20 de julio de 2026
¿Y este malestar de los politizados? ¿Y esta desorientación tan paja? ¿Y este desánimo de política que no se cura? ¿Y este proceso electoral tan larguero que nos está matando de aburrimiento? ¿Y estos 150 mil años de democracia que se parecen a una condena en suspenso, a un fin de semana lluvioso con tus hijos en el departamentito, a una noche de calor sin aire, a esperar que te atiendan en la guardia del Paroissien, a que te clave el visto? ¿Y todo lo que se dijo ayer, y todas las veces que dijimos derecha, y las cosas que me explicaron y expliqué, y esa euforia posteadora que siempre queda lejos? ¿Cómo termear este malestar?
No necesitamos votarnos encima este año, ni los anteriores, ni en los años por venir. Ya no, pero lo hicimos. Bien que lo hicimos. No podemos delegar el estado de ánimo otra vez. Ya no da, ya ni te piden tanto. Pero bien que lo hicimos. Ya no necesitamos escuchar la palabra crueldad repetida mil veces, convertida en commodity de quienes explican sin entender cosas que no viven. No nos da el tiempo para una nueva argumentación: de quienes no la vieron y ahora sí, de quienes sí la vieron y ahora más, de los profetas del streaming que tienen la posta de cosas que tal vez pasen. No me dan los dedos para tanto scroll. Ya no entra nadie más en mi pantalla.
Flashear resistencias random, chiquitas, efímeras como una serie, como un streaming, como un posteo, como la belleza en el fondo del mar. Solo necesarias para llevar adelante el día a día que es un descanso
Nadie espera otra explicación política sobre el ausentismo, que se da, entre otras cosas, como rechazo a tantas explicaciones políticamente profundas. Tampoco necesitamos otra convocatoria a politizar nuestro malestar, como si la politización de nuestras vidas no fuera el malestar este que tenemos ahora, que tuvimos siempre, en el que reincidimos cada dos años, a cada rato, ahora mismo.
Tener solo malas respuestas a preguntas que nadie hizo. Putear, tuitear, opinar, no hacer silencio nunca, no saber qué decir, pero decir. Estar ansiosos por estar al tanto. Flashear resistencias random, chiquitas, efímeras como una serie, como un streaming, como un posteo, como la belleza en el fondo del mar. Solo necesarias para llevar adelante el día a día que es un descanso. Delegar el estado de ánimo y terminar paquete, regalo, tuitero, clipeado. Delegar y quedar sorpresa porque el proyecto político siempre es ajeno, personal, de otros y familiar. Siempre familiar. Descubrir que esa batalla cultural al final solo era unos pares de contratos en una secretaría, una charla en un centro cultural en CABA un miércoles a la noche, una presentación de un libro entre conocidos, un podcast perdido por ahí, el nuevo canal del mismo testaferro, la cancelación de alguien, la euforia pasajera por errores no forzados de los que marcamos como enemigos.
No nos da el tiempo para una nueva argumentación: de quienes no la vieron y ahora sí, de quienes sí la vieron y ahora más, de los profetas del streaming que tienen la posta de cosas que tal vez pasen. No me dan los dedos para tanto scroll. Ya no entra nadie más en mi pantalla
Estamos agotados de tanto estar al tanto. De tanto saber cosas que ni sabemos. Putear a Espert y votar a Mayra, putear con Grabois a Massa para terminar votando al cuñado de Massa. Decidir no ir y el domingo caer en la trampa. Putear a los troskos y darle la razón entre dientes, hasta que los escuchás y los puteás de nuevo. Putear a Axel por traidor. Confundir lealtad con obediencia, disidencia con delación, cuadro con pariente. Abrazar a los que vuelven, señalar a los que se equivocan, negar a las que quisimos. Confundir tus necesidades con derechos. Ser patrulla perdida que persigue despolitizados en un asado del grupo de fútbol. Putear a Milei, al venezolano del Uber, a los virgos, a los fachos, a los gorilas, a las vecinas, a los amigos, a la tía, a los negacionistas, a los giles, a los gatos, a Pepe Argento y creer que esa indignación que nos arranca la puteada es la forma de estar comprometidos políticamente. Estar triste, solitario, putear.



