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20 de junio de 2026

20 de junio de 2026

2 de mayo de 2026

EL MITO DEL SECTOR PRIVADO, UN GOBIERNO POSIBLE

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 5 minutos

Como un guante contra una mejilla te dicen en la cara el clásico: “Me vuelvo al sector privado”. “Me va bien, no tengo por qué estar acá”. Los patrimonios crecen aceleradamente cuando son funcionarios, pero a los tipos les va bien con “el sector privado”.

Todos sabemos que en ciertas ramas de la economía el sector privado son los padres. Ni el sector público ni el privado son buenos ni malos, pero su uso discursivo muchas veces es vidrioso. Así como en el kirchnerismo se hizo toda una mitología de lo público, que te salvaba, que tenía un aura especial; un poco se lo sacralizaba y se daba a entender que en algunos aspectos era mejor que lo privado sólo por ser público.

Allá lejos, antes de la crisis de su gobierno, Macri inmortalizó lo público como una fatalidad. “Caer en la escuela pública”, había dicho el hijo de Franco. Para cierto espectro ideológico lo importante es, fue y será lo privado sobre lo público. Para los otros, siempre fue, es y será lo público lo que prime. Otros pensamos que ninguna esfera está por encima de lo otro. No puede haber esencialismos. Lo público y lo privado se necesitan para existir, diferenciarse y constituirse.

El proyecto político que nazca de esta época tendrá que ser más liberal y más tolerante, pero también deberá cuidar mucho la plata de los argentinos. Tendrá que ser amigo de los mercados, pero pisar la calle, ponerse un poco el sombrero del comerciante castigado y del tipo que va a laburar todos los días

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Es del todo evidente que el gobierno de Milei tiene una retórica pro mercado, pero su intervención estatal es total. El Estado no se destruye solo, la economía no se mueve sola. Cada desregulación es una regulación. La captura del Estado es también una captura de sus funciones. El pulso social es un ida y vuelta entre lo público y lo individual, lo social, lo privado.

Pero tal vez no haya que pensar tanto. Solo se trata de destruir sin ningún sentido. Estuvo claro desde el principio. Mantener el dólar a raya, como si el mañana no existiera. Eso hace caer industrias, empleo y sobre todo destruye el consumo, lo hace pelota. Porque ya quedó más que claro que lo importado es solo una parte del asunto.

El tema es la actividad y el bendito salario, que es una especie en extinción. Para tomar ejemplos de sectores muy diferentes, trabajadores senior del sector tecnología que cobran en dólares, que antes vivían más que holgados, hoy viven bien pero no les sobra nada. En el sector público ocurre lo mismo. Empleados que podían vivir bien, incluso ahorrar algo cuando “todo era un descontrol de inflación”, solo de un año a otro perdieron un 18% de poder adquisitivo.

Gente en la calle, locales vacíos, números peores que en la pandemia, pero ojo que en petróleo las cosas andan fenómeno. Dicen los que no vieron un pozo petrolero en su vida. Es como cuando te roban, pero te dicen que la inseguridad es una sensación. La energía, que tiene el gran potencial, también vive un poco atrapada en el laberinto de la ineficacia del mejor gobierno en toda la historia. Llegaron rápido con la Ley de glaciares, pero lento con la infraestructura que rodea a la minería. Faltan rutas, caminos, todo lo que necesita la gran inversión.

Cada gobierno crea a su sucesor, así como una afirmación trae consigo su negación, y esta, la negación de la negación. Nuestra historia económica (social y política) sigue un curso desgraciado. Hemos de decir que todo tiempo pasado ha sido mejor, que otros han sido mejores, que hubo un San Martín y un Belgrano, que hubo un Perón y un Yrigoyen, pero la historia no se hace con los que fueron, sino con los que somos. Es relativamente fácil criticar este presente turbio, el tema es saber a dónde vamos, como bien recordarán los lectores de Los lanzallamas.

Es del todo evidente que el gobierno de Milei tiene una retórica pro mercado, pero su intervención estatal es total. El Estado no se destruye solo, la economía no se mueve sola. Cada desregulación es una regulación

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El proyecto político que nazca de esta época tendrá que ser más liberal y más tolerante, pero también deberá cuidar mucho la plata de los argentinos. Tendrá que ser amigo de los mercados, pero pisar la calle, ponerse un poco el sombrero del comerciante castigado y del tipo que va a laburar todos los días. No se podrá financiar todo desde el Estado. El gobierno deberá acompañar y hacer sustentable sus políticas. Y la razón de esto estará en el pasado. El gobierno de Milei, como en su momento el de Macri con Caputo a la cabeza, está dejando una deuda con un nivel de maniobra imposible. Toda deuda de corto plazo, un plan apalancado en las elecciones de medio término de Trump a fines de este año, cuyo Tesoro volvió a salvar sobre la hora un pago del FMI, como contó esta semana Luciana Glezer. Si los republicanos llegan a perder, el gobierno puede quedarse sin un apoyo clave.

El futuro no puede ser lo que fue. El macrismo ni el cristinismo pueden repetirse con otra cara. Van a tener que sentarse en serio a ver qué se hace con este, nuestro país, y la primera idea no puede ser cobrar más impuestos o ser más aperturistas. Si querés ser gobierno, llames como te llames, tenés que sentarte con los dueños del país, con los trabajadores, con los tenedores de bonos. En primer lugar, porque están perdiendo plata de lo lindo con este esquema. Necesitan otra política, todos la necesitamos. En segundo lugar, porque alguien tiene que bancar una campaña. Ya se sabe, no hay plata.

Por la misma razón que no hay plata, no podemos tener miles de puntos de riesgo país y pagar la deuda que se está tomando ahora. No nos gusta, pero es así. Hay que refinanciar, endeudarse, la cosa sana argentina. Al mismo tiempo comprar reservas, no atrasar el dólar y meter un control de cambios sustentable. Un gobierno futuro que se precie no tiene que sobreactuar lo que no es, subsidiando la luz a los sectores de grandes ingresos, pero tiene que tomar medidas que no son simpáticas. Porque la macro no está arreglada ni ahí.

El futuro no puede ser lo que fue. El macrismo ni el cristinismo pueden repetirse con otra cara. Van a tener que sentarse en serio a ver qué se hace con este, nuestro país, y la primera idea no puede ser cobrar más impuestos o ser más aperturistas

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Hay que reconstruir todo esto y serán legión los sectores que demandarán reparación al daño del presente. Atender lo urgente, hacer lo importante sustentable. No fumarse el capital político en estupideces y en el primer Vicentin que aparezca. Las verdades simples que construyen complejos políticos: las internas internas; conduce el que gana; se elige un vice que no sea tu contra y no gobernar sólo para los propios.   

La política tiene que reinventarse, eso apremia. Una alternativa, una salida para este infierno circular. Cualquier otra cosa, nos llevaría a otra caída social. Como leía por estos días en un trabajo colectivo del programa Prisma sobre política penal: “Si hay urgencia, la temporalidad y la espacialidad pierden volumen, se aplanan y eso da lugar a la desesperación”. Y eso, no lo podemos permitir.  

Café Panamá