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Qué lejos quedó la tarde del 20 el mismo 20 a la noche. El día se abrió al medio como un pan. Lo primero fue lo viejo, la marcha que fue popular al revés: la convocatoria jugó a favor de una mayoría que pide orden. Fue la marcha de un recuerdo solitario. Pero Milei quiso en un “día histórico” hacer su día histórico. Para eso esperó a la noche y dejó jugar la tarde sobre la certeza de que “el derecho a la circulación es más popular que el derecho a la protesta”, como dijo un militante con el auto parado en la Richieri por un accidente. Una Argentina sin cortes, sin demoras, para llegar a destino. Amenazaron con represión a una marcha que ya en su ritual es una demostración de fuerza del pasado, el calendario amarillento de citas obligatorias. Milei lo usó para enfrentar el “nuevo orden” al “viejo orden”. Un disciplinamiento retroactivo y ejemplificador. La restauración será tuiteada, como vimos en el TL de Patricia Bullrich.  

“Sacar a los intermediarios”, es el rezo de fondo. Significa romper el sistema político fundado en 2003. La estatización de lo social que hizo Kirchner. ¿Los piqueteros? “Adentro”. Y los puso de los dos lados del mostrador. Cierto panzallenismo de vanguardia les criticaba, una década después, a los movimientos sociales sus acuerdos con Macri. Macri respetó, en tal caso, lo que Kirchner hizo: integrarlos a la gobernabilidad, es decir, a la interminable paritaria social argentina. Son el “Movimiento Carolina”, les decían sin saber que en esa acusación había una profecía cumplida por su fundador: hacerlos parte del sistema político. Ocurre como con la ley de DNU’s de Cristina de 2006: se legisla o gobierna como si siempre se fuera a gobernar. Se graba y gobierna en arena. La “Ley de emergencia social” o la “Ley de barrios populares” votadas durante el macrismo, bendecidas desde Roma, fueron puntos de esta convergencia. Sin embargo, como un hongo, creció el “déficit” y la educación sobre él: ¿cómo seguiremos sosteniendo el “gasto público”? Llevamos años con la insistencia editorial de la pregunta: ¿cuántos privados para cuántos que cobran cheques estatales? Consenso de 2023 y sus candidatos: la Macro no da más. Nadie con chances serias imaginó no estabilizar, no ajustar. Milei hizo su embutido de gobierno. Todo. Un decreto-libro-rojo flojísimo de papeles constitucionales aprovechando el clima de ese punto, ¿qué hacemos con el gasto insostenible cuando incluso perjudica a quienes son sus beneficiarios? Ese punto: la inflación alimentada en emisión acelerada hace que esos pesos se devalúen en quienes más los necesitan. En Argentina cunde el amor al instrumento. Al bueno, al malo, al nocivo. Emisión, convertibilidad, endeudamiento, devaluación, y emisión o endeudamiento de nuevo. Instrumentos que se creen eternos, que producen alivios, atajos, postergaciones. Todo en virtud de un principio legado del 2001: gobernar sin dar malas noticias. ¿Cuál es la misión en esta “era democrática”? Suena antipática, pero es ordenar la economía. El gobierno que se acaba de ir y rompieron por dentro montó un piquete ideológico a quien osara acaso insinuar ese giro. Volvé, Guzmán, te perdonamos. Y sigamos.

Pero incluso Milei es el hijo libertario de esa misma Argentina contenciosa, “insurgente”. La rebelión contra la cuarentena. El enamorado de la palabra “estallido”

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Lo de este 20 eran los restos oxidados de una marcha sellada al vacío. A Milei le sirvieron en bandeja. Una silla, monitores, el presidente parecía el juez del VAR. ¿Qué hacía Milei ahí, ese mismo día? Despedía la vieja marcha. Pero, pero, a la noche le daba la bienvenida a la nueva marcha. Es decir, lo obvio: el nuevo gobierno se enfrentará a las marchas inevitables del costo de sus políticas. Por ahora serán cacerolazos, vecinos disfrazados de vecinos, manijas opositoras con antifaz, como siempre, y lo peor quizás ocurra cuando se intersecten tarifazos de servicios con precio de comida, o empiece a caer el empleo, o el movimiento de inquilinos se multiplique entre quienes quieren no vivir en conventillo. ¿Volveremos a ver el quiebre de una PyME en vivo en algún medio progresista que quede, los desprendimientos del glaciar Perito Moreno del vivir con lo nuestro? Digo “el que quede” porque no olvidemos La Gran Fuga: Sergio Szpolsky, alimentado a bellotas presupuestarias para dar batalla cultural, aquel 10 de diciembre de 2015 tenía hechas las valijas y ya dormía cama afuera del movimiento nacional y popular.

Milei lo podría saber por sí mismo: en Argentina disciplinar es utópico. Los argentinos somos incorregibles. Los que piden orden cuando se sientan vulnerados harán lo que reprimen en otros. Quilombo. Solos o en grupo, a su manera, haciendo lo de siempre o como protesta de autor, porque para que la imaginación llegue al poder primero hay que llevar la imaginación a la plaza. Y siempre hará mayor ruido el ruido del lado de adentro: los estafados de cada nueva fe. Tendremos someliers de protestas adivinando votantes desencantados. Disciplinar es utópico: en el 77 hubo paro de subtes, hubo paro de Luz y Fuerza, marginales, bajo fondo, pero hubo paros. Pareciera más fácil “disciplinar un corazón que un bolsillo”. Pero incluso Milei es el hijo libertario de esa misma Argentina contenciosa, “insurgente”. La rebelión contra la cuarentena. El enamorado de la palabra “estallido”. Al 2001 Milei lo tiene en sus ojos de “los dos lados de la mecha”. Arde en él el orden y el desorden. Milei es de los dos bandos. Él, que hacía sonar “Se viene el estallido”, se armó un 20 de diciembre a su medida: con monitoreo policial, cadena y decreto. Él, que viene a privatizar casi todo se dio el gusto de estatizar el estallido, ponerlo en caja. Y este avance por decreto pondrá hasta a muchos de esos mayoritarios hartos del piquete también en la senda del desorden. Porque lo necesitan. Porque hasta las mucamas de Nordelta piquetean patrones. Porque “memoria” no nace de prender velas de los santos de los buenos libros, es también puro reflejo, juntémonos que da resultados, lo que no sabés que sabés, te tenés que mover para que no se te caiga el techo encima.  

La clase media, el monstruo del lago Nahuel Huapi. Se escucha cada tanto el latiguillo que la nombra más viva que nunca: “va a morir la clase media”

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Democracia y refundación riman difícil. Una empleada municipal de Bahía Blanca describe así la refundación pendiente de su ciudad arrasada: “Federico Subieles dijo que necesita 30 mil millones de pesos para normalizar la situación, y me crucé con un funcionario del gobierno que me dijo que en su mayoría se necesitan chapas, plata para comprar chapas, chapas, chapas, esa es la palabra de la ciudad ahora. Porque una de las cosas que más vimos estos días es gente buscando chapas, en motos, en carritos, caminando, en caballos, camionetas. Y tenemos que cuidar que no se le vuelen las chapas de la cabeza a la gente, que esté equilibrada la cabeza porque algunos se desesperan, se enojan y hay que hacer un esfuerzo doble para mantener la calma, tener paciencia, abrazar gente, está todo frágil acá. De hecho, además de chapas, lo que más necesita la gente es hablar, nos va a llevar muchos años arreglar las casas, pero nos va a llevar también mucho tiempo hablar de esto, las cosas que fueron pasando, las anécdotas, lo que fuimos entendiendo, hablar, hablar y chapas, chapas.”

Alguien trabaja para nosotros: el que lee el mamotreto del decreto y adelanta conclusiones sensatas. ¿Qué se puede hacer en navidad salvo mirar fotos familiares? Todos venimos de un pesebre. Un Renault 12 break gris podía ser mi álbum de figuritas: ventanas con calcomanías de Mundo Marino, de Carlos Paz, el lobo marino de Mar del Plata, las cataratas del Iguazú, la triple frontera de clase. La clase media dibujó su mapa de “vivir con lo nuestro”, en lo nuestro, “¡whiskyyyyy!” y clic. Instagram antes de Instagram eran calcomanías en autos y álbumes en las cómodas. La clase media, el monstruo del lago Nahuel Huapi. Se escucha cada tanto el latiguillo que la nombra más viva que nunca: “va a morir la clase media”. La clase media, si se odia, se odia por adentro. Los lectores de Jauretche del 4H en guerra con la “tilinga” del 2B. Viejo motor de la Historia: la lucha de clases medias. Vecinos que se escuchan el bruxismo, el sonido gutural de desprecios mutuos mientras todos se abrigan con la manta corta del tipo de cambio. La clase media es un cuento que pone la guita sobre la mesa, su Romancero del “deme dos”, la “plata dulce” o el “uno a uno”. El viaje a Miami, el viaje a Cuba. Turismo en el museo del capitalismo y de la revolución. De clase media también está hecha nuestra excepcionalidad y virtud. El hecho maldito del país peronista. ¿Cómo es el cuento de navidad de la clase media? Suenan cacerolas ansiosas. Campanitas. Llega la hora de una verdad. Milei imaginó para los pobres un Pentágono en la 9 de julio de guita y desprendimiento para separar la obra del artista: sacar a los intermediarios. Pero las clases medias ya vienen lastimadas, heridas, engrietadas. Y el León hasta le mostró los dientes a Clarín, ese viejo Partido Justicialista de las capas medias, el grupo argentino liderado por el auténtico duelista, Héctor Magnetto. ¿Cuándo no hubo crisis? Suenan tambores. La CGT lo sabe, sabia, prudente, eterna mano de piedra, calcula sus pasos. Respeto. Vamos en pendiente hacia la gresca. Cada cual sabrá por qué pelea, por qué brinda, con quiénes. Que no falte pan, amor y fantasía en cada mesa de familia, multipliquemos el 25 a los que sepan curar el empacho y el mal de ojo. Se va a necesitar de todo: ciencia y curanderos. Feliz navidad, compatriotas.