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CARRARA NO SE ACOSTUMBRA

Tiempo de lectura: 18 minutos

¿Cómo alguien llega a cura? El camino del Padre Gustavo Carrara parece madurado en el aparente retraimiento que muestra su personalidad a simple vista. No le tocó romper mandatos de clase, como otros curas, no hizo una conversión de arriba abajo sacándose doble apellidos de encima; hubo más bien un desplazamiento desde la vida de una familia modesta, de capas medias y comunes, hasta una experiencia que fue tallada silenciosamente. Semilla crecida por dentro, del pueblo al pueblo es el camino de Gustavo a sacerdote. Su relación próxima e histórica con el actual Papa Francisco, siempre manejada con discreción (forma parte de una generación de curas marcados por la agenda social de Bergoglio desde fines de los noventa y principios de siglo, que el kirchnerismo en ese entonces pasó por alto y que el macrismo subestimó), contrasta con los usos que tantos han hecho de él una vez llegado a Papa. Gustavo no necesita “espectáculo público” de amistad. Estos diez años vimos de todo en las viñas del papado: el intento de muchos por hacer de la relación con Francisco una visa para hacer política, consumir su poder o inmacular trayectorias. Gustavo es sacerdote, obispo auxiliar de Buenos Aires y Vicario Episcopal para la Pastoral de Villas. En su consagración en 2017 se lo vio salir en andas llevado por vecinos de Bajo Flores en la puerta de la Catedral. En tiempos de política selfie, con presidentes en plena conversión pública, con Gustavo son los otros los que lo ponen en valor, enfrentando casi su pudor. La fe profunda no será instagrameada. Este contraste entre su popularidad de abajo, un carisma no “mediático” amasado con dedicación y ternura, resulta necesario para la presentación, aunque probablemente lo incomode.

La excusa es hablar de Mugica. El sacerdote recordado como mártir, completa junto a José Ignacio Rucci y Rodolfo Walsh, una tríada de caídos cuya memoria es vital también porque no descansa en paz, al menos anida en las contradicciones de una época, en los debates sobre violencia, sobre vanguardia, patrias peronistas o socialistas, sobre “tirarse cuerpos”, que no permiten tampoco el relajo de la “buena conciencia”. Si Mugica fue consejero y hermano mayor de Montoneros, también fue un agudo crítico de su prepotencia contra Perón. Si Walsh escribió la Carta abierta a la Junta Militar, meses antes difundió la carta crítica a la Junta Militante, a una conducción montonera desquiciada en la rutina bélica a distancia. Si Rucci fue un dirigente popular de resistencia probada, fue el cuerpo que le “tiraron” para negociar a un Perón que lo consideraba como un hijo. Con Gustavo simplemente queremos pensar en la continuidad de aquel camino difícil que emprendió Mugica. ¿Qué queda en el actual equipo de villas de aquel legado?

Nos encontramos en el edificio del arzobispado, sobre Rivadavia, en una oficina con ventana a la Plaza de Mayo, una mañana de viernes. Su rutina lo lleva cada día a viajar en la línea E de subte desde la parroquia de Bajo Flores -donde vive- hasta el centro. Lo espero un rato. Fue preparando un mate mientras escuchaba audios y respondía. Nos rodea el silencio, sin mirarme sacó del bolso un libro de Carlos Mugica, lo puso en la mesa señalándolo, luego dirá que lo está releyendo estos días con tantos homenajes. Al fin, el primer frío de un otoño lento, y aún con mosquitos, nos pone en mejor clima. Todo listo.

Gustavo nació el 24 de mayo de 1973, el exacto día antes de que asuma Héctor J. Cámpora su frustrante presidencia. Su familia era de una clase media popular de Villa Lugano. No eran de ir a misa todos los domingos, “eran de ir a misa cada tanto”. Fue bautizado en Luján el 13 de octubre del 73 porque sus padres habían hecho una promesa: llevaban ocho años de casados y no habían podido aún tener hijos. Después de Gustavo llegaron sus tres hermanos. Y fueron a Luján a agradecerle a la Virgen la bendición. Hizo la primaria en la escuela de la Parroquia “Niño Jesús” en Lugano, entró ahí con cinco años a primer grado y lo recibió el Padre Héctor Botán, que era el Párroco de la escuela, y fue el primer coordinador del equipo de curas de villas, constituido como equipo en el año 69. Ahí tuvo catequesis, creció en el conocimiento de la fe, pero pasó la secundaria en el Comercial 12, para ser Perito Mercantil. Esa escuela pública tenía un sobrenombre: “Juan XXIII”. Aparentemente fue construida para la época del Concilio y el primer rector permitía que se diera catequesis en una escuela del Estado. “Pero cuando yo estaba ya no se daba”. Su vida siguió ligada al barrio y a la parroquia “Niño Jesús”, donde recibió la Confirmación y participó de los grupos juveniles. Iba de campamento, jugaba al fútbol los domingos, los sacerdotes les daban la llave después de la misa e iban toda la tarde a jugar, haya sol o haya lluvia. Pasaron los años y le nació la pregunta: “¿podré ser cura?”. “Y le di bolilla a esa pregunta”, dice. Cuando estaba terminando quinto año su mamá le preguntó: “¿y vos que vas a hacer?”. Gustavo nunca decía lo que iba a hacer, ese día le mostró que estaba anotado en el Seminario.

-¿Y tus viejos cómo lo tomaron?

-Se sorprendieron, pero algo intuían, porque yo también ayudaba en la Catequesis, en Cáritas, iba a los grupos juveniles, iba todos los días a la parroquia. Y no se opusieron, no me dijeron “no, estás loco”, me bancaron la decisión.

-Y desde el vamos viviste una ligazón entre lo espiritual y lo social.

-Sí, lo viví como algo muy unido. Como dice San Pablo: “la fe obra por el amor”. El Seminario fue un tiempo de formación, de estudio, tuve distintas experiencias, pasé por varias parroquias, pero ya en los primeros destinos pastorales como diácono, como sacerdote, año 98, 99 empezaban “Las noches de la Caridad”. Nos juntábamos con los jóvenes a rezar en una parroquia y después salíamos a visitar a la gente en la calle, llevando algo para comer, para tomar, y eso lo hice de manera sostenida del 98 al 2006 en las distintas parroquias que estuve que no eran de villa. También tuve la gracia del 2003 al 2006 estar en el santuario de San Cayetano de Liniers como vicario parroquial, ahí se da una unidad entre fe y compromiso social. En ese clamor por el pan hay un clamor por justicia, no es posible que alguien muera de hambre en una tierra bendita de pan, ese clamor por el trabajo es un clamor por la dignidad de la persona, alguien que no trabaja se siente de sobra, que no puede aportar a la construcción de la patria, no solo no puede ganar el pan de cada día, sino que tampoco puede poner el hombro o desplegar sus dones. Hay un clamor por la dignidad de la persona, y eso genera además de la atención en el santuario de los peregrinos que vienen, genera también como respuestas a ese clamor.

Señor perdóname por acostumbrarme a prender la luz cuando ellos no pueden, Señor perdóname por hacer huelga de hambre porque nadie hace huelga con su hambre

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-¿Y cuál es el primer barrio?

-En el 2006, el cardenal Bergoglio decidió crear una cuasi parroquia. La etimología de “parroquia” es “la iglesia entre las casas”, la parroquia es un territorio que como había crecido la población mucho en ese lugar, él dividió para una mejor atención lo que era la parroquia de Fátima ahí en Soldati, que se quedó atendiendo Piletones, además del barrio, y en la parroquia del barrio Ramón Carrillo, la Virgen Inmaculada, se quedó atendiendo el barrio Ramón Carrillo, la villa Fátima, el asentamiento incipiente de Los Pinos, el barrio La Paloma. Bueno todo eso generó una cuasi parroquia en el 2007, ahí empecé, el 12 de marzo de 2007 y el 8 de diciembre de 2007 se creó la parroquia, quedó oficialmente como parroquia. Y ahí de alguna manera ingresé al equipo de Curas de Villa. En esa época estábamos los que recién empezábamos, después había una camada intermedia que representaba Pepe Di Paola y la vieja guardia que estaba el padre Adolfo Ricciardelli, estaba el padre Botán todavía como asesor, pero no participaba activamente.

-¿Él se acordaba de vos?

-¿Botán? Sí, en San Cayetano me lo encontré porque él vivía en San Cayetano. Ahí empecé a conocer más la figura de Mugica. Me acuerdo que, en las reuniones del 2007 y 2008, hubo dos retiros espirituales que fuimos los Curas de Villa a los Toldos, como iban anteriormente los curas ahí. Mugica hizo un retiro espiritual con los Curas de Villa ahí en los Toldos. Está ese dialogo que tiene con el abad, con el padre Mamerto Menapace, que Menapace recoge en un libro.Y recuerdo al padre Rodolfo Ricciardelli poner insistencia en participar y que las comunidades participen de la fiesta de la memoria del padre Carlos Mugica en la Villa 31. Ricciardelli ponía esos dos acentos especiales: la fiesta de Mugica y la peregrinación de los chicos a Luján para que tomen su segunda comunión en diciembre. Una peregrinación que se hace desde el año 69 más o menos.

-Mugica se vincula tempranamente al primer Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, y fue consejero, cercano, a la elite de las juventudes políticas, al origen de Montoneros, de quienes también toma distancia y eso queda muy claro en declaraciones. Vos pertenecés a la tradición de la Teología del Pueblo, que toma distancia de la Teología de la Liberación. ¿Cuáles serían en tus palabras los contrastes entre una Teología del Pueblo y una Teología de la Liberación que fue la que más se acercó definitivamente a una posición político-militar?

-En principio yo arrancaría diciendo que a Mugica no hay que entenderlo como una figura aislada del contexto eclesial y social. Es una figura que se destaca, y también el hecho de haber sido asesinado después de haber celebrado la misa, el padre Vernazza de alguna manera habla como de “martirio en la Misa de Exequias”: porque esa sangre de Cristo que él bebe en la misa, también su sangre es derramada a los minutos de haber terminado la misa. Entonces Mugica es parte de un equipo de sacerdotes al que él ingresa, y que ya venían trabajando desde el año ´65, medio aislados, pero se iban conociendo, y después a la vez ese equipo de curas de villa más porteño se entroncaba con un equipo más grande que es el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, donde no había una sola mirada política: muchos abrazaban el peronismo, otros el socialismo de aquella época…. Él pertenecía a ese Movimiento y también era un hombre que buscaba aplicar el magisterio concreto de la iglesia, buscaba concretarlo, bajarlo a tierra. En resumen: nosotros tenemos el término del Concilio Vaticano II en el año 1965, su relectura a través de una de las constituciones sobre todo Gaudium et spes que es el dialogo de la iglesia con el mundo, lo hace la Segunda Conferencia del Episcopado en Medellín en el año 68, y su aterrizaje más acá en la Argentina se da en el año 69 con el Documento de San Miguel. También Pablo VI de alguna manera trae la vigencia de la Doctrina Social de la iglesia, ¿no? que no es otra cosa, yo lo digo así sencillo: que tratar de llevar el amor a la vida social, el amor del evangelio a la vida social, al trabajo, a la economía, a la educación, a la salud. Entonces él tiene, a los ochenta años de la Rerum Novarum las cosas nuevas de León XIII donde mete el tema de la Doctrina Social de la Iglesia en los tiempos modernos, a los ochenta años Pablo VI escribe Octogésima Adveniens. Mugica lee esa encíclica, también lee Populorum Progressio de Pablo VI, o sea, “El Progreso de los Pueblos”, donde aparece el tema del desarrollo humano integral. Y esos textos, y si uno lee textos del propio Mugica, él habla permanente de Jesucristo, hace una distinción entre Jesucristo y cualquier otro. Jesucristo al tercer día resucitó, el Che no resucitó, Mao no resucitó, los respeta, pero Jesucristo es Dios. Eso él lo enseña con claridad, verdadero dios y verdadero hombre, y nos propone algo distinto, él dice: estamos viviendo en esta vida una vida uterina, hay un parto hacia una vida nueva, distinta, esto de la escatología él lo pone de modo permanente. Entonces, ese es su contexto, los curas de acá, porteños, abrevan de la Teología del Pueblo que se viene desarrollando con figuras como por ejemplo el padre Lucio Gera, el padre Rafael Tello, que es aquel que tiene la intuición de la Peregrinación Juvenil a Luján, que hoy uno la tiene incorporada. Pero uno dice: “¿Caminar a Luján sesenta y pico de kilómetros es medio una locura?, ¿eso va a prender?”. Y bueno, mirá qué intuiciones tenían estos teólogos que escribían en la revista Josista que tenía dialogo con el mundo obrero. Algunos dicen que la Teología del Pueblo es un desprendimiento de la Teología de la Liberación o forma parte. Bueno dicho así en sencillo: la preocupación por los pobres es una preocupación común, el querer poner el oído en el pueblo y oído en el Evangelio, en los pobres y en el Evangelio, es una preocupación común, pero el instrumental filosófico de lectura de la realidad es distinto. Ahí te pondría la diferencia. Por ahí el instrumental más bien de la Teología de la Liberación en esa época, después hay también ciertas confluencias, era un poco la lectura marxista de la cuestión social, y algunos decían: “bueno, esto es importado también”. La lectura de la Teología del Pueblo es la sabiduría popular, la cultura popular, la cultura popular latinoamericana es la que da el instrumental para leer la realidad.

-Más Kusch que Marx.

-Exacto, dicho así. Ahí estaban los acentos, pero no podemos decir que había más compromiso en unos que en otros.

-Estuve mirando archivos de Carlos como la entrevista en “El pueblo quiere saber”, tan encantador y enfático, y leyendo también sus textos y libros pareciera llevar todas las tensiones de la época. En un momento dice sobre la violencia que “el pueblo es pacífico, que tiene paciencia, pero la paciencia tiene un límite”. Eso: la paciencia tiene un límite. Marca una incertidumbre… Y lleva la caja de resonancia de una época.

-Sí. Estoy leyendo un libro de recopilación que hace el padre Jorge Vernazza. Vernazza es un hombre clave en los primeros curas de villa, por ahí con un perfil bajo, pero él era un hombre al que Mugica escuchaba mucho, era un hombre que compiló un libro que una vez te regalé, “Y el pueblo, ¿dónde está?”. Por ahí uno lo lee tantos años después y tiene que hacer un esfuerzo para interpretar ciertas cosas y no ser infiel a ese contexto concreto. En lo que voy releyendo, Mugica se presenta a sí mismo como un sacerdote, no como un político, y cuenta cómo fue su conversión de alguna manera al pueblo: es el Evangelio de Jesús el que lo lleva a los pobres. Es en los conventillos donde él ve que después de la caída de Perón la gente sencilla y humilde está triste, no está festiva como había estado él en la caída de Perón. Entonces él dice: “eso provocó un cambio en mí”. O sea, esos primeros curas de villa abrazan al peronismo porque la clase más humilde es peronista. Entonces, el evangelio lo lleva a los pobres, y en los pobres descubre el peronismo en ese momento. Y cuando estaba Perón o estaba volviendo era más fácil ver qué es el peronismo ¿no?  Pero en ese contexto él ve claro que la gente más humilde ve que sus derechos son restituidos por el peronismo, y por eso él defiende esa causa.

Yo en el confesionario nunca pregunto nada, escucho, simplemente escucho, no soy de preguntar o de hacer un repaso de los mandamientos. Escucho lo que la persona quiere compartir de la vida y por ahí uno acentúa alguna cosa en especial

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-Mugica fue un sacerdote de villas de un mundo más ordenado en clases, con menos “nuevos pobres”… Y finalmente muere acribillado. Vos en tu experiencia sacerdotal en los últimos años enfrentaste violencias, como equipo, ¿recordás situaciones?

-En el año 74 nosotros teníamos 4% de pobres, ochocientas mil o un millón de personas en números absolutos y eso generaba toda una revolución diciendo “esto no puede ser”. Hoy estamos con el 40 % ponele, millones bajo la línea de pobreza y lo normalizamos, ¿no? Bueno, Mugica murió por abrazar la causa de los más pobres. Destacaría eso. Y si el camino era para que los pobres vivieran con más dignidad en el peronismo, bueno, pero no pongamos el carro delante del caballo, él lo que quiere defender es la causa de los más pobres desde el Evangelio de Jesús y yo creo que murió por eso, fue molesto por eso… No sé a quienes les molestó más, si molestó a algunos, a un grupo o a otro, pero que eso no nos distraiga de lo esencial: él murió por defender la causa de los más pobres. Él decía que el sacerdote tenía que ser voz de los que no tenían voz. Hoy fuimos aprendiendo a dar algún paso más: que los pobres puedan hablar por sí mismos también, pero para llegar a eso hay que empezar desde ahí, que alguien dé voz a los que no tienen voz, y él la dio y por eso murió. En nuestra actualidad hemos tenido cosas más bien ligadas al tema de la violencia y el narcotráfico, fueron las cosas que más tuvimos que afrontar. Después de la muerte de Mugica, al poco tiempo viene la Dictadura y ese primer equipo tiene que afrontar el tema de la erradicación de las villas y lo de Ricciardelli, Vernazza, o De la Sierra en la 21-24, o Pedro Lephaille en Ciudad Oculta, que generaron las cooperativas de vivienda para frenar, inteligentemente, las topadoras y decir “denos tiempo para darle algo a la gente, una oportunidad”. Entonces esa capacidad de responder al momento y decir, como decía Ricciardelli, “no nos vamos hasta que la Virgen no diga que nos vamos de acá”, y a la vez la capacidad de acompañar, de quedarse en el barrio y generar las cooperativas de vivienda, los primeros lotes con servicios, la autoconstrucción de viviendas. La otra vez, una experiencia que fui a ver con el equipo de Madre Tierra: un terreno que tiene el Arzobispado, a ver sí se podían construir viviendas, y ellos nos decían: “nosotros aprendimos de la cooperativa Trabajo y Vivienda de Madre del Pueblo”. Y me quedé sorprendido… la experiencia de hacer viviendas sobre todo en la zona de Morón tenía su génesis ahí. Tantas semillas que se siembran y que después se ven… Nosotros tenemos esas dificultades, hoy en día el tema del narcotráfico es un tema que no sé si tenemos real dimensión. En su momento los obispos, en Aparecida en 2007, una conferencia que lideró de modo especial Bergoglio, en un texto dijeron que el narcotráfico es como una mancha de aceite que impregna todo, y termina diciendo: “hay que ponerle fin a esta pandemia”. Cuando leí el texto en el 2007, después de que salió el documento, dije “mirá vos”, lo gráfico de una mancha de aceite, que no sale. Pero lo de la pandemia lo pasé de largo, y ahora que ya vivimos una pandemia sé lo que implica eso. Ahora podemos hablar de esa “pandemia silenciosa”, que de alguna manera toma a los más pobres como material de descarte, y ese dinero manchado de sangre compra voluntades entre la política, la justicia, el mundo empresario, el lavado de dinero. Así como uno quiere pacificar poniendo fuerzas de seguridad que se ve bien en una primera etapa, después hay que ver otras presencias del Estado. Y también, ¿dónde está la plata?, ¿adónde va la plata? La gran pregunta: ¿cómo se lava esa plata? Y el tema de la subcultura que se va generando también, del sicariato, que de alguna manera para ser sicario tenés que matar alguien inocente primero, para que te dé la sangre para después hacerlo cuando te manden.

-En tu trabajo barrial conociste sicarios, supongo.

-No podría decirte en ese término, pero sí personas que por ahí han matado gente que han venido arrepentidas de lo que han hecho.

-¿Y cómo se perdona?

-Si hay verdadero arrepentimiento… Me tocó gente que estuvo presa, y si hay real arrepentimiento se verá el perdón, uno aprende a ver si hay real arrepentimiento en la persona. Pero son situaciones límite que la persona es consciente de lo que ha hecho y no se lo perdona a sí mismo tan fácilmente. Son situaciones límite que vos venís escuchando y de golpe te quedás duro…

-Cuando fue la ley del Aborto te escribí y te puse, en plena ola, “te acompaño en este momento” y vos me respondiste por qué me lo preguntás. Y me dijiste: “Si es por la Ley, no me obsesiona”. Supongo que también conociste mujeres que decidieron abortar. ¿Cómo vivís todas esas cosas?

-Las vivo con profundo entendimiento y misericordia a una mujer que ha atravesado una situación así, porque escuché a muchas mujeres que atravesaron situaciones así y que por ahí vienen después de diez años a compartirte eso, y les sigue pesando. Yo en el confesionario nunca pregunto nada, escucho, simplemente escucho, no soy de preguntar o de hacer un repaso de los mandamientos. Escucho lo que la persona quiere compartir de la vida y por ahí uno acentúa alguna cosa en especial, pero en este caso yo no acentúo nada, escucho y generalmente la persona cuando viene tiene un arrepentimiento y se la da el perdón claramente. Ahora, otra cosa es la discusión filosófica y de ideas, ahí yo debato un poquito más, y también con los eufemismos que se usan. Por ejemplo: “interrupción voluntaria del embarazo”. No es una interrupción voluntaria, eso no sirve, yo te llamo por teléfono, corto, te vuelvo a llamar y me atendés, eso es una interrupción, acá no. No es un paréntesis. Entonces la discusión es: hay vida o no hay vida básicamente. Si hay vida hay que defenderla siempre. A mí me tocó ir al Congreso dos veces y di argumentos concretos y si la discusión es si vos fijás y decís que “a los cuatro meses, a las doce semanas hay vida”, entonces, ¿doce semanas menos un día no?, ¿y más un día sí? ¿No es arbitraria esa decisión? Entonces, en algunos lugares está permitido, como en otros países, si en la ecografía sale que el chiquito va a ser Down, abortar. Con los chicos que ya nacieron en esa situación, ¿qué hacemos? Son preguntas filosóficas. Obviamente que, así como al pensamiento más celeste a ultranza hoy también le diría que es igual de sagrada la vida una vez que nació y qué hacemos con todos los millones de niños y niñas que hoy están pasando hambre. Bueno, es toda la vida todo el tiempo. Esa es mi postura, yo tomo esa postura de la Iglesia. Creo que hay fundamentos naturales para sostener ciertas cosas y eso se traslada en otras, porque por ejemplo en las villas y barrios populares hay un dogma que está por encima de otros: la Iglesia sostiene que el destino universal de los bienes está por sobre la propiedad privada. Hoy, generalmente se sostiene más la propiedad privada que el destino universal de los bienes, por consiguiente, como no tiene papeles de propiedad casi que se caen los otros derechos de tener agua potable, de tener cloacas, de tener una escuela cerca.

-Hay una oración de Carlos.

-¿Meditación en la villa? “Padre perdóname por haberme acostumbrado…”

-Claro. Impresiona el final de la oración con el final de su vida: “Dejame estar con ellos a la hora de la luz”.

-Es una oración de una profunda mística, en el buen sentido de la palabra: mística en el fondo es unión con Cristo, no son fenómenos paranormales, esa unión profunda con Cristo. El escribe en el año 68 si no me equivoco, pero dice “señor perdóname por haberme acostumbrado a soportar el olor de las aguas hervidas, yo me puedo ir y ellos no. Señor perdóname por acostumbrarme a prender la luz cuando ellos no pueden, Señor perdóname por hacer huelga de hambre porque nadie hace huelga con su hambre, Señor ayúdame a vivir para ellos…” Bueno y la frase final. A mí me parece que es la búsqueda de una cercanía profunda con los más pobres, pero a la vez el reconocimiento de que hay una solidaridad que uno no puede tener, que esa solidaridad es sólo de Cristo, por eso “Señor perdóname”, yo lo interpreto así: aquél que fue solidario con la suerte de los más pobres es Cristo, y eso te ubica porque si no uno se la puede creer estando entre los más pobres. E incluso en algún momento puede decirle “bueno a ver yo les tengo que enseñar a ustedes qué es lo que necesitan”. Entonces uno puede poner a los pobres al servicio de uno y no ponerse uno como servidor de sus causas, de sus necesidades. Por eso me parece que es una oración que ubica, que nos ubica, la interpreto así. Es una oración mística, sencilla en su enunciado, pero de una profundidad que a mí me dice mucho. Muchas veces te toca ir a buscar alguna mujer o algún pibe que estaba en los hogares y se fue, y vas a la noche por pasillos y ves cosas difíciles, pibes drogándose o que les están vendiendo, o situaciones de violencia, y uno dice “yo me puedo ir, y ellos no”. No es tan fácil despegar de acá, no es tan fácil salir de acá. Eso para mí es muy actual.

Jesucristo al tercer día resucitó, el Che no resucitó, Mao no resucitó, los respeta, pero Jesucristo es Dios. Eso él lo enseña con claridad, verdadero dios y verdadero hombre

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-¿Y ahora?

-Yo hablaría de la actualidad en este sentido: el tema de la integración de los barrios. El proceso que se dio históricamente, en su momento vos lo viste en el documento de “Reflexiones en torno a la organización y al respeto de la cultura villera” de 2007, ahí los curas hablábamos de “integración urbana”. Porque primero estaba erradicar las villas, después urbanizar, por lo que la urbe le pueda dar a los barrios populares, y es un avance. Después se fue instalando esto de “integración”. O sea, los pobres no solo dan que pensar, sino que piensan, no solo despiertan sentimientos, sino que sienten, no solo padecen injusticias, sino que se organizan contra ellas. Bajo ese concepto se dio también un movimiento que se generó en el RENABAP, el Registro Nacional de Barrios Populares, que lo hicieron organizaciones distintas como las organizaciones sociales o “Un Techo para mi País”, que es más de un corte de clase media comprometida, y también Caritas Argentina. Ese primer relevamiento que impulsaron también Quintana y Stanley, llevaron a una ley donde se registraron 4416 barrios hasta el 2016. La ley se votó con unanimidad, fue la “Ley de Integración de Barrios Populares”. Después en la gestión de Alberto Fernández tuvo un presupuesto para esa Secretaría de Integración, el Impuesto País o una parte del Impuesto a las Grandes Riquezas. Y como venció la ley después de cuatro años se siguió con el RENABAP y se registraron un total de 5687 de barrios populares. En el 2022 la ley tuvo casi el mismo consenso, y fui testigo de que los espacios políticos, incluso en pos de sacar esa ley, renunciaban a criterios propios. Hubo generosidad, consenso, acuerdo y demás. Hoy en día eso está puesto en jaque. Se desfinanció y tiene el 1 % del presupuesto asignado. ¿Por qué señalo esto? Porque si nosotros tenemos el anhelo de bajar la pobreza y demás, algunos proponen un camino, otros otro hasta que la economía derrame y llegue a estos lugares, pero mientras tanto hay que buscar otros caminos no vistos para impactar sobre todo en la indigencia. Preocupa lo que ha crecido en los últimos años ya como algo más estructural. Y eso requiere una intervención inteligente del Estado. Y si estamos hablando en estos barrios registrados de por lo menos 5 millones de personas con más de la mitad de niñas, niños y adolescentes, no continuar con esa política pública es no trabajar en muchos casos sobre la indigencia: vos podés medir la pobreza por ingresos y decir que la AUH o la Tarjeta Alimentar se mejoran y al parecer empardan la inflación, habrá que ver si es así, pero si no tenés agua potable, cloacas, una escuela cerca, o si el narcotráfico entró en tu barrio, no alcanza con solo medir la pobreza por ingresos. Acá estábamos con una política que empezaba a impactar y se cortó. Una política pública que se inició en el macrismo, continuó con Fernández, que no tenía un sello partidario exclusivo. Acá hay un doble error para mí: las obras se paran, la transformación de las vidas de las personas se para. Yo creo en la vida eterna, pero creo que la gente tiene que vivir bien acá.

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