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20 de julio de 2026

20 de julio de 2026

6 de octubre de 2025

EL OTRO SILENCIO

Federico Zapata

@zapatafederico
Dossier Chacho
Tiempo de lectura: 12 minutos

Chacho, más acá de la renuncia

En la historia digital (una parte importante de la historia en la que crecen las nuevas generaciones), Chacho ha quedado cristalizado el 6 de Octubre del 2000. Como si el resto de las fotos y relatos que componen su larga marcha a lo largo de la década de los noventa hubiesen sido borrados. Anulados en la nube de la memoria digital y de nuestra problematización sobre aquellos tiempos. Está el silencio de Chacho luego de la renuncia y está el silencio sobre Chacho antes de la renuncia. Casi no hay registros. Ni visuales, ni audiovisuales, ni textuales. ¿Por qué esta omisión? Este ensayo busca poner el foco en ese otro silencio. Reponer esa parte de la historia y el itinerario del líder que marcó el despertar civil y opositor de la década de los noventa. El Chacho antes de la Alianza y más acá de la renuncia.   

¿Quién es ese joven político que no parece un político? ¿Es hijo del peronismo o de la renovación? ¿Es el producto de una Ciudad o de una generación? ¿Qué alimenta su carisma y cómo despierta ese magnetismo que hace encender los televisores a lo largo y ancho del país? ¿De qué está hecho su mandato social? ¿Cómo construirá el contrapoder que desarmará el bipartidismo argentino? ¿Cómo se transformará, desde el llano, en la piedra en el zapato de la larga y poderosa hegemonía menemista? ¿Qué dice de nosotros (todavía)? ¿Cuáles son los hitos temporales que marcan la productividad de su praxis política? ¿Nos dicen algo del presente? ¿Qué dice Chacho de su tiempo y qué dice Chacho del nuestro?

1989: la ruptura

El 8 de octubre de 1989, Menem indulta a todos los jefes militares que no habían sido beneficiados por las Leyes de Punto Final (1986) y Obediencia Debida (1987), a los líderes y miembros de las organizaciones armadas acusadas de subversión, a los protagonistas de los alzamientos carapintadas y a los responsables de la Junta condenados por delitos cometidos en la conducción de la guerra de Malvinas. Cuatro días después dirá: “Vengo a cerrar el capítulo absurdo de la división cruel entre los argentinos”. El 9 de noviembre, una revuelta popular en Alemania Oriental derriba el “Telón de Acero” que dividía a las dos Alemanias. La caída del Muro de Berlín puso fin a la Guerra Fría y en crisis a la totalidad del sistema conceptual y práctico que organizó las diferentes variantes de las izquierdas (nacionalistas o internacionalistas). Había caído el siglo de las ideologías ¿Y también las ideas?

A contramarcha de la Historia, en diciembre de 1989, un grupo variopinto de 8 diputados nacionales, en protesta por los indultos presidenciales y el rumbo de la política económica que Menem adopta al llegar al poder, rompen el bloque del Partido Justicialista en el Congreso Nacional y conforman el denominado “Grupo de los 8”. Carlos “Chacho” Álvarez (que dirigía la revista de ideas Unidos desde 1983) y Germán Abdala (proveniente del movimiento sindical) habían trabado una profunda relación política en la década de los 80, en el marco de la renovación peronista. Ahora, en soledad, lideraban la primera ruptura del peronismo en la era menemista. Los acompañaron Darío Alessandro (proveniente de FORJA), Luis Brunati (el histórico dirigente de Encuentro Popular), Juan Pablo Cafiero (hijo del histórico dirigente justicialista), Franco Caviglia, Moisés Fontela y José “Conde” Ramos. “Van a comer anchoas en el desierto” fue la respuesta del bloque oficial del PJ.

La revista Unidos (que se publicará bajo la dirección de Álvarez hasta 1991), y que incluía la colaboración regular de Mario Wainfeld, Horacio González, José Pablo Feinmann, Alcira Argumedo y Oscar Landi, da un marco de ideas a la ruptura. En palabras de Martina Garategaray: “reivindicar una idea del peronismo como actor del cambio progresista, en oposición tanto a la vieja guardia sindical y política como a las persistencias del montonerismo”. Es decir, la ruptura del bloque no expresaba solamente un movimiento palaciego, como suele ocurrir con las rupturas parlamentarias. Era más bien, un dispositivo para abrir un nuevo espacio de productividad política y social.

Por supuesto, el viento soplaba en otra dirección: en un recordado programa de Susana Giménez (“la diva de la televisión”) a raíz de la caída del Muro de Berlín, la dirigente trotskista Silvia Díaz (MAS) se cruza con la que probablemente haya sido la dirigente liberal más popular de esa era: Adelina Dalesio de Viola (UCeDé). La combativa Silvia Díaz argumenta que “la caída del muro se da porque la sociedad pide más socialismo”. Adelina la interrumpe con su porteñísimo barrial anclado en el lunfardo del sur de la Ciudad: “¡Socialismo las pelotas!”. Acto seguido, explica que “los trabajadores quieren dejar de ser proletarios para convertirse en propietarios”. Susana asiente en silencio.

En ese clima adverso, y con la ruptura solitaria del G8 como antecedente, tendrá lugar en 1991 “el Grito de Burzaco”, que sentará las bases de la fundación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). El proceso liderado por Víctor De Gennaro, Mary Sánchez y Germán Abdala, implicaba el desafío de reconstruir una identidad opositora en el marco del mundo del trabajo donde la hegemonía política de la CGT acompañaba el proceso de gobierno. La nueva central disidente (cuyo antecedente había que buscarlo entre 1968 y 1973 en la CGT de los argentinos) incluiría el protagonismo de los universos laborales golpeados por la reforma del Estado y las privatizaciones: ATE CTERA, Judiciales, Periodistas, Neumático, Metalúrgicos de Villa Constitución, Seccionales de la Fraternidad y de la Unión Ferroviaria. La Central se transformaría en el espejo gremial de la acción política del grupo de peronistas rebeldes que lideraban Chacho y Germán. ¿Podrá este incipiente movimiento parlamentario y sindical evolucionar a una alternativa de poder?

Está el silencio de Chacho luego de la renuncia y está el silencio sobre Chacho antes de la renuncia. Casi no hay registros. Ni visuales, ni audiovisuales, ni textuales. ¿Por qué esta omisión?

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1993: la innovación

El año 1993 es posiblemente uno de los momentos culturales más hegemónicos y expansivos del menemismo. En una Argentina ya globalizada, ese año tocarán en nuestro país las grandes bandas internacionales del momento: Madonna, Michael Jackson, Metálica, Guns N’ Roses, Paul McCartney, Bon Jovi y Luis Miguel. El amor después del amor de Fito Páez se transforma en el disco más vendido de la historia. Pululan las tarjetas de crédito, las cuotas y las agencias de viajes al exterior. Se estrenará la película más icónica de la nueva juventud: Tango Feroz. Diego Maradona vuelve al futbol argentino con la camiseta de Newell’s Old Boys y clasifica a la Argentina en el repechaje contra Australia. Comenzará a emitirse “Cha Cha Cha” (abriendo la televisión al humor under) y MTV, una revolución de sonidos. Suena en todas las radios la canción interpretada por el dúo de música electrónica británico Pet Shop Boys, que funciona como el preámbulo simbólico de ese mundo ahora liderado por Bill Clinton: Go West.

El trasfondo económico de esta consolidación hegemónica era la convertibilidad. Entre 1989 y 1990, Menem había intentado en vano dos planes fallidos de estabilización con dos episodios de hiperinflación: diciembre de 1989 y marzo de 1990. En un contexto de licuación de su capital político, el 1 de abril de 1991, se promulgaría la Ley de Convertibilidad, a la que el G8 se opondría. El plan, tendría un inusual éxito en su objetivo principal de acabar con la inflación en Argentina (la tasa mensual de inflación a finales de 1991 fue menor al 1%), pero además, motorizaría una serie de dinámicas que le aportarían sustentabilidad política, social y económica al esquema: después de tres años de caída ininterrumpida de actividad económica, entre 1990 y 1994, la actividad creció 8,8% anual, el consumo y la inversión aumentaron en un 50% (a una tasa anual del 10,7%). Los hogares bajo la pobreza en el área metropolitana de Buenos Aires, que habían alcanzado un pico de 38% a finales de 1989, cayeron al 14% en 1993.

En esos años de euforia y optimismo (nacional e internacional), sin embargo, la convertibilidad comenzará a producir algunas señales de alerta: uno de los principales fue el déficit de la balanza comercial, que sumado a los intereses de la deuda externa, creaba una fuerte demanda de divisas para pagos al exterior. Asimismo, como bien puntualizan Gerchunoff y Llach, entre 1990 y 1994, se había generado una mejora sustancial en la productividad de la economía argentina (el producto medio del trabajo urbano creció 7,3% anual), pero como contracara de esa mejora había emergido un nuevo fenómeno que con el correr de los años se transformaría el uno de los problemas más graves de la economía nacional: el desempleo. La tasa de desocupación urbana saltó del 7% en 1992 al 12,2% en 1994. 

Esas contradicciones estructurales, comienzan a corresponderse con movimiento superestructurales: se produce la primera desaparición en democracia en una comisaría de la Provincia de Buenos Aires (Miguel Bru); estallan varios casos de corrupción que terminan en absoluciones exprés y que se transforman el combustible de los monólogos de Tato Bores y los programas de Antonio Gasalla; varios periodistas son agredidos, entre ellos, Hernán López Echague y un joven Marcelo Bonelli; aparece asesinado en el riachuelo el periodista Mario Bonino; estalla el santiagueñazo, con un saldo de 4 muertes y la emergencia de una forma autogestionada de conflicto social que a lo largo de la década se reproduciría en otras geografías del país como reacción a la crisis de empleo.

En ese territorio difícil, Chacho acumulará políticamente entre 1989 y 1993 a partir de la invención de una práctica anclada en la ciudadanía: los colectivos de línea y Varela Varelita se transformarán en sus unidades básicas. Recorrerá la ciudad de punta a punta y con sistematicidad. De esa forma de intervención, surgirá la recordada publicidad donde se ve a Chacho saludar a una señora mientras un niño le saca una foto con una leyenda que dice “uno de nosotros”. El político Guía T. Chacho es una topadora y un contenedor. Trabaja políticamente de sol a sol. Allí donde los sectarismos de las tradiciones de izquierda se erotizan con una diferencia capaz de fundar una interna, Chacho dará un abrazo, contendrá, incluirá. Sin esas dos características personales (más su carisma), es imposible explicar cómo desde el llano y sin un Estado se lleva adelante la construcción de la corriente frentista.

En esa misma línea, comenzará una obsesiva labor para incorporar figuras independientes al proceso político. En esos años, sumará a Graciela Fernández Meijide (una madre que había protagonizado la CONADEP), Carlos Auyero (el histórico líder de la democracia cristiana que había acompañado la renovación peronista de Cafiero), el cineasta Pino Solanas, Alberto Piccinini (el histórico dirigente gremial santafecino de ACINDAR y la CGT de los argentinos), Aníbal Ibarra (el fiscal que había cuestionado los indultos del menemismo), el penalista de origen desarrollista Eugenio Zaffaroni, el periodista Eduardo Jozami (uno de los emblemas del Diario de la CGT de los argentinos y director de varias revistas de ideas) y la escritora Beatriz Sarlo, entre otros. 

Como corolario, el 27 de abril de 1993 en el famoso café Tortoni, Carlos “Chacho” Álvarez hace la presentación formal del Frente Grande, que conduciría a partir de su línea interna llamada el Movimiento por la Democracia y la Justicia Social (MODEJUSO), de ahora en más, la corriente frentista. Chacho buscará romper la inercia política de la tradición. En primer lugar, desarticulando el bipartidismo, que para Álvarez se había convertido en un contubernio de facto que no ofrecía un programa alternativo para la joven democracia argentina. En segundo lugar, el Frente, inspirado en los modelos de Uruguay (el Frente Amplio) y México (el PDR), intentaría generar una indagación práctica en torno a las preguntas fundamentales de las entonces terceras vías: ¿Es posible conciliar la democracia con el socialismo y el capitalismo con el socialismo? Finalmente, el Frente se proponía fundar un reservorio político-moral post Pacto de Olivos. La corrupción había comenzado a emerger como una demanda social estructural que carecía de representación política y se transformó en uno de los principales vectores de aquella nueva izquierda democrática que sería honesta o no sería nada: había que construir un nuevo programa, una nueva fuerza y también una nueva manera de hacer política. Diría Chacho en relación a las fronteras del nuevo espacio: “entran todos los que quieran menos corruptos y procesistas”.

A los pocos meses, el 3 de octubre de 1993, el Frente se transformará en la gran noticia de la elección legislativa nacional. En la Ciudad de Buenos Aires, el PJ se impondrá con la boleta liderada por Erman González, escoltado por la UCR (que llevó a la escritora Martha Mercader como candidata), pero todas las miradas se posarán sobre la emergencia sorpresiva del Frente, que obtuvo en esa elección, el 13,65% de los votos en una lista que lideraba Carlos Álvarez y secundaba Graciela Fernández Meijide (ambos ingresaron a la Cámara de Diputados). En la Provincia de Buenos Aires, sucede algo similar: el Frente Justicialista Federal (así se llamaba el PJ allí) gana la elección (con una lista encabezada por Alberto Pierri) y la UCR sale segunda (con una lista encabezada por Federico Storani), pero la revelación sería la elección del Frente que con 11% de los votos ingresaría a Pino Solanas a la Cámara de Diputados de la Nación. Menem conseguiría en esa elección, allanar el camino para la reforma de la constitución (y la reelección), pero algo había ocurrido que cambiará para siempre la dinámica política de esa década: había nacido el Frente Grande. En un encuentro nacional organizado por el Frente en el microestadio de Ferro se suceden los oradores frente al micrófono. La cancha de básquet está colmada. Llega el turno de Chacho, que tira el micrófono al suelo y habla a capela. Su voz, que sin amplificación suena con la misma potencia en cada rincón del microestadio, retumba ante la mirada atónita de militantes que habían llegado de todo el país. ¿Quién podrá detener ese viento de la Historia?

El político Guía T. Chacho es una topadora y un contenedor. Trabaja políticamente de sol a sol. Allí donde los sectarismos de las tradiciones de izquierda se erotizan con una diferencia capaz de fundar una interna, Chacho dará un abrazo, contendrá, incluirá.

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1994: el ascenso

La elección de 1993 le permitirá a Chacho dejar de ser un político porteño y transformarse en un líder nacional. En ese tránsito, el vehículo de su acumulación política mutará de sus recorridas cotidianas en colectivo por la Ciudad de Buenos Aires a líder político mediático. La némesis de Carlos Menem. Por la televisión argentina, Chacho llegará al hogar de todas las familias. Con su sonrisa telenovelesca, será el galán político de las amas de casa. Con sus ideas modernas y progresistas, será el estímulo para los jóvenes de la generación X ingresen a la vida política argentina. ¿Cómo descubrimos a Chacho en todo el país? Por la televisión. Sartori designará esta nueva forma de organización de la representación como videopolítica: la visibilidad, el estilo comunicativo y el impacto emocional pesarían más que los programas, las ideologías o las estructuras partidarias tradicionales. Y Chacho será sin dudas el soporte que le permitirá al Frente dar el salto cualitativo que Menem ya le había permitido dar al justicialismo.

En los corrimientos ideológicos de los medios de comunicación argentina en esos años, y a riesgo de simplificar, Telefé será el canal que acompañará el proceso de apertura y reforma mientras que Clarín y el Canal 9 se posicionarán en un perfil progresista-opositor. En Telefé se trasmitirá Tiempo Nuevo, el programa de política conducido por Bernardo Neustadt, que será el soporte mediático de la transformación menemista. En Canal 9 se trasmitirá Hora Clave, el programa de política conducido por Mariano Grondona, que con su posición liberal-republicana, le dará voz e imagen a la nueva oposición frentista

En ese contexto, el 10 de abril de 1994 se elegirán a los convencionales constituyentes que tratarán la reforma constitucional. El Frente Grande dará un batacazo en la Capital Federal y la Provincia de Neuquén. En la capital, Chacho se impone por el 37,41% de los votos sobre el justicialismo que lleva como cabeza de lista a Carlos Corach (24,56%) y el radicalismo que lleva como cabeza de lista a Jesús Rodríguez (15,22%). El Frente queda segundo en la PBA y gana la Provincia de Neuquén con la lista que encabeza el Obispo Jaime de Nevares (quien obtiene el 29,19% de los votos) sobre el entonces imbatible MPN (que obtiene el 27,63%). El triunfo de Chacho en la hoy Ciudad Autónoma resultará fundamental para torcer la balanza del frente en su favor rumbo a la elección presidencial de 1995 (hasta esa elección, el candidato natural era Pino Solanas, que se alejará a causa de esa decisión). ¿Chacho candidato a presidente?

Con su sonrisa telenovelesca, será el galán político de las amas de casa. Con sus ideas modernas y progresistas, será el estímulo para los jóvenes de la generación X ingresen a la vida política argentina. ¿Cómo descubrimos a Chacho en todo el país? Por la televisión

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1995: la reconversión y el desacople temporal

En 1994, el mendocino José Octavio Bordón se aleja del Partido Justicialista y forma PAIS (Política Abierta para la Integridad Social). El Frente entiende que es una oportunidad para ampliar la herramienta de acumulación política con vistas la contienda presidencial. Se conforma el FREPASO (Frente País Solidario), integrado por el Frente Grande, PAIS y la Unidad Socialista (PSP y PSD), que dirimiría la candidatura presidencial a través de una interna abierta a celebrarse en febrero de 1995. Chacho parecía imbatible: por su carisma, por su ascendencia en el Frente, por su liderazgo en la sociedad. Sin embargo, los frentistas subestimarían la importancia de los peronistas silvestres que, enojados con el rumbo de Menem, participarían en la interna volcando el resultado en favor de Bordón. En otras palabras, la corriente frentista se jugaría un pleno a la participación independiente, sin contemplar la participación del peronismo inorgánico. El dirigente mendocino era para ellos un peronista crítico, pero un peronista al fin. Chacho ya era el líder del new labour argentino.

La derrota de Chacho (que ahora debería secundar a Bordón) fue un sacudón para su carrera. Desde entonces, Graciela Fernández Meijide pasaría a ser la carta electoral del Frente y Chacho evolucionaría, en el imaginario de la sociedad argentina, de líder ciudadano a político-armador. En las elecciones de 1995, Menem arrasó con casi 50% del electorado frente a la fórmula del FREPASO (Bordón-Álvarez) que obtuvo alrededor de 30% (el radicalismo terminó tercero). Luego de la derrota, en un acalorado Congreso del Frente donde había sido invitado Bordón, este sugirió la incorporación al FREPASO de Ramón “Palito” Ortega y Gustavo Beliz. El rechazo fue contundente y marcó el alejamiento de Bordón del espacio político. Sin embargo, no detuvo lo que para ese momento histórico, se había transformado en la tesis principal de la corriente frentista: el desacople temporal. Según esta tesitura, si el Frente se sostenía en la pureza de su línea, llegaría al poder en un plazo de tiempo tardío para las urgencias de la sociedad. Por el contrario, si actuaba sin sectarismos, articulando y cediendo programáticamente, podría llegar al poder en los plazos que demandaba la sociedad. De acuerdo a las palabras de una de sus máximas figuras: “Tenemos que dar una respuesta ya. No será la respuesta deseada. Pero es la respuesta responsable. Tenemos que ganar hoy.”

La tesis del desacople temporal debilitó las posiciones de los frentistas que planteaban continuar con la ruta de la tercera vía y dio paso al acuerdo opositor anti-menemista con la UCR. En 1997, el FREPASO formó la Alianza para la Justicia, la Educación y el Trabajo, junto con la Unión Cívica Radical. En las internas abiertas (nuevamente) de 1998, Graciela Fernández Meijide fue derrotada por el todavía poderoso aparato radical que proclamó a Fernando De la Rúa como candidato a presidente secundado por Carlos “Chacho” Álvarez. Los votantes independientes apenas explicaron 1 de cada 3 votos de la elección. Con el diario del lunes, ese día fue el último día del Frente. El anti-menemismo y la tesis del desacople temporal terminarían por dinamitar el edificio de la innovación frentista. Y con él, el liderazgo de Chacho. En un ejercicio de ucronía, las preguntas siguen rebotando contra la impiadosa Historia, el olvido y el paso de los años ¿Qué hubiese ocurrido si esa alianza no se concretaba? ¿Un Duhalde ganador hubiese logrado instrumentar un programa para una salida ordenada de la convertibilidad? ¿Le hubiese quedado al Frente una avenida al poder en 2003? ¿Qué podemos aprehender de esa Historia olvidada? Chacho lleva 25 años en silencio. Quizás ha llegado la hora de romper el otro silencio.

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