09 de julio de 2026
Todxs lxs que bregamos por un mundo más justo estamos desorientados en este clima de época donde la maldad acecha a la vuelta de la esquina. En la Argentina en particular, la maldad, crueldad o anarco-capitalismo, como más les guste llamarlo, tiene nombre y apellido y una de las múltiples razones por las cuales llegó a manejar la botonera del Estado fue la incapacidad del último gobierno peronista de controlar la inflación y de distribuir las ganancias obtenidas por sectores más concentrados de la economía durante 2019 a 2023. De esta única variable se agarran muchos sectores del peronismo para verse como sucesores del actual gobierno. Algunos pensando que este modelo tiene fecha de vencimiento, todo volará por los aires y el pueblo va a venir a golpear nuestras puertas para que nos hagamos cargo del gobierno. Otros creen que, al colocar el equilibrio fiscal por encima de las tres banderas históricas, despertarán la esperanza de los votantes y cosecharán adhesiones en las urnas. ¿Alguien puede imaginar a Perón diciendo: “me llevo en mis oídos la más maravillosa música, la del equilibrio fiscal”?
La inflación en la economía argentina es tan estructural como la restricción externa. Resolver una sin abordar la otra es una tarea imposible. Enfrentar ambos nudos gordianos de nuestra economía exige políticas de transformación estructural tan profundas como —o incluso más profundas que— algunas de las impulsadas por los gobiernos peronistas: el IAPI, la Junta Nacional de Granos, Fabricaciones Militares, la Asignación Universal por Hijo, la estatización de YPF y la recuperación del sistema previsional mediante la eliminación de las AFJP, entre otras. Ninguna de esas transformaciones se lleva adelante bajo las banderas de la moderación ni autopercibiéndose un Roberto Carlos de la política, empeñado en cultivar un millón de amigos. En esta perspectiva, y aunque a algunos peronistas los haga contorsionarse de dolor, hay que admitir que los enunciados de Máximo Kirchner sobre la imposibilidad de construir un país para todos de la mano de la AEA, la UIA y la SRA son, en buena medida, correctos. No implica construir un país contra ellos, sino construir un país al cual se deban adaptar. ¿Quién puede pretender resolver la restricción externa en sociedad con la SRA? Y quitarles la herramienta de extorsión que tienen para con el pueblo argentino: sus dólares contantes y sonantes de cada liquidación de la cosecha agropecuaria.
La inflación en la economía argentina es tan estructural como la restricción externa. Resolver una sin abordar la otra es una tarea imposible.
Así y todo, resolviendo la macroeconomía, haciéndolo de manera duradera y no apenas por un par de años, no alcanza. Hay algo en el subsuelo de estas nuevas sociedades que estamos atravesando que está roto, que no se va a arreglar con recetas del siglo XX. Será imposible reconstituir a nuestras comunidades si la economía vuela por los aires, pero no es solo la economía, estúpido. Estamos viviendo una revolución sistemática que avanza cada día más rápido. Cada día se produce más con menos mano de obra, cada vez se necesitan menos trabajadores para comercializar un producto, cada vez hay más empresarios que acumulan más riquezas que varias naciones y no fabricaron ni un tornillo, ni cosecharon un grano, cada vez se ven más matanzas o genocidios como el de Gaza-Palestina que le son indiferentes a millones de personas. Solo una foto de una atrocidad en Vietnam bastó para la indignación de Occidente, hoy millones de videos no duran más que 10 segundos en nuestras conciencias. Algo está roto y no se arregla solo con la economía.
Por eso, para quienes creemos que el peronismo es el mejor intérprete de las melodías que necesita nuestro pueblo es imperioso retomar ese pecado original de Axel Kicillof de escribir nuevas canciones, siempre y cuando el pueblo esté invitado a componerlas y no solo a ser aplaudidor. Existen experiencias concretas, desde abajo, desde las periferias, donde el peronismo se reconfiguró llenando al Estado de comunidad, valga como ejemplo la experiencia desarrollada en Moreno, provincia de Buenos Aires, por Mariel Fernández.
La salida a este embrollo tiene que retomar la chispa de ese peronismo originario de poner al hombre y a la mujer en el centro, concebir un mundo organizado desde la comunidad y buscando ahí muchas de las respuestas a problemas difíciles. Pero también el coraje y osadía suficientes para transformar todo lo que deba ser cambiado para encontrar soluciones a una sociedad donde los derechos laborales son cada vez más un privilegio que una norma, donde conviven poderes democráticos condicionados por poderes económicos y castas judiciales, donde los besos por celular preanunciados por Divididos son una realidad.



