18 de julio de 2026
Un suplente de portería, un vendedor de autos, un experto en podcast, un manager de una startup, una psicóloga que trabaja en Recursos Humanos, un bibliotecario, una empleada estatal, un poeta urbano tienen algo en común además de haber nacido en un mismo territorio. Todos tienen nociones avanzadas de economía, de finanzas, de oferta y de demanda. En su cabeza funciona un músculo bimonetario que no descansa.
Haber nacido en Argentina te da un sentido común, es decir, un saber intuitivo que está en el aire, construido con los años, de economía y finanzas. Lo viste, lo escuchaste, lo viviste, te lo dijeron. Saber de guita es saber cubrirte. Siempre tenemos la sensación de que no estamos a salvo de la próxima caída, del crack que se avecina. “En cualquier momento esto se va a mierda”, no importa cuando escuches esto. Mantras argentinos.
Que las crisis son oportunidades no es solo un lugar común, es tiempo de ofertas. Como se dice en algunas frases salvajes de mercado: “Comprar con la sangre en las calles y vender cuando el lustrabotas te pregunta qué hacer con la guita”. Se vio esto muy claro el “día de la liberación” de Trump cuando impuso aranceles a todo el mundo. En el plano local, cuando se percibe un dólar barato se aprovecha, no sabés cuánto va a durar. Luego, viene la devaluación inevitable y caemos otro escalón en la escala de riquezas. Pero esa es sólo una parte de la ecuación. Otros rebuscan el mango, agarran los fideos de sémola, el arroz 0000, el aceite más barato. Los que se la rebuscan están sabiendo otras cosas de economía. Saben que el tema no es solo comer ni trabajar si quiera. Estar en el mundo es tener un teléfono que se conecte a internet. Esto te permite tener Mercado Pago, la democratización por otros medios que abre las puertas a poder transaccionar vendiendo paltas, medias, pedir en el tren o en el subterráneo. Los tiempos cambian con las necesidades.
Mientras todos los países se cierran por una guerra comercial, Argentina se abre en forma incomprensible y los tours a las ferias de China por parte de importadores son un boom secreto
Siempre se dijo que en Argentina se puede hacer mucha guita. A pesar de que hacemos todo para que no los haya, los negocios nos encuentran, están acá. Pero claro, el trabajo y la innovación, el pasado esforzado de inmigrantes y criollos, el legado sarmientino de la educación pública de calidad, nos hacen creer que la Argentina es una suerte de cornucopia que rebalsa de riquezas. Este destino escrito en nuestro nombre (argentum) se manca con la falta de un proyecto común.
En 1987, un año antes del fatídico 88, se estrenaba El hombre de la deuda externa. Entre lisérgico y onírico, el film contaba la historia de un hombre (Héctor Alterio) que recibía una inmensa fortuna y decidía pagar la deuda externa del país. ¿Qué hay en el imaginario de un país que produce este tipo de narraciones? Imposibilidades. Probablemente sea el film más alfonsinista en el sentido interpretativo posterior: los personajes dicen y repiten “Democracia”, “ahora que estamos en democracia”.
Pero el fantasma (de esa película y de la película actual) está en lo que no se puede realizar: la crisis económica de un país sin brújula. La puja salarial era muy tensionante en aquellos años. Faltaba para la híper pero todo se iba armando muy de a poco. La economía comienza a indexar en todos sus rubros. La realidad leída desde los diarios es bastante caótica, lo será mucho más luego en el 89, pero la clase media era todavía un mar inmenso. Faltaba para la debacle.
Saber de guita es saber cubrirte. Siempre tenemos la sensación de que no estamos a salvo de la próxima caída, del crack que se avecina
En el presente, que como todo presente es huidizo, también están los signos de lo que sucederá. Pero llegaremos tarde, inexorablemente. El modelo de Milei hasta estos momentos funciona como una maquinaria que favorece a los que más tienen. El tema es lo que está en el horizonte: el esquema del tipo de cambio nos hará entrar en un escenario desconocido. Que no se hable en absoluto de eso por parte del gobierno y se focalice en el famoso desembolso, que si 20, que son 8, pero podés usar 6… no hace otra cosa que sospechar una devaluación.
La pregunta por el futuro es, ¿de ahora en adelante cómo gano guita en este país? ¿Van a sobrar dólares como siempre? Ya hay importaciones de carne de Brasil, leche de Uruguay y fideos de Albania. Todo lo que producimos, pero importado y vendido a un precio igual o menor en nuestro país. Mientras todos los países se cierran por una guerra comercial, Argentina se abre en forma incomprensible y los tours a las ferias de China por parte de importadores son un boom secreto. En el mundo todos sufren pérdidas millonarias por las políticas de Trump que es el primero en lanzarse contra el libre mercado. La vida en lo inmediato se va a volver cara y los norteamericanos ya corren desesperados a stockearse en esta pandemia de proteccionismo.

En Argentina, en tanto, el contexto es de una economía estancada desde 2012 y con alzas y bajas en años electorales, como bien dice Marina dal Poggetto en esta entrevista con Juan Manuel Telechea. Pero con un punto muy importante: desde 2017 se dejó de crecer en años electorales. En la mitad del mandato de Mauricio Macri algo se quebró en la economía. La cosa se empezó a desordenar fuerte. Luego lo conocido: pandemia, internas que se llevaron puesto a Guzmán, la gestión Massa. El panorama se volvió endiablado.
Como se dice en algunas frases salvajes de mercado: “Comprar con la sangre en las calles y vender cuando el lustrabotas te pregunta qué hacer con la guita”
Economía y política es un tándem que siempre juegan juntos, como es obvio. Acá se te escapa la economía y la gobernabilidad se pone complicada. Lo que más debe preocupar, tal vez, es el seguidismo a las políticas de Trump. O las sugerencias como la que envió Claver Carone, que acá detalla bien Luciana Glezer, de sacarnos de encima el Swap de China. El panorama, como se ve, es bien complejo en un gobierno sin mucho norte (bueno, o con un exceso de norte). Quedar a merced de un solo tipo de financiamiento es como cuando invertís en un solo lugar. Mejor poner muchos huevos en muchas canastas. O como dice en Arthur Bloch en Las leyes de Murphy: “Para obtener un préstamo primero debe probar que no lo necesita”. No es el caso: estamos con el agua al cuello.
Aún con todo esto se puede decir que en Argentina todos saben de economía. El problema es que te cambian la cancha mientras jugás el partido. Si vos sabes que ganás metiendo goles pateando para allá, a mitad del encuentro te corren el arco, te lo achican o se lo afanan directamente. Porque sabemos que canallas sobran, lo que faltan son financistas.



