Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

23 de agosto de 2025

EL CAMINO HACIA EL CONGRESO

María Antonella Jaime

@Antonegra_ar
Política
Tiempo de lectura: 7 minutos

Nací en 1994 y, desde que cumplí 18, me tocó votar cada dos años. Si hago la cuenta, ya participé en seis elecciones. Votar es fácil, buscar en las listas los apellidos de siempre, elegir el partido que me representa y, sin detenerme demasiado en los nombres propios, meter la boleta en la urna. Salvo excepciones, nunca pensé demasiado en quiénes estaban del otro lado de esas boletas ni en cómo habían llegado hasta ahí. Y menos que menos se me había ocurrido imaginar que yo podía estar en ese lugar. Votar sí, ser candidata jamás. Hasta que llegaron las legislativas de 2025, el momento en que empecé a creer en mi camino hacia el Congreso. La boleta es única, la oportunidad también.

La elección de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires en 2025 suma un conjunto de condiciones que la vuelve casi única, una especie de ventana inesperada para quienes no pertenecemos a las estructuras partidarias clásicas. No es muy loco lo que digo, la provincia de Buenos Aires eligió desdoblar los comicios nacionales, habrá boleta única de papel y se votarán únicamente diputados nacionales. Nada de arrastre, nada de candidatos presidenciales o gobernadores empujando desde arriba. Por primera vez, la cosa me parece un poco más pareja.

Por eso, cuando alguien cercano me dijo: “vos tendrías que ser diputada”, tuve un lapsus delirante y contesté: “sí, ¿sabés que sí?”. Ahí empecé a investigar qué necesitaría para ser candidata. Y lo que encontré me sorprendió, no se veía imposible.

Y aunque muchos piensen que fue un accidente irrepetible, para mí lo que demostró es que, en el siglo XXI, hay grietas en la estructura por donde pueden colarse cosas nuevas e interesantes, por ejemplo, yo

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En primer lugar, está el uso de la boleta única de papel, que cambia muchas cosas, desaparece la necesidad de imprimir boletas, repartirlas, reponerlas, custodiarlas, etc. Ese gasto y esa logística siempre fueron herramientas de los partidos grandes, con dinero y fiscalización territorial.

Otra cosa, se elige una sola categoría, en el caso de PBA diputados nacionales. Esto corta de raíz el arrastre, el votante ya no va a elegir “al de arriba” y, de paso, regalarle la banca al de abajo. Para quienes soñamos con romper el blindaje, eso -en un mundo ideal- significa que la competencia es más directa, más limpia.

Tercero, al no haber necesidad de repartir boletas ni de organizar un ejército de fiscales que controlen cada cuarto oscuro, las maquinarias partidarias pierden parte de su peso histórico.

Encima de esto, lo obvio, la representación política que está en números rojos. Los partidos tradicionales no aportan nada nuevo, el que no renueva es intendente, viene del PRO o de otro sello reciclado. El desinterés, la falta de entusiasmo y el crecimiento del ausentismo electoral siguen siendo caldo de cultivo para que aparezcan figuras “outsiders”, que no vienen del recorrido clásico de comité, unidad básica o agrupación universitaria. La irrupción de Milei en 2021 y su ascenso meteórico hasta la presidencia dejó claro que el sistema no es tan cerrado como parecía. Y aunque muchos piensen que fue un accidente irrepetible, para mí lo que demostró es que, en el siglo XXI, hay grietas en la estructura por donde pueden colarse cosas nuevas e interesantes, por ejemplo, yo.

No alcanza con voluntad para inscribirse como candidato, hay que hacerlo a través de un partido reconocido, y en ese punto aprendí que existen partidos que tienen “dueño”, y que se prestan a cambio de dinero

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Diputada, ¿para qué?

Si me preguntan (nadie te preguntó) por qué pienso que podría ser una buena diputada nacional la primera respuesta es simple: porque soy licenciada en Trabajo Social. No quiero caer en lugares comunes, no creo que me lo merezca más que otras personas y sé que no hice el camino establecido para lograrlo. No vengo de una tradición política partidaria, pero sí de un recorrido de formación y práctica que me da experiencia y capacidad para trabajar con otros y para planificar proyectos y legislaciones que le aporten algo a grupos y comunidades que lo necesitan y que generalmente tienen muchas dificultades para llegar. Y otra cosa muy importante que no quiero olvidar es que quiero ser diputada por mi provincia. Voto en una escuela de JM Gutiérrez, en Berazategui, porque soy bonaerense. No todos los candidatos pueden decir lo mismo.

Voté casi siempre al mismo espacio, y sé que si me quedo esperando que mi partido abra el juego y me dé la oportunidad de competir, jamás va a suceder. El reparto de lugares está cerrado y la lista de espera es larguísima. Los partidos se reparten las bancas como si fueran la cuota alimentaria. Se prioriza el derecho adquirido (¿cuándo?) y un falso equilibrio que va más de mantener que de expandir, cómo dos equipos a los que les rinde el empate. Se negocia hacia adentro, no hacia afuera. Es una muerte lenta disfrazada de estabilidad que apenas rinde hacia adentro. Y todo termina con los nombres de siempre turnándose en las listas, aunque la sociedad les esté pidiendo a gritos otra cosa.

Medio lavado lo que digo, lo sé, pero cuando pienso en la Cámara de Diputados, me pregunto por qué no podrían entrar también cuadros técnicos, personas con experiencia concreta en los problemas sociales, y no solo dirigentes formados en la rosca interna. Si hay un buen momento, es este. Y yo soy esa.

Después está el contexto. Cuando uno habla de oportunidades políticas, no alcanza con que el escenario sea favorable, hay que saber leer los tiempos. Me parece que la política siempre fue un juego de tiempos, que incluso trasciende lo que decís o la fuerza que tengas. En la mayoría de los casos, se trata de cuándo decidís poner la carta sobre la mesa. Y no soy la única que lo piensa así.

Otra cosa muy importante que no quiero olvidar es que quiero ser diputada por mi provincia. Voto en una escuela de JM Gutiérrez, en Berazategui, porque soy bonaerense. No todos los candidatos pueden decir lo mismo

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Grabois y Moreno

Juan Grabois y Moreno generaron alguna expectativa entre periodistas y militantes especulando con sus posibles jugadas y candidaturas. Dos figuras distintas, con recorridos diferentes, pero que me dejaron una lección sobre lo que significa acertar -o fallar- en el momento.

Antes de aparecer como el tercero de la lista de Fuerza Patria, Grabois amenazó con ir por fuera utilizando el sello de Patria Grande y apostando a una baja participación que lo meta en el congreso con 350 mil votos o menos. Estuvo pillo. No se mandó a confrontar en las primeras semanas del año electoral, se guardó hasta los días previos al cierre de candidaturas. Fue ahí cuando tensó la cuerda, desafió a la estructura, recontra puteó a Massa, se vendió caro, y será diputado nacional. Esa jugada le dio visibilidad y le permitió incomodar al partido cuando servía.

Moreno, en cambio, eligió mal la curva. Apostó todo al “segundo 17 de octubre”, convencido de que la condena a CFK le daba un nuevo aire de épica al peronismo de los últimos 20 años. Pasó lo contrario, la épica inicial se desinfló rápido en el día a día de la vida, y Moreno se neutralizó frente a la estética del PJ nacional en cuestión de semanas.

Claro que no todo es tan simple. Incluso en este escenario más abierto había plazos formales a cumplir: el 7 de agosto vencía el plazo para la presentación de alianzas y agrupaciones electorales; el 17 de agosto, para la inscripción de candidaturas; y del 27 de agosto al 24 de octubre se abre el período oficial de campaña. Nada de eso desapareció, y sin un partido detrás que te preste el sello como a Juan Grabois, ni siquiera llegás a prepararte.

Ahí aparece uno de los primeros obstáculos concretos: necesitás un partido político. No alcanza con voluntad para inscribirse como candidato, hay que hacerlo a través de un partido reconocido, y en ese punto aprendí que existen partidos que tienen “dueño”, y que se prestan a cambio de dinero. Algunos, por una módica suma, pueden ponerte el sello, habilitarse la candidatura y arrancar la maquinaria mínima para que te anotes en la competencia. Mi proyecto de presentarme por convicción termina de la manera más obvia, chocando con el mercado de los sellos partidarios. No es muy romántico, pero es parte de la vida real.

Esta elección era distinta, propicia, pero no va a ser la única. La demanda de nuevos candidatos y experiencias llegó al pico con Milei, pero no es de ahora, en los últimos 14 años tuvimos 4 presidentes, un signo de insatisfacción y falta de soluciones

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Pero eso es lo de menos, porque la combinación de factores sigue haciendo que esta elección se sienta diferente. Es una legislativa acotada, chata, fea, incómoda, pero justamente por eso con más margen para la sorpresa. Si alguna vez alguien como Milei logró colarse en la conversación nacional desde la tele, ¿por qué no podría pasar algo así en este escenario diseñado casi sin querer para que eso sea posible? En Buenos Aires, las elecciones de 2025, con boleta única, sin arrastre y con menos poder territorial de las maquinarias reafirman este proceso. Pero finalmente, el arco político en su totalidad decidió comportarse de la única manera que sabe hacer frente al peligro de perder alguito y se aseguraron lo mínimo.

Una semilla

Mi sueño legislativo quedó en llamadas, algunas reuniones y una buena investigación. Pero lamentablemente no encontré una ventana y me quedé con las ganas de participar en esta elección tan particular con mi cara en la boleta única. Pero no fue todo pérdida, porque después de semanas imaginándome en campaña para ser diputada nacional sin un apoyo o estructura que avale mis delirios, reafirmé la convicción de que en los próximos años hay espacio para nuevas voces en la política. Por eso celebro cada nombre nuevo que aparece en una lista. Y me decepciona cada vez que los lugares se terminan repartiendo entre los mismos de siempre, en ese falso equilibrio donde nadie disputa nada de cara a la sociedad.

Lo pensé incluso en estos días del cierre de listas, donde los partidos fueron a lo seguro e incluso en los partidos chicos se ven caras mega conocidas. Esta elección era distinta, propicia, pero no va a ser la única. La demanda de nuevos candidatos y experiencias llegó al pico con Milei, pero no es de ahora, en los últimos 14 años tuvimos 4 presidentes, un signo de insatisfacción y falta de soluciones. Porque en el fondo lo que expresa es una intuición compartida por muchos de que la política argentina necesita oxigenarse, que la gente pide renovación. ¿Pero qué necesitás? Requiere ganas, estrategia, y sobre todo entender que la política argentina de hoy no se juega con las mismas reglas que hace diez o quince años.

Mi camino hacia el congreso recién empieza. Esta historia continuará.

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