19 de julio de 2026
Tal vez lo más importante que haya que aprender en este mundo es a leer. Escribir es un efecto secundario de la lectura. Otra forma de escribir. Hoy sabemos que, parece, da la sensación, hay más gente escribiendo que leyendo. La clave de la lectura es que no es algo mecánico, no es algo que simplemente uno ejecuta. Con la realidad que vivimos pasa lo mismo. Decimos como una linda metáfora: saber hilar lo que pasa, porque pasan muchas cosas. En estos momentos uno recuerda al Nietzsche de la “lectura lenta” que decía: “Ni siquiera las prisas consiguen terminar con la lentitud, ella nos enseña a leer bien, es decir, despacio, con profundidad, con consideración y cuidado, con pensamientos profundos que dejan las puertas abiertas de par en par, con dedos y ojos delicados”.
Si el “inconsciente se estructura como lenguaje”, al decir de Lacan, la política se estructura online. El imperio de la velocidad primero fue de la economía financiera conectada. El mercado dejó de estar apagado. Las criptomonedas llevaron todo al extremo: la economía mundial es insomne. Miles de operadores “tradean” (comercian, en criollo) fuera de la vida, fuera de la oficina, fuera de la familia. Estar conectado al mercado es estar fuera de todo. Por eso el mundo está sin paz, aunque mañana se terminen todas las guerras.
El oficialismo se enfoca en lo único que parece gobernar: el precio del dólar. Desde que arrancó el gobierno de Javier Milei, el ministro Caputo prometió “plata fresca” que nunca llegó
La política se enamoró de esa velocidad de la guita. Se puede anunciar cualquier cosa, total es escribir en el microblog llamado X (antes Twitter). O dirigentes que “saltan” a responder a otros. Muchos no podemos salir de esa red social (lo personalizo para no delegar en otros la pertenencia a un sistema reducido de la realidad), nos convertimos en agregados de la conversación pública. Pero los funcionarios y líderes de opinión no. Sus opiniones se materializan.
Política veloz, hechos inexistentes. La sensación de que estamos en manos de nadie en algunos aspectos se va haciendo más certera. Todavía no hay un relato que relacione esta descomposición, pero con el apagón de esta semana en medio de una ola de calor tuvimos una muestra gratis del caos. La gestión de Edesur más la gestión inexistente a nivel local generó un descontrol que duró todo el día. El jueves a la mañana pasajeros esperando en la estación Retiro del Ferrocarril Mitre cerrada por falta de luz. Pero esa zona ya era una boca de lobo, como se dice, durante el año pasado. La luz se cortó durante todo el año en un lugar muy complejo de la ciudad. Ahí está, la descomposición avanza. Estado bobo (relaja controles, atrasa tarifas) y privados ineficientes (no invierte ni mantiene la red), el cocktail para que dejemos de lado cualquier pretensión de que Argentina levante.
Estar conectado al mercado es estar fuera de todo. Por eso el mundo está sin paz, aunque mañana se terminen todas las guerras.
Mientras, el oficialismo se enfoca en lo único que parece gobernar: el precio del dólar. Desde que arrancó el gobierno de Javier Milei, el ministro Caputo prometió “plata fresca” que nunca llegó. De ahí que la relativa estabilización que se logró, que todavía no sabemos si es la paz de la baja inflación o la de los cementerios, es fruto de que el gobierno hizo las cosas para que la espiral de inflación no crezca. Pero este ciclo de dólar atrasado, barato o de plata dulce para las clases pudientes que pueden hacerse una escapadita a Miami parece tener su pronto final.
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, todo indica, cambiará deuda intraestatal por deuda en dólares con un prestamista externo. Cuando dicen que “no es nueva deuda”, bueno, es justamente eso. La situación está lejos de mejorar… es preferible no hacer pronósticos. Pero los argentinos de bien sabemos que cuando el sablazo venga no lo anunciará una cuenta de X verificada que diga: “Se viene”.
Los tiempos de volatilidad que preanunció el presidente puede ser la entrada en la fase oscura de un momento con mucha incertidumbre. El desmantelamiento del Estado no se traduce en eficiencia ni tampoco en ahorro. Solo aumenta el vacío y la inoperancia de las áreas. Para muestra… la renuncia de médicos en el área de vacunación es apenas un hilo, pero de lo que poco se habla. El imaginario todavía juega a favor del deshuesamiento libertario: el empleado estatal jugando al solitario en una computadora. Pero todo se gasta. Los símbolos, las palabras que usamos. ¿Acaso no estaremos repitiendo que “terminaron con la inflación” para no quedar mal con el espíritu del momento?
Si el “inconsciente se estructura como lenguaje”, al decir de Lacan, la política se estructura online. El imperio de la velocidad primero fue de la economía financiera conectada
Ahora bien, la pregunta al peronismo y el resto de la oposición fragmentada permanece. Todavía no hay una respuesta verdadera, creíble, para lo que está pasando. Sin respuesta y con fragmentación el gobierno puede vencer en las elecciones de medio término. Pero falta muchísimo. Las intervenciones diarias en los dólares financieros son alarmantes. Si de verdad la plata del FMI no llega el escenario se puede transformar en cualquier cosa. La inflación está atada con unos hilos muy finos. Por algo una semana después que, como novedad, el presidente dijera que mandará el acuerdo con el FMI al Congreso ahora quiera imponerlo por decreto. Más que fortaleza o autoritarismo, esto muestra a las claras la desesperación que no se llega sin devaluar a las elecciones.
Cuando la brecha entre los dólares era inexistente, cuando todo era confianza, el gobierno no se animó, no quiso, no pudo abrir el cepo cambiario o al menos desdoblarlo. Así generó su veranito, el deme dos de “los argentinos en el exterior”. Ahora es tarde. Todo está a la vuelta de la esquina y el mercado libre sigue siendo un sueño eterno.



