26 de julio de 2026
Diez meses libertarios
Aunque parezca mentira, pasaron los primeros 10 meses del gobierno libertario y el primer 17 de Octubre para el peronismo como oposición a Javier Milei. Dentro de un sinfín de sucesos, estamos en condiciones de afirmar que las últimas semanas de la Argentina no fueron la excepción a este tiempo de aceleración en el que vivimos. La innovación, lejos de venir desde una mayor quietud, fue que, por primera vez desde el inicio de su gobierno, Javier Milei fue sometido a la agenda de la oposición. Si nos ponemos a repasar los últimos ¿dos meses? podemos ver que las propuestas legislativas de movilidad jubilatoria y financiamiento universitario, junto al acompañamiento de las protestas por el desfinanciamiento de los hospitales nacionales, han colocado a la defensiva tanto al Presidente como al ecosistema libertario.
Luego de semanas y corrimientos cada vez más agudos de los límites quedó demostrado que la infalibilidad tampoco es una virtud de la maquinaria que conduce Santiago Caputo. Tal y como en el episodio 4 de la saga Rocky, cuando el boxeador de Pensilvania va a su esquina después del segundo round contra Drago, hay quienes repiten las palabras de su entrenador: “Sangra. ¿Lo ves? Es un hombre, no una máquina”. Al igual que el atleta que encarnaba la potencia del modelo comunista de la URSS, el detractor de la casta sufre el desgaste.
El primer año libertario ya nos muestra que Milei no ha propuesto una manera duradera de fortalecer al peso o crecer en V. Por el momento, el único objetivo parece ser contener la inflación a través de pulverizar la Demanda, siendo la generación de Oferta una utopía que sirve para caminar. La pregunta que uno (o al menos quien escribe) se hace al ver este comienzo de desgaste de la paciencia social para con el Presidente, es si el resto de aquel implosionado sistema político tiene algo para ofrecer frente a la propuesta de encarecimiento del país que es sostenida por la recesión. Repasemos cómo está el mapa.
Ante la imposibilidad de consolidar herencia (Máximo) por sobre legado (Axel), la ex Presidenta y Vicepresidenta debió ponerse en cuerpo y alma al frente de la disputa. Incluso con eso no doblegó las aspiraciones de Quintela
Los pedazos de las viejas coaliciones
Las fuerzas aliadas y opositoras al gobierno podrían ser representadas por la imagen de un archipiélago. Uno de los casos que más está llamando la atención dentro de ese amplio conjunto es el del kirchnerismo. Si antes ya se podía ver una diferencia entre peronismo k y no k, más notoria al contrastar las preferencias del AMBA con las del mal llamado interior, hoy ya se puede ver un clivaje dentro del propio sector que formó parte de cuatro de los cinco gobiernos. De un lado, está el gobernador de la provincia de Buenos Aires, al que no se nos puede ocurrir discutir sus orígenes ni el camino que recorrió hasta hoy para convertirse en un precandidato presidencial. La duda que queda es si Kicillof ha decidido tener comportamientos diferenciadores por convicción en su nueva canción o por mero tacticismo. Desde diciembre pasado acumuló fotos de ampliación con gobernadores de otros partidos y tuvo equilibrio fiscal provincial en 2024. Sin embargo, recién en la asunción de Claudia Sheinbaum en México se lo escuchó rescatar al Perón de 1952, que hizo un plan de estabilización para equilibrar las cuentas públicas y bajar la inflación como consecuencia de los límites que le marcó el sector externo en ese momento. Mucho más cambio de formas que de fondo por el momento.
Frente a esa reticencia a entonar una nueva retórica, y ante la incapacidad de La Cámpora de hablarle ya incluso a sectores internos del kirchnerismo, fue la propia Cristina la que salió a poner el dique de contención a los ímpetus renovadores de su ex ministro de Economía. Ante la imposibilidad de consolidar herencia (Máximo) por sobre legado (Axel), la ex Presidenta y Vicepresidenta debió ponerse en cuerpo y alma al frente de la disputa. Incluso con eso no doblegó las aspiraciones de Quintela. Incomparable situación frente al encolumnamiento instantáneo que generó en todo el ecosistema justicialista cuando allá por 2019 anunció la fórmula Fernández-Fernández. Sin dedo ni alineamientos instantáneos. La última postal que hay de esta película (hasta ahora) es la acusación a Kicillof de ser un “Poncio o Judas más del peronismo”.
La vieja coalición de Juntos por el Cambio, lejos se encuentra de estar mejor que el kirchnerismo. Al contrario, pues el viejo PRO que supo liderarla está no ya frente a una crisis de liderazgo, sino de supervivencia. La incomodidad del partido amarillo se explica en los fundamentos básicos de la ciencia política; los sistemas de representación polarizados funcionan de a dos. Como aquel personaje de películas de sábado por la tarde en las que un protagonista se queda sin pareja para bailar, Mauricio Macri, el llamado alguna vez Ángel Exterminador/Killer, se encuentra preso del secuestro al que lo someten sus votantes pintados de violeta. Se quedó con el PRO, del cual echó primero a Larreta y después a Bullrich, sin darse cuenta que los votantes lo dejaron solo a él durante el proceso. En ese escenario, y con la respiración en la nuca del pato y el león a los que él junto para el balotaje, el ex Presidente parece expuesto a besar la lona y volverse jarrón chino. O, dado que un fracaso de Milei lo arrastraría a simbolizar el FREPASO de la Alianza Libertaria, puede que se le presente la oportunidad de ser quien tire del mantel para vengarse de aquel al que creyó impulsar a la Presidencia en noviembre del año pasado. Es decir, ser el que aprieta el botón rojo en lugar de que otros lleguen a usar el de absorción. Un premio consuelo.
El primer año libertario ya nos muestra que Milei no ha propuesto una manera duradera de fortalecer al peso o crecer en V
El radicalismo, por su parte, debate sobre cómo invertir su capital institucional. El partido centenario le sacó todo el provecho posible a la experiencia cambiemita, pasando de una gobernación en 2015 a cinco en 2023 y consolidando un bloque de senadores y diputados que lo transformaron nuevamente en un actor relevante para la negociación. Ahora, llegó el momento de una redefinición identitaria que ya tiene caras que representan las opciones. Deberá definir si conducen los progresistas, como la tríada Lousteau-Pullaro-Manes, o los antikirchneristas, representados por el eje Valdés-Cornejo-De Loredo.
El federalismo insatisfecho detrás de las luces
Apenas ganó Javier Milei, pudimos ver que si las elecciones hubiesen sido solo en la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires hubiese triunfado Sergio Massa en primera vuelta. Lo inverso habría pasado si la elección hubiera tenido lugar solamente en el interior. Un mensaje tan contundente podría haber sido un preanuncio de que la reconfiguración de los espacios políticos no oficialistas vendría desde los márgenes hacia el centro, pero la realidad parece no materializarse de esa forma hasta el momento. Tras un inicio interesante por parte de algunos gobernadores que salieron a defender sus sectores productivos en la negociación de la Ley Bases, el encapsulamiento y las alianzas intra-regiones se profundizaron. El anuncio de la Región Centro que protagonizaron Llaryora, Pullaro y Frigerio fue seguido de la multiplicación de actividades en conjunto de los mandatarios del Norte Grande. En la misma línea se movieron los patagónicos, que comenzaron a promocionar iniciativas pluriprovinciales para resguardar sus recursos energéticos.
Macri se quedó con el PRO, del cual echó primero a Larreta y después a Bullrich, sin darse cuenta que los votantes lo dejaron solo a él durante el proceso
Ante ese repliegue de los llamados a protagonizar la época, los viejos líderes tomaron sus estructuras partidarias para encarnar la interlocución y la oposición con el gobierno. Una ley de la física que vale para la política, ya que los espacios vacíos alguien los ocupa. La gran incógnita es si ese contenido repetido es el que demandó la ciudadanía cuando a través de su rugido federal colocó al porteño de la motosierra en el poder, tan solo por el beneficio de la duda que le correspondía por nunca haber sido gobierno.
La única certeza, hasta ahora, es que una temporada turística que se prevé trágica con este tipo de cambio, unos incendios que apenas fueron escuchados desde la Rosada, una multitud de universidades en pie de guerra y el freno total al desarrollo de infraestructura no parecen ser la respuesta que esperaba la Argentina que se hizo escuchar. Tal vez, y a juzgar por el discurso del Presidente todo indica que sí, tengan que seguir esperando a que la balcanización traiga un nuevo orden.



