Un momento...

18 de julio de 2026

18 de julio de 2026

28 de marzo de 2026

LO QUE NO TIENE ES REMEDIO

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 4 minutos

Las oficinas y los bares siempre me parecieron lugares melancólicos. Sobre todo, a la hora de los cierres. Pensar cuántos han estado ahí y ya no están. La enmienda de los lugares vacíos son los recuerdos de los que se fueron. Cada uno vive encerrado en sus melancolías, sus libros, sus citas, sus laberintos.

A los gobiernos les sucede algo similar. Viven en encierros que todos vemos, crisis que todos percibimos, pero que ellos tienen que manejar. ¿Qué es un gobierno sino el manejo de crisis sucesivas? Es como la ideología, la verdadera ideología no es lo que pensamos, no es un conjunto de ideas razonadas, sino la que ignoramos por completo. Está ahí todos la vemos, pero vos no te enterás. Todos los gobiernos terminan fumándose a sí mismos. Se consumen en lo que no pueden, no quieren o no son capaces de ver.

Lo más concreto es la crisis económica de la que todos hablamos, pero el gobierno omite por completo. Parecen no verla o, esperemos, que solo la estén ignorando y con preocupación. Dicen que todo está fenómeno, pero sin embargo están instrumentando algunas medidas vía Banco Nación para favorecer el crédito Pyme, aunque con una plaza muy endeudada y con un mercado interno muerto. Se busca la reactivación vía crédito. Parece muy poco. 

Volvió también aquel chiste de los 90 de que a tal funcionario le dicen Aloe vera… porque cada día le encuentran una propiedad distinta

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Pero el discurso público genera inquietud. Los posteos del ministro desregulador mostrando gráficos “tocados”, datos presentados con un sesgo alarmante sobre la caída de los puestos de trabajo del sector privado. A esta altura todos conocemos gente que hace mucho tiempo está sin trabajo y los que solo tienen un trabajo, casi una rareza hoy día para la clase media que se sostiene, apenas, como media clase, les cuesta horrores llegar a fin de mes.

En este punto converge la crisis invisible para los que toman decisiones. La epidemia de morosidad argentina. Y es argentina porque según los datos que salieron en marzo el país casi triplica la morosidad de la región (ver gráfico). La micro de esa macro está en aquellos que tomaron un préstamo por alguna aplicación, de esas que te lo ofrece todo el tiempo (es mejor anular notificaciones de este tipo en sus teléfonos, para que no nos cacen desprevenidos). Un click, fácil, tenés 200 mil y devolvés…  bueno, ahí está la cosa. Muchos de esos decidieron, casi un acto de fe o de pensamiento mágico, desinstalar la aplicación para hacer desaparecer la deuda. Un poco más en silencio, los bancos registran moras importantes por todos lados. Nadie se salva, porque nadie está llegando a fin de mes.

Los climas de época se esfuman rápido. Ya comienza aparecer con fuerza el discurso de “ellos piden esfuerzo, pero viven como reyes”. Volvió también aquel chiste de los 90 de que a tal funcionario le dicen Aloe vera… porque cada día le encuentran una propiedad distinta. No es casualidad que cuentas ligada al gobierno hayan salido a dar cifras espectaculares sobre lo bien que nos está yendo. Como en la inseguridad, no es crisis, es sensación de crisis. Se puede contra la oposición, se puede casi contra todo, pero no con la realidad. La “micro” nunca estuvo bien durante el mileísmo.

Pero el mayor pecado no es negar la crisis, sino la posición moral del gobierno frente a todos los problemas. Se podría decir que: si vas a hacer política no te pongas sentencioso. La moral superior del libertario naufraga ante los múltiples casos de corrupción. Los otrora cancheros, que cerraban programas sociales y, por caso, ayuda a discapacitados, por la mínima sospecha, ahora son corridos por sus actos por todos los medios.

La encuesta de Atlas Intel y Bloomberg de esta semana fue categórica. Un 61,6% desaprueba al gobierno. Eso no significa nada más que desaprobación. No es un voto, no es ir contra el gobierno. Pero toda determinación tiene su sobredeterminación. Todas las causas de algo tienen un punto culmine, un estallido, un síntoma que se transforma en enfermedad. Canchereo, crisis, desempleo, sobreocupación, cansancio, inseguridad, falta de ventas… la gran fortuna del gobierno (y ahí va otra frase que repetimos mucho en esta época) es que no tiene nada enfrente.

Pero la nada no existe. No falta tanto para las elecciones. El 2027, salvo que el gobierno cambie radicalmente su política económica, va a ser un año muy malo. Hay mucha deuda que pagar, pocos dólares y el factor externo, que no es la guerra, sino una posible derrota de Trump. El salvavidas del 2025 puede transformarse en un factor que detone una cesación de pagos.

Todos los gobiernos terminan fumándose a sí mismos. Se consumen en lo que no pueden, no quieren o no son capaces de ver

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El gobierno parece tener dos caminos de máxima. Uno es seguir en la misma y que este esquema económico se transforme en algún momento en el clásico argentino de “Plan aguantar”. Un poco ya se vio el año pasado hasta el rescate de Bessent. Consumirse en su propio juego hasta las elecciones presidenciales. El segundo camino, más trabajoso y virtuoso, es tratar de enfrentar la realidad y los problemas de la micro. Comerse un poco de inflación y que la rueda se empiece a mover.

Todos vivimos en nuestro laberinto. ¿Cambiarse para cambiar o seguir aferrado al propio relato? Difícil que el chancho chifle. Sólo hay que recordar lo que decía Lacan en alguna parte: “El hombre, si es que importa aún esa marioneta, sólo encuentra placer en sus ficciones”.

Café Panamá