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05 de septiembre 2021

Lucia Sabini Fraga

ESPAÑA: ENTRE LA MEMORIA Y EL OLVIDO

Tiempo de lectura: 12 minutos

Este julio se cumplieron 85 años del inicio de la Guerra Civil en España, un evento que marcó a fuego a ese país y resultó antesala de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el proceso de memoria histórica para echar luz sobre los crímenes de guerra y de los casi cuarenta años del franquismo son una puerta que no termina de abrirse y que por momentos -incluso- amenaza con cerrarse.

Recién en el año 2007 durante el gobierno del PSOE de Zapatero, se aprobó la Ley de Memoria Histórica que reconoce y amplía derechos a favor de quienes padecieron persecución, distintos tipos de violencia o la muerte durante la guerra civil y la postguerra -cuando se asentó la dictadura-. Aquella ley ya planteaba serias falencias al no reconocer el carácter de interés público por tratarse de crímenes de lesa humanidad, y lo delegó al ámbito privado y familiar. Mientras tanto, año tras año, la lucha de los distintos organismos por visibilizar lo vivido -y sufrido- por cientos de miles de personas fue tomando nuevas formas. La memoria es un musculo y si no se ejerce, se oxida.

Esa misma ley, durante el posterior gobierno de Mariano Rajoy (Partido Popular) fue desfinanciada, por lo que su ejecución fue prácticamente nula. Con la vuelta del PSOE, él gobierno de Pedro Sánchez -y el empujón de PODEMOS- presentó una actualización ante el parlamento español el 20 de julio pasado. Esta legislación incluye la prohibición de los actos públicos que enaltezcan al franquismo así como la retirada de sus símbolos; la nulidad de los juicios represivos de aquel momento, el impulso a las exhumaciones de las fosas comunes y la creación de un banco de ADN a nivel nacional. Sin embargo, resta ver que sucede en el debate parlamentario con las otras fuerzas y por ende las posibles enmiendas: la pregunta es qué quedará finalmente en pie de este proyecto de ley.

"Recién en el año 2007 durante el gobierno del PSOE de Zapatero, se aprobó la Ley de Memoria Histórica que reconoce y amplía derechos a favor de quienes padecieron persecución, distintos tipos de violencia o la muerte durante la guerra civil y la postguerra"

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Homenaje a Cataluña

A esta altura todos sabemos que España no es una sola y lejos está de aquel sueño y slogan franquista. En el Museo Nacional de Arte de Cataluña, se expusieron durante cuatro meses las fotografías inéditas del reconocido Antoni Campañà que registró durante los años 36 a 39. Los bombardeos fascistas, las acciones contras las iglesias de los grupos de izquierda, los rostros de los militantes, las mujeres de fusil, niños, ancianos, hambre, guerra. Las fotos son increíbles y la historia de su salida a la luz se asemeje a la historia del país: el artista, conmovido por lo visto y lo vivido, decidió guardar los negativos en una caja roja y meterlas al fondo de su garaje. Enterró -literal y metafóricamente- una parte de la historia; porque sí cuesta mirar de frente la realidad, más cuesta mirar el pasado cuando duele. Fotos inéditas de hace más de 80 años para un territorio que todavía no desempolvó su historia, ni le dio paz a sus muertos ni justicia a su república.  

Con la intención a cuestas, me propuse recorrer distintos puntos en busca de algo de esa memoria y me trasladé a una Cataluña “más profunda”. Así llegamos a la provincia de Tarragona, escenario de la Batalla del Ebro: la contienda más importante, más larga, más sangrienta y definitiva de la guerra civil. Se calculan alrededor de 17.000 muertos (la peor parte la llevó el bando republicano), 70.000 heridos y miles de prisioneros, principalmente del bando perdedor. Hay que sumar las pérdidas humanas de los pueblos de la zona, arrasados por la aviación de la Alemania nazi y la Italia de Mussolini; y un número desconocido de migrantes forzosos. 

El único monumento dedicado a la Batalla del Ebro fue construido en 1963 en la ciudad de Tortosa, sobre los pilares del viejo puente en el medio del rio. Fue idea del gobierno local al cumplirse 25 años del final de la batalla; y su slogan era propio de vencedores: “25 Años de Paz”. A la inauguración fue el mismísimo Generalísimo.

El 18 de julio pasado, al conmemorarse 85 años del levantamiento contra la República, se reunieron cientos de personas a los márgenes del rio para exigir la remoción del espamentoso monumento erigido por la gestión franquista. “Todos haciendo fuerza para pedir retirar el monumento franquista del medio del río Ebro y la construcción de una pasarela” reclamaba un tweet. El debate sobre qué hacer con “eso” incluyó en los últimos años, consultas populares, acciones judiciales, marchas y contramarchas; pero todavía parece no haber acuerdo, muchos menos consenso.

"Con la intención a cuestas, me propuse recorrer distintos puntos en busca de algo de esa memoria y me trasladé a una Cataluña “más profunda”. Así llegamos a la provincia de Tarragona, escenario de la Batalla del Ebro."

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La Batalla del Ebro

En junio del 2020 y pleno brote pandémico, Teresa Ferré asumió la dirección del Consorcio Memorial de los Espacios de la Batalla del Ebro (COMEBE). Ella es periodista, docente en la Universidad Autónoma de Barcelona y especializada en historia de la comunicación; en particular, la fotografía del período entre guerras, guerra civil y exilio español.

Luego de 26 años viviendo en la cosmopolita Barcelona, Teresa volvió a su tierra natal en la pequeña ciudad de Amposta para asumir el desafío de revitalizar la tarea histórica en esta zona catalana. El Consorcio articula varios espacios de memoria que surgieron de distinta manera y en distintos tiempos. A partir del 2001, varios pueblos de la llamada “Tierra Alta” aunaron esfuerzos para recuperar la memoria local, conservar los espacios aún vigentes y también por una razón menos altruista: atraer turismo a localidades que no son particularmente centros de atracción. Con el tiempo, el gobierno de Cataluña comenzó a interesarse por el proyecto y se involucró de manera directa. Como corolario de este proceso, en el 2015 el Consorcio pasó de ser administración local a ser parte del gobierno autónomo central. El Consorcio forma parte actualmente de la agenda de políticas públicas de memoria de Cataluña junto a otras dos instituciones: el Espacio Memorial Democrático y el Museo Memorial del Exilio.

En ese sentido Cataluña va un paso adelante: “Hay que distinguir entre cuales son las políticas de estado que ha hecho España respecto a memoria, que son nulas; y qué se ha hecho aparte. En Cataluña, sí que se han articulado una serie de políticas de memoria” explica Ferré y pone ejemplos más que concretos. “La Ley de Memoria dice que hará un banco de ADN: esto aquí ya está hecho. Aquí tenemos un plan de fosas desde hace años. Y las fosas comunes aquí no las abren las asociaciones, como en España, aquí las abre el gobierno de la Generalitat, porque forma parte del plan de fosas.” Como resumen, Teresa lo grafica así: “Cataluña en este sentido sí que ha creado unas políticas de memoria propias de país, sin ser Estado.”  

El Consorcio trabaja con 16 pueblos de la Tierra Alta: es decir; 16 realidades, alcaldes, posicionamientos políticos y sensibilidades diferentes. Bajo su gestión se encuentran 25 espacios históricos como búnkeres o trincheras y también los denominados Centros de Interpretación, que tienen un carácter más bien “de museo” y abordan aspectos específicos como la sanidad o la comunicación en la guerra. Luego hay dos espacios memoriales: uno de ellos ligado a la “Quinta del Biberón” (llamado así porque fue una columna exclusivamente de jóvenes menores de 18 años) de la cual todavía hay sobrevivientes; y la otra llamada Memorial de les Camposines, que es un enorme osario al cual no se puede acceder públicamente, pero que por fuera -cubriendo las paredes- figuran los nombres de 1388 desaparecidos.

Monumento franquista sobre la Batalla del Ebro en Tortosa (Tarragona, Cataluña)

Los restos óseos están todos juntos y no distinguen entre los dos bandos. Esos nombres fueron dados a la Administración por las familias de la zona que saben de algún familiar que participó en la batalla y entonces la entidad se encarga de colocar la placa y los datos. Pero no es una tarea sistematizada ni institucionalizada por el Estado; de hecho, la lista siempre estará incompleta mientras dependa únicamente de las voluntades individuales de las familias. Entre quienes no les interesa remover el pasado, quienes participaron sin ser de Cataluña (y en el resto del país nadie conoce necesariamente el Memorial de les Camposines) y quienes vinieron a palear desde el extranjero, el número de desaparecidos es tan incierto como irreal.

En las montañas y valles de la zona todavía pueden encontrarse casquillos, balas, o huesos. Mucha gente se topa con restos humanos e ingenuamente los acerca al Memorial, dejándolo en la puerta, en el suelo o en algún rincón. La última donación voluntaria fue un cráneo, un gesto amoroso pero que no aprueba los conocimientos básicos de arqueología. De saberse el lugar, los especialistas podrían hacer un estudio específico y remover quizás más cuerpos que se encuentran en ese punto.

Algo similar sucede con el Museo de la Guerra del Ebro ubicado en Fayón, en la Comunidad de Aragón, en el límite con Cataluña. Allí se alberga el museo de guerra quizás más grande de todo el país vinculado a la Guerra Civil, que cuenta con miles de piezas de coleccionistas privados y donaciones de la gente del pueblo, quienes luego de la batalla (y por décadas) se topaba tantos con armas, como con elementos personales o restos de cuerpos humanos. Hace pocos años, un visitante encontró un casco de uno de los 400 portugueses que viajaron al Rio Ebro para pelear junto a las tropas franquistas y como estaba claramente deteriorado no tuvo mejor idea que limpiarlo y volver a pintarlo. Ahora reposa, impoluto, en una de las estanterías del museo. Tanto brilla que parece que no estuvo en una guerra.

"En las montañas y valles de la zona todavía pueden encontrarse casquillos, balas, o huesos. Mucha gente se topa con restos humanos e ingenuamente los acerca al Memorial, dejándolo en la puerta, en el suelo o en algún rincón."

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Las formas de la memoria

La memoria carga con un proceso subjetivo; quienes vivieron desde tal o cual lugar recuerdan los acontecimientos desde donde les tocó. La historia, como materia de estudio -aunque viva y en permanente disputa- intenta reconstruir procesos más allá de las vivencias personales.

En un territorio que carga con el triste récord de ser el segundo país luego de Camboya en cantidad de fosas comunes sin identificar (es decir muertos que nadie sabe que están allí) la memoria ha sido por mucho tiempo una mala palabra. La recuperación de ese pasado y su puesta en valor ha sido mayormente tarea de las entidades de memoria -como lo fueron nuestras Madres o Abuelas-, no de la administración pública ni de los gobiernos. A veces, los familiares (nietos, bisnietos, incluso hijos ya muy mayores) no saben a quién acudir para buscar los restos de su ser querido y llaman, por ejemplo, a Terra Enllà, probablemente la primera empresa de servicios turísticos dedicada a la Guerra Civil en toda España.

Terra Enllà se parece bastante poco al prototipo de visita guiada con jóvenes simpáticos, un guion prestablecido, micrófonos altos y chistes fáciles. Fundada en 2014 por una pareja de un periodista y una antropóloga, el emprendimiento funciona a veces como institución, a veces como organismo, a veces como fuente de consulta. Sus excursiones abarcan los escenarios de la batalla del Ebro y la Guerra Civil en las Terres de l’Ebre, el Frente del Segre, rutas en Barcelona, El viaje de la Retirada del Ejército Republicano e incluso viajes a escenario de la Segunda Guerra Mundial fuera del país. No se sienten cómodos con la terminología de turismo bélico, ni turismo de trincheras, mucho menos con las tendencias de dark turism.

“Nosotros hacemos un tipo de visita muy rigurosa a nivel histórico, pero también hacemos el trabajo de poner en valor cierta memoria. Porque hay que diferenciar, una cosa es la historia y otra cosa es la memoria histórica, son cosas distintas” explica una de sus fundadoras, Maite Hernández. “Por ejemplo, cuando hago la visita de la Batalla del Ebro pongo en valor el papel de la mujer. Porque a mí siempre me ha molestado que se venda la mujer solo desde un punto de vista de víctima, y no de sujeto activo de la guerra. Claro, eso es una reivindicación de la memoria.”

Pueblos bombardeados de la Tierra Alta.

Ella reconoce que hoy día el trabajo de memoria histórica está ligado al bando republicano y sus muertos; un contexto que tiene un por qué y una razón de ser. “Lógicamente viniendo de un marco de dictadura y de un proceso inicial de democratización, que la memoria del bando republicano siempre ha sido de alguna manera aplastada, se entiende perfectamente que el discurso que hay ahora sea una reivindicación de esa memoria”, explica Maite. Eso no quita que el trabajo histórico riguroso permita ahondar en todos los aspectos de la guerra, del antes y del después, y que no están exentos de contradicciones y complejidades.

Sin embargo, lo curioso es como los sectores de derecha o ultraderecha españoles se aferran al olvido más que a la historia: por algo será, dice un cuestionado refrán. Para Hernández, “tenemos un problema grave de cómo se interpreta la memoria y yo creo que el historiador Paul Preston lo dice muy bien: hay una parte de España de tinte conservador que ve la memoria como un tema de revancha, cosa que no tiene que ser así; la memoria es simplemente dar a conocer lo que sucedió. Y después hay otra forma que corresponde a la derecha que considera que es mejor el olvido, porque eso nos llevará a la reconciliación. Cosa que tampoco es así.”  Si hay algo que la historia demostró, es que el olvido y la reconciliación van por caminos paralelos.

Las comparaciones son odiosas, pero para cierta prensa argentina fanática de hacer valer los logros europeos en contraposición de los fracasos latinoamericanos, este ejemplo va a contrapelo. “Argentina nos ha dado una lección de democracia. Toda la cuestión de los niños robados acá en España-dice Teresa Ferré mientras hace un gesto desalentador con la cabeza– Esto ha durado del 39 al setenta y pico; son muchos años, son muchas familias. Y aquí, nada” asegura la periodista algo preocupada por el ascenso de los grupos neofascistas como VOX -bastante nostálgicos del franquismo- que surgen con fuerza de las entrañas españolas y crecen a buen ritmo. Pero sí hubo algo: silencio, mucho silencio.

"A veces, los familiares (nietos, bisnietos, incluso hijos ya muy mayores) no saben a quién acudir para buscar los restos de su ser querido y llaman, por ejemplo, a Terra Enllà, probablemente la primera empresa de servicios turísticos dedicada a la Guerra Civil en toda España."

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Cómo disputar el presente

¿Cuál es el discurso que se expresa desde los Centro de Memoria? ¿Qué lenguaje se utiliza, cómo se narra el pasado? ¿Es justo o es democrático hablar de víctimas de la guerra para ambos bandos de la misma manera? El mensaje del Consorcio es claro y se percibe en cada texto, en cada testimonio o visita: la guerra fue nefasta para todo el mundo. Se plantea rendir homenaje a las víctimas que pelaron tanto para un bando como para otro, así como a los pueblos arrasados y la gente desplazada por la destrucción o el hambre.

Estás poniendo en el mismo lugar un bando que el otro, dicen voces críticas al discurso del COMEBE o de las políticas públicas orientadas en ese sentido. No hay discursos neutros y antes de leer la historia mejor saber quién la escribió. “Siempre les hago una pregunta a mis alumnos cuando llegamos al tema de la Guerra Civil. La primera es ¿cuándo termina la república? y mayoritariamente dicen en 1936. ¿Ah sí? ¿No hay un gobierno de la Republica durante la Guerra?”, cuenta Teresa, y confronta con el discurso de que antes del levantamiento fascista todo era un caos. “El concepto de Bando Nacional, es un concepto franquista, que se auto-atribuyeron. También el de golpe de estado. Y siempre lo digo, más siendo periodistas: uno de los triunfos del franquismo es el secuestro del lenguaje hasta nuestros días.”

Pero además del lenguaje, también se erosionó la propia historia republicana del país. “Tantos años de dictadura han provocado una desinformación absoluta sobre la República, qué significa y una demonización de esos años. Lo han relacionado muy directamente con el comunismo, cuando hay personas de derechas y conservadoras que son republicanas.” Así, los avances, las discusiones y el mundo político republicano en general, quedaron relegadas al fondo del mar.

El surgimiento de cierto “revisionismo histórico” que prefiere no condenar al franquismo y sus crímenes, no preocuparía tanto si no fuese porque imprime el ritmo de las discusiones políticas y le marca la cancha a los demás. No es casualidad que el propio Partido Popular haya comenzado a elaborar discursos menos democráticos y más a la derecha que lo que siempre sostuvo -que ya es bastante-. “En cuanto lleguemos al Gobierno sustituiremos la ley de memoria histórica por una ley de concordia, que tenemos ya hecha”, aseguró hace pocas semanas su joven presidente Pablo Casado, como respuesta al presidente Sánchez. “Hay una degradación de la misma memoria democrática” considera Ferré, justamente porque los posicionamientos de derechas actuales tiran por tierra los mínimos acuerdos que parecían saldados una vez llegada la democracia.

"¿Cuál es el discurso que se expresa desde los Centro de Memoria? ¿Qué lenguaje se utiliza, cómo se narra el pasado? ¿Es justo o es democrático hablar de víctimas de la guerra para ambos bandos de la misma manera?"

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Para Maite Hernández lo que se viene exponiendo desde estos sectores es directamente una “criminalización de la memoria”. “Cada vez más hay una politización de la memoria que hace que sea muy difícil hablar de la rigurosidad de los hechos” expresa.”La memoria franquista ya se recuperó durante la época de la dictadura. Por lo tanto ahora toca recuperar la memoria republicana. Y llegará el momento en que tocará hacer las confrontaciones de las memorias; que es lo que hacen los historiadores. Pero lo que no puede ser al día de hoy es que a la primera que salen entidades de memoria que intentar recuperar la memoria republicana salgan los otros diciendo que esto es una cuestión de revancha.”

Esa derecha envalentonada española quiere disputar incluso lo que tanto costó reconstruir y tan despacio avanza. Muchos creen que sentenciando “que todos hicieron cosas malas” se resuelve salomónicamente el asunto. “Siempre lo digo: no es lo mismo la represión revolucionaria que la represión franquista. ¿Hay víctimas igual? sí. Pero no es lo mismo. Una es una represión desde abajo, la otra es orquestada desde arriba y al día de hoy no la hemos resuelto. Una duró unos meses y otra duró 40 años. Y encima la que duró unos meses, si bien victimas lo son todos, el gobierno republicano intentó palear esa situación. La represión franquista no la ha asumido ni tan siquiera al día de hoy” resume Maite.

Así las cosas -a los tumbos y a destiempo- muchas y muchos intentan poner en valor la historia reciente de España y aprender de ello. Porque hablar del pasado, al final, siempre es pensar en el futuro.

Museo de la Batalla del Ebro en Fayon (Aragón)

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