Un momento...

05 de julio de 2026

05 de julio de 2026

16 de mayo de 2026

FERNANDA LAGUNA MIRA HACIA ATRÁS

Walter Lezcano

@lezcanowalter
Cultura
Tiempo de lectura: 6 minutos

Mi corazón es un imán, 1992-2025 es una exposición retrospectiva curada por Miguel A. López sobre el conjunto de la obra, usando esta palabra ─obra─ en un sentido amplio, nada restrictivo y a la vez expansivo, de Fernanda Laguna (Hurlingham, Buenos Aires, 1972) que deja una cosa en evidencia: su andar es uno de los recorridos más importantes de la cultura argentina de las últimas décadas. ¿Por qué? Porque sus movimientos se inscriben en una serie de caminos que se cruzan, contaminan, se retroalimentan y van mutando hasta conquistar un terreno absolutamente personal que ya le pertenece a Laguna en tanto figura artística, por sus apuestas estéticas y los materiales/soportes que utiliza, pero también política en su afán de intervenir públicamente dentro de la polis de su tiempo y mirando de frente los problemas sociales por los que se siente interpelada.

Estos senderos que se exponen en la muestra y por los que todavía se mueve y surfea Laguna son: la poesía (quizás el paraguas-cosmovisión bajo el cual todo lo demás encuentra su cauce y su sentido), la militancia (el feminismo y los derechos de las disidencias como espacios de confrontación contra un presente binario y que pretende acceder a la imaginación de un mundo distinto), la búsqueda incansable de belleza espontánea con lo que está a mano (lo que indica un arte que se muestra como accesible, tanto desde la producción/ejecución como desde la contemplación/admiración, y por momentos las figuras del creador y las espectadoras parecen intercambiarse).

La muestra también nos entrega otra certeza en tanto sistema de trabajo y ecosistema creativo de producción: Fernanda Laguna, como artista, es una gran generadora de comunidades, de tribus y de espacios que entregan al mundo algo que faltaba o que no existía o que ella considera que no está puesto en circulación. Quizás el caso más evidente que viene a la mente sea la galería/editorial/revista Belleza y Felicidad que sostuvo abierta de 1991 hasta el 2001 en Capital Federal junto a la poeta, traductora y tallerista Cecilia Pavón, y que ahora devino en Belleza y Felicidad Fiorito. Es decir: el caudal de trabajo que llevó adelante Fernanda Laguna en más de tres décadas ya dejó una huella profunda en la cultura argentina. Y que, quizás, los contornos de su universo están bien marcados porque ella pudo fusionar un devenir existencial volátil con una propuesta artística que evoluciona acorde a cada instancia personal y cada momento del país. De ahí que los bordes entre vida y obra se difuminan, los límites entre creación y flujo vital son poco claros. Lo que representa una virtud, ya que cada instancia de su recorrido parece dialogar con otra (previo o posterior) y así la muestra gesta un diálogo interno donde el sentido total solo es posible si se toma distancia y se puede ver la magnitud de lo que Laguna hizo. El encantamiento llega cuando se puede ver toda la foto.

Fernanda Laguna siempre quiso hablar con sus propias palabras y bajo sus propios términos estéticos, cromáticos (colores siempre que capturan la mirada), de personajes que elige retratar en sus cuadros (corazones, papas fritas, etc.) y de referencias culturales (con el pop como marca generacional).

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Luego de pasar por el Museo Reina Sofía de España, Mi corazón es un imán, 1992-2025 tiene varias salas en el Malba donde 200 piezas, entre pinturas, dibujos, collages, bordados, esculturas, instalaciones y videos, generan puentes de conexión con libros, frases escritas con birome azul y a mano alzada en las paredes, cajitas de cartón utilizadas como cofres sagrados y demás objetos personales que realzan la propuesta. Entonces, eso nos hace pensar en una vida que quiso estar rodeada de arte. Pero no de un arte canónico que es el que baja, de forma opresiva, de las instituciones, bienales y demás zonas de legitimación, sino que se intuye que se quiso contrarrestar esa verdad para descartarla y crear una propia versión/visión del arte. Fernanda Laguna siempre quiso hablar con sus propias palabras y bajo sus propios términos estéticos, cromáticos (colores siempre que capturan la mirada), de personajes que elige retratar en sus cuadros (corazones, papas fritas, etc.) y de referencias culturales (con el pop como marca generacional). Por eso la diversidad de formatos, procedimientos, soportes y maneras de crear territorios agradables para la mirada, que no quieren avasallar sino invitar a que cada espectador encuentre algo que lo conecte con lo que está observando. Es como si todo el tiempo nos dijera ─nos recordara─ que el arte está en todas partes y que hacer un uso político de la mirada significa imponer lo propio, lo personal y que de ahí va a surgir un territorio único. En cierta manera hay un perfil de obrera en sus trabajos artísticos que la alejan de un sector elevado tipo torre de cristal o lo inalcanzable. Y ese ritmo y movimiento y aura de generosidad, un posicionamiento nada sencillo en un mundo donde el egoísmo está más presente que el oxígeno, la vuelve una artista de corte popular. No pretende demostrar que sabe más que los demás, que tiene más herramientas de expresión que el resto, sino que quiere conectar con lo que cada persona tenga para aportar. Y eso, que es una forma notable de generosidad, es un gesto artístico, es decir: que confronta y combate contra un sesgo de época.

Siendo una artista plástica reconocida y reconocible en Argentina y en distintas partes del mundo Fernanda Laguna siempre expresó su conexión con la independencia, con el under y con lo que no establece con el mundo un vínculo de reacción inmediata. Es como si ella actuara, creara y luego, el tiempo o algunas instituciones, deciden darle prestigio a esos objetos que ella entrega. Por eso mismo, es muy atractivo pensar el lugar que tiene la literatura tanto en la muestra (sus libros están exhibidos como si fueran cuadros) como en la forma que tiene Laguna de acrecentar su universo desde la escritura. Es una escritora que se movía en el terreno de la poesía y de la narrativa (acá con el seudónimo de Delia Rosetti). Su forma de expresión siempre es la de maravillarse constantemente, de no dejarse vencer por el cinismo del mundo y por seguir adelante cueste lo que cueste. Es una literatura de supervivencia, reinvención y resurrección. En ese sentido, Laguna es una escritora que toma un sentimiento o una sensación o un pensamiento y hasta que no lo agota no lo suelta. Eso la vuelve una poeta y narradora muy comprometida y rigurosa (desde una subjetividad extraordinaria) con aquello que elige abordar. Y eso es un tipo de entrega que no parece estar mediada más que por su propio deseo de dejar un registro (con una forma y un tono personalísimos) que sea lo más atractivo posible. Sin embargo, en estos últimos meses salieron libros que nos muestran una ampliación en las capacidades de escritura de Fernanda Laguna. La aparición de ¡Muy espectacular! Deseos, cartas y textos de arte (1995-2025) (Reservoir Books), Mareadas en la marea, Diario íntimo y alocado de una revolución feminista (Siglo XXI, escrito junto a Cecilia Palmeiro) y Belleza y felicidad, Autobiografía de una amistad (Reservoir Books, escrito junto a Cecilia Pavón) dan cuenta de una amplitud intensa y que crea puentes de conexión y conversación con la muestra Mi corazón es un imán, 1992-2025. Vale la pena detenerse en este último libro.

En cierta manera hay un perfil de obrera en sus trabajos artísticos que la alejan de un sector elevado tipo torre de cristal o lo inalcanzable.

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Dos amigas se escriben para recordar juntas, para recordar por afuera de la soledad. ¿De a dos resulta más fácil poner en funcionamiento la memoria que no falsee? ¿De a dos es posible llegar a la verdad de lo vivido? ¿O será que incluso de a dos sigue siendo una parte de la real? Cecilia Pavón y Fernanda Laguna estuvieron al frente de Belleza y Felicidad, una galería que se volvió una suerte de mito porteño de un momento histórico límite para la Argentina: la previa al estallido social del 2001. Una de las primeras cosas que aparecen en estas cartas es el contexto socioeconómico del país y su vinculación con el arte. Entonces, ¿por qué abrir una galería, y encima under, cuando todo decía que era la peor idea posible? Ahí hay un gesto poético que Pavón y Laguna sostienen: llevar adelante lo inaudito, lo inconveniente, lo totalmente innecesario pero que se desea. Y acá también se perfila un momento político muy presente en toda la obra de Laguna: las alianzas y redes femeninas como una estrategia de intervención en la sociedad. Entonces, la poesía, la política, el arte y la inconsciencia formaron parte del inicio de Belleza y Felicidad. Pero el espacio crece en ambición, aunque el dinero brilla por su ausencia. Suman una editorial y una revista del mismo nombre. En esta sumatoria, Laguna y Pavón demuestran que poesía también es una gesta que implica poner el cuerpo, la voluntad y tejer más lazos de amistad que pongan en funcionamiento una maquinaria que reemplaza al dinero. Por eso, es encantador el relato que se arma entre las dos autoras porque se siente que sucedió mucho porque hubo un arrojo, una necedad y, claro que así, una compañía selecta que lo hizo posible. Belleza y felicidad fue una aventura afectiva. Es decir: darle al afecto creado en la cercanía una calidad de acción concreta que le da materialidad hasta a las abstracciones más descabelladas. Como por ejemplo, abrir y sostener una galería underground en el peor momento económico de la Argentina. En este intercambio también recuerdan los malos momentos, el distanciamiento y la reconciliación. Lo hermoso de estas cartas es que el recuerdo llega sin melancolía deprimente porque son dos autoras que hicieron más cosas, que tienen un presente y una vida con mucho futuro por delante. De ahí que las cartas y los poemas que aparecen van conformando una suerte de álbum de fotos que dos conocidas miran para seguir adelante habiendo incorporado un pasado que el tiempo volvió glorioso.

Y ese parece un cierre perfecto para un círculo artístico-existencial que se lee en la muestra Mi corazón es un imán, 1992-2025.

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