Un momento...

27 de junio de 2026

27 de junio de 2026

25 de junio de 2026

LA CULTURA, MERCANCÍA PARADÓJICA

Silvia Hopenhayn e Inés Hopenhayn

@ineshopenhayn1
Cultura
Tiempo de lectura: 3 minutos

– ¿Sabés que hay famosos que contratan licenciados en letras para posar con libros de culto?

– ¿Entonces eso de Dua Lipa leyendo a Hemingway es falso?

Mientras caminábamos por la avenida Santa Fe esquivando el bufandazo de peatones apurados, nos topamos con un kiosco-café en medio de la vereda que llamó nuestra atención. Tenía unos carteles gigantes de “flat white” y todos los nombres en inglés que derivan del cortado. En los laterales, cerca del azúcar y las tacitas, se exhibían libros en venta. Primera sorpresa: la mayoría de editoriales independientes. La siguiente correspondió a los títulos: La pasión según G.H. de Clarice Lispector, varios de Annie Ernaux, Claire Keegan. ¡Todas al lado de las cookies! El kiosco culto-cool nos dejó atónitas. Volvimos deliberando cómo había llegado G.H. a esas vidrieras, quién elegía esos títulos. En otra época hubieran sido “Tus zonas erróneas”, un Coelho, Sidney Sheldon, como mucho El principito. ¿Estábamos ante una expansión de la cultura, o la cultura frivolizada por el latte?

En otras épocas la cosa era más fácil: la frivolidad en el shopping, los libros en las bibliotecas. Incluso los cultos podían darse el lujo de leer Crimen y Castigo, y jugar a ser “masivos” escuchando Sandro o la Mona. Ahora parece que se hiciera masivo lo supuestamente ilustrado.

La exhibición se amplió a los famosos que postean en sus redes sociales lecturas muy lejanas a la categoría de best-seller. Oprah leyendo Bolaño, Dakota Johnson a Nabokov, Rosalía a Camille Paglia. Incluso Dua Lipa tiene una página, Service95, con las secciones de “fashion”, “travel”, “shopping” y “book club”. En un mismo “servicio”, la moda y los libros.

¿Dónde queda lo que la cultura disputa? Se suponía que el sistema nos oprimía con los consumos, gustos y rutas trazadas (...) ¿Pero qué pasa cuando el mercado, en tiempos de la virtualidad, nos ofrece un impensado menú intelectual?

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¿Acaso la frivolidad alcanzó su máximo esplendor? ¿O es de tilingo intelectual pensar que ciertos libros no alcanzan la masividad o se libran de ella?

Si la cultura está de moda, ¿dónde queda lo que la cultura disputa? Se suponía que el sistema nos oprimía con los consumos, gustos y rutas trazadas, y el pensamiento crítico proveía de herramientas para la tan mentada contrahegemonía. ¿Pero qué pasa cuando el mercado, en tiempos de la virtualidad, nos ofrece un impensado menú intelectual?

Lo exclusivo no necesariamente tiene que ver con la distinción en términos de Bourdieu, más bien con la posibilidad de una trinchera. Ya lo advertían Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración, “La cultura es una mercancía paradójica. Se halla hasta tal punto sujeta a la ley del intercambio que ya ni siquiera es intercambiada; se disuelve tan ciegamente en el uso mismo que ya no es posible utilizarla. Por ello se funde con las publicidades”.

Al mismo tiempo, se puede contradecir a los apocalípticos con el argumento de la democratización: ¿por qué nos parecería mal que se vuelvan masivos los libros de culto? ¿Acaso no lamentábamos su escasa circulación?

-Pero lo que vemos son tapas…

-¿Vos decís que ya no hay crítica?

Todo pareciera estar en la misma dimensión (el gran efecto de la foto): una cartera, anteojos, cigarrillos, una portada.

Siguiendo con la paradoja, esta proliferación se da en el marco de la indiferencia absoluta por parte del gobierno. La cultura no le interesa para nada, o más bien es ajeno a ella, como si no le dieran los números para comprender el arte.

La desfinanciación afecta todas las áreas: la producción del INCAA cayó un 81,8% en 2025 con respecto a 2023, se eliminó la autarquía y el federalismo de la CONABIP, dejando en riesgo inminente de cierre a más de 1.500 bibliotecas populares, la desarticulación del Instituto Nacional del Teatro…

Es tan flagrante el vaciamiento que la resistencia se manifiesta por todas partes, no sólo en el margen. La necesidad de nutrirse, de buscar alguna referencia.

Quizás no exista tal paradoja entre la democratización y la comercialización de la cultura cuando de resistir se trata. Aunque los libertarios (de esta época) intenten volver a la política una estrategia de redes, reducir a la mitad el vocabulario posible, denostarlo todo, incluso a “Borgeres”, la gente continúa buscando respuestas en un café con Clarice, en las librerías de usados, como si no se pudiera tapar la necesidad viva de entender. Algo.

Cultura