19 de julio de 2026
21 de diciembre de 2025
CON LOS PIES EN EL PLATO DE LA ETAPA (DEBATE SOBRE LA RENOVACIÓN PERONISTA)
Federico Martelli & Ramón Prades
A propósito de la nota “¿Es posible renovar el Peronismo?”, cuya autoría corresponde a Juan Amondarain y Luciano Chiconi, en la que se analiza las condiciones necesarias para la emergencia de un liderazgo alternativo a Javier Milei, nos proponemos un breve análisis sobre la construcción de liderazgos y alternativas políticas post dictadura.
La etapa política o momento histórico existen, llegan y viven bajo nuestros pies aunque no lo queramos. Ocurre por la síntesis de contradicciones, fuerzas económicas, sociales, políticas y culturales que comienzan a desarrollarse y moverse de manera global y se expresan con determinadas particularidades en el ámbito local.
Los intelectuales, como le dijo CFK a David Viñas en un programa político en el año 2000, pueden darse el lujo de ser pesimistas, de analizar la etapa y disgustarse con ella, rasgarse las vestiduras y maldecir al cielo por transitar un momento histórico que no coincide con el marco teórico en el cual sumergieron su vida. Pero un político no; un dirigente político debe actuar para conducir al conjunto hacia la mejor expresión posible dentro del momento histórico realmente existente.
Mientras la dirigencia del justicialismo permanezca anclada en los debates de la etapa anterior tendremos un paréntesis sin oposición, como lo tuvieron Alfonsín, Menem y Kirchner
Sin embargo, no todos los espacios y dirigentes políticos pueden captar lo que sucede bajo sus pies. Contrariamente a lo que se cree, la sociedad capta antes que los dirigentes los movimientos tectónicos, aun los más imperceptibles. Por su participación en el proceso de producción, por tener en su seno a la juventud y su inagotable capacidad para asimilar lo que viene ni bien empieza a suceder, por la astucia derivada de la supervivencia de miles de crisis previas o por la sobreadaptación a una vulnerabilidad económica que la dirigencia no padece, “la gente” lee, produce, reproduce, vive y siente la etapa política. La siente hasta por los poros de la piel.
En cambio a gran parte de la dirigencia le cuesta. El traje de amianto que un dirigente debe ponerse cada mañana para enfrentar la crueldad del sistema político tapa los poros y el bagaje ideológico opera como la anteojera que muchas veces le impide ver lo que está a simple vista. Por eso aman tanto a los consultores: necesitan un traductor del nuevo lenguaje social que “la gente” está hablando.
Los que pueden leer la etapa sacan ventaja, se suben enseguida al nuevo tiempo social y conducen. Se produce un pacto político: el pueblo lo premia por saber escuchar y a cambio consigue un sherpa o un grupo de sherpas que se haga cargo de lo público mientras el resto estamos entre llevar a los chicos al colegio y pagar las cuentas.
MALVINAS 1982
Cuando una etapa política comienza a dar paso a otra se produce un momento de transición en el que suele haber algunos hechos que son recordados como el punto de inflexión. Lo sean o no operan como síntesis, como botón de muestra del quiebre. Malvinas fue eso, o en parte fue eso: el fin de una etapa marcada por la violencia política como herramienta.
Cada etapa tiene una pregunta que debe ser respondida para pasar a la siguiente ronda. Esa pregunta no está escrita con ferrite en las paredes, no sale en la tapa de los diarios, no la hacen los periodistas, es una pregunta que está en el aire. En 1983 esa pregunta era “¿Cómo vivir en paz?”. Alfonsín supo leer en el aire y se llevó el 83. “Con la democracia se come, se cura y se educa” dijo y los conquistó. Enfrente estaba todo lo viejo amontonado y el cajón de Herminio fue la síntesis de una dirigencia que seguía reivindicando el pasado. Italo Luder, Herminio Iglesias, Vicente Saadi, José Amerise, Mario Firmenich o Rodolfo Galimberti permanecían en un loop infinito anclados en una etapa a la que la mayoría no quería volver.
La falta de política industrial y de infraestructura, el desfinanciamiento de la ciencia y del sistema educativo son, desde nuestra perspectiva, los imperdonables de esta época; como cada etapa tuvo los suyos
La Renovación Peronista tardó en nacer y su existencia fue posible porque sus dirigentes aceptaron poner los pies en el plato de la etapa. Ni el Hospital de Niños iba a estar en el Sheraton, ni la Patria Peronista ni la Patria Socialista, el momentum era la democracia. Eran los 80 y la gente quería vivir en paz.
Recién en 1985 Antonio Cafiero fue electo Diputado y en la Semana Santa del 87 sacó chapa de antagonista cuando fue a Plaza de Mayo a firmar el pacto con la historia: La Renovación aceptaba la etapa y ponía a la democracia como valor principal. Ese gesto permitió que Menem Menem fuera Presidente y que destacados dirigentes de la renovación como José De la Sota, Carlos Grosso y José Luis Manzano tuvieran un destacado futuro político.
“INMEDIATAMENTE, SIN DEMORA”
El 9 de noviembre de 1989, el corresponsal de la agencia italiana Ansa, Riccardo Ehrman, acudió a una rueda de prensa convocada por el portavoz del gobierno de la República Democrática Alemana (RDA), Günter Schabowski quien declaró que “los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de un justificante”. Ante la incredulidad de los presentes Ehrman le preguntó cuándo entraría en vigencia esta resolución a lo que Schabowski, medio confundido exclamó: “inmediatamente, sin demora”.
El Menem del salariazo y la revolución productiva, el aliado de Gadafi y al-Ásad corrió junto con los berlineses hacia occidente. Vio en el aire la pregunta de la etapa: ¿Cómo entrar a la globalización? Ensayó una respuesta que, acertada o no, le dio la ventaja ante quienes ni siquiera habían encontrado la pregunta. Compró el Consenso de Washington y condujo el nuevo pacto social: modernizar el país, bajar la inflación y lograr que la gente pueda tener un teléfono de línea.
Recién en 1993, cuatro años después de la asunción de Menem, Chacho Álvarez fundaría el Frente Grande, que en 1994 pasaría a llamarse FREPASO para terminar confluyendo en la Alianza en 1997. Más allá de ciertas iniciativas tendientes a ablandar los bordes del modelo, Chacho comprendió que para constituirse como “el antagonista” debía meter los pies en el plato de la etapa y aceptar la Convertibilidad, privatizaciones y apertura económica como elementos ineludibles.
Chacho, el gran antagonista de los 90, se metió tanto en una etapa en la que se terminó construyendo un proyecto de menemismo con buenos modales (que al final ni siquiera eso tuvo). Terminó con De la Rua como Presidente, pero la etapa que venía ya era otra.
La Renovación Peronista tardó en nacer y su existencia fue posible porque sus dirigentes aceptaron poner los pies en el plato de la etapa. Ni el Hospital de Niños iba a estar en el Sheraton, ni la Patria Peronista ni la Patria Socialista, el momentum era la democracia
JUBILEO DEL AÑO 2000
Para el 2000 los años dorados del neoliberalismo y el fin de la historia comenzaban a apagarse. Tras haber contribuido decididamente en la derrota del bloque soviético en los 80, el Vaticano dejaba de considerar al “comunismo” como su principal preocupación y comenzaba a girar sobre los desequilibrios globales a consecuencia de una década de hegemonía de los Chicago boys.
El Jubileo 2000 fue un movimiento global auspiciado por Juan Pablo II para poner sobre la mesa el problema de la deuda externa de los países del tercer mundo. En simultáneo se producen cambios geopolíticos importantes: el ascenso de Vladimir Putin en Rusia, la firma de la Alianza para la Cooperación de Shangai entre Rusia y China, la entrada en vigencia del Euro y el triunfo de Hugo Chavez en Venezuela.
Néstor Kirchner, entonces gobernador de Santa Cruz supo leer lo que estaba sucediendo. Si Malvinas fue el final de la década del 70, el 20 de diciembre de 2001 fue el final de los 90 y surgía una nueva pregunta que marcaría al continente entero: “¿Cómo re equilibrar la ecuación social?”.
En julio de 2001, en TN y ante la encendida defensa de Patricia Bullrich al recorte en jubilaciones, Kirchner lanza la frase que sintetiza la claridad con la que había captado el clima de época. “¿Cual es la audacia? ¿Débil con los fuertes y fuerte con los débiles” espetó ante Joaquín Morales Solá.
El resto es historia conocida, Néstor Kirchner asumió el 25 de mayo de 2003 y en su discurso de asunción dejó los lineamientos de lo que sería su gobierno. Durante los primeros años no estaba claro quién oficiaba de opositor. Duhalde parecía serlo por momentos, Alfonsín por otros. Elisa Carrió no terminaba de catapultarse como alternativa y el kirchnerismo parecía avanzar sin contrincante partidario.
En 2005 Mauricio Macri fue elegido Diputado Nacional por una fuerza recién creada: Propuesta Republicana y dos años después llegó a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y desde ahí comenzaba a crecer su figura como antagonista del kirchnerismo. A Néstor le gustaba que Mauricio ocupara ese lugar, en parte porque la situación ponía blanco sobre negro las diferencias ideológicas y apelaba a los prejuicios históricos que anidaban en los sectores medios y populares sobre el comportamiento económico, social y político de la familia Macri.
Tras 10 años de construcción política en 2015 Macri llegaría a la presidencia tras ganar el ballotage a Daniel Scioli. Pero unos meses antes de ese acontecimiento hubo otro ballotage en el que el Pro retuvo la ciudad por escaso margen ante Martin Lousteau. En ese escenario, en el día en que Macri vio peligrar su proyecto presidencial, Mauricio puso de lleno los pies en el plato de la etapa:
“No podemos volver atrás, por eso la asignación universal es un derecho, no es un regalo. (…) Aerolíneas argentinas seguirá siendo estatal. (…) YPF seguirá manejada por el estado”. Sin dudas hay consensos que no se tocan y Macri lo había entendido muy bien y tanto es así que en la actual gestión de Javier Milei, se potenció la AUH, Aerolíneas Argentinas e YPF.
Milei puso sobre la mesa los seis temas que Argentina debe tratar y resolver: Sistema previsional, legislación laboral, sistema tributario, inteligencia artificial, rol del estado e inserción argentina en el mundo
La existencia de estos consensos de etapa (democracia en los 80, globalización en los 90 y Estado presente en los 2000) no significa que la sociedad no busque saltos cualitativos, sino por el contrario, la propia solidificación de esos consensos y la estratificación de los mismos (la eliminación del peligro de perderlos) empuja nuevos horizontes.
La elección de 2015 se dió entre tres candidatos que agregan elementos libre–mercadistas al debate. Macri, Scioli y Massa incorporaron a la discusión política la necesidad de volver a discutir cómo generar valor. Lo mismo vuelve a suceder en 2019 cuando CFK busca un candidato que pueda ampliar la red de vínculos y expectativas hacia el centro político.
En el período entre 2015 y 2023 ocurre una transición, mucho más lenta que las anteriores, de una etapa a otra en la que la pregunta central pasa a ser “¿Cómo generar valor?”.
VIVA LA LIBERTAD CARAJO!
Sin dudas Javier Milei venía captando ese clima de época mucho antes de ser electo Diputado Nacional en 2021. Desde Intratables metía el dedo en la llaga de una sociedad cansada de tantos fracasos.
Encerrados por la pandemia, amenazados por delincuentes cada vez más violentos, con una inflación descontrolada, servicios públicos de paupérrima calidad y una dirigencia anclada en debates fuera de tiempo, los argentinos premiaron al único que contestó la pregunta de época.
La sociedad entera percibe que las economías de plataforma, la robótica, la inteligencia artificial, la optimización de procesos y la velocidad de la información están transformando de manera brutal el mundo del trabajo y la producción. Todos sabemos o intuímos que nuestro trabajo dejará de existir en poco tiempo o será realizado de manera más eficiente al otro lado del mundo. Todos sufrimos la incertidumbre, la ansiedad y el desasosiego de estar viviendo un cambio de época muy profundo para el que no estamos preparados.
Javier Milei tuvo una respuesta a la pregunta de la etapa de cómo producir valor. Eliminando regulaciones y liberando el potencial creativo y productivo del ser humano. Ya no se trata de evaluar si fue una respuesta correcta o no, sino de que fue una y punto. Tampoco fue cierto que con la democracia se curaba y se comía, ni que el Estado fuera el salvador.
La existencia de estos consensos de etapa (democracia en los 80, globalización en los 90 y Estado presente en los 2000) no significa que la sociedad no busque saltos cualitativos, sino por el contrario, la propia solidificación de esos consensos y la estratificación de los mismos empuja nuevos horizontes.
Milei puso sobre la mesa los seis temas que Argentina debe tratar y resolver: Sistema previsional, legislación laboral, sistema tributario, inteligencia artificial, rol del estado e inserción argentina en el mundo. Juega solo en una etapa en la que los demás no solo no tienen respuestas, sino que aun no se han planteado estos temas.
El equilibrio fiscal, las metas de baja inflación, la baja de impuestos, la reducción de Estado y el incentivo a generar valor son la marca de la etapa, y si Milei aún no tiene un antagonista es porque quienes pretenden serlo se niegan a poner los pies en el plato de la etapa o simplemente no tienen credibilidad para intentarlo.
Mientras la dirigencia del justicialismo permanezca anclada en los debates de la etapa anterior tendremos un paréntesis sin oposición, como lo tuvieron Alfonsín, Menem y Kirchner. Esto no debe desesperarnos ni por un minuto, la etapa recién empieza y Milei cumple hoy apenas 2 años.
Es entendible que los desaciertos estratégicos del gobierno -aquellos que producen daños de larga duración- generen altos niveles de angustia, preocupación y molestia en quienes pueden percibirlos. La falta de política industrial y de infraestructura, el desfinanciamiento de la ciencia y del sistema educativo son, desde nuestra perspectiva, los imperdonables de esta época; como cada etapa tuvo los suyos.
Si el consenso de la etapa (y el normal funcionamiento neuronal) indican que el orden macroeconómico debe ser intocable, nuestro antagonista debe ser aquel que pueda agregarle a eso la política industrial, de infraestructura y educativa. Debatir nombres ahora no tiene sentido, el antagonista puede emerger del lugar menos pensado.



