20 de julio de 2026
La entrevista gana esquinas, expone infiernos, muestra ángulos, plantea dilemas, explica silencios, rompe mundos y tutea ojos. Hacemos periodismo para aprender, no para medir el largo de nuestro reflejo. La repregunta es más sagrada que la fe. En este oficio es así. La reafirmación se busca en una biblioteca o en un baño, no en una nota.
Entrevistar es afuera, una novedad por mano propia, que incluye respeto, no reconciliación. Los mejores textuales salieron de una nota sin hinchas locales: Perón echó a Neustadt de Puerta de Hierro, Charly le dijo boludo a Lanata en la cara, Darín lo corrió por la izquierda de sus tres duchas calientes a Fantino, Fernando Peña le apuntó con un fierro a Mirtha. Fueron exitosos porque fueron incómodos, también para el público. Y nadie sabía lo que iba a pasar. El algoritmo no te protege del dolor que vive en territorio comanche.
En Argentina siempre el infierno es el otro.
Jamás se desata desde el yo.
Pedro Rosemblat no blanquea
lo que está sucio,
lo que está sucio está sucio,
lo que está limpio está limpio.
No absuelve.
No condena.
No tiene el poder de una época.
Una camisa está bien hecha
más allá de la ideología del sastre.
Un reportaje también.
Porque la duda siempre es beligerante
con la creencia.
Perón echó a Neustadt de Puerta de Hierro, Charly le dijo boludo a Lanata en la cara, Darín lo corrió por la izquierda de sus tres duchas calientes a Fantino, Fernando Peña le apuntó con un fierro a Mirtha. Fueron exitosos porque fueron incómodos
¿Qué es lo que no quieren escuchar?
¿Qué el otro existe?
Enamorarse de la huella personal
nos convierte en incapaces de
hacer un gran acto anónimo.
Todos quieren hablar
pero nadie quiere escuchar.
¿La patria es el otro o es
el otro que me quiere?
El apagón cultural de la década tarada
no discute ideas,
querella preguntas.
Y parte de una narrativa equivocada:
La inquisición del bien no existe.
Algunos solo quieren entrevistar a los buenos, esos que jamás cambian de idea, pero cada cuatro años dicen que el pueblo se volvió de derecha y vota monstruos. Ese buenismo ilustrado que quiere discutir crueldad en lugar de hambre, formas en lugar de fondo. Milei fracasó, pero el diseño gráfico de su contragolpe también. El país explota en una carnicería, no es un palco del Movistar Arena.



