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“COMO EN EL ALEPH TODO CONVIVE Y COEXISTE”

Tiempo de lectura: 8 minutos

Un amigo me señala la existencia de un artista argentino, nacido en Montevideo y residente en Torino, que realizó un libro de artista sobre el cuento El Aleph de Jorge Luis Borges. Lo llamo, concordamos día y horario y voy a encontrarlo.

Llego a Torino en Via Giulio Cesare y Ernesto Morales -clase ´74, alto, morocho, cabello y barba un poco largos en desorden controlado- me abre la puerta de su estudio al segundo piso.

El estudio es amplio y luminoso, dividido en tres ambientes. Sigo Morales en un salón expositivo con ventanas que dan a la avenida, un salón con sillones que imagino ocupados por amigos y artistas conversando, una librería y una pequeña cocina donde Morales pone una cafetera italiana en el fuego.

Sobre el muro detrás el sillón encuentra  su espacio la imagen de un gran bosque, en la pared opuesta hay diversas nubes mientras bajo la última ventana, al lado de una alfombra de yoga enrollada, una mesita recoge objetos de diferentes culturas y caras del tarot. La carta descubierta indica Le Mond.

He aquí a ustedes Ernesto Morales, con quien en Torino hemos hablado en el idioma de nuestra infancia. Ciudadano del mundo, nube sin confines que se traslada y cambia, se deja transformar y transforma, impermanente y memorable.

Argentino nacido en Montevideo y residente en Italia… ¿Cómo es tu historia?

Nací en Montevideo, Uruguay. Eran los tiempos de la dictadura en Sudamérica. Había ya iniciado en Uruguay y cuando tuve tres años con mis padres huimos para Argentina, a Buenos Aires, donde la dictadura había apenas comenzado. Allí crecí, sintiéndome siempre también argentino, en un contexto familiar donde circulaba una nostalgia muy fuerte por Montevideo.

Dos ciudades, Buenos Aires y Montevideo, que no están muy lejos entre sí.

De hecho las separa solo una hora de Ferri. Además se asemejan, son muy europeas las dos. Con la diferencia que Montevideo es más pequeña y se desarrolla mirando el mar, el río, mientras Buenos Aires, más grande, le da la espalda. Quizás esto explique algunas cosas de sus culturas. Pero era la nostalgia del exiliado, de quien abandona su tierra por la fuerza y no por elección, que en casa se filtraba en la cotidianidad durante mi infancia.

No era una nostalgia negativa, se trataba de un sentimiento que hablaba del amor por la tierra de origen, por las personas queridas, era un modo de hacer presente y mantener viva la cosmovisión de un mundo que estaba cerca pero al cual estaba prohibido volver.  Una nostalgia que señalaba un horizonte que alcanzar, un retorno al pasado que en realidad representaba un futuro ideal.

en tercer grado fuimos con la escuela a visitar el Museo de Bellas Artes Quinquela Martín y frente a cuadro de éste autor quedé fulminado. Era un cuadro rojo muy grande, de inicios del Noveciento, en estilo expresionista

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¿Cómo vivías esta doble pertenencia?

Desde siempre he intentado entender de dónde era realmente. Si pertenecía al lugar de nacimiento o a aquel donde crecí. En este sentido la lectura de algunos textos, literarios y filosóficos, fueron de ayuda para comprender algunos aspectos relacionados con mi historia. Leía mucho y, creciendo, he estudiado autores de los años setenta, entre los cuales Benedetti, Onetti, Cortázar y Borges que en la adolescencia sembraron dentro mío la semilla de preguntas fundamentales en relación al sentido de pertenencia. Esto, en los años sucesivos, fue un tema central de mi investigación artística.

La identidad, el gran tema argentino.

Sí, creo que sea el gran tema jamás resuelto y que quién sabe si lo será jamás. He investigado mucho sobre el tema de la identidad. La primera vez que vine a Italia había realizado una obra, utilizando el lenguaje de la pintura y del video-arte, que tenía que ver con el exilio, con la migración italiana en Argentina, y cómo éste proceso había formado gran parte de la cultura de esas zonas de Sudamérica.

¿Y has sacado alguna conclusión?

No he llegado a ninguna conclusión definitiva, pero hoy pienso que es un poco limitado buscar identificarse con una identidad específica. Creo que es un concepto que tiende a fosilizar las cosas, a darles una estructura rígida e inmutable, por lo tanto no creo que la identidad sea un concepto válido para analizar la cultura, hoy, ni una forma que el individuo deba buscar para encontrar un sentido de pertenencia a una cultura. Creo que sea más válido un camino que considere una dinámica de cruces, de metamorfosis de las relaciones y de los usos y costumbres de un pueblo, de cambio y adaptación, de búsqueda constante.

¿Cuándo descubriste la pintura?

Recuerdo que en tercer grado fuimos con la escuela a visitar el Museo de Bellas Artes Quinquela Martín y frente a cuadro de éste autor quedé fulminado. Era un cuadro rojo muy grande, de inicios del Noveciento, en estilo expresionista. Cuando volví a casa, después del paseo, enseguida dije a mi madre que quería ser pintor como Quinquela Martín. Mis padres escucharon mis deseos y me inscribieron a la escuela de pintura que frecuenté hasta finalizar el secundario, para luego comenzar a estudiar en la Academia de Bellas Artes.

¿De qué te ocupabas en Argentina antes de transferirte a Italia?

Era ya artista. Tenía mi estudio, hacía muestras y frecuentaba el vivaz ambiente artístico de Buenos Aires. Estaba en la Dirección de la Academia de Bellas Artes de Lomas de Zamora, curador en un Museo y enseñaba en la Universidad. Luego, en el 2006, me invitan a presentar la obra que había apenas terminado de realizar sobre la inmigración italiana en Argentina,  a través de una serie de muestras y conferencias en diversas instituciones y museos europeos. Así fue que partí hacia Europa.

¿Cuánto habría durado ésta exposición?

El recorrido expositivo duraba un año. Luego de España y Francia la última etapa era en Italia, en Roma. Una vez llegado allí enseguida comienzo a trabajar con mis obras. Las cosas van bien, me proponen algunas colaboraciones con galerías, museos, curadores. Además soy bien recibido en la escena cultural romana, que encuentro estimulante y dinámica, donde encuentro artistas talentosos y disponibles al intercambio de ideas y experiencias. Comienzo a sentir un fuego creativo particular que crece dentro mío, percibo que debo seguirlo. Vivo con entusiasmo ese período, con una necesidad muy fuerte de pintar, de dedicarme solo al arte y, específicamente, a la pintura.

Desde hace un par de décadas hay tres grandes grupos que acompañan mi búsqueda: las vistas de paisajes urbanos, los cielos y los bosques

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Pero de allí a poco debías volver a Argentina

Exacto. Una semana antes de volver miro el pasaje y digo: no, yo me quedo en Italia. Mandé cartas por fax renunciando a los distintos encargos y empeños a los cuales estaba vinculado en Argentina, que eran importantes para mí, porque eran, y lo son aún, parte de mi visión integral del ser artista. Pero la fuerza de dedicarme plena y exclusivamente a la pintura aquí, de vivir al máximo los estímulos que recibía, de acompañar el recorrido de cambio y crecimiento de mi obra, fueron elementos determinantes en mi elección de quedarme en Italia.

Hay sujetos que son característicos de tu obra.

Trabajo fundamentalmente con la representación del paisaje y de sus cambios lentos. Desde hace un par de décadas hay tres grandes grupos que acompañan mi búsqueda: las vistas de paisajes urbanos, los cielos y los bosques. Los primeros me interesan en cuanto “lugares naturales” que han sido modificados intencionalmente por el hombre; son una metáfora que me sirva para indagar sobre la memoria, sobre lugares vividos y lugares imaginarios, sobre las huellas que dejamos de nuestro viaje y sobre lo que el lugar deja dentro nuestro. Luego los cielos, sean nubes o constelaciones, me permiten profundizar conceptos como la impermanencia, la metamorfosis, el carácter mutante de cada cosa, desde nuestra mente al mundo material. Por último, los bosques. Representan nuestro mundo interior, el misterio irracional, del inconsciente, un buscar más allá de la luz representada una luz que esconde, pero que al mismo tiempo devela, casi como si fuera en un tiempo suspendido. Todos estos temas relacionados a reflexiones acerca del ambiente y la ecologia que son puntos centrales de mi trabajo.

¿Cómo nace una obra tuya?

Hay un largo proceso de estudio en los campos filosóficos y literarios que acompaña el nacimiento de una obra mía.  Cuando surge un tema, cuando se me presenta, de ahí parte  un proceso de investigación en el cual cruzo teorías y trato de conocer y profundizar todo lo que le compete y lo atraviesa. Luego desarrollo el tema en la pintura, en la búsqueda del lenguaje que sea más adecuado a la idea que quiero llevar adelante, dando inicio a series que pueden durar veinte años y que sufren lentas mutaciones, donde cada opera va siempre un paso mas alla en la profundidad del objeto que estoy indagando.

Has publicado tres libros de artista, uno de ellos, Arbolecer, con la casa editorial argentina Valk, que fue presentado en Nueva York. ¿Cómo nace éste proyecto y de qué se trata?

La idea de Arbolecer es la de un viaje de iniciación adentro del bosque, inspirado en un libro muy antiguo que para mí fue fundamental. Se trata de un libro del 1490 que se llama Hypnerotomachia Poliphili de Francesco Colonna considerado, después de la Divina Comedia, la primera novela del esoterismo del renacimiento, donde el protagonista se duerme y en sueños busca su gran amor, Apolia (que es el conocimiento) y atraviesa en su viaje un bosque minado de pruebas de iniciación hasta encontrar el despertar.

Así nace Arbolecer, publicado por Valk Ediciones de Buenos Aires, ellos producen libros de artista y hemos trabajado a distancia: yo desde aquí mandé los originales y ellos los confeccionaron. Son cien copias orientadas al circuito museal y al coleccionismo y su particularidad es que uno puede abrirlo todo como si fuera un bandoneón, desplegarlo como una única pagina y viajar dentro del bosque, perderse entre las ramas en la búsqueda de uno mismo, hasta divisar una luz en el fondo que orienta, levantar la mirada y encontrar finalmente la salida y un árbol en ella.

Recientemente has publicado con la casa Barometz Edizioni de Nápoles el libro de artista L’Aleph –  Visioni parallele. ¿Come nace ésta aventura borgiana?

El Aleph es un cuento de Borges que ha marcado mi vida desde su primera lectura, cuándo era aún adolescente, acompañándome después en cada viaje, orientándome en cada interrogativo y presentándome otros nuevos.

Me resulta muy estimulante para el pensamiento el simbolismo que encierra el texto, donde se habla de la historia de un hombre y de todos los universos posibles, que se manifiesta en modo simultaneo en la forma de una esfera fluctuante y luminosa. Encuentro en éste texto profundas analogías con algunos conceptos que me interesan particularmente y que tienen raíces en las filosofías antiguas, presocráticas y neoplatónicas, como también en algunas filosofías del extremo oriente, como el Taoísmo, el Budismo, el Vedanta.

Ese cuento contiene mi búsqueda artística desde siempre. En las forestas, en los bosques, en la luz que surge tras los árboles o que emanan las nubes que pinto, está siempre el Aleph, que recuerda el inicio de cada cosa. De hecho es la primera letra del alfabeto hebreo, del fenicio, es el alfa de la cultura griega. Para mí representa también el Uno primordial que comprende todo y del cual hablaba Plotino. Ha sido, por lo tanto, natural preguntarme a un cierto punto de mi recorrido, en qué modo podía representarlo en su complejidad. Este libro es su realización, gracias a la colaboración enriquecedora con Barometz, con quienes hemos imaginado juntos el volumen, dándome la libertad necesaria para la realización de las tablas y el contenido general del libro.

¿Contiene el cuento?

Hemos decidido publicar solo el fragmento sobre el cual he concentrado mi trabajo, y de este modo abrir aún más las puertas del imaginario en el lector, dado que la parte del texto relata el momento en que el protagonista encuentra el Aleph e inicia una lista de todo aquello que ve. Esto crea un mundo de imágenes y símbolos sin fin.

¿Qué significa para vos este libro?

Es el fruto de un trabajo muy sentido, con el cual he querido rendir homenaje a aquel que ha marcado mi vida, por lo tanto mi camino en el arte, y que inspira constantemente mi búsqueda. Es una edición limitada y numerada que contiene treinta y tres obras. En cada página del libro hay una hoja de oro pegada a mano y hay también bosquejos que hemos decidido dejar, para representar la cosa caótica, no lineal. Porque como en el Aleph, todo convive y coexiste, la imperfección a la búsqueda de la perfección, la armonía y el caos, en una paradoja infinita.

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