19 de julio de 2026
¿Escuchan ese silencio? Es la campaña que se acabó. Llegaron las elecciones nacionales de medio término y La Libertad Avanza sacó más votos y más diputados que todos los demás. Con algunas sorpresas, Milei se impuso con fuerza y casi pintó de violeta todo el mapa. Pero la cosa no quedó ahí. Al contrario, recién empieza. Con los resultados puestos se abrió un panorama de dudas, debates, verdades dogmáticas, muchachitos llenos de postas, culpables e inocentes, etcétera.
A mí, en particular, se me llenó la cabeza de preguntas. Tengo la idea de que, para entender un poco lo que pasa, hay que pensar la elección, la representación y la política en dos planos: el local y el nacional. En las elecciones provinciales, Milei no pudo competir con los intendentes y gobernadores que revalidaron sus gestiones en cada distrito donde se desdobló. En octubre, en cambio, ninguna variable del peronismo logró hacer pie como alternativa nacional real a lo que propone La Libertad Avanza. De las muchas causas que nos trajeron hasta acá, esta diferencia entre ambos niveles es clave. Lo desarrollaré más adelante.
Certezas tengo pocas, pero opiniones tengo varias, así que voy a ponerlas acá. Que el tiempo diga cómo envejecen estas reflexiones. Vayamos por partes para ver qué me quedó de estas legislativas 2025 que, gracias a Dios, ya se terminaron.
El problema es que el peronismo, como propuesta de gobierno nacional, se volvió sinónimo de inflación
1. NO ES 2020, PERO ME QUEDO EN CASA
Nunca tanta gente me había dicho que no iba a votar. No quiero hacer de una impresión personal una verdad general, pero algo cambió. Lo vi en TikTok, lo escuché mientras hacía las compras, en charlas al pasar, en amigos que antes no se animaban a decirlo. Ya no hay secreto con eso de no votar, que en otras elecciones se disimulaba o se explicaba con culpa. Esta vez no. Se dice sin vueltas, hasta con algo de orgullo. El ausentismo se cuenta, se comparte, se milita. Si eso se mantiene, puede volverse una fuerza propia, una especie de partido de los que no van, capaz de quedarse con una parte fija de cada elección.
Hoy ese ausentismo pesa todavía más. Es alrededor del 35 por ciento del padrón. Y eso que fue más gente que en septiembre. Son ellos quienes, al final, definen a los próximos presidentes.
2. ¿POR QUÉ GANÓ MILEI SI YO PENSÉ OTRA COSA?
En septiembre dije que Milei erraba el análisis. Evidentemente, la que me equivoqué fui yo. Dijo que el kirchnerismo estaba en su techo y, aunque la cifra se parece más a su piso histórico, efectivamente fue su techo. También dije que para La Libertad Avanza ganar era sumar cien diputados. Y llegó tranquilo. No la ves, Antonella, evidentemente no la ves.
Sostengo que el proceso de desaceleración de LLA está en marcha. Esta victoria de Milei, o derrota del peronismo, no es nueva. Es exactamente la misma que en noviembre de 2023. En estas legislativas el electorado eligió la gobernabilidad de un gobierno que fue ampliamente elegido hace menos de dos años, y suena lógico.
¿Pero cómo puede ser, si estamos peor que nunca? En septiembre también dije que el electorado votó con el bolsillo, que rechazó las consignas superestructurales y que de nada vale una macro supuestamente ordenada si la economía diaria está detonada. Me equivoqué de nuevo, o casi. La cuestión está, para mí, en pensar la diferencia entre los dos planos: puede parecer increíble, pero viendo estos números suena a que, para el pueblo argentino, el único que tiene un programa de gobierno, guste o no, es Javier Milei.
. Ya no hay secreto con eso de no votar, que en otras elecciones se disimulaba o se explicaba con culpa. Esta vez no. Se dice sin vueltas, hasta con algo de orgullo
Repito, análisis en clave nacional. En ese sentido, la gente volvió a rechazar las consignas superestructurales, solo que esta vez eran otros los que las sostenían: la fuerza que decía “ponerle un freno a Milei”. En paralelo, el gobierno mostraba una alianza estratégica con Estados Unidos que, guste más o menos, se parece mucho más a una plataforma de gestión que a “ponerle fin a la crueldad”.
Sigo creyendo que el proceso de desaceleración de LLA está en marcha, pero también que la gente en todo el país eligió sostener. Nadie quiere un 2001. No entiendo por qué algunos sectores del peronismo lo siguen trayendo a la escena pública como un fetiche. Una persona que le debe a cada billetera virtual una vela no tiene cabeza para pensar en cinco presidentes en una semana. También parece lógico. La voluntad popular es que Javier Milei finalice su mandato. Dos años de nada es suicidio.
3. PERDIMOS BUENOS AIRES
Siendo sincera, la derrota del peronismo no fue tan grande ni tan terrible. El problema fue que estaba empachado de expectativas. Esa brecha entre lo que se esperaba y lo que efectivamente pasó explica mejor que cualquier número la sensación de derrota.
No voy a ser hipócrita: yo también esperaba que al peronismo le fuera mejor en octubre. Obvio que todos nos comimos la curva de septiembre en Buenos Aires. No me gustan los prodes, pero me imaginaba un resultado nacional cinco puntos arriba y un peronismo ocho o diez puntos arriba en la provincia. En eso me equivoqué feo.
¿Qué pasó? Bastantes cosas. La estrategia de campaña fue literalmente “no hacer nada y ganar”. Y acá están los resultados. Después de septiembre, Milei hizo más campaña que la oposición. En Buenos Aires -donde voto, vivo y por eso opino- nuestros candidatos se mantuvieron muy discretos, sin una palabra que conectara con el afuera. La única propuesta fue ponerle un freno a Milei. La campaña peronista de octubre fue la antítesis de la de septiembre, cuando los candidatos de cada sección le metieron todo a la territorialización y a renovar la confianza entre los bonaerenses. En octubre vimos una parálisis disfrazada de prudencia.
En las elecciones provinciales, Milei no pudo competir con los intendentes y gobernadores que revalidaron sus gestiones en cada distrito donde se desdobló. En octubre, en cambio, ninguna variable del peronismo logró hacer pie como alternativa nacional real a lo que propone La Libertad Avanza
Por supuesto que Axel Kicillof fue un perdedor de la jornada. Validó su gestión local en septiembre y ahora debía medir su posibilidad de incidir en la elección nacional. Fracasó. ¿Otros gobernadores también? Sí, pero el que busca liderar el espacio post-CFK es él.
Aun así, la culpa no es solo de Axel. No me imagino a Pullaro o Llaryora echándole la culpa al desdoblamiento por haber perdido contra los ignotos candidatos de Milei. La elección provincial tenía una boleta y la nacional otra. Si se votaba el mismo día, tampoco los intendentes hubieran empujado necesariamente. Acá se debate lo que el argentino no quiere a nivel nacional. Puede sonar contradictorio, pero los números lo confirman. Culpar al desdoblamiento sería creíble si el resto del país contara otra historia. Pero no. Provincia por provincia, el rechazo fue casi general. Kicillof ganó cuando se plebiscitó su gestión local; cuando lo que se votó fue el proyecto nacional, el peronismo perdió por paliza.
El PJ nacional no suma músculo electoral en todo el país hace quince años, pero la culpa es de los intendentes. ¿Había representantes de los intendentes en la lista de diputados nacionales de la provincia? No. Leer comentarios post elección de septiembre era ver gente comportándose como si a Milei lo hubiera vencido la fe peronista. El peronismo bonaerense sacó lo mismo que en 2017 y 2021, elecciones que perdió. Fue lindo lo del 7/9, pero Milei, a nivel nacional, sigue sin tener con quién perder.
También dicen que se perdió porque la elección de septiembre despertó al antiperonismo y generó un “efecto ballotage”. Sobre el argumento de “mostraste las cartas en septiembre”: no. En septiembre fue una elección de grandes candidatos en la PBA. Si lo que necesitás para ganar es que la gente no sospeche que podés ganar, es raro. En 2011 la que no tenía con quién perder era CFK -y no perdió-.
La derrota de septiembre debilitó al gobierno en lo político y lo degradó en lo económico. Si la mayoría de la sociedad considera que tu eventual triunfo sería desatar el caos, el problema es otro y no se resuelve con un cronograma distinto. Cada uno tiene su excusa, pero el problema no fue de fechas, fue de representación. Un rechazo nacional de esta magnitud no se resuelve con debates administrativos. El peronismo no está logrando proyectarse al futuro, y ahí está el verdadero drama.
4. UN PAÍS PINTADO DE CELESTE
En las provinciales de septiembre dijimos que mirar las secciones donde no ganamos nos iba a ayudar a pensar el mapa completo de octubre. Y fue así. En la quinta y la sexta el antikirchnerismo y la división pesaron, y en la nacional también.
En 2011 teníamos casi todas las gobernaciones. Desde entonces, y pasando por 2019, el sueño de ver un país pintado de celeste como en las mejores épocas queda lejos. Para volver a verlo, en principio, debería haber un solo celeste. Fuerza Patria se presentó en 14 provincias y en otras ni siquiera tiene espacio. En varias de esas 14 no llega a ser tercera fuerza.
la derrota del peronismo no fue tan grande ni tan terrible. El problema fue que estaba empachado de expectativas. Esa brecha entre lo que se esperaba y lo que efectivamente pasó explica mejor que cualquier número la sensación de derrota
El peronismo como propuesta nacional está en crisis hace años. Esa crisis se profundizó en la pandemia, cuando se consolidó como un partido del AMBA. En este punto es imposible no mencionar las fallas del PJ nacional, en conflicto con casi todas las provincias y sin una estrategia federal que ordene. Me pregunto cuál es la estrategia nacional. Enojarse porque Axel desdobló, pero con Gildo está todo bien. Intervenir el partido en algunos lados y romper con el peronismo norteño. No hay horizonte. La no estrategia no es una estrategia. No se puede imponer lo que no existe.
En estas elecciones el peronismo perdió el control del Senado y quedó más chico que nunca, con un bloque de 28 senadores. Para tener senadores no alcanza con exigirle a los intendentes del conurbano que definan la elección. No podemos vivir pensando que lo que necesitamos para consolidarnos a nivel nacional está solo en el conurbano. Argentina no es el conurbano, no se deja influir tanto por lo que decida el intendente de Berisso. Se necesitan provincias.
Dicen que busco provincialismo. No. Si los gobernadores perdieron todos en la nacional, eso confirma lo que digo. No hablo de provincialismo, hablo de orden. El PJ nacional tiene que ordenar los provincialismos, no esperar que uno de ellos nos salve. Para ganar el país hay que pensar cómo achicar diferencias en provincias como Mendoza, Santa Fe o Córdoba. No se puede ganar sin una mirada federal.
Otro error estratégico que ya repetimos hasta el cansancio es el uso y abuso de la retórica del milagro y la mística de la nostalgia. E infantilizar al electorado. La gente no puede ser el pueblo soñado cuando te votan y una manga de desclasados cuando pierden, quizás el enfoque está mal. Lo que yo veo -y perdón si se malentiende- es que la estrategia de contar a LLA como un gestor de “políticas de crueldad” no sirve y no interpela, porque el argentino como sujeto electoral, al menos en esta época, no se victimiza, no se siente víctima de nada relativo a la crueldad. Por eso insisto en que el peronismo, sigue hablándole a un sujeto que ya no existe: pasivo, víctima, receptor. Yo veo gente tomando a conciencia la decisión de votar a Milei o no votar a Lllaryora o Taiana. No veo víctimas.
5. ¿Y AHORA?
El núcleo de mi teoría es este: sin proyecto nacional y sin estrategia federal, el peronismo no tiene horizonte. No hablo de un programa de gobierno, que se supone que lo hay, sino de la imagen que proyecta hoy. No es que el pueblo argentino rechace un nombre o una cara. El problema es que el peronismo, como propuesta de gobierno nacional, se volvió sinónimo de inflación. Le resulta imposible a cualquier dirigente sacarse de encima ese peso. Ahí está el desafío: hablar de economía y convencer de que un gobierno celeste no implica aumentos todos los días.
Algunos prefieren culpar a la gente y hacer la plancha en un supuesto antiperonismo acérrimo, en vez de asumir que hace años no se ofrece un horizonte de mejora ni de estabilidad. No es rechazo al peronismo, es rechazo a la inestabilidad que lo acompaña.
El peronismo puede encontrar otras formas de existir, porque la desaceleración de Milei es inevitable y ya empezó. El tiempo dirá si quienes se le oponen pueden convencer al pueblo de que tienen algo más para ofrecer que solo oponerse.



