Un momento...

09 de julio de 2026

09 de julio de 2026

14 de diciembre de 2025

¿CÓMO NOS ENAMORAMOS?

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 4 minutos

Uno de los mandatos clave de nuestra época es no poder realizar solo una tarea. Compartimentar nuestro hacer, poner el foco, concentrarse, aislarse, establecer una conexión única con algo. Las conexiones hoy necesitan ramificarse infinitamente, ir y venir. Estar no estando.

Revisar, chequear, actualizar. Mandato o configuración del espacio-tiempo en que nos movemos, nada alcanza, nunca podemos parar. Atrapados en el propio uso y, como decía siempre un amigo, en la cárcel de la propia personalización de todo.

El ser contemporáneo es sobre todo un cohabitar una infinidad de lenguajes y dispositivos. Nuestro hacer es múltiple e invisible para los otros. ¿Qué hace el que va sentado al lado mío en el tren? Antes sí tenía un libro delante de sus ojos se lo suponía… leyendo. Hoy el teléfono impide sospechar siquiera qué hace. ¿Está pagando un impuesto en la app del banco, leyendo una revista, mirando videos breves de toda brevedad en TikTok o YouTube o viendo una serie o mirando qué ofertas relámpago hay en Mercado Libre, o todo eso al mismo tiempo?  

¿Cómo encontramos el amor en un mundo sin otros? O mejor, ¿cómo encontramos el amor en un mundo que huyó hacia su propio Yo, hacia sí mismo?

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Vas al recital por el que hiciste fila virtual de cuarenta minutos, conseguiste dejar a los chicos con tu vieja y al momento de cantar como un enajenado esa canción, click, metés la mano en el bolsillo y filmás el momento, en puntas de pie, porque lo mismo hace el que tenés adelante, y el que tiene adelante él, y el que está atrás suyo. Nadie ve, todo miran filmando; luego se postea y vigila las métricas del estado, stories o post de X (antes Twitter).

Se vive la peor de las ataduras, las que no se ven, las que uno mismo reproduce y por las cuales somos gratificados. Un mundo de solitarios que siempre está en otro lado. Porque los vínculos sobran, lo que nos falta es sincronía.

Uno, inútilmente, busca remedios para la dinámica social. ¿Qué nos puede curar de los males de una época? Cualquier respuesta es motivo de sospecha. La época es la herida que llevamos en el tiempo que nos toca vivir. Una gramática invisible en medio de nosotros y de nuestras cosas. Cómo vemos, cómo tocamos, cómo somos con los otros.

Hace un tiempo salió el ensayo audiovisual de Ofelia Fernández titulado Cómo ser feliz. Interesante, el planteo sobrevuela una suerte de autorreflexión sobre la propia generación. La precariedad, la ansiedad, la depresión y, el rasgo distintivo, el foco puesto en el teléfono inteligente como mal de males. Máquina ingobernable, fabricante de burbujas, pasta base del mundo. El ensayo atribuye a Borges la cita de Mark Twain (“era la mejor y la peor de las épocas”), pero funciona muy bien describiendo los procesos que estamos atravesando, aunque un poco desconoce la preparación cultural, como diría Lewis Mumford, la maceración de las épocas.

La máquina social en la que caemos desde el nacimiento cumple la función de modelar, orientar y regimentar a esto que somos. En esa simulación de lucha estamos nosotros. El flujo de la máquina nos tematiza, nos tritura, nos da un sentido. Pero siempre hay un resto, una pequeña fuga, clave, que cuenta encontrar. Entre otras, en esa grieta aparece el amor.  

La época es la herida que llevamos en el tiempo que nos toca vivir. Una gramática invisible en medio de nosotros y de nuestras cosas

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¿Cómo encontramos el amor en un mundo sin otros? O mejor, ¿cómo encontramos el amor en un mundo que huyó hacia su propio Yo, hacia sí mismo? El amor pasa todo el tiempo y no pasa todo el tiempo. Es difícil definir el amor, decir que es esto o que es aquello. ¿Cómo lo vas a definir? Ya no es amor, advierten expertos. Pero sí, el amor son cosas muy concretas y cosas muy abstractas.

“En las cosas del amor…”, siempre hay un tango esperando en alguna esquina. El tango sin amor es como un bandoneón que no resopla. ¿Y esta época? Cada uno es su propio amor invertido en la cámara frontal del teléfono. Hartos ya de estar hartos de hablarle a la cámara, de estirar el cuello para la selfie. Pero bueno, ahora es así.

Siempre tentados a pensar que el amor es la tangente de todas las épocas, aunque todas las épocas tengan su dispositivo amoroso de captura. Pero está bien que el amor y el enamoramiento sean pensados como lo opuesto a esta época porque es una forma de alienarse en otro. 

El mundo necesita que seamos menos nosotros mismos. No se necesita aplaudir para hacer un huevo frito. Si necesitamos enamorarnos, estar de novios, no querer enterarnos de nada porque nuestra urgencia está en ese amor que no podemos parar de escribirle. Porque el amor es así. Una completud en fuga. Sartre cuando analizaba las relaciones en El Ser y la Nada, decía: “Soy poseído por el prójimo; la mirada ajena modela mi cuerpo en su desnudez, lo hace nacer, lo esculpe, lo produce como es, lo ve como yo no lo veré jamás. El prójimo guarda un secreto: el secreto de lo que soy”.

Pero el amor también es, necesariamente, conflicto. Construir un mundo sin otros también es la ilusión de construir un mundo sin la tensión que todo tiene. Pero también el amor es ir por el imposible de fusionarse con el otro, que dejaría de ser otro. El amor parece ser la conexión entre dos proyectos, es decir, como dice Sartre, entre dos libertades. Por eso el amor es conflicto, porque hay dos libertades, pero sobre todo inseguridad. No se puede capturar el proyecto del otro. Cómo saber qué hará o ni siquiera podemos saber qué haremos nosotros mismos. Amor, fuga y misterio.

Nadie ve, todo miran filmando; luego se postea y vigila las métricas del estado, stories o post de X

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Mientras ya nos convencieron que la vida feliz es la vida desregulada, sin ataduras, nuestra metafísica fundamental dice que sin el otro no somos nada. La camarita, las redes, las noticias de lo último siempre van a estar ahí mientras todo lo otro pasa, no se detiene y se pierde. O filmas la vida o la vivís. Las dos cosas no se pueden. La vida se paga al contado, cash, no es para ver después cuando tengamos tiempo. La vida viene, el amor viene. ¿Qué mejor que nos llegue el amor? Que nos aleje de todo esto por un rato. Estar estando, charlando con los amigos, teniendo tiempo para esto.

Café Panamá