26 de julio de 2026
“Somos una máquina de consumirnos los stocks” es una frase de Gabriel Delgado, que la ha planteado en más de una oportunidad. Esa frase está resonando durante mucho tiempo, al menos en la cabeza de quien escribe. En una situación como la actual del país (tal vez) es el momento ideal para ponerla sobre la mesa y pensar de manera más sistemática la afirmación. Intentemos graficarla en función de las diferentes dimensiones a las que alcanza.
Lo primero es definir las dos palabras claves del título para que el eje quede claro y se entienda que no hay inocentes en esta película que podemos denominar “El medio siglo perdido de la Argentina”. Mientras el stock es una cantidad de algo en un momento determinado, el flujo es lo que alimenta a dicha cantidad a lo largo del tiempo, permitiendo que su consumo nunca lo agote. La íntima relación entre ambos conceptos es que, si el stock presente de cualquier cosa no es alimentado por un mínimo nivel de flujo, entonces la presencia y disponibilidad de ese objeto acabarán por extinguirse.
Ahora bien, ¿por qué es importante la relación Stock-Flujo para la Argentina? Pues porque hace varias décadas que nos estamos consumiendo los stocks sin asegurarnos una fuente que nos provea de flujos futuros. Este problema, como veremos, se ve más palpable en la dimensión productiva y económica, pero afecta a varias dimensiones a la vez.
En la vereda opositora, se observan una serie desarticulada de maniobras superpuestas por parte de los diferentes espacios que constituyen el archipiélago opositor, lo que no hace otra cosa que exponer su carencia de propuestas para ofrecer una opción de futuro a la sociedad
Comencemos por la mencionada dimensión económica-productiva. Si hacemos un breve raconto en lo que refiere a fuentes de riqueza que hemos “quemado” a lo largo de los años es posible trazar una línea de tiempo, la cual presenta resultados nada agradables para aquellos que soñamos con torcer el rumbo de este país. Dicha línea comienza con los recursos que obtuvo el Estado Nacional a partir de las privatizaciones que fueron parte de la reforma del Estado durante los años ‘90. Con ella entra también la capacidad de endeudamiento que tuvo el país gracias a que se le abrió el acceso al crédito por esos años. Ese proceso nos dio una bonanza inicial de cuatro años a la que le siguió el agotamiento de un modelo que fue estirado más allá de su fecha de vencimiento.
La narración hecha para los resultados de la Argentina menemista corresponde también, en algunos sentidos, a la que nos dejó el proceso que lideraron el kirchnerismo y el macrismo como hijos del 2001. En lo que refiere a la etapa del último “-ismo” peronista, el combo que representó el ciclo alcista de los commodities junto a una deuda reestructurada y a una salida sin vuelta espiral de la inflación de la Convertibilidad, fue desaprovechado. Los indicadores sociales del 2011 lucen magistrales y los extrañamos, pero es real que nuevamente se usaron los stocks que nos proveyeron (en ese caso) las exportaciones sin asegurarnos de generar nuevas fuentes de recursos que nos permitieran afrontar el futuro. Tras la inculcación del cepo y el estiramiento del vaciamiento del BCRA hasta 2015, llegó la experiencia que lideró Mauricio Macri. También allí se vio cómo se agotó en tiempo récord la fuente de recursos que representaba la capacidad de endeudamiento. Nuevamente, se malgastó un recurso en urgencias sin asegurarse de la generación de su reflujo para lo importante.
Eso nos trae al presente, en el cual tenemos ante nosotros una acelerada baja del Riesgo País y el recientemente sancionado RIGI. Supongamos que el gobierno de Milei logra perforar los 400 puntos de Riesgo País y la decisión de bajar las tasas de interés de los bonos norteamericanos por parte de la FED continúa firme. En ese escenario, se volvería a abrir el canal del financiamiento, combinando esa circunstancia con el actual Régimen de Grandes Inversiones. ¿Sería el comienzo de un camino auspicioso, en el que confluirían inversiones de corto (demanda de nuestros bonos) con otras de largo plazo (IED) de manera sostenible, o estaríamos yendo hacia consumirnos una nueva oportunidad en la que podemos desperdiciar tanto una ventana de financiamiento como así también nuestros Recursos Naturales?
Si bien no hay certezas respecto de lo que aún no ocurrió, la actitud de la administración de Javier Milei frente a los activos con los que aún cuenta el país en otras áreas nos da una pista de cómo procedería su gobierno en caso de disponer de ese arsenal de recursos. Entre ellas se encuentran: a) El desprecio del Presidente y de sus colaboradores por la Universidad Pública; b) el impulso a un “examen moral” dentro del personal de Cancillería; c) la renuncia de un director del CONICET por el hecho de que le exijan supervisar el contenido ideológico de los productos que elaboraran los becarios e investigadores.
Si el stock presente de cualquier cosa no es alimentado por un mínimo nivel de flujo, entonces la presencia y disponibilidad de ese objeto acabarán por extinguirse
Esta breve enumeración de ejemplos nos da la muestra de que, independientemente de que estemos frente a una indiscutible merma en el nivel de la inflación (desde aquel 25.5% de diciembre del 2023 hasta el reciente 2.7% de octubre 2024), no se viene una discusión real sobre reconstruir lo que hemos dilapidado. No se ven propuestas concretas para volver a poner de pie nada de aquello que supimos tener. Ni para tener una moneda fuerte, ni para disponer un sistema educativo que deje de funcionar como un mero impresor de credenciales que no garantizan inserción laboral, ni para desarrollar un aparato productivo acorde a los desafíos que enfrentan el conjunto de nuestras provincias en el S XXI, etc. Lo que hay hasta ahora es, del lado oficialista, un muy astuto encadenamiento de tácticas financieras que le han permitido al gobierno sortear el abismo de una nueva devaluación, la cual le hubiese impedido continuar el sendero de este peligrosísimo camino de apreciación cambiaria sin mayor productividad. En la vereda opositora, se observan una serie desarticulada de maniobras superpuestas por parte de los diferentes espacios que constituyen el archipiélago opositor, lo que no hace otra cosa que exponer su carencia de propuestas para ofrecer una opción de futuro a la sociedad.
Los resultados del descrito derrotero no son otros que una pobreza por ingresos que en Junio alcanzó el 53%, una moneda que (ya sea con mayor o menor inflación) no es usada para ahorrar, un distribución demográfica comparable con la columna vertebral de un gigante invertebrado, una estructura productiva atrasada por el conservadurismo dirigencial y un conjunto de instituciones dadoras de servicios públicos que, como consecuencia esto último de que ya no cumplen la función social de antaño (educación, salud, etc.), fueron perdiendo su prestigio y comenzaron a dejar de representar una ventana de oportunidad para los hogares.
Como cierre de esta suerte de reflexión va una anécdota. Se trata de un hecho reciente en el que dos jóvenes dirigentes de espacios políticos distintos tocaron dos (de las múltiples) teclas que serán parte de la salida, al menos para quien escribe. En el marco de una actividad de un espacio (Generación para el Desarrollo) al que pertenece quien escribe, Sabrina Selva (Diputada Nacional-UxP) planteó la necesidad de que será la cuestión generacional, incluso por encima del ordenamiento partidario, la que permitirá construir una alternativa al derrotero final de este ciclo constante de autoflagelación. De manera complementaria, Pablo Juliano (Diputado Nacional-UCR) hizo hincapié en que va a ser necesario construir una “Comunidad del Anillo”. En obvia alusión a la legendaria obra de J.R.R. Tolkien. El enunciado hace referencia a que va a hacer falta articular una serie de acciones coordinadas por espacios que vienen de diferentes trayectorias, pero que coinciden en que hace falta proponer un camino alternativo a la sociedad además de solamente criticar el actual. Lo interesante, es que ambas premisas van en sintonía con la idea de que todo eso es realizable, pero si partimos del reconocimiento de que el vicio por consumirnos el presente y volver insostenible la planificación del futuro es algo que viene desde hace rato.
La gran pregunta que queda pendiente es si dentro de la variada y fragmentada oposición, hay conciencia de que para oponerse a Milei hace falta tener estos debates, dado que son parte del camino para elucubrar una propuesta que incluya reconstruir los flujos. Solo de esa manera volveremos a tener stocks que respalden las demandas de nuestro pueblo.



