Un momento...

26 de julio de 2026

26 de julio de 2026

28 de mayo de 2026

EL MUNDO SE NOS FUE DE LAS MANOS

Silvia Hopenhayn e Inés Hopenhayn

@ineshopenhayn
Sociedad
Tiempo de lectura: 3 minutos

El futuro no solo implica novedades. A veces los objetos vuelven revalorizados, por utilidad o por nostalgia cool: vinilos, relojes, tabaco. Ahora la impresora cotiza en bolsa. Vendida, rota o nunca adquirida, ya no forma parte del combo electrodoméstico. Hace varios años abandonamos las últimas resmas y nos convertimos en gráfica-dependientes. En la esquina de casa, un localcito (el diminutivo es equivalente al espacio) nos permitía volver al papel sin lidiar con la falta de tinta, las hojas trabadas; lo que fuera pero afuera. Enviar el documento, recibirlo doble faz y abrochado. 

Un día fuimos a imprimir y estaba lleno de maples, fullhuevos era el nuevo nombre del negocio (rebranding para la proteína bajo costo). La desesperación era una página en blanco, hasta que un cartel nos mandó a la vereda de enfrente. Anuncio de mudanza de la gráfica, a un espacio al que no podríamos volver a llamar localcito. Casi por generación espontánea ─o efecto fotocopiadora─ aparecieron varias imprentas de la misma firma en distintos barrios. ¿Qué estaba pasando? ¿Prosperidad o síntoma? ¿Por qué la gente ya no destinaba sus ahorros a equipar sus hogares con impresoras y sí con smartphones? Según la encuesta de comercios de electrodomésticos y artículos para el hogar del INDEC, en el cuarto trimestre del 2025 se vendieron con amplia diferencia las tablets, ipads, computadoras, televisores led, celulares y consolas de videojuegos frente a la pequeña venta de impresoras. Este dato podría ser otro reflejo más de la lógica económica actual, en busca del último modelo de todo lo que nos pueda asistir.

La casa se virtualizó. Pero las manos siguen en nuestro cuerpo, con el mismo impulso de moverse, buscando otras rutas para sus dedos.

Frente a lo que emerge hay algo nuevo que se relega: lo manual. Así como Benjamin advirtió que en tiempos de la reproducción técnica se perdía el aura del lienzo original, con la reproducción digital, la fotocopia se convierte en el original. La llevamos en la mano, si tenemos suerte el papel viene calentito, olemos la tinta, y de yapa alguien nos dice “hasta mañana”. 

La casa se virtualizó. Pero las manos siguen en nuestro cuerpo, con el mismo impulso de moverse, buscando otras rutas para sus dedos (...) En cierto punto, Dios es manual, para rezar se necesitan las manos, la voz, o los pensamientos. Para creer se necesita un cuerpo.

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Gráfica, tabaquería, taller de manualidades desde cerámica hasta bordado, barbería. Inclusive las iglesias recuperaron su mística: jóvenes que gritaban “separación de la iglesia y del Estado”, ahora suben fotos en misa. En cierto punto, Dios es manual, para rezar se necesitan las manos, la voz, o los pensamientos. Para creer se necesita un cuerpo, aunque la creencia sea intangible. ¿Retroceso o recuperación?

No se trata de una nostalgia del gesto, sino un desplazamiento de las acciones. Para ver una película hay plataformas en las casas (hay quienes alardean de su vasto menú o llegan a una crisis identitaria al prender Netflix y ver tantas caras desconocidas de algún familiar lejano piadoso en compartir su clave). Salir del cine, como decía Barthes, es un acontecimiento: “evoquemos la experiencia contraria: en la pantalla de la televisión aunque también se pasan películas, no hay fascinación; la oscuridad está eliminada, el espacio es articulado por muebles y objetos conocidos, domesticado; la erotización del lugar ha sido anulada”.

En tiempos de “realidad virtual”, la mano pareciera confirmar nuestra existencia. No es un sueño, no es una alucinación; lo manual es nuestro pequeño acceso a lo real. 

Entre tantas características azarosas y estudiadas, fue el pulgar oponible lo que nos diferenció de los hermanos primates. Logramos manipular la naturaleza porque la mente imaginaba lo que podíamos hacer con los dedos. 

No deja de ser curioso, y un poco distópico, que si la mano nos diferenció de nuestro origen, ahora lo manual nos diferencia del futuro virtual. 

Volver a lo artesanal no solo es un rasgo cool de quienes ahogan sus penas en un torno alfarero. Es tener que buscar afuera lo concreto que se nos escapa de las manos.

La intimidad parece programada, invadida paradójicamente por la estandarización algorítmica. ¿Qué se dejó de imprimir de la experiencia cotidiana? ¿Existe lo propio sin el movimiento?

Salir a la calle para que pase algo. 

Sociedad