19 de julio de 2026
La voz de la calle es la voz de Dios: la inflación no para de bajar, pero a mí no me alcanza para nada. Cuanto menos da, a vos menos te alcanza. Recortan, ajustan, pero tampoco llegás a fin de mes. Es una cosa de locos. Lo más virtuoso del descalabro es que no hay que actualizar precios todo el tiempo. En la calle se nota mucho que no hay guita, los locales vacíos se multiplican, los sectores más dinámicos y competitivos notan la ralentización cuando este es el pico del año. Hasta la industria del limón (Argentina exporta el 80% de la producción mundial) está perdiendo competitividad como en la guerra
Ya sabemos que los gobiernos hacen como si el mañana no existiera. Organizan un presente perpetuo, demuelen infinitas paredes de regulaciones, se sientan a observar el horizonte inabarcable de la libertad. También sus límites. En el futuro ya todos estamos mirando margaritas desde abajo. “¿No ves la libertad que te damos?” Salvo por el dólar, Argentina siempre fue un país muy libre, no te creas. Sí, hay mucha carga tributaria, impuestos, poner un negocio es como cargar un bidón de agua en el desierto. Agua tenés, pero cuesta horrores llevarla. Argentina siempre fue un país libre, pero no por las mil regulaciones, que las tiene, ojo, sino porque siempre se pudo hacer mucha guita. Había con qué a pesar de todo.
Hoy cualquier reforma del Estado suena a poco, o a puro papel pintado. La transformación estructural del Estado la hizo Menem con Dromi en los ´90. Ahí se ve claro el antes y el después. La contraprestación fue bastante concreta. Las cosas empezaron a funcionar de alguna forma, el Estado argentino heredado por los militares y destruido por la hiperinflación había agotado cualquier legitimidad política y social.
Se interviene a fondo en el dólar, ofrecen tasa, futuros y mil parches en una bicicleta que le cuesta llegar a octubre. Pero la gestión no aparece. Salvo la oleada de desregulación que desorganiza, no hay mayores logros ni ejecutividad
Ahora, hoy, eso no se ve. Nos dan supuesta libertad ahorrando para no se sabe qué. Parece ser más parte de cierta ingeniería caótica y de una búsqueda permanente de caja y de remate de bienes públicos, que de una mejora concreta. Las patentes de los autos son un claro ejemplo. Se disuelve un organismo, no se soluciona nada y se crea un problema. Por otro lado, el drama de la salud aumenta cada día. El hospital Garrahan, que atiende patologías complejas de niños de toda clase, geografía y condición social, naufraga en su funcionamiento. Son ajustes que hay que entender como la búsqueda de liquidez financiera por parte del gobierno bajo el manto de la eficiencia.
Mientras tanto, el camino a tener sólo inversiones nacionales se está cumpliendo en este mandato liberal libertario por el lado malo. La inversión extranjera directa es negativa y se acumulan las Falabellas que se van de Argentina: al menos 10 grandes empresas extranjeras que se fueron o se quieren ir durante el mandato de Milei (HSBC, Xerox, Clorox, Prudential, Nutrien, ENAP, Fresenius, Medical Care, Procter & Gamble, Carrefour). ¿Qué es lo que ven? ¿Qué está pasando que no podemos visualizar? Después están las empresas del agro. Cada organización es un mundo, pero no puede ser que tantas empresas no puedan afrontar sus Obligaciones Negociables, deudas, etc.
Pero no es solo eso, el consumo, que en la línea blanca (heladeras, lavarropas, etc.) se sostiene porque tiene que ver con las clases más acomodadas, sino con una infraestructura que se resquebraja. Literalmente: las rutas argentinas están cada vez peor. Según escribió la periodista Nazarena Lomagno: “las rutas en mal estado crecieron del 23% al 29%”. Es una preocupación que va desde la vida de todos hasta el entramado productivo. Ante el cierre de Vialidad Nacional, la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO) lo advirtió hace unos días en un comunicado: “El mantenimiento de la red federal, particularmente de los más de 30 mil kilómetros que no se concesionarán al sector privado, constituye una seria preocupación por el importante impacto en la producción y logística y, sobre todo, en la vida cotidiana de miles de argentinos”. La cartelería del Gobierno de Santa Fe no dejó dudas al respecto: esta ruta es mía, esta es del Gobierno nacional.

El revés de la trama es una película que se transforma en foto. El panorama es complejo. Ya son muchas las historias de gente que se queda o le cuesta muchísimo conseguir trabajo. La economía se empequeñece a un ritmo bastante acelerado. El dólar barato siempre fue enemigo del mercado interno y amigo de un país que se enfría. El último informe de la consultora AtlasIntel es bastante claro al respecto: el desempleo está a tope de las preocupaciones de los argentinos. Lo curioso del dato no es que sea el número 1, sino lo rápido de esa evolución: creció un 15% de abril hasta junio. Es mucho.

En términos económicos, las elecciones de octubre aparecen cada vez más lejos. Las reacciones exageradas y fallidos del gobierno se multiplican por los propios temores a que suba la inflación. Se interviene a fondo en el dólar, ofrecen tasa, futuros y mil parches en una bicicleta que le cuesta llegar a octubre. Pero la gestión no aparece. Salvo la oleada de desregulación que desorganiza, no hay mayores logros ni ejecutividad. Como dice el periodista Leandro Renou “no muestra capacidades más que para el ajuste”. Pero también para el desinterés y la falta de cuidado. Mientras la ministra de Desarrollo Social aclara que el Estado no tiene que ocuparse de cuidar niños, se ve cómo aumenta el déficit de nutrientes entre los chicos de clase media, según el Informe de Inseguridad Alimentaria de la UCA. Se sostiene la prepaga y el colegio a costa de comer un poco peor.
Mientras tanto la política se define de cara a las elecciones. Con muchas idas y vueltas, el mileísmo encarna la opción no peronista en las elecciones. Cosa absolutamente crucial, si se ve como los movimientos políticos tienden a polarizarse, convertirse en una de las puntas que teje la política es clave. Por oposición te terminan votando a vos. Después el kirchnerismo, el axelismo y el massismo van con Fuerza Patria, la nueva denominación de una vieja coalición. En una tercera vía Somos Buenos Aires, una conjunción que lleva a Juan Schiaretti, Facundo Manes y distintos intendentes bonaerenses que intentan navegar una avenida intermedia. De repetir un posicionamiento como el que hizo Schiaretti en la campaña presidencial pasada, puede sacar no pocos votos a los desencantados de todos lados.
La inversión extranjera directa es negativa y se acumulan las Falabellas que se van de Argentina: al menos 10 grandes empresas extranjeras que se fueron o se quieren ir durante el mandato de Milei
¿Y el Congreso? Corrido Santiago Caputo de las negociaciones, el Gobierno entró en una deriva en donde la derrota aparece como algo que se puede repetir. Con el ingeniero tejiendo hilos seguramente se le hubiera complicado a la oposición. Si muchos repetían: “el equilibrio fiscal no se negocia”, el político nato sabe que absolutamente todo se negocia. Hay que ver cómo se traduce todo esto en la arena electoral con una ciudadanía navegando el desencanto, el hastío y la indiferencia. Pero lo que se vio esta semana es que la aceleración epocal demostró, una vez más, que nadie puede controlar la agenda. Con el esquema actual, el dólar atrasado siempre termina siendo una bomba de tiempo. Todo pierde su efecto rápidamente. Las tasas pasaron del 19% al 48%. ¿Quién tiene otro parche para la economía, viejo Gómez? El tiempo es un fugitivo y octubre queda cada vez más lejos.



