19 de julio de 2026
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¿Qué es este “sueño sin soñador”? Por lo tanto “un sueño de nadie”, sin nada. Las comillas son de Retórica y locura de Horacio González citando a Macedonio Fernández. El sueño dentro de un sueño, la cita de la cita. El pensamiento se va a la política. ¿Qué sueña la política? ¿Sueñas todavía? Nos reverbera el libro de Alejandro Galiano sobre el capitalismo. Soñar es una actividad liberada de toda conciencia. No hay barreras, todo es y no es, pero también todo puede ser inalcanzable. Nunca se concreta, porque el sueño también es una extrañeza del estar “vivo muerto”.
La política sueña los sueños de los presidentes y los ex presidentes argentinos. En la política del sueño se responden todas las preguntas porque los futuros que nos esperan están ahí para ser vividos. Cuando la política lo hace, sueña una verdad. Quiere el dominio total sobre la libertad, quiere controlarlo todo, no quiere representar nada más que en la retórica. El sueño de la política no es una revolución eterna. La política sueña poder sin intermediación. Eternidad de poder, eternidad de poner sus palabras en tu boca.
A la política del sueño nada la detiene. Tiene el poder de la pasión y el deseo. Cuando leemos que un político se retira de la política, lo que vemos en realidad es que nunca fue político de verdad. El político muere de sed por el poder. Es como Tántalo, condenado a la sed eterna, nada le alcanza y sigue y sigue. Es un animal que no puede con sí mismo. Macri y Cristina fueron esos seres de poder en Argentina, su máxima expresión. Muy distintos, pero con un vértice en común. No pueden estar ajenos a la rueda que mueve el mundo. Equívocos y con pésimas gestiones no le hacen mella a seguir. Porque seguir es lo único que importa.
Se puede arriesgar a decir que en la figura de Javier Milei encontramos esa voluntad de poder nietzscheana. La política estaba entrando en una fase absolutamente decadente y nihilista, un pesimismo que el gobierno trunco de Alberto Fernández y Cristina Fernández había llevado a niveles críticos
Los que miramos a la política como espectadores y no como actores no la podemos entender del todo. Hay algo que no comprendemos, una ingenuidad que nos rodea. No sabemos de qué están hechas las salchichas o qué le ponen a la Coca Cola Light para tener ese exquisito gusto metálico. Lo sospechamos, lo intuimos, todos lo hacen, pero hay un paso que es la diferencia. El apetito eterno. El sueño del político es el poder. No hay cómo detenerlo. El que sueña no es un Alberto Kohan o un Carlos Corach, para poner figuras extemporáneas. Ellos hacen profesionalmente la política de otros. Pero no tienen la sed.
Es difícil ser ese político. Porque no se estudia, no hay un posgrado en la escuela de gobierno de ninguna universidad para eso. ¿Milei es ese político? ¿Kicillof es ese político? Pertenecer a la clase única que lo quiere todo, como muchos, pero que va por todo, como pocos, que no espera a que el mundo cambie, sino que va y lo transforma. “La fuerza es de quien puede, la voluntad de poder es quien quiere”, cómo dice Gilles Deleuze comentando a Friedrich Nietzsche. Pero la voluntad de poder no es solo un querer. Es algo más radical. La política y su voluntad de poder es afirmativa, busca crear algo que no había.
Se puede arriesgar a decir que en la figura de Javier Milei encontramos esa voluntad de poder nietzscheana. La política estaba entrando en una fase absolutamente decadente y nihilista, un pesimismo que el gobierno trunco de Alberto Fernández y Cristina Fernández había llevado a niveles críticos. La dinámica inflacionaria y el desorden de la vida de todos los días nos dejaba girando sobre lo mismo de siempre. La dinámica carcelaria del empate argentino y de que un poco de inflación no está mal.
El sueño de la política no es una revolución eterna. La política sueña poder sin intermediación. Eternidad de poder, eternidad de poner sus palabras en tu boca
Milei quebró la rueda de ese destino. Si seguimos a Nietzsche sabemos que la voluntad de poder es lo opuesto a lo estático, lo que no cambia nunca. En esta Argentina no hay un ser más afirmativo que Javier Milei. No se propone tener poder o ejercer poder, sino que va más allá: lo que se busca consolidar es esa sensibilidad libertaria que ya estaba en el pueblo, pero también otra moral, que sólo puede abrirse paso al quebrar el sentido común de estos años. “El Estado te cuida”, “Alfonsín padre de la democracia”, “Una necesidad, un derecho…”. Para un nuevo orden, todo eso tiene que quedar en ruinas, ser vapuleado simbólicamente.
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¿Y del otro lado del muro? ¿Hay voluntad de poder en la oposición? ¿Encarnará esa voluntad alguien del peronismo? ¿Será otro porteño o alguien del interior? Por ahora el peronismo, en todas sus vertientes, está en una etapa que podemos llamar “cretense” e insular. Creta era una isla griega, pero no cualquier isla. En Creta estaba el laberinto que en su interior tenía preso al Minotauro, aquel monstruo mítico con cabeza de toro y cuerpo humano. Siguiendo y ampliando la metáfora, el Minotauro y el laberinto también funcionan como la interna antropofágica del peronismo (necesitaba de humanos para alimentarse y eran llevados como sacrificio). Una mecánica que nadie entiende del todo y por ahora no conduce a muchos lugares.
El peronismo como una isla, rodeado de la nada, que es el mar de la posibilidad, pero también de la desdicha. Como dice una vieja militante: “No estoy siguiendo la interna. La verdad que estoy muy decepcionada”. ¿Dónde están los puentes? Es un poco inevitable pensar en Axel Kicillof. ¿Se afirmará como aquel hombre nietzscheano? ¿Dará la pelea que hay que dar hacia adentro? Pero también hacia afuera, ¿pensará en las provincias para formar algo no nuevo, pero distinto que no sea recurrir a este cordón urbano de votos y necesidades? Al revés, ¿alguien de alguna provincia se abrirá paso? ¿Sumará al Gobernador de Buenos Aires entre otros? Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja… Son preguntas un poco ingenuas, pero si son tan difíciles de responder vale la pena hacerlas.
“El Estado te cuida”, “Alfonsín padre de la democracia”, “Una necesidad, un derecho…”. Para un nuevo orden, todo eso tiene que quedar en ruinas, ser vapuleado simbólicamente.
Milei aprieta, pero la decepción no se disipa (no sobre Milei sino sobre la política). No es todo automático en este mundo. Me sube la luz y quiero votar a Cristina (esa es la lógica de Twitter / X, del intenso que tuitea y te tira postas y videos de lo que votaste). La realidad se mueve rápido, pero en forma solapada. No sabemos en qué está la sociedad realmente, aunque cada vez haya más dispositivos para analizar qué es lo que hace.
Más allá de todo, y de todos, seguimos viendo que hay demasiados impedimentos para lograr formar un proyecto con otros. Resignarse uno para formar parte de algo más grande es muy complejo hoy. Si estamos en un laberinto, claramente es un laberinto de laberintos, donde las cárceles se multiplican y si queremos escapar por arriba, nos pasa lo de Ícaro. Caemos, y nada nos detiene.



