20 de julio de 2026
0. Sumisión y sometimiento en Kinds of Kindness (Lanthimos, 2024) e Inside Out 2 (Mann, 2024)
Hace unos años empecé a descargar periódicamente de torrentlos diez best sellers de ficción y no ficción según el New York Times -alguien los sube así semanalmente, casi con ese título-. Cada seis meses, para practicar inglés, bajo el paquete actualizado y lo envío al Kindle. Y luego hojeo cada libro y en muchos casos termino leyéndolos enteros. Ya en principio la diferencia entre los géneros se evidencia en el aspecto visual: la elección de las palabras, más singulares en la ficción por la necesidad de los autores de ubicarse en un punto de vista “personal” o menos explorado, otorga a la categoría un velo estilístico que vuelve asiduo el doble click en la pantalla en busca de la traducción del inglés, del diccionario, de Wikipedia -las tres ventanas del mundo real pero congelado de Kindle-. Y, más allá de algún circunstancial best seller de ficción con vocación de poder, la regla es que la forma lleve a las preguntas en la ficción y a las respuestas en la no ficción. Aún en contenidos más alambicados como las autobiografías de Obama, Agassi o el Príncipe Harry, siempre subyace en la historia personal claves de trocha gorda para superar obstáculos, para sacar ventaja, para vivir mejor -que uno mismo, en el pasado; que los demás en el presente-.
La no ficción y su ranking semanal de lo más vendidos brindan un panorama amplio de la autoayuda, y los libros de autoayuda -y terminé leyendo muchos- se piensan como un tutorial para hacer trucos -para hacer un sólo truco, que es el chiste de cada libro- en el juego. Un manual de la existencia, la descripción de un atajo. Respirar por la nariz (Breath, James Nestor, 2020) para bajar la presión, disminuir las alergias, corregir la estructura facial; advertir que la voz que resuena en nuestros pensamientos no es la nuestra, ni es obligatoria (The Untethered Soul, Michael Singer, 2007; Zen Mind, Beginner´s Mind, Shunryu Suzuki, 1970); reconocer tres sistemas en pugna en nuestros razonamientos, y cómo privilegiar a cada cual según cómo se tenga que actuar (The chimp paradox, Dr Steven Peters, 2012); programar acciones mínimas para obligar hábitos superadores (Atomic Habits, James Clear, 2018); y largos etcéteras. Toda una escuela de discusión que va desde El Secreto hasta Byung-Chul Han, pasando por doctores de todos los rubros poniendo foco en un concepto de su especialidad, y Padre Rico, Padre Pobre.
Más allá de algún circunstancial best seller de ficción con vocación de poder, la regla es que la forma lleve a las preguntas en la ficción y a las respuestas en la no ficción
Los autores de autoayuda se vuelcan luego mediante entrevistas en el resto de los contenidos de internet, porque el mismo algoritmo que provee compulsivamente comparativas en déficit, mensajes de superación a cualquier costo, insatisfacción financiera, no puede no premiar, en ese mismo acto, a los instructores de alimentación, de meditación, de bajar las expectativas, de compararse sólo con uno mismo. Entonces los doctores en psicología escriben un libro, y luego los llaman como consultores en una película.
1. El tema de la respuesta – Inside out 2 (Mann, 2024)
Intensa Mente 2 (Kelsey Mann, 2024) es una película sobre el cambio de hormonas en la pubertad de una adolescente, que ingresa en la tradición de las obras sobre profesores exigentes y alumnos sometidos, y que referencia para eso a uno de los conflictos de este tiempo, la salud mental en la era de la sobreexposición, cuestionando los límites de la productividad y de la autopromoción. Es la historia de Riley, una joven de 13 años que entra en conflicto con sus amigas porque cambian de colegio y que, crisis de ansiedad mediante, deberá ganarse el lugar en un equipo deportivo para así forjar nuevas amistades que le resuelvan el tránsito a la vida adulta. Como en su antecesor Intensa Mente (Inside out, Pete Docter, 2015), aquí los protagonistas son sentimientos antropomorfizados de la protagonista, que traducen los conflictos internos del personaje; es una puesta en escena teatral en la que, como en The Truman Show (Peter Weir, 1998), algunos personajes ven la misma película que nosotros, y el conflicto es cuánto pueden modificarla.
El villano que moviliza la trama en esta secuela es un sentimiento nuevo, Ansiedad, el cual insiste como un tutor dominante a Riley con que ningún esfuerzo ni tortura es un costo alto a la hora de afrontar un reto en el que se juega buena parte de su futuro. La protagonista, entonces decide traicionar temporalmente a sus amigas, adoptar una personalidad impostada, revisar a escondidas los cuadernos de la entrenadora y obligarse a un estilo de juego individualista para ganar consideración de la preparadora y el equipo.
Dachel Keltner y Lisa Damour son los psicólogos que intervinieron en el guión de Intensa Mente 2. En un podcast reciente afirmaron que la suma de nuevas emociones para esta segunda entrega no se debe sólo al habitual crecimiento en escala de cualquier secuela sino también al progreso en la ciencia de las emociones, que en sus casos pasó del análisis de cinco emociones al de veinte en el transcurso de los nueve años entre la primera y la segunda película. Keltner, autor del libro Awe: The new science of everyday wonder and hoy it can transform your life (2023), y asesor en la película original, refirió que fue una necesidad para él incluir el ataque de ansiedad en la secuela: “tuve ataques de ansiedad antes y me hubiera gustado que una película naturalice estas emociones que son parte de cómo respondemos a desafíos hoy”. Léanse o no los best seller de no ficción, es difícil no ubicar a la película dentro de un conjunto de enseñanzas contextuales antedichas y otra buena sección de libros sobre el stress como tutor, feliz o fatal -también: lo que va desde Judson Brewer y los psiquiatras que piden calma hasta el apologético Winning (2021), del entrenador Tim Grover, en donde el autor narra en primera persona su actividad como preparador físico de Michael Jordan y Kobe Bryant, y justifica por el fin todos los medios-.
Spoiler alert, pero los sentimientos antropomorfizados de Riley llegan tarde y la joven ha tenido un ataque de ansiedad. La relajación y el cese de hostilidades hacen que la protagonista vuelva con sus amigas, reflexione, y aproveche esta pausa para mejorar su nivel de juego -el papel del descanso en el trabajo, la meditación y el scrolleo-. Finalmente, con cierta calma optimista, la protagonista recibe una carta de la entrenadora, en la que se decide su futuro.
El último plano quiere insinuar una tensión, pero ubica a la película de lleno en el estante de las respuestas. Como en el último plano de Whiplash (Damien Chazelle, 2014), en donde el profesor dominante y el alumno sometido llegan a un arreglo que los hace crecer a ambos, Intensa Mente 2 toma posición y termina por justificar las tensiones, la presión, el desgaste físico y mental, con su sistema de paliativos al alcance. Riley abre la carta y vemos en sus gestos que su entrenadora tomó en cuenta su participación y que cambió de opinión («no está lista» había escrito en su cuaderno, antes de la actividad de Ansiedad). El individuo ha ganado, el mensaje llegó fuerte y claro. La respuesta es total.
2. La misma pregunta tres veces – Kinds of Kindness (Yorgos Lanthimos, 2024)
Inscrita en la larga tradición de las películas episódicas, Kinds of Kindness (Tipos de Gentileza en Argentina, 2024) es la vuelta del director Yorgos Lanthimos a su histórico co-guionista, Efthimis Filippou, luego de su receso hollywoodense en tonalidades mayores con La Favorita (2018) y Poor Things (2023). “Para esta película queríamos luces naturales, menos efectos, exteriores… pero bueno, siempre se complica”, dijo el griego sobre el rodaje de Kinds of Kindness, que se estrenó poco después que su antecesora, Poor Things, debido a lo que demoró en esta última el ensamblado en postproducción, que retrasó el estreno. En KoK el tema es la sumisión y la dominancia, la relación de amor y sometimiento de la que no se puede o se quiere salir. A diferencia de Intensa Mente 2, aquí el líder hacia el cual el protagonista (rotativo) no puede revelarse está afuera, no adentro. Se suceden en tres episodios tramas notables con la misma fórmula matemática como núcleo; todas parecen estar edificadas sobre el mismo cementerio indio. Un empleado (Jesse Plemons) debe emprender un acertijo de causas insólitas para recuperar una vida que se le impuso y perdió; una sobreviviente de un naufragio (Emma Stone) debe destruirse para probarle a su esposo que es ella misma y poder volver; una reclutadora de secta (Emma Stone) debe reivindicarse manipulando a un elegido para que le permitan regresar a la organización. Como en La Flor (Llinás, 2018), los actores asumen roles rotativos en los diferentes segmentos, lo cual genera un refuerzo en el todo de la película sobre la idea que hay detrás de ellos, que los moviliza. Como en Inside Out 2 los protagonistas se ven en pugna para ocupar una identidad impuesta, y maestros con agenda propia usarán este conflicto para manipularlos. El punto de vista es variable en tanto que en algunos casos seguimos al dominador y en otras al dominado -y este ida y vuelta es también conflicto para el espectador-, y tanto es así que se nos muestra a las víctimas soñar el mundo de los victimarios. Las decisiones insólitas y sorprendentes de guión típico de Lanthimos -el video que Plemons pide ver con la pareja de amigos como sinécdoque– tensionan todos los momentos, porque aprendemos que cualquier cosa puede pasar.

En las formas, cesa en este envío el regodeo del director con el lente ojo de pez, habitual de entregas anteriores, y se advierten gran angulares y sobre todo anamórficos que ubican a la película en un registro visual más cercano al de Paul Thomas Anderson (Lanthimos afirmó que eligieron un formato widescreen para poder ubicar en plano a varios actores y ahorrar tomas y tiempo, luego de la desbordada experiencia experimental de Poor Things). La música vuelve sobre un motivo de piano (un fa sostenido repetido ad nauseam) que es referencia obligada al de Kubrick en Ojos Bien Cerrados (Eyes Wide Shut, 1999) y que aparece para remarcar la paranoia de los personajes cuando el universo que los contiene presenta rasgos de sospecha.
Lejos de cerrarse en una respuesta útil como su compañera en este artículo, Kinds of Kindness abre el mismo interrogante tres veces, sugiriendo que nunca habrá solución posible en el lienzo circular. Entre las instancias de validación de una obra artística existe la temporal, y es incómodo preguntarse cuáles de las películas analizadas brevemente en este texto resistirán el juicio y visionado a mediano y largo plazo. Lo que es una respuesta hoy en Intensa Mente 2 puede ser una pregunta en tiempos futuros, con la idea del film congelada a un tiempo que ya no circulará, volviendo extraño y exótico lo que en este 2024 son referencias contextuales a una biblioteca puntual de autoayuda. Las tramas internas de cada película sobrevivirán como pequeños relojes autónomos, y quizás convivan, más temprano que tarde, con obras narrativas que no tengan actores ni autores, sino probablemente el eco de un prompt que se autogenerará sobre una base de datos, para un público quizás no humano. Lo cierto es que aún las obras reflejan una existencia, todavía nuestra, cerrando ideas anteriores y abriendo interrogantes y misterios. Las respuestas se congelan en el presente y las preguntas se abren en el futuro. Son dos mundos que se necesitan, y todavía son nuestros.



