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01 de mayo 2024

Tomás Delgado

EL RUGIDO FEDERAL Y EDUCATIVO

Tiempo de lectura: 4 minutos

El 23 de abril: ¿punto de inflexión o un día más de la argentina libertaria?

Pasados algunos días, hay una pregunta que resuena en la cabeza de quien escribe estas líneas. La misma es si, después del martes 23 de abril, quienes le dimos forma a la histórica marcha por la educación pública estábamos decretando el fin de la luna de miel entre Javier Milei y la sociedad. La respuesta la tendrá el tiempo y los efectos que generen sus medidas de aquí en adelante, pero una serie de características que tuvo la movilización acontecida pueden ser útiles para que pensemos en conjunto la magnitud del suceso. No solamente la masividad, que fue tan indiscutible que se volvió el comentario más escuchado tanto en mesas familiares como de cafés y restaurantes.

El primero de los componentes, que fue particularmente ignorado por varios análisis, fue el nivel de federalismo que alcanzó lo que algunos porteños entendieron como “la marcha de la UBA”. Lejos de ser una concentración entre estudiantes de sus 13 facultades, la jornada fue protagonizada por alumnos y docentes de diversas procedencias, tanto en la capital federal como en diferentes provincias. Así, vimos convivir en distintas columnas a un variopinto abanico de comunidades educativas, desde centros de estudiantes de colegios secundarios hasta la UADE. La misma amplitud podía observarse en imágenes que retrataban la tarde cordobesa o rosarina. Es decir, que no solo se sintieron interpelados sectores de la población de un AMBA que no fue el principal sostén electoral del candidato libertario el pasado año, sino también aquellos ciudadanos y ciudadanas oriundos de los distritos que lo llevaron al Sillón de Rivadavia.

El último caso de un gobierno que intentó ir de frente contra las universidades fue la Alianza, lo cual desembocó en la salida de Ricardo López Murphy del gabinete de Fernando de la Rúa

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Ahora bien, la segunda dimensión a tener en cuenta para analizar es la heterogeneidad de las procedencias. No tanto para simplificar la diversidad, sino para facilitar su descripción, enumeremos algunos de los dirigentes que se decidieron por mostrarse e ignorar el posterior etiquetamiento que con certeza iban a recibir en redes sociales. Estuvieron presentes desde Axel Kicillof hasta Horacio Rodríguez Larreta, pasando por Sergio Massa y Martin Lousteau. Se hicieron eco de la protesta los gobernadores Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro, que dejaron de lado el hecho de compartir electorado con el gobierno nacional. Sin ir más lejos ni cambiar de geografía, la diputada nacional Natalia de la Sota, portadora como nadie del ADN cordobesista, se mostró con legisladoras del radicalismo y la izquierda. Y, como si fuera poco todo lo anterior, decidieron acompañar el reclamo las distintas centrales obreras junto con los movimientos sociales.

De esta manera, vimos por primera vez a una cantidad masiva de jóvenes (principal grupo etario de electores de LLA) y adultos de todo el país, con diferentes pertenencias institucionales y miradas ideológicas, salir a trazarle una línea roja al gobierno nacional. La administración libertaria, que dejó crecer el conflicto confiada por el apoyo social que viene recibiendo para aplicar su programa económico, se vio obligada a cambiar de libreto. El discurso oficial pasó de atacar a la cúpula de la UBA para explicar que en ningún momento se propusieron atacar a la educación pública. El impacto fue tan grande que el Presidente mismo debió realizar una cadena nacional para anunciar los resultados fiscales del primer trimestre del año, en un último intento por cambiar el eje de la agenda y el debate público.

¿Y ahora qué?

Es interesante usar el espejo retrovisor para rastrear antecedentes comparables con lo ocurrido. Lejos de arriesgar que se trató de un hecho político sin retorno, si es posible volver a la pregunta inicial sobre el fin de la luna de miel.

Vimos convivir en distintas columnas a un variopinto abanico de comunidades educativas, desde centros de estudiantes de colegios secundarios hasta la UADE

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El último caso de un gobierno que intentó ir de frente contra las universidades fue la Alianza, lo cual desembocó en la salida de Ricardo López Murphy del gabinete de Fernando de la Rúa. Si bien la situación es diferente, el antecedente es útil para hacer una comparación. En ese entonces, la coalición de gobierno encontró un límite puesto por un sector de su propia base social, que eran la población universitaria de clase media dirigida por la militancia radical. Poniendo la lupa en el presente, se hace visible que Javier Milei es un presidente con una legitimidad de origen altamente federal y con preponderancia en el voto juvenil, como ya fue estudiado hasta el hartazgo. Es por eso que el del martes pasado no debe ser entendido por el presidente como un conflicto más, sino como un posible punto de inflexión que el tiempo pondrá en su magnitud. El hecho de que los jóvenes no solo del AMBA, sino de todo el país, hayan decidido articular sus posiciones con representantes del mundo del trabajo y de la política, puede leerse como un llamado de atención para repensar la estrategia política libertaria. Si existiese forma de traducirlo a un lenguaje de ecuaciones, existe la chance de graficarlo así:

[Reclamo de escala federal a un gobierno federal]+[Conducción del componente universitario en un contexto donde el mayor apoyo al oficialismo es juvenil]=Incógnita

Dicho todo lo anterior, cabe aclarar que no se trata más que de un inicio que el paso de los días y semanas dirán si fue algo efímero, o si por el contrario es consistente. No existen secuencias lineales para ver en qué pasó se está para interpretar en qué punto de conformación se encuentra la construcción de una alternativa política opositora. Sin embargo, son distinguibles las potencias diferentes entre los hechos aparentemente aislados (como el paro general de enero pasado) y los de mayor alcance, tanto en materia de volumen como de diversidad sectorial (como la marcha que diseccionar en este breve texto). El primer efecto que se vio fue el fallido intento de una fracción del peronismo para tratar el presupuesto universitario en una sesión especial de la cámara de Diputados. A ese traspié le siguen un pedido (vigente) por el mismo asunto, de la corriente radical encabezada por Lousteau en el Senado, y un llamado al debate para tratar la constitucionalidad del DNU 70/23 en el recinto de la Cámara Baja. Ambos resultados legislativos son una X sin despejar por ahora, pero tal vez sean la primera secuencia concatenada de intervenciones político-institucionales que sustentan el fortalecimiento de un polo opositor nuevo para un gobierno nuevo. Como ya fue expresado más arriba, el tiempo y los hechos dirán.

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