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05 de julio de 2026

05 de julio de 2026

4 de julio de 2026

ENTREVISTA A SERGIO BIZZIO: “LA POESÍA ES LO QUE SE ENCUENTRA EN LO QUE SE ESCRIBE”

Walter Lezcano

@lezcanowalter
Entrevistas
Tiempo de lectura: 6 minutos

“¿Te animás a cagarte de frío?”, me pregunta el escritor Sergio Bizzio. Tiene ganas de fumar, así que nos sentamos en una mesa afuera de un bar de Colegiales. Estamos en un punto estratégico: cerca de casa y cerca del colegio adonde tiene que pasar a buscar a su hija en un rato. Después de pedir café se pone a armar un cigarrillo y a contar los problemas que tuvo para dormir la noche anterior y por qué rechazó una invitación a China. En la boca de Bizzio todo se vuelve una anécdota hermosa de escuchar. Es uno de los tipos más graciosos de la literatura argentina. Y algo de eso se traslada a sus textos. Sin embargo, lo que Bizzio hace adentro de sus libros no es tan sencillo de catalogar ni ponerle una etiqueta porque puede moverse y deslizarse sin solución de continuidad en un realismo extrañado, llano, exacerbado, delirante o sin sentido con una naturalidad descomunal. Es un escritor extraordinario porque es único en el panorama actual de la cultura argentina. Quizás el secreto sea su prosa única y que avanza y destraba imposibilidades. Uno abre un libro de Bizzio y llega a un descubrimiento feliz: todo, absolutamente todo, es posible. Al leerlo uno ingresa en fase de encantamiento, admiración y agradecimiento.

Para demostrarlo hay dos libros nuevos que acaban de aparecer en la mesa de novedades. Uno es Cuentos reunidos (Interzona) en el que repasa toda su narrativa corta, pero ordenada de nuevo y sumando algunos relatos inéditos como “Perdición”. Y el otro es La primera vez que escuché reggae (Random House), que son sus cuentos nuevos escritos durante el 2025 y que tienen un sustrato de oscuridad que luego explicará de dónde viene. Y si bien su relación con la música viene desde antes de la literatura, este año expuso en la galería ArtHaus parte del trabajo que viene haciendo con el grupo artístico Mondongo en una muestra llamada Pintura Cortada. Y así es como Bizzio sigue expandiendo su universo, su campo de acción. Desde ese lugar, su relación con el arte, empezamos la charla.  

Lo que Bizzio hace adentro de sus libros no es tan sencillo de catalogar ni ponerle una etiqueta porque puede moverse y deslizarse sin solución de continuidad en un realismo extrañado

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¿Cómo llegás a la exposición que muestra tu trabajo con Mondongo?

Hace diez años que trabajamos juntos en tres series de dibujos. Una con lápiz, otra con lavandina, y esta que mostramos en ArtHaus, con recortes de papeles de colores. En estos diez años hicimos un total de casi 500 dibujos. Y pensamos seguir adelante. Sentimos que más que una colaboración lo que sucede entre nosotros es una suerte de fusión, la creación de un cuarto artista, por decirlo así, que es quien hace el trabajo mientras nosotros escuchamos música y descansamos de nuestros queridos “yo”. La libertad es total. No necesitamos nada, aparte de confiar en el poco o mucho talento que tengamos. Todo lo demás aparece solo. Cada vez es más difícil encontrar un artista que confíe plenamente en su talento. Muchos necesitan además una idea, un tema, una estrategia, un andamio. Por suerte estamos libres de todo eso.

¿Qué relación ves entre el arte plástico y la escritura?

Siempre me dicen que mi literatura es muy visual. Debe ser así. Esa no es una relación directa con las artes plásticas, obviamente, podría acercarse si escribiera a mano, esa caligrafía a lo Apollinaire o a lo Michaux ¿no? Pero yo mismo veo las imágenes de lo que escribo. Y creo que es por eso que disfruto mucho de volver sobre alguna descripción o alguna frase y hacer correcciones, agregados, retoques, como haría un pintor sobre una tela. Me gusta que las cosas se vean.

Cuando te leo siento dos cosas: todo es posible/esta prosa es maravillosa. ¿Cómo es tu procedimiento de trabajo?

Muy simple. Necesito una frase. Si esa frase me gusta, trabajo en la siguiente, y así hasta que algo “cuaja”. Entonces empieza lo mejor, porque a partir de ese momento me dejo llevar. Aparece una escena, un personaje, una historia. Mi estilo, es decir mi ángulo de visión, ya es claro, y el modo de decir las cosas y el modo de pensarlas ya son lo mismo. Lo tremendo, que a la vez también es un estímulo, es que entre una novela y otra o entre un cuento y otro, aunque el procedimiento sea el mismo, yo estoy siempre empezando de nuevo. Soy siempre un aficionado. Todo aparece. Todo es aparición. Y eso es muy lindo para mí porque se convierte en una experiencia. No es solamente la narración de una historia o juegos, malabarismo, lo que sea con la palabra o ver qué hay entre las frases. El texto está llevándome a descubrir algo. Y ese descubrimiento es una experiencia.

Por un lado, salen tus Cuentos reunidos en Interzona y, por otra parte, por Penguin, aparece un libro nuevo de cuentos: La primera vez que escuché reggae. ¿Cómo leer este diálogo?

Como un diálogo de sordos. Los dos libros no debían salir al mismo tiempo, yo tenía entendido que iba a haber una pausa de algunos meses entre uno y otro. Todavía no me queda claro qué fue lo que pasó. Pero igual está bien, no me molesta. Estoy muy contento con los cuentos de La primera vez que escuché reggae, me parecen tan irreverentes. Y lo mismo con los Cuentos reunidos. Me gustó darles otro orden. Me sentí como un adolescente que graba una playlist para la novia. Y la edición de Interzona es preciosa. Además, creen en lo que hago, me consultan para todo, piensan cosas para apoyar el libro, están permanentemente atentos a lo que pueda necesitar. Eso es muy satisfactorio. Una gotita de satisfacción en mitad de la tormenta.

Los cuentos de La primera vez que escuché reggae además de irreverentes parecen tener algo oscuro que no había aparecido antes en tus cuentos.

Sí, tienen algo muy oscuro en el fondo, y recién me di cuenta cuando lo estaba corrigiendo.

¿Y a qué lo atribuís?

Supongo que al miedo a la muerte. Puede ser. No lo sé. El año pasado, en algún momento, cuando empezaba a escribir estos cuentos, caí de golpe en la cuenta. Por supuesto, ya lo sabía, pero nunca lo había visto tan claro. Casi todos los amigos de mi generación, los amigos con los que me formé, con los que teníamos afinidades, ya se murieron. Charlie Feiling, Luis Chitarroni, Sergio Chejfec, Fogwill, Dipi Di Paola, Miguel Briante, Alfredo Prior. Se murieron todos. Tal vez venga de ahí. Sí, probablemente venga de ahí.

Necesito una frase. Si esa frase me gusta, trabajo en la siguiente, y así hasta que algo cuaja. Entonces empieza lo mejor, porque a partir de ese momento me dejo llevar.

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Escribís guiones, pero hace un tiempo que no dirigís películas. ¿Cómo definís tu relación con el cine?

Soy un espectador, nada más. Creo que como guionista tengo cierta facilidad para los diálogos, pero no soporto la escritura de didascalias. Solo con pensar en escribir ESCENA 1/ALBERGUE TRANSITORIO/NOCHE, abandono.

¿Cómo estás con la poesía en estos momentos?

Decir que hay poesía en todas partes es confundir la poesía con lo poético. Puede ser que uno vea o encuentre algo poético en cualquier parte, o que algo escuchado al pasar le inspire unos versos. Pero la poesía únicamente aparece cuando se la escribe, y a veces lleva mucho tiempo y mucho trabajo escribir un puñado de líneas que podamos llamar así. En otras palabras: no alcanza con que a uno le resulte poético un chico que se ata los cordones mientras sostiene un globo de gas con el hilo entre los dientes. Esa clase de cosas pueden inspirar poesía, pero no son la poesía. Es como si uno dijera: “La novela está en todas partes”. Eso, lo poético, a lo sumo es la confirmación de una cierta sensibilidad, pero no alcanza con ser bueno, además hay que escribir, como decía Borges. La poesía no es lo que puede encontrarse en cualquier parte, la poesía es lo que se encuentra en lo que se escribe.

Sos un escritor presente más que nada por tus libros. Como si te corrieras de todo lo que no sea escribir.

Siempre traté de vivir por afuera de la institución literaria y de sus pedidos y obligaciones. Festivales, mesas redondas, giras, todas esas cosas… No voy. ¿Por qué? Porque estoy bien así. No tengo nada en contra de los que aceptan, que cada cual haga lo que quiera o lo que pueda, pero yo no siento ninguna ansiedad por estar en el menú del día.

¿Y cómo te llevás con las entrevistas? Es sabido que en general decís que no.

Depende. A mí me gusta escuchar a los artistas cuando hablan de su oficio, los que dicen cómo lo hacen, o mejor todavía: cómo creen que lo hacen, cuáles son sus dudas, cómo las enfrentan, no cuáles son sus posiciones. “Todo el mundo tiene posiciones, pero nadie parece tener un oficio”, decía Barthes. Es cierto eso. Se ve en todas partes.

Decir que hay poesía en todas partes es confundir la poesía con lo poético. Puede ser que uno vea o encuentre algo poético en cualquier parte, o que algo escuchado al pasar le inspire unos versos. Pero la poesía únicamente aparece cuando se la escribe

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Tenés una relación muy intensa con la música. ¿Te gustaría tener otra banda de rock experimental como Súper Siempre?

Sí. Una banda de rock, o del género que sea, puede ser mucho más que un lugar donde hacer música. En una banda se puede escribir, actuar, filmar, pensar, dibujar. Los que tienen una banda deberían ser plenamente conscientes de eso y no distraerse, protegerla y alimentarla. Una banda puede ser un lugar sagrado.

Hacés muchas cosas, literatura, pintura, música. Cómo escritor, ¿dónde ves tus limitaciones?

No sé, no las conozco. Por supuesto que las tengo, pero no se dejan ver, están siempre escondidas trabajando para mí. O sea, mis limitaciones no permiten que se me ocurra nada que no pueda escribir. Solamente se me ocurre lo que está a mi alcance.

La política aparece poco en tu literatura.

Bueno, mi novela Rabia también es una novela política, no es solo una historia de amor. Igual, yo ahora tengo en algún centímetro cúbico de mi mente el deseo o el interés de escribir una novela puramente política protagonizada por políticos. Una especie de fanfarria enloquecida de los políticos y la política. Tengo esa fantasía. Pero todavía no encontré de qué agarrarme. Por ahora es una figura que da vueltas y vueltas buscando su forma.

Foto de partada: Ph Daniel Jayo

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