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19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

1 de septiembre de 2024

LA ORFANDAD Y LOS PROFETAS

Pablo Semán

Política
Tiempo de lectura: 7 minutos

Para quienes votaron contra Milei, sobre todo para los que lo hicieron con alguna identificación con el anterior oficialismo, todo es orfandad. Y como si hubiesen sido expulsados antinaturalmente de su lugar propio los dirigentes políticos y los influencers de la anterior cultura de gobierno reaccionan en espasmos de insistencia que reivindican fragmentos del pasado, muchas veces contra la propia voluntad. Para los soldados rasos de esa batalla, en cambio, no hay horizontes ni referentes con los que entusiasmarse mas que por un ratito y no mucho más allá de lo que podría generar un show de globos en un cumpleaños de gente grande.

El “¡que no se corte!, que no se corte!” en continuado desde hace años pasa, en los ultimos 12 meses, del entusiasmo con las encuestas de Serrano Mansilla, a las esperanzas en todo lo que no entienden del triunfo de AMLO, de los anuncios de estallido económico inminente al maquiavelismo de pobres diablos especulando con la interna de LLA o a los destrozos de la relación entre los libertarios y el PRO.  

En esta circunstancia tragicómica y grotesca abundan los falsos  profetas del apocalipsis. Algo transversaliza estas expresiones que se refugian en la añoranza de lo que no sucedió: la voluntad de ser disruptivos como si esta característica se pudiese programar y como si se tratase apenas una estética de espíritu contradictor, un despeinarse y no fuesen esos signos exteriores la condensación de toda una serie de marcas programáticas, políticas e ideológicas que, aunque no figuren en ningún documento, están presentes desde el vamos en un sujeto como Milei. Resulta que de la misma manera que el gil cree que ser ciego es ser Borges los kioskos de productos de peronismo vintage creen que gritar y gesticular airadamente es ser disruptivo. Cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel.

Para la añoranza de la política como fullería se encuentra el argumento de que Massa perdió por apenas tres puntos como si este país fuese gobernable con ese porcentaje y como si una parte de los votantes de Massa no pensase lo mismo que los votantes de Milei

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UNO. En este tren fantasma surgen resucitadas las especulaciones elitistas que contradicen el espíritu peronista que otorga agencia al pueblo y son también otra forma de ilusión retrospectiva de los buenos viejos tiempos en que la casta creía que lo controlaba todo con rosca. El desprecio por las masas, las corrientes electorales, la gente común que subyace a la hipervaloración de la eficacia estratégica de las conspiraciones, las jugadas magistrales y las maniobras muchas veces vidriosas de supuestos bebedores entrenados revela una imaginación finalmente gorila: ignoran que las corrientes de opinión popular adquieren, aunque se piense que no, definiciones sistemáticas sobre quiénes son sus enemigos, sus amigos y cuáles son los principales problemas. Y no se equivocan tanto como para elegirnos si estamos diciendo “hacemos, pero robamos, y si no hacemos no importa porque por lo menos no gobierna la derecha”. Para la añoranza de la política como fullería se encuentra el argumento de que Massa perdió por apenas tres puntos como si este país fuese gobernable con ese porcentaje y como si una parte de los votantes de Massa no pensase lo mismo que los votantes de Milei. La apuesta por ese sego de la política lleva a intentar cabriolas tan ridículas como la tentativa de dar un golpe de Estado en el Reino Unido para ganar la  interna de la Unidad Básica de Ituzaingó.

La sociedad política ampliada, las estructuras proliferantes por fuera de cualquier proporción razonable de las necesidades de crecimiento del estado necesitan que suceda aquello que ya ni se animan a decir que ocurrirá como producto de su empuje: volver. Ya ni eso se canta. Se desconfía de las propias fuerzas porque la desconfianza no es estúpida así como el miedo no es sonso. Pero desde el fondo de los hábitos insanos percute la ilusión de que todo volvería a ser como antes. No ocurrirá eso. El fraccionamiento de los partidos preexistentes e incluso del nuevo emergente fisiológico de La Libertad Avanza disputan todo lo que se puede disputar (y es mucho) para hacer el partido o los partidos del futuro orden que no se sabe bien cuál será. Pero  el nuevo orden político será tan degradado como el nuevo orden social. Habrá partidos políticos ganadores tal vez transitoriamente ganadores que administrarán sus grietas a los gritos y la fractura social a los balazos. Y habrá organizaciones sociales que lo mejor que podrán hacer es el merendero, el refugio de paz si es que logran despojarse de un modo de la voluntad de influencia política: aquella que una vez adquirida y encajonada en la grieta se convirtió para ellas mismas en un lastre.

Hace unos meses todo parecía como si repetir 50 veces la palabra doctrina en una frase disparase la encarnación del espíritu de Perón en una fuerza política del pan-kirchnerismo combativo

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DOS. Habría habido un peronismo originario sin las imperfecciones de sus posteriores ediciones y al que sería necesario volver después de tantos desatinos. Recuerdo el primer día de clases después de la segunda vuelta del año pasado que una alumna, en un curso de 90% de población femenina, respondió a la derrota despotricando contra lo que entendía como “las micro agendas” mientras sus compañeras dudaban o asentían y el inclusivo era recuerdo del pasado que solo practicaban a modo de magisterio contrapuntístico dos o tres de los presentes. La senda morenista de un peronismo retroactivo, silvestre, mucha veces autofolklorizado recluta metaleros y gente con raba de haber amado mientras propone divorciarse de todas las incrustaciones liberales, o sea del progresismo, la socialdemocracia y, en algunas enunciaciones, esto incluye, como denominador envolvente de las dos plagas anteriores a “los putos” y “el sionismo” y los “comunistas” (Moreno  ha dicho lo primero con ambages, lo segundo ha sido proferido en letrinas por sus seguidores mientras lo tercero se deriva de sus arrumacos con el ala nacionalista de LLA). Porque, ¡digámoslo claro compañeros!: mata judíos, homófobos y brotes tiernos de 3A no le faltan a ese imaginario. Y ese sistema de identificaciones es tan sistemático con la autoridad del señorío beligerante que, de forma sólo aprentemente contradictoria, prefiere  a Bolsonaro, a Nethanyaju y, por qué no, a la Vicepresidenta.

TRES. No solo hay compulsión retro en el rompehuesos del INDEC y en sus seguidores relativizadores que ignoran cuánto mal le hizo esa práctica siniestra a la reputación del estado que dicen defender. Los fuegos de 2001 recordados por una narración que ya era embellecedora y retrospectiva hace 22 años son el horizonte utópico de otra vocación de ruptura y por qué no de ortodoxia. Otra ortodoxia. Hace unos meses todo parecía como si repetir 50 veces la palabra doctrina en una frase disparase la encarnación del espíritu de Perón en una fuerza política del pan-kirchnerismo combativo. En ese caso no se trata de volver al peronismo del 45 sino al del 2003 y tratar de andar de nuevo el camino sin cometer los mismos errores aunque no se sabe bien cuáles fueron estos. Por qué como sabemos la autocrítica es autoflagelo y san se acabó. De todas maneras digamos, con sinceridad, que es un intento noble.

CUATRO. De la misma manera que los sueños velan mociones más profundas e inadmisibles y, por eso mismo, ofrecen imágenes que despistan y encubren, la producción melancólica del peronismo sueña, aunque no lo sepa, con una retrospección menos santa. El temor a que “esto salga bien”, la pregunta que hace el jefe de redacción y suspicaz a los cronistas gansos, agobia el descanso de los que no tienen otra cosa que esperar que que “esto estalle”, porque en el fondo se sienten incapaces de hacer algo diferente de lo que vienen haciendo y ya ha dado bastantes malos resultados.

Tras las sábanas se oculta el fantasma del menemismo. No es que quieran retornar a él pero sienten que las fuerzas oscuras de la historia nos arrastran una vez más allí como si la historia admitiese repeticiones. Se ve freudianamente que un placer hubo en eso que se denuesta. Aunque sea el placer de que ese es el país en que el hambre es el hambre, el desempleo es el desempleo y el asesino es el asesino. No sueñes más, querida Alicia. El futuro es ancho y ajeno y seguramente da miedo. Y no se trata solamente de que Milei no tenga peronismo para reptir a Menem o de que Yuyito ya sea abuela, se trata de que la Argentina con la grieta de los políticos y la fractura de la sociedad hace vivir en su mapa conjugados al Perú y a la antigua Yugoslavia.

Veinte años de insistencia en caminos que no llevan a ningún lado hacen que muchísimos se estén sintiendo en el desierto

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La casta tiene bronca

A la sociedad política ampliada le creció una mayoría sin que se diera cuenta la jefatura incluso teniendo todos los avisos del mundo. Un mundo social entero que funciona con supuestos  alternativos a los de los que dictaminaban desde el apoltronamiento mental y material que la moneda estaba en el aire (era el peso, no la suerte, muchachos!), que ningún país tiene peronismo, que Milei lo tenemos dimensionado (algo que todas las carpas actualmente opositoras creían con pruebas fraguadas). La culpa no es del teléfono. La culpa no es de las plataformas digitales ni las redes sociales (o por lo menos no es toda). La sociología de las emociones retorna puntualmente cada veinte años, quienes tenemos muchos ya vimos suficientes festivales anti cartesianos: en 1980, 2000 y 2020. Ahora es el turno de los spinozianos que no pinchan. Tampoco se trata de poner en exclusivo primer plano eso que ahora les parece nuevo y está desde que la política es política. De lo que se trata, de lo único que se trata en tanto posibilidad de mejorar por parte de los que dicen querer hacerlo, es de la responsabilidad de una dirigencia que se desentendió de los problemas de las mayorías populares al punto de creer que el 200% de inflación en medio de peleas de peronómetro podría no ser un obstáculo para ganar las elecciones.

No tienen nada para decir. De cierta manera este es el resultado lógico de una dirigencia peronista que luego de negar la posibilidad de un Milei, con el argumento de que la idiosincracia local no lo permitiria, para luego afirmar que esto es un fenómeno global, se ha dedicado a negar que este triunfo se haya hecho efectivo y entonces decretó en su imaginación que este era un “gobierno corto” y, todavía, de la misma forma que los Testigos de Jehová postergan la inminencia del fin del mundo al que le habían puesto fecha no cumplida, posdatan la caída de Milei para el trimestre que viene. Tal vez hay que recomenzar por los palotes: renovar repertorios, ideas y figuras. Veinte años de insistencia en caminos que no llevan a ningún lado hacen que muchísimos se estén sintiendo en el desierto. ¿Por qué vender tan barata la orfandad?, como me enseñó a preguntar Tomás Trapé. Ustedes que son jóvenes, no se tienten.

 

 

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