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06 de julio 2022

Esteban Actis

DEL BRICS AL G7: APUNTES SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE ALBERTO FERNÁNDEZ

Tiempo de lectura: 12 minutos

La explotada dinámica política y económica de la Argentina y la sensación de emergencia permanente provocaron que no haya tenido mucha repercusión en los medios de comunicación la participación -con pocos días de diferencia- del presidente Alberto Fernández en la 14.ª Cumbre (virtual) de los BRICS organizada por China y en la 48.ª  Cumbre del G7 que se celebró en los Alpes bávaros, Alemania. Mirar el mundo e intentar analizar la política exterior después de un fin de semana donde el país estuvo en vilo por la falta de resolución de la crisis política/económica luego de la renuncia de Martin Guzmán parece una cosa superflua y postergable. Nuestras crisis recurrentes y la total sensación de incertidumbre hacen que en Argentina solo se mire como horizonte el mañana y la pequeña comarca. Cuando se levanta la cabeza para mirar un poco más allá de nuestras narices, lo que pasa en el mundo solo importa para alimentar el sesgo de confirmación sobre la (ir)realidad que se tienen en ambos lados de la grieta. Como me gusta señalar, pase lo que pase en la dinámica doméstica el “mundo no te espera”. Es más, este mundo en el que vivimos, te devora.

Hecha esta pequeña digresión y volviendo a la participación de Alberto Fernández en las cumbres, cabe puntualizar que sólo tres países -no miembros- fueron invitados a participar en ambos importantes foros internacionales. Argentina, Indonesia y Senegal.  Las invitaciones tienen su lógica. Mientras que Yakarta tiene la presidencia del G-20 en 2022, Dakar conserva la presidencia pro tempore de la Unión Africana y Argentina de la Celac. A su vez, el país africano representa la voz de los países de renta baja que experimentan una verdadera amenaza a su seguridad alimentaria en el contexto de guerra. Por su parte, Buenos Aires como un país exportador de alimentos aparece como una voz sudamericana con el potencial de contribuir (esa es la narrativa oficial) a la solución de dicho gran flagelo que el mundo ya está comenzando a experimentar.

En realidad, por tamaño e importancia relativa esa invitación (G-7) lo debería ocupar Brasil. La cada vez mayor desconexión política del gobierno de Bolsonaro con Occidente le abre una corta ventana de oportunidad (si es que se confirma lo que vaticinan las encuestas para las elecciones brasileñas) a la Argentina. Narendra Modi (India) y Cyril Ramaphosa (Sudáfrica) fueron los BRICS invitados a Alemania. A pesar de la debilidad del gobierno peronista (misma condición que tienen fronteras adentros todos los lideres del G7) y de la delicada coyuntura económica Argentina es valorado como una democracia estable en América Latina. Sin embargo, que Olaf Scholz haya invitado a Alberto Fernández a Los Alpes alemanes obedece principalmente a la defección global del Brasil de Bolsonaro.

"Mirar el mundo e intentar analizar la política exterior después de un fin de semana donde el país estuvo en vilo por la falta de resolución de la crisis política/económica luego de la renuncia de Martin Guzmán parece una cosa superflua y postergable. Nuestras crisis recurrentes y la total sensación de incertidumbre hacen que en Argentina solo se mire como horizonte el mañana y la pequeña comarca."

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Esta no es la primera vez que la política exterior del gobierno de Fernández juega un delicado equilibrio diplomático en este mundo turbulento. Argentina y otros 6 países de la comunidad internacional estuvieron presentes tanto en la Cumbre de las Democracias organizada por Washington a finales del 2021 y en la apertura de los JJOO de Invierno Beijing 2022, evento que tuvo un boicot diplomático de EEUU. En ese marco, como nunca antes desde la creación de BRICS (2009) la Cumbre celebrada días atrás -con Putin participando y antes de la reunión del G7- ha sido percibida en clave antagónica tanto desde Occidente como desde China. Por ejemplo. Zhao Lijian, subdirector del Departamento de Información del Ministerio de Relaciones Exteriores, publicó un tweet que contrapone la población de BRICS (3.200 millones) con la del G7 (777 millones) preguntándose quien en realidad representa la “sociedad internacional”. Cuando desde Washington se piensa en la era de great power competition se está mirando específicamente a China y Rusia. Independientemente de las agendas BRICS y de cuánto China le quiera subir la apuesta al bloque en el marco de su estrategia global, es indudable que su accionar tendrá mayor connotación geopolítica de lo que ha tenido en el pasado.   

La puerta entornada

Tres rápidas y concatenadas conclusiones nos dejan la agenda internacional del presidente en ambas Cumbres. La primera es la confirmación de la condena diplomática a Rusia por su accionar en Ucrania. A pesar de la famosa frase de Fernández en su reunión con Putin y de ciertos titubeos iniciales, Argentina es uno de países latinoamericanos que más le ha entornado la puerta a Rusia luego del estallido de la guerra. Cabe recordar el voto condenando la invasión de Rusia a Ucrania en la Asamblea General de Naciones Unidas y más específicamente el voto positivo para suspender la membresía de Rusia del Consejo de Derechos Humanos. En su discurso en BRICS Fernández exclamó “que es imperioso que cesen las hostilidades en Ucrania”. Si bien esa declaración no parece ser muy contundente, teniendo en cuenta que la delegación rusa lo estaba escuchando y que Bolsonaro en su discurso omitió referirse a la guerra, las palabras del mandatario argentino cobran relevancia relativa. Una vez sentado en el hermoso salón de Schloss Elmau en Alemania, Fernández fue más contundente: “La Argentina condenó la invasión de Ucrania por parte de la Federación de Rusia. Una vez más reclamamos el pleno apego a todos los principios del multilateralismo. Creemos en la solución pacífica de las controversias y en el pleno respeto de los derechos humanos”. La llamada telefónica entre Fernández y Zelenski (el presidente ucraniano habló también con Boric) agradeciendo la ayuda humanitaria y la condena a Rusia ratifica lo señalado.  

El segundo aspecto, y estrechamente relacionado, es el lento pero firme giro del volante de la política exterior argentina hacia el “Norte Global” luego de la gira por Moscú y Beijing a inicios de Febrero.  La visita en abril a Buenos Aires de Laura Richardson la Jefa del Comando Sur fue simbólica. La reunión con la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner marcó un aspecto para nada menor. De derecha a izquierda del arco político con aspiraciones electorales la adscripción de la argentina como parte del diseño estratégico de los Estados Unidos no se discute. Dicho en otras palabras, a lo sumo Argentina puede tener momentos de “oposición limitada” pero el “desafío estratégico” en Buenos Aires no tiene lugar.  A su vez, la firma en abril de Argentina con otras 60 democracias de la Declaration for the Future of the Internet también marcó un gesto -desapercibido para los analistas locales- hacia Washington en temas sensibles para la potencia hegemónica. Sólo 5 países latinoamericanos -Argentina, Colombia, Costa Rica, Perú y Uruguay- apoyaron la iniciativa de la administración Biden que busca claramente rivalizar con China en el futuro de la red de redes.

"De derecha a izquierda del arco político con aspiraciones electorales la adscripción de la argentina como parte del diseño estratégico de los Estados Unidos no se discute. Dicho en otras palabras, a lo sumo Argentina puede tener momentos de “oposición limitada” pero el “desafío estratégico” en Buenos Aires no tiene lugar."

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En mayo Alberto Fernández emprendió una gira europea en la que se reunió con Pedro Sánchez, Olaf Scholz y Emmanuel Macron. En Junio, y a pesar del boicot de parte de la izquierda regional (México con AMLO a la cabeza) a la Cumbre de las Américas el Presidente viajó a Los Ángeles. En el marco de la negociación para que el presidente argentino participe, el gobierno se aseguró una bilateral con Joe Biden para el mes de julio.

El shift “occidentalista” de la política exterior se explica principalmente desde las necesidades financieras de la Argentina. El trade off busca traducir un mayor compromiso estratégico con los EEUU y sus aliados europeos en apoyos políticos para la agenda del crédito. El gobierno necesitará una “waiver” en el FMI para la aprobación en la segunda parte del año y nuevamente la Casa Blanca será clave para dicho fin. Asimismo, la Argentina debe cerrar importantes desembolsos de bancos multilaterales claves para el ingreso de dólares en los meses donde la liquidación de la soja se termina. De los 5 mil millones que se esperan, más del 75% provienen del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. Esas negociaciones se deben realizar en la famosa Pennsylvania Avenue en Washington. A pesar del flamante ingreso de Argentina al AIIB (Banco Asiático de Inversiones y Infraestructura) se esperan a penas 300 millones de dólares de posibles préstamos del banco multilateral chino. En estos días, el ex ministro de economía Martin Guzmán tenía un viaje a Francia para terminar de reestructurar la deuda con el Club de Paris pendiente del 2014. Veremos que decide la nueva ministra Batakis en relación a dicha negociación. Más allá de la “transición del poder” de Occidente a Oriente, los fierros y la agenda financiera siguen estando en Occidente y la vulnerable Argentina así lo entiende.

Por último, los pocos días que el presidente estuvo en Alemania confirman un aspecto que no muchos analistas han reparado: la centralidad de Massa en la política exterior. No solo la participación en ambas comitivas presidenciales (EEUU y Alemania) muestran esta realidad. En el almuerzo final de la Cumbre de las Américas donde se suelen hablar de los temas diplomáticos más reservados, Alberto Fernández eligió para su “+1” -formato que el protocolo marca que cada presidente puede llevar un solo acompañante- a Massa. Cabe recordar que el ex intendente de Tigre viene cultivando muy buenos vínculos en Washington. En junio del 2021 realizó una gira a Estados Unidos donde tuvo encuentros políticos y empresariales muy importantes. Una apostilla: los tres principales hacedores de la agenda externa del gobierno (Massa, Cafiero y Beliz) miran más al Norte que al Sur del mundo. La ofrenda de la política exterior pareció ser el premio consuelo de Alberto Fernández por no haber logrado tener influencia en el recambio en el Ministerio de Producción. La fallida estrategia de Massa de lograr la centralidad del poder gubernamental luego de la salida de Guzmán abre el interrogante si intentará profundizar la ampliación de sus ramificaciones y conexiones en el accionar externo para seguir disputando poder en el (ex) Frente de Todos o por el contrario saltará de un barco lleno de agua que hoy se dirige de frente a un iceberg.

"El shift “occidentalista” de la política exterior se explica principalmente desde las necesidades financieras de la Argentina. El trade off busca traducir un mayor compromiso estratégico con los EEUU y sus aliados europeos en apoyos políticos para la agenda del crédito."

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Salí de ahí maravilla

Tener una silla (auxiliar) y una voz -aunque sea débil- en BRICS y el G7 no es menor para la Argentina, máxime en el actual contexto internacional. Ahí radica la buena noticia para nuestra política exterior. Empero, estar en ambas mesas no significa inexorablemente no ser parte del menú de los grandes poderes en un mundo que se parece cada vez más a la película “Los Juegos del Hambre”. Es una condición necesaria pero no suficiente. Para un país periférico y sin grandes recursos de poder una buena lectura del mundo es imprescindible para maximizar las pocas oportunidades que el orden internacional parece ofrecer, y lo más importante, minimizar las grandes amenazas globales en un contexto de entropía (des-orden) y elevados grados de incertidumbre e inestabilidad.

Una cosa es ser invitado a las Cumbres de BRICS y el G7 en un orden internacional de multipolaridad distendida -que se esfumó- y otra muy distinto en un momento de clara tendencia a una bipolar rígida en el escenario de “competencia entre grandes poderes”. Las asimetrías de China con el resto de sus socios de BRICS son cada vez más notable y Beijing no disimula que el bloque es una plataforma para la expansión de la influencia y el liderazgo de China. Desde los anuncios sobre la Belt & Road Iniciative (BRI) a las recientes propuesta de Global Security Iniciative (GSI), pasando ahora por el ofrecimiento de avanzar en tratados de libre comercio. El discurso de Xi Jinping fue más pensado para el afuera que para el adentro de BRICS. Beijing parece decirle al mundo y al resto de BRICS -en especial a una pieza clave del tablero como la India- mientras Estados Unidos ofrece vagas iniciativas globales llenas de acrónimos (Indo-Pacific Economic Framework; Americas Partnership for Economic Prosperity; Partnership For Global Infraestructure) nosotros ofrecemos zanahorias concretas. 

En un contexto de crisis y fragmentación del multilateralismo, BRICS y Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) parecen ser los dos espacios multilaterales en los cuales China comienza a refugiarse ante un Occidente que endurece la retórica y las acciones sobre el gigante asiático. A diferencia de lo que muchos esperaban, la administración Biden no solo no suavizó el enfoque hacia Beijing, sino que por el contrario, tensionó más el vínculo. El fin de engagement entre las dos superpotencias es cosa del pasado, independientemente quienes sean los agentes al mando.

 La decisión de Rusia de invadir Ucrania y la prolongada guerra acentúa esta dinámica descripta. El conflicto con Ucrania representa un claro quiebre de Occidente con Moscú -y vicerversa- que dificilmente pueda revertirse en el corto y mediano plazo. Rusia es considerado un actor revisionista que debe ser excluido de la gobernanza global hasta que no deponga dicha conducta. Putin parece intentar refugiarse en los pocos espacios internacionales donde no tenga el veto de Occidente. BRICS aparece como la plataforma ideal. No es menor el dato que la participación de Putin en la Cumbre BRICS fue su primera aparición en un foro internacional desde febrero. A pesar de los históricos recelos entre Moscú y Beijing -la idea de Frenemies que muy bien señalan los investigadores Rafaello Pantucci y Alexandros Peterson- Putin sabe que tiene que ir a buscar los brazos del panda con las manos atadas. El mensaje de Putin en su discurso en BRICS fue: tengo todo esto (gas, petróleo, fertilizantes, alimentos) que ya no irá más para Occidente ¿lo quieren?

En este particular contexto donde parece abrirse una puerta para un sueño húmedo de gran parte del arco político argentino: la posibilidad de sumarse como miembro pleno a BRICS ante una eventual ampliación del bloque. Si la ampliación siempre pareció muy lejana y era fruto de una retórica de sus miembros más que una firme voluntad, el contexto de mayor rigidez internacional puede cambiar el tradicional enfoque de China y presionar a los demás miembros. La variable sistémica empuja para que la histórica tesis restrictiva pierde fuerza y le de lugar a la tesis de la ampliación. Con el tiempo veremos si efectivamente estamos ante una efectiva mudanza de BRICS o nuevamente son cantos de sirenas.

"Las asimetrías de China con el resto de sus socios de BRICS son cada vez más notable y Beijing no disimula que el bloque es una plataforma para la expansión de la influencia y el liderazgo de China."

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Sin embargo, el dato clave que debe ser considerado desde Argentina es que el contexto de competencia geopolítica comienza a permear la dinámica del bloque, el cual interrumpe, como ya señalamos, lentamente desde lo discursivo y simbólico.  Si algo evidencia esta situación es el anuncio de la vocera de la diplomacia rusa, María Zajárova, de que Argentina e Irán oficialmente pidieron el ingreso a BRICS. En un comunicado en Telegram la funcionaria de Putin señaló: “Mientras la Casa Blanca está pensado qué desconectar, prohibir y arruinar en el mundo, Argentina e Irán han aplicado para sumarse a BRICS”.

El dato que Teherán haya solicitado el ingreso no debe ser menor para la Argentina. No solo refuerza una mayor connotación geopolítica del bloque, sino que además implicaría formar parte de un club con un actor que nunca ha mostrado voluntad para avanzar en el esclarecimiento del atentado a la AMIA en el marco del pedido de detención internacional que la justicia argentina tiene sobre los iraníes Moshen Rezai, Ahmad Vahidi, Alí Fallahijan, Ahmad Reza Asghari y Moshen Rabbani.  

En este punto cabe retomar la imperiosa necesidad de que la Argentina tenga buenas lecturas del mundo. ¿Qué BRICS se está mirando?; ¿cuáles son los costos y beneficios de que Argentina se sume como miembro pleno?. Si el objetivo es profundizar el vínculo financiero económico con China (ya está la adhesión al AIIB y el ingreso a BRI) con sumarse al Banco de los BRICS (NDB) alcanza y sobra. Este es el camino que ha recorrido Uruguay. Si la intensión es aprovechar la plataforma para profundizar los vínculos con India (importante socio comercial), se puede suplir con robustecer la dinámica bilateral y profundizar la relación Mercosur-India (acuerdo preferencial del comercio). Si la idea es avanzar en agendas funcionales al país como es la discusión de una nueva arquitectura financiera internacional, existen otros espacios como el G-77.  El gran problema de ingresar a “este BRICS” es quedar presos y ser peones de dinámicas geopolíticas pocos funcionales a un país periférico como la Argentina. En el largo plazo, dicha acción sería un gran dolor de cabeza para operacionalizar una política de equidistancia y avanzar en la construcción de poder como autonomía, es decir de poder resistir presiones externas de las potencias. BRICS va camino a dejar de ser aquel bloque del Sur Global construido desde la lógica de la “cabeza de ratón” (principales países emergentes que buscan reformar el orden liberal internacional). Para asimétricos y pequeños -posibles- nuevos miembros, el riesgo es convertirse en cola de otro gran león (China) en una conflictiva, anómica y convulsionada selva que es el actual orden internacional.

"El gran problema de ingresar a “este BRICS” es quedar presos y ser peones de dinámicas geopolíticas pocos funcionales a un país periférico como la Argentina. En el largo plazo, dicha acción sería un gran dolor de cabeza para operacionalizar una política de equidistancia y avanzar en la construcción de poder como autonomía"

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El viajar es un placer…       

Última reflexión de esta columna. Alberto Fernández y Mauricio Macri comparten una característica en relación a sus últimos años de gobierno. Las giras internacionales son un plácido paréntesis al infierno de la gestión política diaria. El desgaste y la erosión del poder que ambos han sufrido quedan momentáneamente en Ezeiza.  Ambos se han sentido más reconocidos y ponderados afuera que adentro. Funcionarios de cercanos a los dos presidentes han comentado el sentimiento de ambos de ser más valorados en el exterior que en su propio país. Las giras internacionales cumplen la función de una inyección de vitalidad en tiempos donde las balas de propios y ajenos abundan. Vale mirar las imágenes de los encuentros con mandatarios extranjeros y las imágenes de los actos políticos domésticos. Si se quiere buscar una cara sonriente y plena de Alberto Fernández en el ejercicio de la presidencia, se debe ir a los registros en Glasgow, Madrid, Beijing, Los Angeles o en Elmau.  Afuera, Alberto Fernández disfruta las mieles de ser tratado como “Jefes de Estado”. Como quedó claro en las dramáticas y angustiantes horas que los argentinos vivimos el sábado y el domingo, adentro sufre la amargura de ser destratado y culpado por la existencia de un “Estado sin Jefe”.  

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