Un momento...

30 de junio de 2026

30 de junio de 2026

28 de junio de 2025

ECONÓMICO Y SOCIAL, PERO NO POLÍTICO

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 4 minutos

¿La política atraviesa su peor momento? Es muy tentador pensar y decir eso. Tal vez la política encontró ya una forma que no paga costos, que vive y legisla en el presente puro como si no hubiera mañana. Una política tanática que solo quiere la destitución de lo que fue creado. ¿La política sólo puede ser destructiva? ¿Puede dejar la creación de posibles y llevar a cabo la destrucción de posibles? Sí, si hay un contexto puede surgir algo que tenga como norte cerrar, clausurar, desfinanciar, etc. Ya lo hemos visto en todos los gobiernos, pero en forma parcial. Ahora es sistemático.

Si Hegel tenía razón a una afirmación le sigue una negación. Pero no es que “le sigue” o está después, cuando nace una afirmación, una tesis, también lo hace la parte que la niega, su antítesis. Eso es la realidad. Un pulso contradictorio que no se puede deshacer. No hacemos si no crear el futuro constantemente. Si desde el 2001 el Estado se hizo tan presente en todos los ámbitos, la oleada que lo contrarresta llegó casi 25 años después. Estamos viviendo el revés de la trama.

Nos olvidamos del dólar porque la agenda mundial con la guerra, y la agenda local con Cristina saturaron la conversación pública. Pero el tema argentino de los dólares está intacto

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El Estado no es lo único que cruje. El mercado no existe sin lo público, lo moldea, lo legisla. La economía encuentra la forma con su tiempo y los sujetos individuales, todos nosotros, vamos sintiendo los efectos. Se puede decir que la economía es lenta y desigual. Muestra como los que vinieron a acabar con la casta en realidad la están construyendo. Hay datos que puestos en este contexto explican muy bien lo que está pasando. Por ejemplo, los viajes a Japón aumentaron exponencialmente en los últimos dos años mientras el turismo interno decreció. Estamos hablando, pre Mundial de Clubes, que los viajes al exterior subieron un 46% en mayo respecto del año anterior y los turistas que ingresan al país cayeron un 14%, según el último informe del INDEC. Hay que anotar que el mes es mayo, que no es el mes turístico, como julio, por ejemplo. Para reforzar el desbarajuste algunos análisis, como el del economista Amilcar Collante, muestran una relación inversa entre los viajes al exterior y, por caso, la producción de energía.

La balanza social da vértigo, el déficit externo con un rojo histórico (compramos menos de lo que vendemos) da pena. A unos se les hace más barata la vida y pueden acumular dólares todos los meses, viajar, comprar en la plataforma china Shein un pack de chombas que en un año están en el tacho de la basura; otros dejan de comer proteínas a partir del 15 de cada mes y comienzan a endeudarse a tasas chinas mientras buscan otro trabajo para mantenerse, apenas, en la línea de flotación social. Salvados y hundidos, el dólar barato acumula tensiones y un final que ya sabemos, pero no cuándo.

El drama es que la foto de hoy, todavía salvable, se convierta en una película. Nos olvidamos del dólar porque la agenda mundial con la guerra, y la agenda local con Cristina saturaron la conversación pública. Pero el tema argentino de los dólares está intacto. Una olla a presión que tiembla con más fuerza. Como siempre se dijo, como siempre se supo, el argentino no es ni bueno ni malo, sólo aprovecha (y bien sabe) cuando el dólar está regalado. Debe ser algo ancestral de las pampas que uno aprovecha porque sabe que se termina de un día para otro.

El drama económico y social todavía no termina de convertirse en drama político. Las demandas están dispersas, se juntan los miércoles en una marcha de sindicatos, movimientos sociales, pero todo queda un poco ahí

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Por otro lado, hay algo del orden de la percepción económica argentina, un efecto inverso de los datos. Se ve en la calle que la guita no alcanza, de hecho, el aumento considerable del pluriempleo muestra que, como nunca, se está poniendo el cuerpo para generar dinero para llegar con lo justo a fin de mes. El efecto inverso de los datos sería algo así: cuánto más baja de la inflación, peor será la percepción de la gente, porque la guita no alcanza. Los supuestos datos triunfales, el (¿único?) logro que se festeja no lo siento en lo más mínimo. La paradoja es clara: cuánto mejor, peor. 

Por otro lado, asistimos a otro drama (todo es dramático) que podemos nombrar como el “drama de la sinécdoque política”. ¿Por qué? Porque la sinécdoque es la figura retórica que nombra a una parte para hablar del todo. También puede ser una operación política. Cuando hablamos de “sinécdoque política” nos podemos referir a la estridente condena de la ex presidenta Cristina Kircher. Los seguidores de Cristina, con su intensidad característica, su amor inconmensurable, hacen que su parte se convierta en un todo, pero que no sea un todo verdadero. No están todos ahí: sigue la interna con el axelismo, otros sectores del panperonismo no arriman el bochín, la mitad de la sociedad cree que robó, etc.

Una política tanática que solo quiere la destitución de lo que fue creado. ¿La política sólo puede ser destructiva? ¿Puede dejar la creación de posibles y llevar a cabo la destrucción de posibles?

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Después, aparecen ideas como llevar de candidato a Máximo; casi usando las movilizaciones en apoyo a Cristina como plataforma, apareció con el halo de candidato en pleno Parque Lezama de estricta joggineta y con la campera de la marca de tres rayas de Adi Dassler. Dio un breve discurso, después apareció aquí y allá en entrevistas con el clásico repertorio pre 2015. Tal vez estén sólo tanteando el terreno de una candidatura que no parece convencer a muchos.

Ahora bien, el drama económico y social todavía no termina de convertirse en drama político. Las demandas están dispersas, se juntan los miércoles en una marcha de sindicatos, movimientos sociales, pero todo queda un poco ahí. Los profesionales de la política todavía no toman nota, todo pasa por otros carriles. No hay una traducción de un orden social a un orden político. Tal vez ahí encontremos la causa de que el gobierno sale sin mucho costo de la destitución de los lazos sociales e institucionales. Todo es espera, transición, mientras tanto, el cambio está después.

Café Panamá