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16 de octubre 2021

Juan Di Loreto

LA CREACIÓN Y LA TRAICIÓN

Tiempo de lectura: 2 minutos

Cuando una obra cambia de soporte nada se pierde, sino que se transforma tal como sucede con elementos que componen el universo. Aplíquele gravedad y calor al hidrógeno y comenzará a tener materiales diversos hasta llenar la tabla periódica. En la cultura se transpone el libro al cine; el libro al podcast… El mundo de la cultura es una perpetua mudanza. Nada suele permanecer muy quieto. Un libro ya no necesariamente es un libro, es un punto en una cadena: se puede leer, se puede filmar, se puede traducir, se puede plagiar, se puede ensayar, se puede hacer serie de ocho episodios para consumir el fin de semana ese que no te pudiste ir.

¿El libro o la película? La transposición de uno a otro es un gran detector de interpretaciones lineales. Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. La historia parece ser la misma pero el lenguaje ha cambiado. Es decir, ha cambiado todo. Como diría Metz, ese pasaje es una “equivalencia inestable”. Un nombre, una palabra ahora es un rostro iluminado, una sonoridad, un encuadre. ¿Quién es capaz de novelizar 8 y medio de Fellini? No se puede. O sí, pero ya es otra cosa. Ni mejor ni peor.

Eso es un poco lo maravilloso de la creación. Una misma historia puede tener nacimientos múltiples. Piglia decía que, cada tanto, los clásicos debían volver a traducirse a la época. Y con las transposición y las versiones de las cosas parece suceder lo mismo. No se trata de la falta de ideas (únicamente), sino de una necesidad contemporánea de hacer legible los materiales a la nueva época.

Un libro ya no necesariamente es un libro, es un punto en una cadena: se puede leer, se puede filmar, se puede traducir, se puede plagiar, se puede ensayar, se puede hacer serie de ocho episodios para consumir el fin de semana

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En algún punto, como dice el lugar común, toda transposición (como se ha dicho de la traducción) implica una traición. Porque no se va a decir lo mismo aunque se quiera. Ya es otra cosa. Gus Van Sant filmó Psicosis de Hitchcock copiando cuadro a cuadro el filme de 1960. Aun así, no es lo mismo. Porque la creación implica, de alguna forma la refutación del regreso. No hay origen a dónde volver, hay siempre creación a partir de algo. Y es original porque es una elaboración que se hace aquí y ahora (hit et nunc). Cuando en las redes se burlan de “los milenials descubriendo tal cosa”. Y sí, cuándo se supona qué una generación descubra algo. Hoy se conoce por el meme o por el tuit, no por la lectura de un libro (no se dice que no se lea ni se descubran cosas por libros, sino que no es quizás la forma dominante o que conviven muchas formas de leer, vaya uno a saber).

En defnitiva, las transposiciones se parecen mucho a lo que decía Barthes del placer: una decepción. Pero porque esperamos algo que no puede darse: lo mismo con otro lenguaje. Aunque, incluso, utilizando el mismo lenguaje, incluso, enfaticemos, utilizando las mismas palabras no se obtiene lo mismo. Ya lo había enseñado Jorge Luis Borges en el siglo XX: “El texto de Cervantes y el de Menard son verbalmente idénticos, pero el segundo es casi infinitamente más rico. (Más ambiguo, dirán sus detractores; pero la ambigüedad es una riqueza.)”.

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