Un momento...

10 de julio de 2026

10 de julio de 2026

3 de septiembre de 2024

ENTREVISTA A REINA ROFFÉ: ESA NECESIDAD DE ESCRIBIR

Silvana Aiudi

@SilvanaAiudi
Cultura
Tiempo de lectura: 8 minutos

No se puede negar la importancia de Reina Roffé dentro de la literatura y cultura argentina. Su escritura es desafiante y tanto sus novelas como cuentos ocupan un lugar central en el campo de las letras. Además de su escritura literaria, Roffé publicó artículos y entrevistas en Clarín, Crisis, La Opinión, Tiempo Argentino, El Mundo (España), etc. En 1981, obtuvo la beca Fullbright para escritores y formó parte del International Writing Program de la Universidad de Iowa. Realizó entrevistas a varios escritores, entre ellos, a Jorge Luis Borges, Manuel Puig, Elena Poniatowska, Reinaldo Arenas, etc. Además, su pasión por Juan Rulfo la llevó a publicar libros como Juan Rulfo. Autobiografía armada (Corregidor, 1973; y Motesinos, 1992) y Juan Rulfo. Las mañas del zorro (Espasa Calpe, 2003; reeditado por Mil Botellas, 2023). Recibió varios premios. Entre sus obras se encuentran: Monte de Venus (1976), La Rompiente (reeditada por Editorial Equidistancias, 2024), El otro amor de Federico. Lorca en Buenos Aires (Plaza&Janés, 2009), Aves exóticas. Cinco cuentos de mujeres raras (Leviatán, 2004), Vivir entre extraños. Relatos de soledad y desarraigo (Hugo Benjamín, 2024).

La reciente edición de varios de sus libros en nuestro país permite acercarnos a la obra de Reina, escritora argentina radicada en España, rescatarla y leerla desde la actualidad. A propósito de la publicación de La Rompiente (2024), conversamos sobre la novela, las reediciones de algunos de sus libros, y sobre el deseo de escribir.

Su novela “La rompiente” se publica por primera vez en 1987. Previamente, usted había publicado “Llamado al puff” en 1972 y, luego, “Monte de Venus” en 1976. Esta última novela, ambientada en la primavera camporista, fue censurada y retirada de circulación. “La rompiente” es su tercera novela. ¿Influyó en usted aquella censura a la hora de escribir o pensar la historia? ¿Cómo nace “La rompiente”?

Surge por la necesidad de contar lo que sobrevino a esa primavera camporista: la triple A (Alianza Anticomunista Argentina, capitaneada por José López Rega desde su cargo de ministro de Bienestar Social) y, poco después, en 1976, el Golpe Militar, cuando se recrudecieron las persecuciones y censuras, la violencia y el terror, las desapariciones y muertes. Cuando el exilio fue una forma de salvaguardar la vida. Me pregunté, como en el cuento “Luvina” de Juan Rulfo, pero refiriéndome a la Argentina, “¿qué país es este?”. Y, de ahí en más, comencé a escribir un texto dislocado, partido, buscando una voz y una forma que me permitieran romper con la novela tradicional y contar, entre otras cosas, un viaje y una historia de amor: el juego de azar y el mar como figuras metafóricas para hablar sobre la intensidad de la relación amorosa entre un hombre y una mujer en un contexto de autoritarismo y caza de brujas, donde los personajes se desdoblan y reaparecen para encontrar un sentido o un respiradero dentro de ese ambiente asfixiante, de derrumbe y resquebrajamiento de la identidad y las libertades individuales. Busqué una voz amparada en lo no dicho (lo que no se podía decir ni nombrar) para dramatizar aquellos años de silencio y oscuridad. Ahí aparece representada la censura o los efectos de la censura en el cuerpo social de aquellos años, una censura que abarcaba muchos ámbitos, no sólo el cultural. Por un lado, estaba el discurso de los generales, pero también otro igualmente opresivo que emanaba de la propia sociedad y reprimía o condenaba, en especial, a las mujeres. De manera que introduje esa cuestión, que no era coyuntural, sino algo que venía de lejos, dentro de la trama.

Puedo notar que, en la novela, aparece “el cuerpo enfermo” de la protagonista. ¿Por qué le interesó abordar esta temática? ¿Y cómo se relaciona con la representación de la Historia/historia ya que su contexto es el de la dictadura militar argentina?

Hacia el final, en una especie de diario denominado “líneas de fuerza”, es donde se expresa, ya sin tapujos, el impacto de la violencia, los estragos de la dictadura en el personaje femenino. El quiebre de su identidad se manifiesta en depresión, encierro, anhedonia, es decir, enfermedad. La cama, de la que no quiere salir, se erige en refugio, en una fortaleza que propicia registrar los desajustes, el horror de la historia y, a la vez, recomponer sus pedazos dispersos: el desmembramiento del sujeto mujer. Esas “líneas de fuerza” constituyen para la protagonista una manera de resistencia interior frente a la incertidumbre y el caos exterior.

Me pregunté, como en el cuento “Luvina” de Juan Rulfo, pero refiriéndome a la Argentina, “¿qué país es este?”. Y, de ahí en más, comencé a escribir un texto dislocado, partido, buscando una voz y una forma que me permitieran romper con la novela tradicional y contar, entre otras cosas, un viaje y una historia de amor

Compartir:

En relación con el contexto histórico en el que transcurre la novela, aparece un personaje que persigue a la protagonista. Se lo nombra como “el estudiante”. ¿Qué le interesó mostrar?

La perversidad del sistema represivo con la figura de un elemento parapolicial que irrumpe cada tanto en la vida de la protagonista innominada y se presenta ante ella con profesiones distintas, que no son más que disfraces, tapaderas para ocultar su verdadera ocupación: perseguir, vigilar, denunciar, secuestrar, crear un estado de terror. El período estuvo lleno de individuos de este tenor. Mientras la gente estaba en espera, guardada y sacudida por lo que acontecía y sin respuestas válidas que permitieran explicar lo inexplicable (el genocidio, el crimen, la tortura, el odio), deambulaban personajes así, que se metían en todas partes, en las aulas de la Facultad, en el vecindario, en los cafés de la Avenida Corrientes, donde nos reuníamos periodistas y escritores. Además, recorrían las calles y las librerías ligas de moralidad encargadas de retirar de circulación y prohibir muchos de los libros que se publicaron en esa época, incluido uno mío, como usted bien señaló.

“La rompiente” se reeditó este año (2024) por la editorial Equidistancias. ¿Cómo surgió la propuesta? ¿De qué manera se ve usted como escritora ahora luego de su trayectoria en relación con la primera publicación de la novela?

Como dice Mirtha Legrand, el público se renueva. También los lectores. Desde ese punto de vista, tanto los editores como yo pensamos que ya había llegado el momento de que esta novela volviera a estar disponible, sobre todo cuando muchos jóvenes se ven obligados a partir de la Argentina, un país que lleva años de malos gobiernos que han hundido su economía. Mientras unos ya se han marchado, otros piensan en hacerlo. Lamentablemente, se trata de un país que, por una razón o por otra, nos expulsa o, como se afirma en la película Martín (Hache), de Aristarain, “no es un país, es una trampa”, cito de memoria. Por otra parte, me resulta difícil hablar de cómo me veo yo en tanto escritora. Pero sí puedo comentar, hasta cierto punto, qué percepción tengo de esta novela. Con La rompiente inicié una temática que tiene que ver con los viajes, con el traslado al país extranjero, con el exilio y las dificultades que esto acarrea: soledad y desarraigo. Una temática que retomo con mayor ímpetu, desde otra perspectiva, en mi nuevo libro Vivir entre extraños, que lleva de subtítulo precisamente el de Relatos de soledad y desarraigo. Pocos se van por gusto de su país; se viaja impulsado por motivos políticos o económicos casi siempre, y los que se quedan piensan que el exilio trae una vida mejor que la que se deja atrás, pero el exilio implica pérdida de identidad, de afectos, de ubicación laboral, de relaciones con el otro. El ámbito conocido se va desvaneciendo y eso genera un sentimiento de no pertenencia, de haberse convertido en un ser flotante, sin arraigo, que no puede integrarse del todo en el nuevo país, simplemente porque no es de ahí, y cada gesto se lo señala, en tanto que, en su lugar de origen, la distancia hace que se diluya en el tiempo y se le olvide, no está en el día a día, va desapareciendo. Desde La rompiente yo indago este asunto y las nostalgias del ausente. En Martín (Hache), el joven que representa el actor Juan Diego Botto, después de pasar unos días en Madrid, donde podría quedarse a vivir perfectamente, decide volver porque extraña los tejados de Buenos Aires. Dicho sea de paso, los tejados de Madrid son mucho más lindos. Pero eso no importa, los tejados son la quimera que necesita para regresar a su casa, aunque ya no tenga casa.

Con una diferencia de pocos meses, aparecieron en Argentina varios libros suyos. En diciembre de 2023 se editó su libro Juan Rulfo. Las mañas del zorro (Mil Botellas), que fue publicado en España veinte años antes, en 2003. Luego, coincidiendo con la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en abril de 2024, dio a conocer Vivir entre extraños. Relatos de soledad y desarraigo (Hugo Benjamín) y ahora la reedición de La rompiente (Equidistancias). ¿Qué destacaría de cada uno de ellos?

En relación con el primero, que se trata de una biografía propiamente dicha del autor mexicano, es decir, de una historia de vida. Recorro cada etapa de Rulfo, desde la niñez hasta su muerte, y me detengo especialmente en su época más creativa, cuando publica sus dos obras maestras: El llano en llamas y Pedro Páramo. Hablo de sus filias y de sus fobias, de sus miedos, de sus promesas y mentiras, de su agrafía o de las razones por las cuales decidió no publicar más. Es un libro que tiene una gran cantidad de testimonios de figuras muy importantes del ámbito literario internacional. Vivir entre extraños es mi segundo libro de cuentos, pero varios críticos y lectores lo han considerado casi una novela. Encuentran que hay una unidad de atmósfera, fuertes hilos comunicantes -aunque algunos están escritos en primera persona y otros en tercera- y por eso los relatos, que son independiente, dan la impresión de ser capítulos que recogen los avatares de una misma protagonista en distintos momentos de su vida. A mí me gusta que los libros de cuentos tengan unidad temática o conformen una alianza a través de la voz narrativa. De lo contrario, son relatos que se han sacado de aquí y de allá y, simplemente, se han reunido en un volumen. Sobre La rompiente, y ahora a nivel personal, es una novela breve que me dio, en su momento, muchas satisfacciones y me permitió afianzarme como escritora.

Como dice Mirtha Legrand, el público se renueva. También los lectores. Desde ese punto de vista, tanto los editores como yo pensamos que ya había llegado el momento de que esta novela volviera a estar disponible

Compartir:

Usted escribió en diferentes ámbitos. Tiene entrevistas, crónicas, cuentos, novelas. Teniendo en cuenta esta trayectoria, ¿qué poder tuvo y tiene la escritura?

Las palabras poder y escritura suenan antagónicas, opuestas. Pero haciendo el esfuerzo de aunarlas, diría que la escritura tiene para mí el poder de la seducción. Siempre estoy por dejar de escribir, por cancelar todo proyecto, pero no lo hago. Vuelvo siempre a mi mesa de trabajo. Me atrae -ejerce una imantación muy intensa-, me llama con el canto de las sirenas en la Odisea, ese tan dulce que quiebra toda resistencia y caigo rendida, necesitada, con ganas, con deseo. Es curioso que esto suceda cuando ya todos mis otros deseos han palidecido. Imposible suspender algo que forma parte de mí, que es mi techo, mi columna vertebral, mi guarida de solitaria.

Cultura