10 de julio de 2026
Messi no puede parar de llorar. Scaloni intenta hablar y se ahoga sus palabras: “Qué grupo de jugadores, hermano, me tengo que ir”. Esto no es una crónica de una derrota, ni siquiera de una victoria, es la resurrección ancestral del fútbol argentino.
Un mediodía a las apuradas en las ciudades argentinas. Todos corren, nada importa, agendas que se postergan, trabajo que se adelanta. La vida se cuenta con mundiales. Arranca el partido; estamos bien, mejor que con Cabo Verde. Un contragolpe de Egipto y el Río de la Plata enmudece. Cerramos los ojos, no lo queremos creer. Esto no está pasando. No nos está pasando. Borges decía en su Nueva refutación del tiempo que “la existencia continua de los objetos”, aunque el individuo no los perciba, “Dios los percibe”. Estamos perdidos, todo es real. Perdemos y Argentina es un desierto.
Los pibes nuestros, tuyos, los del vecino, no saben qué es perder con esta selección, qué es ir perdiendo
Nada parece detener a las fuerzas del destino. No es uno, son dos golpes. Estamos afuera: 2 a 0. Los pibes nuestros, tuyos, los del vecino, no saben qué es perder con esta selección, qué es ir perdiendo. Uno que viene desde el 90 sufriendo, con heridas del corazón por todos lados, con las piernas cortadas, nos llenamos de fantasmas.
Si hay un más allá, si hay una luz en algún lado, un resplandor, una ceremonia de bienvenida, ese lugar donde nos vamos a encontrar, seguro está él. Corre más que los otros, mete más goles que los otros, rompe récords más que los otros. Tal vez con los penales errados busca la adversidad para salir adelante. Él cree más en nosotros que nosotros mismos.
Messi en el primer partido / Messi contra Egipto.
— Marcelo Gantman (@marcelogantman) July 7, 2026
El regreso a su "vieja" zona en la cancha para encontrarse con la pelota.
📷 Sofascore. pic.twitter.com/9yr1715cfP
Va y cae y se levanta y cae y se levanta. Esa es la historia de Messi. Mientras a muchos le pesaban las piernas, casi al minuto noventa estaba generando jugadas. Porque Messi cambió una vez y jugó de 7, como en el viejo puesto en el Barcelona; de la derecha para el medio. Messi hace algo que no podemos explicar. “El reloj corre para todos”, como dice mi amigo Gastón Mónaco, “pero Messi lo atrasa y explota como hace rato no lo veíamos”. Después está Lautaro, que no hizo goles, pero hizo algo más importante: con ese trote metió un centro fundamental, retuvo, aguantó. Paredes firme en el medio, el Cuti Romero una bestia directamente, la figura del partido.
Ahora a esperar la noche del sábado. Va a estar durísimo, todos lo sabemos. Amamos esta selección, la criticamos también; hay que tocar un par de cosas como es evidente. Pero confiamos en todos. Hubo mucho corazón contra Egipto. Como dijo el relator Alberto Kesman durante el partido: “No lo va a perder jamás este partido”. Cayó y se levantó, el mundo se nos volvió irreal, no podía ser y no fue.



