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19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

9 de septiembre de 2025

HISTORIAS CORTAS SOBRE LA ELECCIÓN BONAERENSE

María Antonella Jaime

@Antonegra_ar
Política
Tiempo de lectura: 8 minutos

Por primera vez en treinta años, la provincia de Buenos Aires votó una elección separada del calendario nacional. Y lo hizo en medio de una crisis económica profunda que todos conocemos: caída del consumo, pobreza, salarios que no alcanzan. Ese diagnóstico ya está claro y no hace falta repetirlo

Lo que me motiva hoy es entender quién y cómo capitalizar ese malestar colectivo. Porque hace un tiempo me preguntaba si alguien iba a poder hacerlo, y de qué manera. El domingo apareció algo que podría ser una respuesta: el peronismo bonaerense, con una diferencia contundente, logró traducir el enojo en votos y transformarlo en victoria. Pero, ¿es tan así? ¿Cómo se gestó la derrota electoral de LLA?

Para contar esta historia no alcanza con un relato lineal. Prefiero hacerlo en fragmentos, en historias cortas. Escenas de una elección que fue más que eso, porque se convirtió en un espejo de cómo se configura la política desde la provincia más grande del país.

1. Una elección de internas

La legislativa bonaerense fue un laboratorio de disputas y estrategias que rebotan en todo el mapa político nacional. Se sorteaban dos premios en esta elección. El primero era la victoria electoral, obvio. El segundo era el “Te lo dije”, porque además de votos también estaban en juego las internas. Los dos partidos mayoritarios usaron esta legislativa como un lienzo donde ensayaron las estrategias de futuro.

Falta mucho para octubre y muchísimo más para 2027, pero todo indica que el amor de verano se terminó. Se quedaron sin rebeldía ni novedad y se redujeron a un macrismo de malos modales, sin épica y sin futuro

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En LLA, la interna es entre Karina/Menem’s y Santiago Caputo/Fuerzas del cielo. Karina con sus armadores de confianza y la estrategia de ir con candidatos propios, Caputo con la idea de integrar al gobierno en diferentes estrategias provinciales y de construir un armado más amplio y vinculado a los gobernadores. El resultado fue un rompecabezas mal armado, con listas peleadas y alianzas frustradas. Al final, el twitero perdió la pulseada interna, pero se quedó con el premio “Te lo dije”: la derrota bonaerense confirmó lo que él venía advirtiendo sobre los riesgos de improvisar y cerrar puertas en territorios desconocidos.

En el peronismo lo que se juega es la estrategia para resistir y reconstruirse pensando en 2027. Kicillof eligió imitar a otros gobernadores como Insfrán, desdoblar y marcar autonomía frente a Cristina, que se oponía. La victoria amplia terminó validando esa decisión y convirtió al desdoblamiento en la jugada política de la jornada. Axel jugó su propia carta y le salió bien, ayudado también por el derrumbe libertario y el malestar económico que golpea de lleno al gobierno. Si el resultado hubiera sido ajustado, la discusión sería otra. Pero con una diferencia tan clara, lo que se impone es la lectura de que la estrategia funcionó.

Así que sí, fue una elección de internas. Y como siempre, la política argentina se resume en una regla vieja: el único que tiene razón es el que gana.

2. ¿Un amor de verano?

El principal problema de este gobierno es la economía. Esa es la base de la paliza de ayer: salarios pulverizados, jubilaciones en caída, consumo en retroceso y desempleo en aumento. Pero no fue lo único. La derrota en Buenos Aires también se explica por lo que se rompió alrededor, la pérdida del voto joven y el retroceso en barrios donde en 2023 habían logrado crecer incluso sobre terreno históricamente peronista.

Se sorteaban dos premios en esta elección. El primero era la victoria electoral, obvio. El segundo era el “Te lo dije”, porque además de votos también estaban en juego las internas. Los dos partidos mayoritarios usaron esta legislativa como un lienzo donde ensayaron las estrategias de futuro

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A comienzos de 2025 Milei empezó a perder aire. Muchos de los pibes que en 2023 agitaban banderas libertarias esta vez se quedaron en casa y engrosaron el ausentismo. La bronca con la economía se transformó en desilusión con la política.

Otro error de principiante fue obsesionarse con la “batalla cultural”. En la política argentina esa pelea casi siempre termina mal. Encerrarse en la grieta es un camino que lleva a perder, porque hoy la sociedad ya no se ordena por peronismo o antiperonismo. Lo que busca el votante es más simple: bienestar. No quiere grandes discusiones ideológicas, quiere que la vida diaria sea un poco más fácil, algo imposible con desempleo alto y salarios estancados.

Lo de este domingo fue importante porque marcó la primera derrota fuerte del gobierno en un territorio donde apostaba a ganar. Nacionalizó una elección provincial, puso todos los ojos en Buenos Aires y terminó recibiendo el rechazo más claro a su gestión y a un desastre económico que no afloja.

Lo que en 2023 parecía una “nueva derecha populista” se fue desarmando. La Libertad Avanza pasó de decir que “los políticos no viajan en colectivo” a repetir siempre lo mismo: “kuka”, “Nisman”, “CFK”. Falta mucho para octubre y muchísimo más para 2027, pero todo indica que el amor de verano se terminó. Se quedaron sin rebeldía ni novedad y se redujeron a un macrismo de malos modales, sin épica y sin futuro.

3. Karina

Milei analizó mal la elección y peor la derrota. Primero, porque el problema de fondo es económico y transversal, y él ya dejó claro que el modelo económico no va a cambiar. Segundo, porque culpa a la política y promete corregir errores, cuando en realidad el problema está en su propio armado. Y ese armado tiene un nombre: Karina.

La figura de su hermana ya se volvió un límite. Salvo excepciones, no genera empatía ni siquiera en la militancia más dura y, tarde o temprano, será el blanco por donde se descargue el malestar social. Ella aparece en las denuncias de corrupción, en los escándalos por coimas, en los audios filtrados. Estuvo en el centro de cada cachetazo que recibió el gobierno en las últimas semanas. Pero al mismo tiempo es su pared: el gobierno (Javier) se sostiene con Karina y probablemente termine también por ella.

La Libertad Avanza se metió sola en una contradicción difícil de sostener. Hicieron bandera de que no iban a hacer obras y al mismo tiempo usan la falta de obras para pegarle al peronismo. Una boludez total que terminó mal

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El telón de fondo es la crisis del armado libertario. Incluso si en octubre les va un poco mejor, la pelea interna les está costando caro. La única salida podría venir del propio Presidente, pero ahí está el problema: si se mete, es para darle la razón a su hermana. Y la sociedad ya tomó distancia de Karina. Esa relación es irreversible.

Milei no va a traicionar a Karina, y por eso mismo su proyecto político queda condicionado. El gobierno se va a terminar con Karina y por Karina. Y aunque todavía le quede vida política por delante, sus sueños de reelección probablemente se frustren por esto. El domingo, Milei prometió hacer los cambios políticos que necesitaba. No los hizo ni los va a hacer, porque el amor por su hermana es más fuerte que su vocación de poder.

4. Hay fuerza en el bonaerense

A Milei le dijeron que la provincia de Buenos Aires no tiene ni agenda ni identidad, por lo que la estrategia fue nacionalizar la elección. Le salió caro.

Como dije antes, la crisis económica es la principal respuesta a la derrota. Pero si analizamos el mapa electoral descubrimos algunas particularidades que podrían explicarse desde el ser bonaerense. No quiero asegurar nada livianamente, pero después de la economía, lo que terminó definiendo la elección en las distintas secciones de la provincia fueron las demandas locales, la agenda productiva y la identidad de una sociedad que, aunque dividida y fragmentada, se reconoce en lo que construye.

En todo el territorio bonaerense pesó la ausencia de obra pública nacional. Y encima, La Libertad Avanza se metió sola en una contradicción difícil de sostener. Hicieron bandera de que no iban a hacer obras y al mismo tiempo usan la falta de obras para pegarle al peronismo. Una boludez total que terminó mal. Frente a eso, la gestión provincial mostró otra cara, con obras que se ven y se usan todos los días. Sorpresivamente, ganó el que inauguró una escuela cada siete días y un centro de salud cada diez.

Incluso si en octubre les va un poco mejor, la pelea interna les está costando caro. La única salida podría venir del propio Presidente, pero ahí está el problema: si se mete, es para darle la razón a su hermana

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En otras notas hablamos de la importancia de lo que se puede ver y tocar y de la fuerza que tiene para construir volumen electoral desde el territorio. Bueno, eso fue lo que se expresó en las urnas con el peronismo imponiéndose en secciones donde hasta hace poco se pensaba que la ola libertaria tenía ventaja. Pergamino, Junín, Olavarría, municipios con tradición agroindustrial que se inclinaron por el peronismo bonaerense.

El conurbano rechazó la campaña de LLA -esa que decía que la gente “caga en un balde”-, y en la Primera Sección, que suele reflejar el pulso provincial, volvió a repetirse la tendencia. Allí conviven barrios populares con clases medias trabajadoras, empleo formal con changa, aspiraciones de consumo con el reclamo de seguridad.

La recuperación de la cuarta sección fue otra joyita. En esos 19 municipios rurales del noroeste, el peronismo no ganaba hace veinte años. Esta vez lo hizo, y no creo que sea porque los productores se hayan vuelto kirchneristas de la noche a la mañana.

El contraste con la narrativa mediática fue brutal. Desde Capital muchos esperaban ver al peronismo deshilachado, en retirada. Y la provincia mostró otra cosa, músculo territorial.  Los bonaerenses castigaron la crisis económica y también votaron por lo que sienten propio: producción, agro, consumo interno, e identidades bonaerenses fragmentadas, pero bien definidas.

5. Peronismo, ¡yo te elijo!

El peronismo hizo una elección sorprendente. Se esperaba una participación baja, típica del clima de apatía y de comicios desdoblado de medio término. Sin embargo, la participación terminó siendo más alta de lo previsto. Y aunque el porcentaje se pareció más a su piso histórico que a sus mejores épocas, la ventaja sobre La Libertad Avanza fue de casi catorce puntos. Una verdadera paliza territorial.

Ese resultado tuvo además un valor histórico. El peronismo ganó una elección de medio término en la Provincia por primera vez en veinte años. Es cierto que el contexto es distinto y el escenario político cambió, pero el dato sigue siendo igual de relevante. Ni siquiera Cristina en sus mejores momentos había logrado revertir esa tendencia adversa. Lo que parecía imposible volvió a suceder.

La provincia dejó un mensaje claro: los sectores más vulnerables no pueden esperar y exigen recuperación económica, menos batalla cultural y más respuestas concretas frente a problemas urgentes

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El mapa muestra que la victoria fue amplia y territorial. No fue solo el conurbano. Seis de ocho secciones electorales quedaron para Fuerza Patria y en todas se ganó con claridad, incluso en zonas donde Milei se sentía confiado. Y ahí también aparece otro factor clave, el de la unidad. Desde La Cámpora y el Frente Renovador hasta intendentes menos alineados, todos empujaron para sostener la campaña. Fue el aparato territorial, en toda su diversidad, el que garantizó que la diferencia fuera abultada.

Desafíos hay varios. Buenos Aires mostró que puede sostener al peronismo y darle volumen. Pero Bahía Blanca y Mar del Plata encendieron una luz amarilla: allí donde el voto se parece más al resto del país que al AMBA, el PJ sigue sin despegar. Por ahora, Axel Kicillof es un proyecto provincial, no nacional. Pero hoy lo cierto es que el peronismo volvió a protagonizar. Con gestión, con territorio, ¿Y con un nuevo conductor al frente?

¿Y ahora?

Milei necesitaba esta elección para oxigenar a su gobierno después de semanas turbulentas. Con menos aliados y con poco crédito en los mercados, La Libertad Avanza buscaba mostrar que todavía conservaba el apoyo social que lo llevó a la Casa Rosada. La Provincia de Buenos Aires le negó esa posibilidad.

¿Es definitivo? En principio no hay forma de que en octubre le vaya peor que ayer en Buenos Aires, pero la desaceleración parece difícil de frenar. A menos que ocurra un milagro, el gobierno empieza a encaminarse hacia un final anunciado: la no reelección.

Del otro lado, el oficialismo bonaerense consiguió algo distinto. Los votos que sacó no marcan un techo sino un piso. Están en línea con lo que obtuvo en 2017 o 2021, elecciones que perdió. La diferencia es que esta vez fueron victoria. Por eso no hay que leerlo como un máximo, sino como la base desde la cual puede crecer. Después de una campaña en la que su nombre estuvo en el centro y con una estrategia que él mismo definió contra buena parte de su propio espacio, Kicillof emerge como posible conductor del peronismo bonaerense hacia 2027.

Ese crecimiento se entiende si miramos cómo vota la sociedad. El argentino promedio ya no se ordena entre “kuka” y “anti-kuka”. Es cambiante, sí, pero pragmático. Sabe que no se puede domar la inflación con el consumo básico destrozado y que la microeconomía pesa tanto como la macro. La provincia dejó un mensaje claro: los sectores más vulnerables no pueden esperar y exigen recuperación económica, menos batalla cultural y más respuestas concretas frente a problemas urgentes.

Y lo último: los consultores pueden seguir rifando su prestigio al mejor postor, pero los años pasan, los gobiernos cambian y la única encuesta que sigue valiendo es la del cuarto oscuro.

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