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21 de julio de 2026

21 de julio de 2026

1 de junio de 2025

EL ORDEN DE LA HORDA

Pablo Touzon & Federico Zapata

@PabloTouzon @zapatafederico
Política
Tiempo de lectura: 13 minutos

EL PODER DE UNA PARADOJA

En 1987, James Gleick publicó un libro central en la divulgación de la teoría del caos (cuyos fundamentos muchos conocimos por primera vez en la explicación del rockstar científico Jeff Goldblum en Jurassic Park). La publicación se titulaba “Caos: la creación de una nueva ciencia”, e intentaba, en el fondo, una redefinición de la idea de orden. Básicamente, Gleick graficaba de qué manera lo que vemos superficialmente como desorden, pueden tener, examinado con mayor distancia y profundidad, patrones discernibles de funcionamiento en el marco de sistemas aparentemente caóticos. ¿Puede el caos ser una forma permanente o más menos “estable” de orden? ¿Hay algún tipo de retorno a la normalidad?

Tomando esta avenida conceptual como punto de partida, podemos afirmar que luego de un año y medio de ejercicio del poder nacional, el gobierno libertario tiene un desafío mayúsculo en relación a cómo gestionar la paradoja constitutiva y estructural que los define. Esto es, por un lado, las fuerzas del cielo necesitan certificar ante la sociedad que lo que empezó el 10 de diciembre del 2023 no es una excepción sino la nueva regla, el inicio de un nuevo sistema político fruto del cambio irreversible que implicó su llegada al poder. Pero paralelamente, precisan mantener el estado revolucionario, ser el poder constituyente y la disrupción permanente. Por su naturaleza intrínseca, los libertarios no pueden permitirse aterrizar, hacer agricultura, establecerse y medrar. Tienen el ethos de un extraño poder nómade y eficazmente destructivo, que los emparenta mucho menos con el Imperio Romano que sueñan ser y mucho más con las hordas móviles del mongol Gengis Kan. Menos Lannister y más Dothraki.

En este marco, las elecciones de 2025, por lo menos en su balance final, no sólo deberían arrojar una victoria efectiva (y progresiva hacia 2027) de las fuerzas del cielo sobre las fuerzas de la casta. También tendrían que sostener una identidad: LLA necesita ganar, pero necesita ganar en su ley, “en la suya”. Para decirlo de otra manera: las elecciones tienen que “convencer” a una mayoría social (independientemente de su voto) de que LLA se galvaniza como novedad partidaria, cambio político y fuerza dominante de la agenda pública, en sus propios términos y con su propia idiosincrasia. A la inversa, lo peor que le podría pasar al poder libertario es que estas elecciones terminen revelando una recuperación electoral de la casta que contradiga la verdad encerrada en la batalla cultural y “ponga en pausa” a LLA como exclusivo garante del cambio político que reclama la sociedad. Por eso, y a nivel nacional, no les queda otra más que “polarizar” contra todos.

Pensemos la paradoja libertaria desde un plano estrictamente práctico. Los libertarios llegaron al poder nacional -como ya se ha repetido hasta el cansancio- sin un partido político, sin militancia, sin anclaje territorial, sin estructuras dirigenciales, sin una coalición económica preexistente y sin fiscales en la PBA. De ahí su carácter pseudo “alienígena”: Milei llega del espacio exterior al universo folk tradicional de la política argentina, con sus asados, “territorios” y “armados”, y los pone frente al espejo de su propia obsolescencia (“¿Para qué sirven?”).

En una lectura clásica, lo “lógico” sería pensar que las elecciones de 2025 deberían reflejar cierto giro a la normalidad política por parte de LLA: armado de un partido nacional, construcción dirigencial “nueva”, un mínimo de estructuras y representaciones partidarias provinciales y municipales. Pero a la vez, incluso si considerasen una hipótesis de estas características, y si tuviesen las capacidades reales, políticas y sociales para realizarla (y este es un gran supuesto), hacerlo implicaría cristalizarse en un nuevo poder, instalarse, dejar la guerrilla y el monte, pasar al ejército regular. En suma, poner en crisis su gracia y volverse vulnerables a la eventual aparición de nuevos outsiders. El Coronel Khadafi puede acampar con sus amazonas en el Palacio de Buckingham, ¿pero puede quedarse a vivir ahí?

Por eso, hasta ahora, el activo más fuerte de los protagonistas del viejo sistema ha sido la incapacidad estructural del gobierno, operando en este dilema, para avanzar en la construcción de un “partido de gobierno” que reemplace al deep state de la casta por una burocracia libertaria con mayor calidad política y tecnocrática, como prueba política productiva de su guerra frontal contra la “vieja oligarquía política”. La LLA ha preferido, en cambio, apostar a la cooptación, absorción y conducción de un sector importante “de los grupos de tareas” de la vieja casta. La casta sin los líderes de la casta. La “solución Lijo” hecha método, sea con los viejos Gauleiter de los servicios de inteligencia, la burocracia peronista que se quedó sin conducción, el macrismo funcionarial o el entramado de Comodoro Py. No hay ni probablemente habrá una ENA (Escuela Nacional de Administración) libertaria, un oxímoron político, y es ahí donde residen los límites más relevantes del proyecto libertario. Para gobernar al antiguo régimen que tiene metido hasta las entrañas necesita sí o sí de un alto poder de fuego electoral a nivel nacional (o sea, en la Argentina contemporánea, en el AMBA). Por ello, perder las elecciones de la PBA implicaría perder también el control de ese precario sistema. Tienen que ganar para poder someter.

"La LLA ha preferido, en cambio, apostar a la cooptación, absorción y conducción de un sector importante “de los grupos de tareas” de la vieja casta. La casta sin los líderes de la casta. La “solución Lijo” hecha método, sea con los viejos Gauleiter de los servicios de inteligencia, la burocracia peronista que se quedó sin conducción, el macrismo funcionarial o el entramado de Comodoro Py."

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LA ATOMIZACIÓN COMO SISTEMA

¿Qué nos dicen las primeras elecciones desdobladas del nuevo orden político en configuración? Una primera milla de novedades emerge de las elecciones provinciales del 11 de mayo en Jujuy, Salta, Chaco y San Luis. Estas cuatro contiendas confirmaron, más allá del triunfo de los oficialismos locales, una segunda etapa de la ruptura y transformación del sistema político que se inauguró en 2023: florecerán mil Movimientos Populares Neuquinos.

Efectivamente, las elecciones profundizan la tendencia a la desaparición conceptual de los partidos nacionales como organizadores del poder electoral y estructuras uniformes de representación. Se consolida una fragmentación de “arriba hacia abajo”, una ruptura en la cadena de mandos de los partidos políticos que impacta básicamente en la UCR, el PJ y en el PRO. En estos casos, el poder y la representación no se construyen ya desde la conducción del partido nacional (Ni CFK, ni Macri, ni Lousteau lograron hasta ahora imponer estrategias ganadoras en las provincias), sino desde el poder estatal de los gobernadores, pero un poder acotado a su vez por la estrechez de las estrategias provinciales de supervivencia de cada uno de ellos.

Así, la ruptura del sistema político está transitando por una etapa de fragmentación horizontal en la oferta electoral y por una fragmentación vertical que rompe el concepto de partido nacional. Desde el punto de vista partidario al menos, la nación no existe más, y esta ausencia de partidos nacionales hace posible que La Libertad Avanza pueda gobernar sin la amenaza hegemónica de los gobernadores en la disputa del poder nacional. Se consolida un poder dual: un poder nacional relativamente ausente de su propia construcción política en intendencias y gobernaciones, y un poder provincial desenganchado ya definitivamente de cualquier proyección de poder nacional, profundizando el desbalance del modelo anterior.

Y sin embargo, y a pesar de esa dualidad, LLA es la única identidad ideológica ascendente del sistema: la performance autónoma de LLA en CABA (30%), Jujuy (20%), Salta (triunfo en Salta Capital) y San Luis (15% entre dos listas libertarias no oficiales sin el sello de LLA y no avaladas por la Casa Rosada) demuestra que existe un electorado en disponibilidad, quizás todavía minoritario pero identificado con sectores sociales en ascenso –clase media baja- que quiere votar a Milei por encima de la coyuntura provincial, incluso si no le arman nada para hacerlo. En estas condiciones, con “presencias” de Milei y con mayor pericia en el armado territorial, LLA podría ser, en el corto plazo, la única referencia nacional en un sistema de múltiple fragmentación, desde donde pueda dominar la agenda nacional (como sucede hoy) y fomentar los incentivos “aliancistas” de ciertos gobernadores con la amenaza del sello propio.

Podría decirse que hoy los gobernadores están transitando a un formato de partido provincial a través de coaliciones multipartidistas con una orientación no kirchnerista. En este sentido, parece confirmarse la progresiva extinción federal de cualquier franquicia kirchnerista del peronismo como expresión de un concepto y una línea política ganadora. Este proceso se sobreimprime a una crisis más estructural de desperonización histórica de varias provincias (Jujuy, Salta, San Juan, Chaco, San Luis, Entre Ríos, Chubut, Santa Cruz) a partir de la consolidación, hace más de quince años, del centralismo AMBA-céntrico de CFK a la hora de diseñar la representación peronista.

"LLA podría ser, en el corto plazo, la única referencia nacional en un sistema de múltiple fragmentación, desde donde pueda dominar la agenda nacional (como sucede hoy) y fomentar los incentivos “aliancistas” de ciertos gobernadores con la amenaza del sello propio."

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LA CAIDA DE LA CASA MACRI

La segunda milla de novedades del sistema político en conformación emerge con la elección de CABA. Allí LLA definió su primer objetivo político-estratégico del 2025: imponerse en la “interna general” frente al PRO por la representación de la derecha social que organiza la oposición política contra el kirchnerismo, en tanto el kirchnerismo continúa siendo la corporación política más representativa del sistema de la casta. El triunfo de Adorni contra el PRO, más que contra Santoro, definió a favor de LLA la nueva titularidad de los derechos hegemónicos de la centroderecha de cara a la batalla electoral contra el kirchnerismo en la PBA y termina de colocar a LLA como la fuerza nacional que digita la nueva coalición social (y política, si se acentúan fugas y acuerdos implícitos desde la vieja composición de Cambiemos al mileismo) no kirchnerista.

Ahora bien, la valoración política final de la performance electoral de LLA en CABA (y en el resto de los distritos desdoblados) dependerá del resultado que LLA obtenga en la PBA, la madre de todas las batallas. Es evidente que las elecciones en CABA y PBA son dos caras de una misma moneda a la hora construir el “triunfo nacional” en un sistema político nacional fragmentado verticalmente. Sin embargo, así como un triunfo de la LLA sobre el PRO en una elección donde se hubiese impuesto Santoro requería de una elección exitosa de las fuerzas del cielo en la PBA para cerrar el año político en términos favorables para LLA, la victoria libertaria en la CABA no eximen a LLA de la necesidad de resolver satisfactoriamente la elección de la PBA. Para decirlo de otra manera: una victoria kirchnerista en la PBA podría alterar la estabilidad política y económica de manera irreversible. Por sus características, el poder libertario debe en este punto ir por todo. Después de derrotar al Partido de la Ciudad, ahora tiene que ir por el Partido Bonaerense.

Desde luego, un eventual triunfo de Santoro no hubiese opacado el triunfo de Adorni en la interna entre la vieja y la nueva derecha nacional siempre y cuando ese triunfo hipotético no se hubiese proyectado por fuera del clásico proyecto progresista de 35 puntos en ballotage que estructuró el kirchnerismo porteño en tiempos de Filmus. La performance de Santoro finalmente no manifestó un cambio cualitativo de esos históricos rangos ideológicos y porcentuales. De hecho, la derrota de su espacio confirma el techo de un proyecto kirchnerista porteño que frente a LLA en 2027 adolecería del mismo problema histórico de los últimos veinte años: la dificultad congénita de ganar un ballotage en la ciudad.

Una ucronía posiblemente injusta consiste en pensar cual habría sido el desempeño de Leandro Santoro si hubiese jugado solo, parándose en su buena imagen en las encuestas, en lugar de elegir encarnar el decimonoveno avatar de un sistema peronista porteño en situación de casta. La larretización de la vieja dirigencia marca un camino: “lo que midas, lo que saques, hijo mío, será tuyo y nada más que tuyo, aunque sea escaso”. En un sistema tan atomizado y sin referencias partidarias, el partido sos vos. Tal vez eso explique la euforia del ex jefe de gobierno: siempre regente de un poder auto percibido como delegado o vicario, por primera vez se encontró con su destino de propietario. Un departamento chiquito, sin un balcón que mira más allá de la General Paz, pero propio.

Más allá de estos ejercicios especulativos, lo cierto es que hoy Santoro no depende de sí mismo ¿Qué querrá hacer Juan Manuel Olmos con su nuevo poder en la Legislatura de la Ciudad? ¿Usarlo para liderar una oposición frontal a los restos del PRO o intercambiar gobernabilidad con Jorge Macri a cambio de poder institucional? Sólo el camino opositor sirve a los intereses de Santoro. La segunda dinámica se juega en la lapicera de CFK: ¿una eventual fórmula kirchnerista pura en Octubre, con Recalde en la boleta de senadores, sostendrá la performance de Santoro o el resultado electoral oscilará alrededor de los 20 puntos porcentuales? El segundo escenario implicará, ipso facto, una revalorización del resultado de Santoro en la elección de la CABA y un mayor poder de fuego personal.

Finalmente, la elección de la CABA ilustra una mutación profunda en la sociología de la centroderecha argentina, que incluso retumba con mayor contundencia más allá de la General Paz: la transfiguración conceptual de la centroderecha social desde las “instituciones” hacia la “economía”. En los sucesivos movimientos de LLA -la proclama anti-woke en Davos, el alineamiento con la nueva geopolítica “populista” de Trump, la confrontación “antimonopólica” con el grupo Clarín por la compra de Telefónica, la designación por decreto de Lijo y García Mansilla y el “no odiamos lo suficiente a los periodistas”- queda manifiesta una pulsión política que busca reemplazar los viejos valores políticos de la centroderecha republicana que representó Cambiemos en el sentido común del electorado independiente por los nuevos valores materiales de una derecha popular basada exclusivamente en la economía y orgullo de su “decisionismo” institucional. Ordenar la macro y fundar un contrato social antiinflacionario alcanzarían, hoy, para satisfacer los intereses de la clase media castigada por el régimen que estalla en 2023 y para erigirse en primera minoría política de un sistema político detonado.

¿Cómo juega Mauricio Macri en este rodeo? El compromiso personal asumido por Mauricio Macri para sostener la candidatura de Lospennato reveló la importancia hegemónica de la interna LLA-PRO, y quizás no tanto el peso electoral real de la elección porteña sobre el tablero de votos nacionales: Macri forzó la polarización “república-populismo” frente a Milei para tratar de que el PRO no solo no pierda frente los libertarios en el terreno de los votos, sino también para evitar que un triunfo de LLA comience a definir una nueva sociología política dominante de la derecha, más economicista y plebeya, en la organización futura y acumulación de la coalición no kirchnerista (alianzas con gobernadores, política del AMBA) camino a 2027.

Ahora bien, el resultado también demuestra que Macri, al destruir el valor central que organizaba la marca PRO (la gestión), primero “matando” a Rodríguez Larreta y luego imponiendo el liderazgo de Jorge Macri en la Ciudad, se ha quedado, de cara a los votantes, sin referencia nítida a dónde volver o desde dónde enunciar. Perdió la batalla antes de empezar porque no tenía desde donde darla, en un ejercicio que forzó a su propio electorado a funcionar de árbitro en una suerte de paritaria a cielo abierto con el mismísimo Milei. No planteó una oposición, sino que convocó a que lo ayuden a negociar la mejor la incorporación de su propia tropa al gobierno que enfrentaba en las urnas.

Más allá de la  “elección municipal”, en un plano más subterráneo comienza a vertebrarse  una transformación del sujeto social principal y más dinámico del consenso de centro-derecha-liberal-conservador argentino: un salto del “partido republicano” al “partido de la macro”, una valoración política más urgente del cambio económico que del cambio institucional, una “interna” de la clase media en la que prevalece “culturalmente” el trabajador informal por encima de la clase media alta anti-populista, una expresión electoral de los cambios culturales y sociales de la Argentina y de la crisis de sentido de sus élites. De la camisa celeste y la Uniqlo a la campera de cuero y el cosplay, de SOCMA a Libra, y de la República al Imperio, una transformación que expresa la nueva síntesis mayoritaria de la clase media empobrecida de la postpandemia y del régimen de alta inflación que “destruyó” socialmente las bases materiales de las élites argentinas.

Una suerte de lucha de clases interna: la venganza de los descartados de Cambiemos frente a sus antiguos amos, de los feos y sucios contra los masters of the universe. Una relación entre dos sectores sociales compleja y difícil, de admiraciones y odios simultáneos. Toto Caputo, feliz sapo de otro pozo y superviviente del zeitgeist social macrista, inspira en el mundo libertario el respeto reverencial que podría tener un titán de Goldman Sachs entrando en la financiera white trash de Jordan Belfort, el Lobo de Wall Street .

¿Puede Milei convertir al electorado de clase media “alvearista” del viejo Cambiemos a su nueva fe de “economía y seguridad” o una nueva potencial oposición logrará imponer un veto “republicano” y algo más a los errores-exabruptos que surjan de esas ambiciones? ¿Puede contener todo lo que aspira a contener? Para evitar que exista siquiera la opción, la principal ambición política de Milei no ha sido ni será en el corto plazo establecer diferencias con el kirchnerismo (la ironía de Santiago Caputo sobre el “Clarín miente” lo resume), sino vaciar de contenido al PRO y en esa puja armar un nuevo “sentido común de derecha” y un nuevo electorado propio, más afín a la sociedad efectiva que en realidad produce el mercado: el trabajador informal. El sujeto social mayoritario que quedó tras 20 años de “paraíso de los trabajadores” kirchnerista.

"¿Puede Milei convertir al electorado de clase media “alvearista” del viejo Cambiemos a su nueva fe de “economía y seguridad” o una nueva potencial oposición logrará imponer un veto “republicano” y algo más a los errores-exabruptos que surjan de esas ambiciones? ¿Puede contener todo lo que aspira a contener?"

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QUÉDATE EN CASA: LA CASTA ESTÁ EN ORDEN

En el mismo plano del “voto positivo” que proyecta la fuerza nacional de LLA y la fragmentación de la oferta partidaria, el proceso electoral en todos lados (Santa Fe, San Luis, Jujuy, Salta, Chaco) viene ofreciendo altos niveles de ausentismo, que se coronaron en un casi 50% de abstención en CABA. Este fenómeno es la evidencia de varias cuestiones: el avance de la ruptura irreversible con el viejo régimen político que sigue levantando esquirlas en el ánimo social, y al mismo tiempo el reclamo latente de un nuevo sistema de representación que empezó con La Libertad Avanza pero que no podría nunca terminar ahí. Un proceso social que ya desborda hoy a los libertarios, y que se expresa en la deserción completa del sistema, sin que medie ningún gesto “revolucionario” fuerte.  Como quien piensa que el mejor remedio contra los locos (los de antes y los de ahora) es la indiferencia.

El gesto federal de la abstención confirma un sentimiento electoral central: fue la sociedad quien calificó de “casta” a toda la clase política nacional (aunque no la llamase así, y de ahí el mérito en el equipo de Milei en ponerle nombre a la cosa). Pero por eso existe también como un hecho político previo (y causal)  de la llegada al poder de Milei, por encima del uso discursivo que el presidente le da al concepto en su batalla cultural por el poder. En otras palabras, la casta como concepto existe independientemente de Milei, y como tal puede volverse contra él. Las ideas no se matan, y los conceptos políticos no tienen copyright.

" La casta como concepto existe independientemente de Milei, y como tal puede volverse contra él. Las ideas no se matan, y los conceptos políticos no tienen copyright."

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Al poder libertario lo subsidia la razón popular que prefiere cualquier opción (Incluso, quedarse en su casa) antes que validar el retorno del Antiguo Régimen de las coaliciones. Hasta ahora, e inmunes a cualquier atisbo de autocrítica, reforma o renovación, los derrotados del ’23 sólo ofertan pasado (El clan Macri, Cristina) u opciones de “renovación” tan tímidas, sigilosas y castradas que se parecen más bien al formato de rebelión en off de Alberto Fernández que a cualquier intento real de transformación. Personifican la definición de locura que suele atribuírsele a Albert Einstein: intentar lo mismo esperando un resultado distinto. En este marco, el ausentismo electoral es todo menos sorpresivo. ¿Quién no se tentó, aquí y allá, en hacer lo mismo?

Sobre este telón de fondo de atomización y renovación cero, los libertarios proyectan su minoría intensa, que alcanza, en este contexto, para asegurar su hegemonía. Una “democracia para los intensos”, al decir de Martín Rodríguez, no es mal negocio para el poder libertario, que prevalece en una esfera pública tóxica y embarrada hasta el paroxismo, y ante la cual, y en ausencia de alternativas, parece más sensato refugiarse en la vida privada (sea lo que sea que eso implique en la era de las redes). Romper este estado de cosas requiere, lisa y llanamente, fundar aquí, allá y en todas partes, nuevos espacios de enunciación alejados de la práctica y el imaginario de “los políticos profesionales que nos trajeron hasta acá”. Solo ese territorio de rupturas múltiples puede lograr que Milei deje de tener, para la sociedad, una funcionalidad manifiesta: seguir podando los restos del viejo orden corporativo. La única forma de “parar la motosierra” es sacarle su razón de ser.

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