiará en un país con tantos rescates en su haber? Si el objetivo es que nos desprendamos de China, nuestro principal comprador de materias primas, ¿el campo en su conjunto tomará nota de esto? 

Parece algo exagerado pero el retiro del Estado en forma total se palpa en las grietas que parten las placas de pavimento de las rutas argentinas

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El gobierno ha entrado en una etapa donde ya lo que se aniquila no es el Estado sino lo que hace de un territorio un país. En su desesperación todos parecemos pasajeros de La balsa de medusa, el óleo de Théodore Géricault, en donde lo que parece salvarte te lleva a la perdición más absoluta. La metáfora no es casual. La balsa de la pintura representa una construcción en extremo frágil, que queda a la deriva y son mal conducidos por el capitán. Acá hay un modelo agotado, de ahí que los rescates duran apenas una o dos semanas. Las elecciones decidirán mucho de cómo quedará el modelo. Habrá que sacar cuentas, ver el nuevo esquema que se viene y sus ganadores y perdedores. La pelota está en el aire.

(Fotos del peaje abandonado en ruta 14.)

Café Panamá