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26 de julio de 2026

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9 de noviembre de 2024

EL SONIDO DE LO QUE NADIE QUIERE VER: ENTREVISTA A LUCAS MARTÍ

Pedro Yagüe

@peyague
Cultura
Tiempo de lectura: 8 minutos

Hace unas semanas salió el cuarto volumen de “El sonido de lo que nadie quiere ver”. Quería preguntarte cómo había surgido el proyecto.

El proyecto viene de diferentes situaciones, diferentes experiencias, diferentes ganas que confluyen. Siempre escuché mucho, consumí mucha información. Cuando era chico hacía con la televisión una especie de programa mío: miraba, grababa, seleccionaba y editaba todo en un VHS. Siempre me gustó lo que era espectacular, lo que ahora podríamos llamar bizarro. Cosas que me parecían graciosas, que compartíamos con mis amigos y nos cagábamos de risa. Pero lo que terminó activando el proyecto es que yo quería hacer algo con el tema de La Tablada. Ese fue el motor. Fue como un romance que siempre tuve con esa historia, desde chico. Yo miraba la tele, como todo niño, y un día apareció. No entendía nada. Sabía, por ejemplo, que estaban los carapintadas pero no entendía quiénes eran. En esa época, además, jugaba con unos muñecos que eran bastante parecidos. Y hacía mucho calor… todo esto tiene que ver con el verano. La mayoría de mis veranos la pasé en Buenos Aires, en la plaza. Comprábamos petardos, nos moríamos de calor, no había nadie en la ciudad. Y mientras tanto en la televisión pasaba eso: La Tablada. Era un combo navideño. Además había una cosa muy militarizada en la gente, en cómo se hablaba. A mí lo que más me gusta de esto es rescatar esas historias perdidas que tienen que ver con nosotros.

¿Y por qué ahora? ¿Por qué vuelve ese pasado ahora?

Bien no lo sé. ¿Lo conocés a Nahuel Vecino? Bueno, es mi mejor amigo. Con él compartimos gustos en la estética, en las cosas que nos interesan en general. Con Nahuel siempre nos ponemos a hablar de lo que nos pasa, de lo que nos gustaría hacer. Un día le comenté que me gustaría hacer música que tenga que ver con películas, que alguien haga algo, por ejemplo, un documental sobre La Tablada y musicalizarlo. Y él me dijo: “vos hacelo igual”. Eso me quedó resonando. ¿Cómo hago la música si no tengo el documental? Y ahí se unió todo. Ese primer disco creo que es el mejor. Siento que realmente pude viajar con mi cuerpo a ese lugar y hacer la música que tenía que hacer. A veces veo imágenes de La Tablada y la gente le pone Heavy Metal. Y para mí no es Heavy Metal. Es otra cosa.

Hay algo de memoria emotiva ahí dando vueltas, una intención de recuperar eso.

Palabras como recuperar, nostalgia… son palabras que para mí no existen. La Tablada está. De hecho, hace poco fui. Un día dejé a las nenas en el colegio y encaré para ahí. Estaba igual. Sí, nostalgia. Pero estás ahí y el lugar está igual.

Es “lo que nadie quiere ver”.

Cuando llegué a La Tablada, lo que más me impresionó es que donde había uno de los lugares en donde más combate hubo, ahora hay un Easy. ¿Ubicás el Albergue Warnes? Es acá cerca. Eran unos edificios gigantes, muy grosos, unos que hizo Perón. Toda esa zona de ahí iba a ser el hospital para niños más grande de Buenos Aires. Empezaron a hacer unos edificios gigantes pero nunca los terminaron. Y ahora hay un Easy. Hay otro en el regimiento de Patricios, donde también estuvieron con los tanques y hubo un quilombo terrible.

No me quiero subir a un escenario a… ya me veo con una guitarra y me deprimo. Me deprime el cantautor, me deprimo yo mismo. Entonces hasta que no se me ocurra algo que no esté bueno, no lo voy a hacer.

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No será nostálgico ni melancólico, pero hay todo el tiempo un juego entre pasado y presente. En tus canciones anteriores también.

Sí, pero porque yo siento que sigue estando ahí.

Me interesa que pienses el presente sustraído de esa especie de compulsión de época que obliga a los artistas a estar posicionándose públicamente sobre todo. Le escapás a esa manera obvia de hablar, que a la vez es la más monetizable.

Mi manera de hablar del presente es la que estoy ejecutando ahora. Es lo que tengo para decir. Me gustaría que lo que yo hago, aunque parezca que no, interpele a los jóvenes. Eso me gustaría. Es muy loco, a veces les muestro las cosas que hago y me miran. No sé, ¿vos te reís con las cosas que hago?

Sí.

Ah. Pero tenés treinta y cuatro. Por eso. Tiene que ver con las proximidades. Yo en Twitter o Instagram nunca puse una opinión política. Ni universidad pública, ni cosas así. A mí me hacés una nota y me dan ganas de hablar de eso, pero a la vez no me sale esa manera de aparecer. Creo mucho en lo que hago y me parece que esa es la mejor manera de plantear mis posiciones. Ya sea emocionar, enamorar o tener un punto de vista. No es que no tenga ideas formadas, pero mi manera de decirte algo es esa. También puedo aburrir, obvio. Esto que te voy a decir debe ser muy perjudicial en términos comerciales. Pero yo hago muchas cosas pensando en cómo se van a reír tres amigos. Yo me río mucho de mis chistes, eso es medio patético. Pero digo: si se van a reír esos tres ya está. Después la gente mira, como diciendo… El disco que saqué de los nazis está para atrás mal, te quema la cabeza. Lo que me dio mucha risa de esos discos es que la gente, ya con el tercero, me decía “che, está buenísimo, estuvo buenísimo”. Y yo entre líneas leía: “ya está, estuvo buenísimo el chiste, pero ya está”. Encima este de los nazis era el más quemante. La verdad es que el proyecto este lo quiero reventar, llevarlo hasta el límite.

De nuevo, “lo que nadie quiere ver”: Tablada, Malvinas, narcos, nazis.

Creo que con el primer volumen encontré algo que quise seguir. Los otros temas no me interesan tanto como Tablada. Pero tenía ganas de seguir con el disco, de ver qué más podía aparecer. Yo quería que la gente se ría con eso. Que se ría y reflexione. Que aparezca lo desopilante, y no una cosa solemne, una investigación profunda. Los otros discos son prolongaciones del de La Tablada. Es que si te ponés a pensar en Tablada… fue algo que descolocó a todos. El nivel de improvisación, de romanticismo, de delirio.

Hablás de romper con la solemnidad. ¿Hay en tus discos una intención de escaparle a esa cultura que arma alianza con lo solemne?

Yo siento que lo que estoy buscando es no estar en ningún lado y tratar de estar en un lugar que sea mío. En definitiva, intento armar algo que sea diferente y nuevo. Contar algo. Poner mi mirada. Te voy a dar un ejemplo: a veces me pasa que me cuesta mucho monetizar lo que hago. No es consumido a gran escala. No es que me la doy de inventor de cosas, pero soy consciente de que lo que hago es un poco diferente. Cuando hice un disco que se llama “Varias artistas”… no fue algo que vi afuera y lo traje. Acá las cosas lamentablemente funcionan así. Para que un tipo te sepa vender y promocionar, necesita ver cómo está hecho afuera y cómo eso se vendió para poder venderlo acá. Agarran algo, lo exprimen y solo usan el juguito. Así funciona mejor. Pero a mí siempre me movió hacer cosas complicadas.

Hay una visión del arte ligada al riesgo.

A una cosa muy simple que es: intentar ser creativo. Después no sé, la parte técnica… no estoy en los cánones, mis discos suenan raro. No sé nada de técnica, no es mi prioridad. La prioridad para mí es lo creativo. Se me ocurren cosas y las quiero hacer. Ese es el motor: estar todo el tiempo haciendo. Como te decía antes, yo no leo, nunca leí…

Comprábamos petardos, nos moríamos de calor, no había nadie en la ciudad. Y mientras tanto en la televisión pasaba eso: La Tablada. Era un combo navideño. Además había una cosa muy militarizada en la gente, en cómo se hablaba

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Es raro eso. Porque en tus canciones se nota un trabajo muy fino en las letras. Si no leés, tenés la escucha atenta.

Eso. La forma en que escribo una canción la aprendí de las canciones. La aprendí de los rockeros de acá.

¿Y cómo es esa forma?

No sé, lo sé hacer. Hace años que no escribo una letra. Me pongo el micrófono y la hago ahí. A lo sumo escribo en el celular. Hace mucho que no escribo en papel, que no escribo nada. Son frases. Y cuanto mejor esté yo, cuando más enérgico esté, mejor van a estar las frases. Lo que entra en el tiempo que dura el entusiasmo por lo general termina siendo lo mejor. Es como un vómito.

Hay que animarse a vomitar.

Creo que me empecé a animar a decir cosas cuando me di cuenta de que nadie me daba bola. No es que tiraba algo y comentaban “mirá lo que está diciendo este”. Yo tiro, si total acá nadie dice mucho. Ayer hice una canción, ahora la grabé y mañana la mando. Para mí eso tiene mucha energía. Cuando hice “Basta de Berlín”… el tema habla de la creatividad, de salir a mostrarlo, de tener una idea. Soy yo hablando. El otro día escuchaba al piloto este… no me sale el nombre.

¿Piñeyro?

Ese. Que decía “el miedo te baja las defensas”. Y dije “ya está”, es eso. E hice un tema.

Hablás de una frescura que necesitás para componer. Y hace unos años que no tocás en vivo. Quería preguntarte si eso cambió un poco el proceso de composición. No estar pensando en un posible vivo, por ejemplo.

Es que yo nunca pensé en el vivo. De hecho, tenía problemas porque, como no pensaba en el vivo, después no podía tocar los temas. La mayoría de los discos no los debo haber tocado. Tengo un problema con eso. Hago una música que es difícil de tocar, incómoda de cantar. Yo me quiero divertir, ¿viste? No me quiero subir a un escenario a… ya me veo con una guitarra y me deprimo. Me deprime el cantautor, me deprimo yo mismo. Entonces hasta que no se me ocurra algo que no esté bueno, no lo voy a hacer.

¿Cómo cambió en vos romper con esa inercia de tener que ir a tocar?

A mí nunca me funcionó. Lo hice mucho, lo hice desde los quince años hasta los cuarenta y dos. El show me requería mucho esfuerzo. No es que no lo hice. Lo hice, la gente vio hasta donde pudo y bueno… no puedo más. Estoy podrido. Me quiero cuidar. Mirá, justo: hoy a la noche… no sabés el sueño que tuve. Soñé que tenía que ir a tocar y no sabía los temas. No tenía asistentes, empezaba a llamar a mis amigos. Entonces tenía que agarrar el teléfono y llamar al lugar para cancelar la fecha. Encima el lugar era horrible, todo muy básico. Ayer a la noche, justo. Me hiciste acordar. Era muy deprimente tener que suspender porque no sabía ni los temas. Yo no digo que no lo vaya a volver a hacer. Pero por ahora no.

La mayoría de los discos no los debo haber tocado. Tengo un problema con eso. Hago una música que es difícil de tocar, incómoda de cantar

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Estás en otra.

Sí, y también pasa que cuando algo lo dejás de hacer, como cuando no estás más en pareja, cada vez cuesta más. Mi cuota de no tocar en vivo es una cuota de silencio. A veces me sale pensar “no quiero molestar a nadie, me bajé de la competencia”. No es solamente dejar de tocar en vivo. Es un montón de cosas que dejé de hacer. Dejé de estar en la puja por tratar de tener una carrera. La sigo teniendo, obvio, pero no corro.

Hay también un cambio estético en tus temas que acompañó ese dejar de tocar en vivo.

Estos últimos años fueron de mucha libertad. Cualquier estilo, cualquier decir, cualquier cosa. Cuando me separé quedé viviendo acá en el estudio durante la pandemia. Y eso coincidió con que había decidido dejar de tocar en vivo. Pude unir más los mundos, las influencias que me gustan. Por eso siento que ese tema, que esa etapa de Basta de Berlín fue una etapa poderosa. Pude comenzar un montón de cosas que me gustaban en lo estético, en lo desopilante. Y cuando encontrás algo, cuando sentís que lo hacés, te montás sobre eso.

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