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29 de julio 2021

Mercedes Larosa

ONLY FANS: EL EXITO DEL INSTAGRAM PORNO

Tiempo de lectura: 7 minutos

Durante la pandemia, las plataformas de contenido erótico y pornográfico vivenciaron un crecimiento exponencial que evidencia la relación entre la tecnología, el consumo, la sexualidad y las relaciones interpersonales. ¿Qué es lo que revela el incremento de 20 a 120 millones de usuarios en OnlyFans durante el 2020? Los usuarios se entregan a la posibilidad de establecer algún tipo de vínculo directo con aquella persona que es objeto de deseo, mientras, que la promesa de grandes ganancias impulsa cada vez a más personas a iniciarse en la venta de contenido íntimo sin intermediarios llegando a tener entre 7 y 8 mil nuevos generadores de contenido por día.

Barby, de 25 años, nació en Venezuela y hace ocho años vive en Argentina, era entrenadora en un gimnasio y modelo, ingresó a la plataforma como Vane Curra por mera curiosidad impulsada por consejos de su entorno y al poco tiempo vio ganancias que resultaron ser económicamente mucho más rentables que su actual empleo. Hoy se dedica únicamente a generar contenido para la plataforma e invierte un mínimo de 2 horas diarias. Relata que la forma de atracción inicia en Instagram donde ella ya tenía un público cautivo y la posibilidad de ofrecer contenido exclusivo por OnlyFans es el comienzo para la captación de seguidores que paguen por las fotos y videos. Lo importante radica en el vínculo con los fans, en generar un diálogo, en hacerle “regalitos”, en mandarle un saludo por las noches.

Las redes sociales, como Facebook o Instagram, nos ofrecen conocer, acercarnos, ver la vida privada de las personas. Se exponen y exponemos y, así, retroalimentamos servicios que se nos presentan como gratuitos mientras se nutren de nuestra información. Los límites entre lo privado y lo público se desvanecen y, de esta forma, se crea un terreno fértil para el deseo libidinal. De aquí nace esta nueva plataforma conocida como OnlyFans que permite monetizar el contenido más íntimo a partir de que los usuarios pagan por acceder a las publicaciones de quienes deciden seguir. Al no tener restricciones mayoritariamente ese contenido es erótico y pornográfico, algo que en las redes sociales gratuitas es censurado y penalizado, como por ejemplo, mostrar un pezón femenino. De este modo, la pandemia aceleró el vínculo estrecho entre la tecnología y la enorme cantidad y heterogeneidad de contenido libidinal que da rienda suelta a las fantasías siempre dispuestas a escaparse del aparato normalizador del capital.

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Rubén, fotógrafo especializado en el arte erótico, tenía experiencia en la sección de espectáculos y, en un principio, no se imaginaba haciendo fotografías con modelos porque lo sentía muy invasivo. Tuvo una primera experiencia que resultó muy buena y así seguió realizando trabajos, primero, para una página que era intermediaria en la venta de contenido erótico y luego para OnlyFans. Lo primero que se preguntó es por qué habiendo tanto material gratuito existen personas que pagan por él. “Si, por ejemplo, una chica tiene 200 seguidores y están fascinados con ella, vieron fotos solo en bikini y están locos y un día ella decide hacerse un OnlyFans; esos 200 pibes no van a tener otra forma de verla desnuda que no sea comprando o suscribiéndose. Después está todo el morbo donde se corre la voz que alguien consigue 200 seguidores a 20 dólares cada uno, eso se empieza a viralizar entre los grupos de seguidores y esos nombres empiezan a crecer. El tema es poder sostener ese interés en el tiempo.” Agrega “siempre hay alguien que va a pagar para ver sin ropa a alguien, a mí una de las modelos me llegó a contar que hasta su cuñado compró uno de sus set. No importa que consiga millones de cosas gratis y de muchísimo mayor contenido sexual, lo que le va a importar es poder ver a quién desea.”

OnlyFans permite monetizar el contenido más íntimo a partir de que los usuarios pagan por acceder a las publicaciones de quienes deciden seguir. Al no tener restricciones mayoritariamente ese contenido es erótico y pornográfico, algo que en las redes sociales gratuitas es censurado y penalizado

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La multiplicación y aceleración en la rotación de los “influencers”, a través del exceso de imágenes y videos, hace que cada vez haya más personas que se abran una cuenta en OnlyFans, pero, también, disminuye la inversión emocional puesta por parte de los consumidores. Esto produce que durante los tres primeros meses en la plataforma, los seguidores y las ganancias económicas sean exponenciales, mientras que con el paso del tiempo eso se desvanece y son pocos los que logran amesetarse o mantener cautivos a sus seguidores generando nuevas estrategias e innovando los escenarios, posturas, vestuarios, roles, accesorios y lugares de los contenidos que se ofrecen. Existe una indiferencia hacia los ídolos hecha de un entusiasmo pasajero y de abandono instantáneo.

Emiliano Montelongo, psicólogo, señala la diferencia entre el deseo y la satisfacción autoerótica, en tanto el primero implica que su causa sea situada en el Otro. “Esto se relaciona con el amor, que para Lacan es el que “permite al goce condescender al deseo”. Y es lo que mantiene el lazo cuando se satisface el apetito sexual. Entonces hay una relación entre esta promoción de satisfacción virtual y la degradación de la vida amorosa actual.” Emiliano explica que Lacan toma de los griegos el concepto de agalma para pensar en el brillo que recubre al objeto y que, dotándolo de cierta opacidad, motoriza su propia búsqueda.

De este modo, es en el Otro que está en el objeto causa del deseo, hay que pasar por allí. En cambio, en esta especie de sociedad de la transparencia, donde las fronteras entre lo público y lo privado se borran, no creo que se abra un campo fértil para pensar el deseo, por lo menos en estos términos. Más bien lo que promueve todo esto es una satisfacción autoerótica, en donde no hay pasaje por el Otro, donde esa dimensión tiende a desdibujarse y lo que queda es la pura satisfacción de un cuerpo sin Otro; la pura pulsión. Este sin el Otro ofrece una satisfacción sin vueltas, rápida y solitaria, frente a la pantalla.”

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OnlyFans hoy es noticia, navega entre los discursos moralistas y, también, como solución para alcanzar el éxito y ganar más dinero que en empleos tradicionales, así nacen los títulos que señalan “dejó de ser enfermera para dedicarse a la plataforma”. Una nueva ilusión que se ofrece como quimera para la salida de la crisis económica. Por otro lado, se encuentra un debate no saldado en el seno del feminismo que es la necesidad de que no se puede desconocer a aquellas personas que se definen como trabajadoras sexuales. Hoy continúan excluidas de derechos laborales básicos, no tienen garantías para el ejercicio de su profesión y son estigmatizadas por una sociedad que le niega el acceso a tener aportes jubilatorios y obra social, entre otros. La discusión continúa siendo la misma y radica en la sexualidad de las mujeres. En una sociedad capitalista donde todos somos explotados permanentemente, se castiga y se estigmatiza las formas de mercantilización de los cuerpos. Se penaliza la prostitución por ser considerada una forma de explotación, sin embargo, las mujeres son explotadas por ser mujeres en muchas otras actividades, no sólo en las que está implicado el sexo en forma explícita.

Por otro lado, se encuentra un debate no saldado en el seno del feminismo que es la necesidad de que no se puede desconocer a aquellas personas que se definen como trabajadoras sexuales. Hoy continúan excluidas de derechos laborales básicos, no tienen garantías para el ejercicio de su profesión

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Georgina Orellano, Secretaría General del Sindicato de Trabajadorxs Sexuales de la Argentina, señala que “mucho antes del comienzo de la pandemia las redes sociales y las plataformas digitales comenzaron a ser una alternativa porque ofrece ciertas ventajas donde ejercer el trabajo sexual como no necesitar de un espacio físico, no tener que lidiar con la policía, con la violencia institucional y evitar las leyes que criminalizan la organización dentro del trabajo sexual. La pandemia si potenció esta alternativa.” A su vez, agrega que “la digitalización nos ubica de otra manera, una de las ventajas es que puede elegir que el contenido no se muestre en Argentina y eso les permite que su familia o su entorno no se entere a lo que se están dedicando. Pero por otro lado, una de las complicaciones es cómo registrar los ingresos y cómo poder sacar el dinero. Lamentablemente como nuestro trabajo no está reconocido se tienen que buscar otras alternativas mediante terceras personas y eso le quita autonomía a lxs trabajadorxs sexuales.”

Mediante el libro “Adixiones” del psicólogo Ernesto Sinatra accedemos a conocer como el Instituto Nacional de Sexología japonés considera “sin sexo” a las parejas que mantienen relaciones con una frecuencia menor de una vez al mes. En Japón entre el 60 y el 70% de las parejas de más de 40 años no mantiene relaciones sexuales. La mayor parte de la actividad sexual se desarrolla en “hipermercados del porno”, ya que cuenta con una floreciente industria del sexo que le supone al país el 1% del PIB y, sin embargo, los japonenes ostentan el record mundial de abstinencia sexual. Casi un tercio de la isla no hace el amor, y los que todavía lo practican lo hacen con la frecuencia más baja del planeta; un 37% de las mujeres se consideran a sí mismas asexuales, pero el porcentaje real es mayor. La tasa de natalidad ocupa el último puesto en el ranking mundial.

Esta situación nos enciende una alarma de un posible futuro distópico que hoy es una realidad en Japón donde empieza a ser más “sencillo” pensar en el autoerotismo y la masturbación que en generar y preocuparse por el placer de un Otro. Se despliega una dimensión donde el tabú comienza a ser la demostración de cariño y donde las relaciones interpersonales implican una demanda de la que el sujeto debe hacerse cargo: demanda de placer, demanda de afecto, demanda de la palabra.

En Japón entre el 60 y el 70% de las parejas de más de 40 años no mantiene relaciones sexuales. La mayor parte de la actividad sexual se desarrolla en “hipermercados del porno”, ya que cuenta con una floreciente industria del sexo que le supone al país el 1% del PIB.

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Los fenómenos, como OnlyFans, están marcando el fin de la pronografía como la conocíamos hasta el momento. Mientas, que abandonamos los tabúes y desacralizamos las prácticas sexuales, nos sometemos un bombardeo permanente de espectaculización de nuestras vidas donde las redes sociales son la herramienta por excelencia para abandonar las antiguas presiones disciplinarias y someternos a olas radiantes de seducción. Lejos de pensar que se circunscribe a las relaciones interpersonales, como bien señala Gilles Lipovetsky, la seducción se ha convertido en el proceso general que tiene a regular el consumo, las organizaciones, la información, la educación y las costumbres.

En este contexto, emerge el narcisismo como protagonista representando un nuevo estadio del individualismo. Este obstaculiza los discursos de movilización de masas y las invitaciones a la aventura. El riesgo político no encuentra eco y la revolución se apaga bajo los spot y las stories de la personalización del mundo. El peligro se encuentra en la posible emergencia de individuos aislados y vacilantes, vacíos y reciclables que se fascinan con el autoerotismo y se divorcian de la posibilidad de la relación con un Otro.

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